Buenas noches, lectores. Os traigo nuevo capítulo de este fic. Muchas gracias por vuestras reviews tan geniales. ^^ Me encuentro muy agradecida por ello y por que os esté gustando de momento.
Este capítulo está escrito más bien como si de una transición se tratara, prometo traer mejores cosas en la siguiente entrega, asi que esperad con paciencia, no creo que tarde tanto como la última vez en actualizar.
Un saludo lectores.
Caitlyn tuvo que haber deducido lo que pasaría a la mañana siguiente cuando llegara a la oficina. Menos mal que nadie la había echado de menos, así que pudo relajarse y sentarse en su oficina a leer los reportes del día anterior mientras tomaba una taza de té. Pero la gran Sheriff de Piltover tuvo que haber deducido que la visita de una persona iba a llegar a la oficina.
Nada más y nada menos que el gran Héroe de Piltover, Jayce, con una mano vendada y con aspecto cansado. El hombre discutía con varios de los agentes de Caitlyn, que le estaban vetando la entrada al despacho de la castaña, la cual oía los gritos del hombre intentando obligar a las personas de la oficia a que lo dejaran pasar.
Pasados unos minutos en los que Caitlyn tragó saliva y pensó rápidamente una excusa con la cual librarse de Jayce, el hombre consiguió llegar a la oficina. Entró hecho una furia y cerró tras de sí con un portazo, poniendo el seguro en la puerta, evitando que nadie los interrumpiera.
Se quedó apoyado en el umbral de la puerta mirando fijamente los ojos castaños de Caitlyn, la cual le mantuvo la mirada sorprendida del comportamiento del Héroe de Piltover. Jamás lo había visto tan enfadado. Jayce se separó de la puerta y se acercó al escritorio con cara de no aguantar ninguna broma más.
-¿Cuál es el motivo por el cual irrumpes en mi oficia, Jayce? - le dijo la castaña mostrando autoridad en la voz y fuerza, intentando amedrentar al hombre.
Lo hizo dudar unos instantes antes de que el joven inventor se acercara al borde de la mesa y la mirara desde arriba con furia. Levantó la mano vendada mientras que con la otra se señalaba la herida.
-Dime que no fuiste tú, Caitlyn.- le dijo yendo al grano. Caitlyn no cambió la expresión, no podía darle la satisfacción de verla dudar.
-¿Qué te ha pasado en la mano? - preguntó ella quitándole hierro al asunto.
-Alguien hizo un tiro perfecto que me perforó la mano.- le explicó él.- Ahora no sólo estaré sin poder trabajar durante un mes, tampoco puedo volver a patrullar las calles.
-¿Acaso no tenemos curanderos en esta ciudad que se encargan de sanar esas heridas? - agachó la mirada y colocó unos informes mientras esperaba que Jayce se retirara de la sala.- ¿Acaso Janna no puede curarte la mano?
-Está en la liga compitiendo. - le dijo él simplemente, sentándose delante de ella, en una de las sillas que tenía en la oficina. - Dime, Caitlyn, ¿por qué me disparaste? - preguntó él sacando de nuevo el tema, haciendo que la castaña levantara la vista para verlo de nuevo. Se le había pasado el enfado y estaba tranquilo.
-Ya te he dicho que yo no fui.
-No hay nadie en esta ciudad que pueda hacer un tiro tan perfecto a una superficie tan pequeña. Hazme un favor y deja de hacerme perder el tiempo.
-¿Qué quieres, Jayce? Estás haciendo que pierda la poca paciencia que me queda. - le dijo ella cruzándose de brazos.
-¿Quieres saber lo que quiero? - preguntó llevándose una mano al pecho insultado.- Lo que quiero saber es por qué alguien tan respetado, tan venerado, tan admirado y tan amado hace con un criminal.
Caitlyn tragó saliva imperceptiblemente. Por primera vez supo que estaba en un aprieto, Jayce sabía que había más que una relación de compañerismo entre ella y Vi y estaba dispuesto a sacarlo a la luz.
-Yo no hago nada.- dijo intentando desviar el tema.- Protejo…
-…Lo que quieres.- le dijo él levantando la cabeza mostrando orgullo.- Esa joven te ha trastornado, antes no eras así.
-¿Así, cómo?- preguntó ella enfadada.
-No sé… estás cambiada, distinta.- le dijo él.- Antes todo lo que significaba algo para ti estaba en esta oficina, tu trabajo, tu ciudad, tus hombres. Ahora… ya no sé de qué lado estás.
-Sé claro.- le dijo ella tajantemente.- No te andes por las ramas.
-¿Sigues estando de parte de la ciudad o de esa maldita y loca criminal con el pelo rosa?
Se quedó en silencio intentando discutirle con algo con sentido, intentando no mostrarse débil delante de ese hombre. Pero Caitlyn optó por la vía rápida, no quería seguir discutiendo.
