Siento la tardanza, demora, and stuff. He estado demasiado liada con varias cosas y además me ha costado horrores escribir este capítulo porque quería contar muchas cosas que al final no he puesto en este, tendréis que esperar a los siguientes. Capítulo muy relevante para el argumento que se desarrollará en los siguientes capítulos, así que espero que les guste y a ver si consiguiera subir otro más antes de la semana que viene, la cual tengo un examen que me va a quitar tiempo a mansalva.
Un saludo, lectore.
La cárcel era mejor que aquello. Tener que levantarse todos los días, no pudiendo dormir tranquilamente por si mandaban a alguien a matarla. Tener que estar bajo las directrices de la mano derecha de Adam, dar parte de todo lo que hiciera y estar vigilada veinticuatro horas para que ellos no tuvieran nada que temer.
Estaba enjaulada, había caído en su trampa, ahora no podía moverse ni siquiera cambiar de posición en la cama ya que tenía junto a ella a un perro guardián que no la dejaba ni a sol ni sombra. Perro guardián que no duraría mucho ya que Vi tenía planes para él o más bien, para librarse de él.
Se levantó de la cama y salió de la habitación con los guanteletes puestos. El hombre que Ishmael le había asignado la estaba esperando con cara de somnoliento en la otra sala, preparado para salir a trabajar en cualquier asignación que Adam les hubiera puesto.
Recorrieron los pasillos de la mansión con cuidado, yendo hacia el comedor donde el resto de hombres que se encontraban en la casa estaban desayunando animadamente. En cuanto la vieron pasar se quedaron en silencio viendo cómo la pelirrosa se sentaba y el mayordomo le servía la comida con tranquilidad.
No se acostumbraban a tener la presencia de la joven en aquel lugar, a tener que estar pendiente de ella no fuera a ser que se le cruzara algún cable y pudiera arremeter contra ellos. Nadie osaba cruzarse en el camino de esos ojos azules llenos de ira y enfado.
Adam no había tratado con ella, que ellos supieran. El único que hablaba con altanería delante de ella era Ishmael, cuyas palabras siempre eran rebatidas por la joven en cuando tenía ocasión.
Una vez terminado el desayuno acompañada con la presencia del hombre custodio que llevaba pegado a ella, decidió levantarse e ir a la oficina de Ishmael. Se aburría como una ostra y necesitaba acción, aunque fuera, salir a dar una vuelta.
Llamó a la puerta de su despacho con fuerza, intentando no derribarla con los guanteletes, una voz en su interior le dijo que pasara y ella cumplió. Cerró la puerta en las narices de su acompañante, lanzando un gruñido molesto que le sacó una sonrisa a Vi. Una de las pocas que podía lucir esos días.
Se sentó a desgana delante de Ishmael. El hombre la miró enarcando una ceja, cansado de su actitud.
-¿Qué ocurre?
-Me agobia tener que estar seguida todo el día por ese inútil.- le dijo ella mirando alrededor, sin fijarse en sus ojos azules, equiparables a los suyos.- ¿Se puede ir a la mierda un rato?
-Sabes que no.
-¿Puedo ir a la ciudad a pegarle a alguien?
-Terminantemente, no.- le dijo abriendo la boca sorprendido de su falta de tacto.- No actuamos así y lo sabes.
-¡Ah! Es cierto, estoy en una mafia, cuidado.- dijo ella levantando los guanteletes mostrando un rostro desconcertado mientras sus palabras destilaban sarcasmo. Ishmael volvió a enarcar la ceja.
-Con esa actitud no conseguirás nada, Vi.
-Ni con esta actitud ni con ninguna, joder.- dijo enfadada.- Llevo aquí tres putos meses sin hacer nada. ¿Tanto quería mis guanteletes Adam que no les da uso? Vaya un gilipollas.
-Vigila tu lengua, Vi.
Durante estos tres meses, Ishmael era el único de los hombres que le hablaba y la trataba como a una igual, no como alguien a temer, cosa que Vi agradecía dentro de tan compleja mafia. Ishmael tenía cierta resemblanza con su hermano fallecido, quizás por eso Vi se pasaba más tiempo con él que con otras personas en la mansión.
