Buenas lectores, aquí os dejo la continuación del capi de la semana pasada. Espero les guste.


Dos semanas, dos semanas habían pasado desde la última vez que vio a Vi y todavía se sentía como si le hubieran dado una puñalada por la espalda. Cada vez que dirigía la mirada hacia la habitación que había ocupado o cuando cualquier cosa mundana le recordaba a ella se ponía enferma. Todavía seguía acordándose de la forma en la que la miraba, de la forma que sonreía o hacía bromas, de la forma en la que la besaba.

Odiaba todo lo que había pasado y no había minuto que pasara sin que se arrepintiera de haberse implicado tanto con ella, sobretodo de haberse acostado con Vi. Idiota, esa era la palabra que la definía ahora mismo. Idiotez máxima.

Se pasaba más horas en la oficina trabajando, sufriendo las miradas de sus agentes, que la miraban preocupada, sabiendo que algo le había pasado pero sin atreverse a preguntar. Cuando terminaba el trabajo lo único que quería hacer era llegar a casa, dormir y volver a repetir el proceso. Dios, cómo odiaba a Vi. Ella había llenado las horas muertas que tenía cuando dejaba de trabajar contándole algo, manteniendo una discusión o simplemente molestándola como siempre.

Otra cosa que no había logrado arreglar era el asunto con Jayce. Había preferido a Vi antes que al héroe de Piltover y el joven inventor se sentía herido en su orgullo, tanto que había dejado de dirigirle la palabra, aunque Caitlyn no le daba importancia, tarde o temprano tendría que volver a hablar con ella.

Y a pesar de todo eso, la pregunta que no le carcomía por dentro y no dejaba dormir a Caitlyn era, ¿se habría ido Vi de la ciudad para siempre? ¿Seguía todavía allí? Preguntas sin responder que nadie conocía o eso pensaba, ya que había ido a visitar tanto a Ezreal como a Heimerdinger y ninguno de los dos sabía nada de ella.

Unos golpes en la puerta de su oficina hicieron que volviera a la realidad. Uno de sus agentes entró y cerró la puerta detrás de él, sonriéndole mientras le dejaba una taza de té humeante delante de ella.

-Muchas gracias.- dijo ella dejando unos informes en el lateral de la mesa y cogiendo la taza entre las manos.

-Tiene que cuidarse mejor, Sheriff.- le dijo el agente.

Caitlyn suspiró dando un sorbo al té. Qué rico estaba, pensó. El agente no salió de la sala.

-¿Ocurre algo?

-Creo que debería ver esto.- le dijo con gesto culpable señalando hacia afuera de la habitación.

Salieron los dos y la acompañó hacia el piso de abajo, donde había un alboroto montado entre varios agentes de la comisaría y dos personas que no se esperaba ver por allí.

Una mujer pelirroja, vestida con ropas extranjeras, enseñando bastantes atributos femeninos y con un sombrero bastante extravagante, más que el de Caitlyn, se reía de uno de los agentes mientras que su acompañante, un hombre con barba y vestido de la misma guisa que ella, con otro sombrero a juego, discutía acaloradamente con el agente del que ella se estaba riendo.

-¿Qué está pasando aquí? - preguntó la voz llena de fuerza de la Sheriff, que hizo que el agente se callara y sólo quedaran las risas de la pelirroja.

-¡Sheriff! - exclamó el agente.- ¡Estas dos personas estaban…!

-Sólo pasábamos un buen rato.- le dijo la pelirroja con aire seductor acercándose a Caitlyn.- No estábamos haciendo nada malo.

-¿Quiénes sois? - preguntó Caitlyn antes de que su agente pudiera replicar.

-Mi nombre es Sarah Fortune. Caza recompensas, y este aquí presente no es otro que el infame Capitán Gangplank, pero no molestará. Ha decidido ayudarme a dar caza al infame villano que se encuentra en tu ciudad, Sheriff.