-¿Cómo tienes el valor de venir a mi oficina y de decirme a la cara que si protejo a los criminales de esta ciudad? ¡He dedicado mi vida, sacrificado mi tiempo, mi vida por esta maldita ciudad! - se levantó de la silla y lo señaló con el dedo.- ¡He sacrificado todo lo que tenía para poder hacer de esta ciudad un lugar mejor para que gente como tú pueda vivir en paz! ¿Y aún así tienes el valor de venir a preguntarme tal tontería?
-Caitlyn… yo…- intentó balbucear pero sin éxito, Caitlyn le estaba señalando la puerta.
-Vete de aquí, Jayce, no estoy de humor para tus estúpidos jueguecitos.
Jayce se levantó del asiento enfadado por la contestación de Caitlyn y se dirigió hacia la puerta de salida de la oficina, pero antes de agarrar el pomo, correr el pestillo y abrir la puerta, se volvió a dirigir a ella.
-Mírame a los ojos, Caitlyn.- le dijo con determinación.- Mírame a los ojos y dime que Vi no significa nada para ti.
Caitlyn se esperaba cualquier cosa menos esa frase y menos de los labios de Jayce. Abrió la boca para responder y notó cómo se ponía nerviosa, ¿qué le iba a decir ahora a Jayce? No podía mentirle si le estaba mirando a los ojos. Tenía que pensar rápido, ¿qué era Vi? Una criminal, una joven macarra que no seguía órdenes de alguien, alguien con quién había pasado buenos momentos, alguien con quien había compartido cama, besos, cariño… alguien a quien amaba de verdad. Alguien a quien odiaba y quería hacer daño, alguien que la abandonó sin ningún motivo… Vi era una persona que le había dicho la cosa con más sentimiento en toda su vida.
"Vi es mía" - se dijo a sí misma recordando las palabras de Vi en aquél momento, "te ha dicho que es tuya."
Levantó la mirada suspirando, mirando los ojos de Jayce con el corazón latiendo fuertemente en su pecho y tragó saliva de nuevo. Abrió la boca para decirle lo que pensaba:
-No es mi amiga, pero tampoco es mi enemiga. No es una compañera, pero tampoco una desconocida. Ella es… - Jayce cambió el gesto, sabiendo que llevaba razón, que la Sheriff se había implicado demasiado con ella.- Ella es… una persona a la cual aprecio. No puedo decir que no signifique nada para mí, me salvó la vida.
Jayce frunció el entrecejo y soltó una carcajada enfadado.
-Así que es cierto… Vi es más de lo que el resto de gente significa para ti. - se cruzó de brazos, abatido, dolorido. Notó que le había hecho daño, su corazón roto.- Albergaba la esperanza de que pudiéramos ser una pareja algún día, Caitlyn, aún lo albergo. Si he de conquistar tu amor al igual que lo ha hecho Vi, ten por seguro que lo haré.
-Jayce… - intentó explicarle al hombre lo que de verdad quería decir, pero Jayce ya tenía sus propias ideas y muy a desgracia de Caitlyn, no iba desencaminado, era cierto que sentía algo por Vi y que ella significaba mucho para ella.
-No, Caitlyn, no. Tranquila.- sonrió seductoramente.- No pienso perder esta batalla, ninguna criminal me arrebatará aquello que anhelo. No podrá borrarte de mi mente y desde luego, no permitiré que siga aparentando ser buena gente cuando en realidad no lo es.
Dichas estas palabras se giró en la oficina para salir por la puerta y dejar a Caitlyn sumida en un mar de dudas y pensamientos. Sabía de antemano que a Jayce le gustaba, pero no sabía que pudiera albergar sentimientos más profundos hacia ella… es decir, que estuviera enamorado de ella.
Se sintió fatal por fallarle al que había sido su amigo durante tantos años. Se sentó de nuevo intentando concentrarse en los reportes que tenía encima de la mesa pero sin poder hacerlo, su mente estaba repasando la conversación con Jayce una y otra vez.
Maldita Vi, ¿qué le había hecho? Ella no era antes así, no era tan insegura, no era tan… débil. El amor desde luego cambia a las personas, ¿tanto había cambiado por ella?
Su mente le trajo el vago recuerdo de la sonrisa pícara de Vi, sus ojos, sus bromas, sus caricias, sus bromas. Era una idiota. Estaba enamorándose perdidamente de alguien a quien no le importaba lo más mínimo, al fin y al cabo, la había abandonado, ¿no? Eso no se hace, eso es de cobardes.
-¿Tan poco significo para ti que me abandonaste? ¿Tan poco significo para ti que no fuiste capaz de quedarte a luchar conmigo? - preguntó Caitlyn a la habitación vacía.