Era curioso, pensó, Ishmael era tan parecido que cuando lo vio por primera vez pensó que era él mismo, vuelto de entre los muertos, pero pasado el tiempo se dio cuenta de que no era su hermano, Seth estaba muerto completamente y los culpables de ello se encontraban en ese mismo edificio, durmiendo y viviendo cómodamente, sin nada que les recordara las vidas que habían roto o se habían llevado por el camino.
Ishmael dejó los papeles que estaba leyendo y se ajustó el chaleco que llevaba, sus ojos azules clavándose en la mirada de Vi, tranquilamente se recostó en el sillón y cruzó las manos debajo de su mentón, apoyando la cabeza en él lentamente.
-Tómate tu tiempo.- le dijo ella mordazmente, impaciente porque el joven le dijera algo.
-Adam va a dar una fiesta en la mansión.- le dijo él.- Va a haber un gran baile, lleno de personas notorias en la ciudad, como cada año.
-¿A qué se debe la fiesta? - preguntó Vi, que no tenía ni idea. Había estado demasiado ocupada en sobrevivir como para preguntarse de qué eran las fiestas que organizaba el alcalde en su mansión.
-Alguna tontería en honor al Héroe de Piltover, creo.- dijo con aspecto aburrido, Vi abrió la mandíbula incrédula. Ese maldito Jayce, cómo lo odiaba.
-Odio a Jayce.
-Pero salvó la ciudad de Piltover de las manos de Viktor.
-Viktor me cae bien.- dijo con media sonrisa.
-No puedo imaginar por qué.- le dijo respondiendo con otra media sonrisa.
-Bueno… ¿qué tiene que ver la fiesta conmigo? - pregunta Vi sin darle importancia al asunto.
-Vendrán altos cargos del gobierno, algún que otro extranjero Demaciano y Noxiano. Cabe decir también que la Sheriff estará presente.- miró la cara de Vi mientras pronunciaba estas palabras para ver si cambiaba el gesto.
Vi se mantuvo impasible, intentando mostrar que no le daba importancia. Ishmael sabía muy bien que las veces que se había escabullido Vi para recorrer las calles terminaban siempre en el mismo sitio, el apartamento de Caitlyn, la joven se martirizaba viéndola salir de vez en cuando del apartamento, o viendo cómo Jayce se volvía cada vez más cercano a Caitlyn, hasta el punto de despedirse con besos en los labios que quemaban el alma de Vi cada vez que se acercaba a ella.
Demasiado autocontrol ejerció para no saltar a partirle los dientes. Odiaba a Jayce y estaba resentida con Caitlyn e Ishmael lo sabía, sabía que deseaba a Caitlyn más que la venganza sobre Adam, cosa que le daba cierta ventaja sobre su empleada.
-Sigo sin entender qué tiene que ver conmigo.
-Mantendrás la vigilancia, pero escondida de los invitados que vengan. Esta vez no tendrás a tu "guardaespaldas", pero tendrás que mantenerte al margen, ¿entendido? Adam no quiere a gente vagabundeando entre sus habitaciones. Sólo las salas contadas de la fiesta y los baños, ¿entendido?
-Cristalino.
-Necesitarás un traje para la fiesta.
-¿Qué? - preguntó incómoda Vi.
Ishmael sonrió de oreja a oreja.
-Necesito que me toques.- le dijo Caitlyn en apenas un susurro mientras Vi se mantenía delante de ella, de pie, muy, muy cerca suya. Los ojos azules de la joven recorrieron su cuerpo de arriba a abajo.
Caitlyn notaba el calor que desprendía y los nervios que la poseían, se apoyó en la pared intentando recobrar el aliento y la estabilidad que había perdido por momentos.
"Esto no es normal" se dijo a sí misma mirando a la mujer que ladeaba la cabeza seriamente delante de ella. "Esto no puede ser normal" repitió como si de una plegaria se tratara.