-¿Qué infame villano? - preguntó Caitlyn sorprendida, era la primera noticia que tenía sobre ese asunto.

-Vi, la destruye criptas, o así la han apodado.- dijo ella con una sonrisilla.- Ofrecen una gran recompensa por ella y hemos venido a cobrarla.

Caitlyn se frotó las sienes intentando parecer calmada.

-Acompañadme a mi oficina.

La caza recompensas y el pirata la acompañaron hacia la sala que se encontraba en el piso superior. Una vez entraron cerró la puerta detrás de ellos.

-¿Por qué dos figura de la Liga de Leyendas querrían cobrar una recompensa por alguien tan insignificante como ella? - preguntó intentando no sonar demasiado preocupada por Vi. Había visto luchar a los dos en la Liga y daba miedo verlos en acción, cuanto ni más sabiendo que iban a ir detrás de ella. Se volvió a reprender, se librarían de Vi para siempre. ¿No era eso lo que ella quería? Después de todo lo que le había hecho sufrir, se lo merecía. Aún así una parte de ella no estaba del todo convencida.

-Es una gran recompensa, ya te he dicho.- le dijo Sarah.

-¿Para qué habéis venido a comisaría, entonces?

-Queríamos dar parte de nuestra presencia por si preguntan los de la Liga. Íbamos a pedirle el favor a Corky, pero está demasiado ocupado modificando a Blitzcrank como para prestarnos atención. Así que decidimos venir aquí para…

-Se resume en que vamos a estar moviendo cielo y tierra para buscar a Vi.- le dijo Gangplank. Sarah lo miró enfadada por haber sido interrumpida.- Destrozaremos cosas, muchas, así que hemos venido para comprometernos a pagar lo que modifiquemos con nuestras armas.

-Básicamente, es eso.- le dijo Sarah de nuevo mirando a Caitlyn, que no se podía creer lo que le estaban contando.

-Increíble.- les dijo echándose para atrás en su asiento.

-Encantada de conocerte, Caitlyn.- le dijo Sarah.

Se levantaron para irse, pero antes de salir por la puerta, la pelirroja se volvió a girar. Se acercó a su escritorio y depositó un sobre delante de ella con el sello de la Liga de Leyendas.

-Se me olvidaba decirte que has sido elegida como nueva campeona de la Liga.- le dijo ella.- Sólo si quieres competir, así que ahí tienes todo lo que necesitas saber. Para más información puedes preguntarles al resto de campeones de Piltover.

Caitlyn volvió a quedarse en estado de shock. Una vez se fueron de la sala, se llevó las manos a la cabeza, preocupada por la carta de la Liga y al mismo tiempo de su ciudad y en un menor grado, de la integridad de Vi.

Minutos más tarde cayó en la cuenta de algo, ¿quién le había puesto precio a la cabeza de Vi? Aunque la respuesta estaba clara, tenía que asegurarse. Justo cuando se levantaba de la silla para irse su agente volvió a entrar.

-Acaban de dar un aviso en el barrio bajo. Han encontrado a una de las bandas del barrio apaleada y amordazada en uno de los almacenes. Parece ser que iban a atracarlo antes de que ellos fueran asaltados.

-¿Qué? ¿En serio? - preguntó ella yendo con él hacia donde se movilizaban los demás para salir al almacén. - Vamos a verlos.

Después de un trayecto de unos veinte minutos en coche llegaron al susodicho almacén donde los agentes de Caitlyn estaban apartando a la gente para que no se inmiscuyera en asuntos de la policía mientras sacaban a la banda al completo para subirla a los furgones. Todos tenían magulladuras de puñetazos, alguna que otra quemadura y huesos rotos. Estaban hechos polvo. Caitlyn sabía quién había sido, pero no sabía por qué había hecho eso.

Cuando volvieron a la oficina la Sheriff interrogó al que menos heridas y más predisposición a hablar tenía.