Ishmael movía la pierna de arriba abajo intentando calmar su nerviosismo y ansiedad, sentado delante del Alcalde, quien estaba terminando unos documentos. Intentó descender el ritmo de la pierna, pero sin éxito. Odiaba cuando Adam pasaba de sus hombres y seguía a lo suyo, ellos también tenían vida, maldita sea.
Pasados otros veinte minutos en silencio, Adam terminó lo que estaba haciendo y se encaró a Ishmael.
-¿Qué noticias traes de los caza recompensas?
-Al parecer a Sarah Fortune y a Gangplank se les unió Jayce, aunque todavía no sé por qué.- le explicó.
Adam se empezó a reír, lo cual relajó el ambiente.
-¿Tres campeones de la Liga para aplastar a ese insecto?
-Exactamente.- le dijo con una sonrisa tímida.- Pero… alguien evitó que Jayce acabara con ella. Vi está malherida, escondida en la ciudad mientras se recupera, pero aún no han logrado atraparla.
-¡Ineptos e inútiles! ¡Eso es lo que son! - exclamó golpeando el escritorio con fuerza.- ¿Cómo se puede ser tan tonto? Eran tres contra uno…, ¡uno!, ¡un puto insecto! ¿Qué mierda les enseñan en la Liga a hacer, eh?
-Hay todavía más, señor.- le dijo Ishmael asustado de la reacción de su jefe.
-¿Qué es? - preguntó recostándose contra su sillón y sacando un cigarro para fumárselo tranquilamente.
-Nuestras bandas… han sido detenidas gracias a Vi.- le explicó.
-¿¡Que, qué!?
-Como lo oye. Ha ido buscándolas una por una hasta arrasar con ellas. Ya sólo nos quedan tres en activo, que seguramente a estas alturas… Vi las habrá encontrado y aniquilado.
-¡Joder! ¿Y el resto de bandas que no son nuestras?
-Esas no las ha tocado. Al parecer ahora trabajan para ella. Les ha ofrecido protección y limpia de sectores, ellos… claro, aceptaron.
-No me va a salir nada bien nunca, ¿o qué? - exclamó de nuevo Adam pasándose la mano por la cabeza.
Se quedaron en silencio mientras Adam pensaba un plan.
-Sé que quizás no surta efecto, Ishmael.- le dijo dando una calada al cigarro.- Pero quizás podamos salir beneficiados de esta situación. Depende de los principios que tenga Vi.
-Es una criminal y una ratera, no creo que su moral sea como la de la gente de la calle, señor.
-Búscala, encuéntrala y hazle saber que estoy interesada en darle el mejor puesto dentro de mi organización. Si acepta, estará bajo tu cargo. Que se encargue de seguir con la actividad de las bandas sin que se haga muy notoria su existencia. Hazle saber… que no hace falta que sigamos siendo enemigos.- esbozó una pequeña sonrisa a la cual su esbirro respondió.
-Así se hará, señor.- dijo levantándose para salir de la sala.
Cuatro meses más tarde…
No tardó en notarse en la ciudad de Piltover el cambio de poder establecido en tan poco tiempo. Las bandas callejeras habían sido desmanteladas, o eso decían los periódicos, todo gracias a una vigilante que cazaba a las ratas de la ciudad y se las entregaba en bandeja a la policía de Piltover.
La gente empezaba a mirar recelosa las noticias sabiendo que algo malo estaba pasando. Semanas más tarde, hubo noticias de que la mafia de la ciudad se había expandido y que ahora trabajaban el doble contaminando la ciudad con sus robos, asesinatos y demás cosas que hacían que la gente se quedara en casa evitando pasar por zonas que antes eran tranquilas.
Miss Fortune y Gangplank volvieron a la Liga abatidos y cansados de buscar a Vi sin éxito, la primera presa que se les escapaba de entre sus manos. En cuanto a Jayce, logró recuperar la mano completamente y curada de nuevo, volvió manos a la obra, ayudando a Caitlyn de vez en cuando a hacer las tareas más duras de la policía.
El departamento de policía no podía hacer nada con la nueva oleada de crímenes y fechorías que ya sólo una mafia hacía. La mafia del Alcalde Adam. Y como antes, no podían inculparlo de nada, era perfecto en todo lo que hacía. Era el hombre perfecto de cara al público y sólo unos pocos conocían el verdadero rostro de esa persona.
Todo tipo de lujos rodeaba la mansión de Alcalde mientras en menos de dos meses, decenas de familias se habían quedado en la calle debido a la mafia que él mismo controlaba. Ishmael controlaba a sus hombres con muchas soltura, tanto, que Adam empezó a darle más poder y a depositar más confianza en él ya que había logrado lo que nadie había conseguido hasta la fecha. Hacer que Vi se uniera a ellos. Traicionando todo aquello por lo que había luchado.
Pero Vi tenía sus motivos y estaba dispuesta a sacrificar todo lo que poseía, incluso su vida para cumplir ese cometido. Matar a Adam, y justo ahora, era el momento perfecto para poder hacerlo.