Sentado en la pequeña sala del interrogatorio, esposado a la mesa y a la silla, Caitlyn se sentó delante de él. La sala no tenía espejo para que miraran el resto de personas de la comisaría ni tampoco tenía cámaras de vigilancia.

-Iré directa al grano.- le dijo ella mirando la cara de arrogante del hombre que ahora mismo se encontraba magullada.- ¿Quién fue?

-No lo sé.- dijo él.- Nunca había visto a nadie como ella.

-¿Ella? ¿Una mujer?

-Llevaba una especie de armadura, unos guanteletes muy grandes y una placa que se iluminaba en la espalda.- le dijo él.- Pelo rosa, ojos llenos de odio. Me da escalofríos recordarlo.

Al parecer Vi había quebrado el espíritu de esta gente.

-¿Dijo algo? ¿U os atacó sin más?- preguntó mirando al hombre. Había bajado la mirada y no dejaba de temblar de ira.

-No dijo nada.- respondió con el tono de voz lleno de furia.

Caitlyn supo que no iba a sacar nada más de él, así que decidió terminar el día de una vez por todas y mandó al prisionero con dos agentes para que se fuera ya al calabozo antes de la salida del juicio y pudieran meterlo en la cárcel.

Se rascó la cabeza volviendo a colocarse el sombrero y salir de la habitación. Saludó a sus agentes antes de salir por la puerta de la entrada para encontrarse con alguien que no se esperaba ver tan pronto.

Jayce estaba de brazos cruzados, con el martillo en la espalda y con aspecto cansado. Parecía haber estado trabajando durante esta última semana mucho más de lo normal. Cuando vio aparecer a Caitlyn se acercó a ella.

-Hola, Cait.- le dijo seriamente.

-Buenas tardes, Jayce.- le dijo ella cortésmente mientras sus ojos se encontraban. No tenía ninguna magulladura en la barbilla, sobretodo sabiendo el gran impacto que recibió de Vi aquella noche.

Volver a recordar ese enfrentamiento le traía recuerdos de lo que pasó después, así que se frotó los ojos intentando no pensar en ello.

-Sarah y Gangplank han venido a hacerme una visita esta tarde, supongo que ya los has conocido, ¿verdad?

-Así es, son muy extraños. Espero que no causen mucho estropicio.

-Los voy a ayudar a encontrarla.- dijo simplemente haciendo que Caitlyn entrecerrara los ojos enfadándose.

-¿Lo vas a hacer para recuperar el orgullo que te borró de un puñetazo? - preguntó Caitlyn bordemente.

-Algo así.- dijo él.- Sólo pasaba para dar parte de ello.

-No sabéis donde os estáis metiendo.- le dijo ella.

-No podrá con los tres a la vez.- le dijo él.- Puede que sea una macarra y pegue bien fuerte, pero no lo suficiente para derrotar a tres campeones de la Liga.

Caitlyn no quiso seguir discutiendo. Le hizo un gesto que él interpretó como cansancio y sonrió orgullosamente, sabiendo que podría vengarse de Vi trabajando con ellos dos. Cuando se dio la vuelta para irse, Caitlyn levantó la voz.

-Ten cuidado, por si tienes que pedir cita en el dentista o algo.- bajó la voz.- No vaya a ser que te salte los dientes.

¿Qué le pasaba? ¿Tanto asco le estaba cogiendo a Jayce? Era un hombre encantador, pero la ira ciega, el pensamiento de venganza y las formas con las que trataba a Vi la hacían perder el sentido. Dios, estaba más implicada con Vi de lo que pensaba.

Se lo planteó seriamente. Había llegado a tal extremo que ya no era simple atracción, ¿se había enamorado de ella? Se llevó las manos a la cabeza caminando hacia su coche. Se rió de la tontería que acababa de decir.

"No seas idiota, Caitlyn," pensó, "te acostaste con ella una vez y ya está, no le des más vueltas. "

Se sentó en el coche. Pero el recuerdo seguía ahí. La forma en la que la miraba, el cariño con el que la trató cuando estuvo envenenada. La forma en la que la protegió en el acceso de la mina, el modo en el que la besó, en el que la acarició. Su corazón sintió un pinchazo, dolía de verdad.

-Soy una completa idiota.- se dijo a sí misma encendiendo el motor del coche.


Sarah, Gangplank y Jayce estaban apostados cerca del barrio bajo, completamente cubiertos para que nadie los reconociera ni se fijara en ellos. Las armas de los dos visitantes de la ciudad se podían esconder fácilmente, pero el arma de Jayce era imposible de ocultar.

Habían estado vigilando durante días todos los almacenes y bancos del barrio bajo sabiendo que Vi tenía predisposición a detener a los asaltantes, como la última vez que hizo con los ladrones de unos almacenes.

Vieron pasar a mucha gente, sobretodo trabajadores que volvían de la mina y currantes que salían de trabajar a esa hora. Era ya anochecer y llevaban ya apostados varias horas en diferentes sitios intentando buscar algún problema o alguna cosa que denotara un robo o un asalto en alguna parte del barrio.

Caitlyn estaba patrullando cerca del barrio bajo para dejar de lado el aburrido trabajo de oficinista que la estaba sacando de quicio. Necesitaba que le diera el aire fresco en la cara, aunque fuera el de la noche y se tuviera que ir a casa a descansar. Ya le daba igual todo, estaba demasiado dolida y lo que menos le apetecía era volver a esa casa, sola, recordando todo lo que pasó y la atormentaba.

Golpeó con la punta de la bota una piedra que había suelta en la calle, la piedra salió rodando hacia un contenedor de metal y cuando lo golpeó, se oyó una explosión cerca de aquel lugar. Caitlyn se giró para ver de dónde venía.

Provenía de uno de los edificios más altos de la zona, la sede de un banco pequeño, pero que controlaba mucho dinero. Era un banco que usaban los ladrones de poca monta para seguir a flote. Solían atracarlo por la mañana con pocos hombres, nadie se esperaba que intentaran volar el edificio por los aires.

Se acercó a los edificios colindantes y se subió a la azotea para tener una mejor visión del terreno. Justo cuando se agazapó y preparó el rifle apuntando hacia el puente que unía el alto edificio con otro más ancho y más bajo que tenía varias escaleras para bajar a la calle, vio a los asaltantes del banco. Un grupo numeroso de gente que estaba con las caras tapadas por pasamontañas.

Pudo ver cómo se acercaban corriendo Miss Fortune, Gangplank y Jayce cubiertos por capas que dejaron tiradas en la calle mientras corrían hacia donde se encontraba el banco. Justo mientras subían las escaleras y Caitlyn los vigilaba desde lo alto, varios hombres salieron volando en el puente del banco.

De la entrada humeante que habían volado con dinamita empezaron a salir los hombres corriendo, gritando mientras se encontraban rodeados por todos lados. Entonces la vio salir de entre los escombros. Cambiada, diferente, bella, fiera, mostrando su desprecio por los asaltantes del banco.

Lo que más le llamó la atención fue su atuendo, piezas de armadura recubrían sus piernas y hombros, los guanteletes parecían echar humo conforme caminaba hacia los hombres, llevaba unas gafas en la cabeza para soldar y una placa tecmatúrgica en la espalda que se iluminaba y soltaba el mismo humo que sus guanteletes.

El corazón de Caitlyn dio un vuelco mientras veía cómo pegaba a los hombres y los dejaba inconscientes en el suelo del puente. Justo cuando terminó miró de nuevo, los tres campeones de la liga observándola con superioridad desde el otro lado del puente mientras que ella los miraba retándolos. Sus ojos llenos de furia, su sonrisa burlona en su cara, Caitlyn sintió que su corazón daba otro vuelco. Ahí estaba la persona a la que más odiaba y amaba al mismo tiempo, a punto de luchar contra nada más y nada menos que tres campeones de la Liga de Leyendas.