-Necesito que me beses.- dijo en otro susurro agarrando el cuello de la camiseta de Vi, acercándola a ella. Sus labios cerca, casi rozándose.
Pero Vi mantenía la mirada fija en sus ojos, no se movía, la hacía sufrir. Caitlyn suspiró sintiendo agonía crecer en su interior. Su aliento rozó los labios de Vi. Intentó besarlos, pero la otra la esquivó. Se acercó a su oído y con la mano izquierda acarició su cuello.
-No seas tan impaciente.- le dijo en un tono de voz que hizo que perdiera los estribos y soltara un gemido involuntario. Vi sonrió.
Se separó de su oreja y le dio un beso que duró unos segundos en la mejilla, notando cómo Caitlyn mojaba sus labios pasando su lengua por ellos.
Se echó hacia atrás para mirarla a los ojos antes de que Caitlyn la agarrara de la nuca y la besara lentamente, disfrutando del beso, notando la impaciencia crecer dentro de ella y el nerviosismo que Vi sentía al tenerla tan cerca, al besarla.
-Necesito que me quieras.- le dijo notando una lágrima que se escapaba de su ojo derecho y recorría su mejilla. Su sufrimiento era demasiado grande como para ocultarlo.- ¿Por qué no me quieres? ¿Por qué no me amas?
Vi no respondió, sus ojos azules clavados en los suyos, inexpresivos.
-No lo necesitas.- dijo en apenas un susurro la pelirrosa. - Lo tienes a él.
Caitlyn gritó y se despertó llorando. En su cama, sola, habiendo soñado con Vi. Otra vez.
Estos sueños la empezaban a molestar cada vez más, dejándole un sabor de boca amargo cada vez que despertaba, intentando recordar el calor de Vi, sus ojos, sus labios, su olor. Maldita sea, cómo la echaba de menos.
Más de una vez se sintió tentada de bajar a las alcantarillas a buscarla, pero sabía que no se encontraría allí. Era demasiado lista, habría cambiado de localización el mismo día que se fue de aquel lugar, seguro. Se mordió el labio pensativa. Estaba completamente destrozada.
-Jamás pensé que me enamoraría.- dijo en voz alta, intentando ordenar sus pensamientos.- Y desde luego jamás pensé que me enamoraría de otra mujer, y mucho menos una delincuente. Dios, qué he hecho.
Y ahora no podía hacer nada para arreglarlo, estaba intentando darle una oportunidad a Jayce, cosa que el hombre agradeció enormemente, sabiendo que Caitlyn siempre había sido la mujer que había deseado para él. No era mal novio, pero había algo que no le gustaba de él, algo le faltaba, la chispa que tenía con Vi.
Claro que, ahora sólo lo comparaba con ella, con la persona que realmente amaba, diantres, ¡cómo la echaba de menos! No era nada la forma en la que la besaba con los besos torpes de Jayce, detestaba estar en esta situación, pero era la única forma que había encontrado para poder olvidarse de ella.
Días más tarde se levantó con la espalda un poco dolorida de haber pasado la noche en una cama extraña para ella. Recogió sus cosas y la Sheriff se volvió a su casa dejando dormido a Jayce, sin hacer ruido cuando salió de su casa para no despertarlo.
Se calzó en el porche del Héroe de Piltover y se arregló el cabello, hoy no tenía trabajo y había decidido pasar la noche con él. Mala idea, qué forma tan horrible de perder el tiempo. Un poco soso era Jayce en la cama. Un poco.
Sentada todavía en su porche levantó la mirada para observar el amanecer y giró la cabeza hacia una de las propiedades de la zona, la casa de Adam. Tendría que volver esta noche allí a mantener las apariencias delante del rostro tan horrible del mafioso más grande de la ciudad.
Caminó hacia su coche, encendió el motor y se marchó a casa a descansar después de una noche que quería olvidar cuanto antes. ¿Tan sola se sentía? Pobre, no sabía dónde se estaba metiendo. Jayce no la dejaría en paz ahora. Había cruzado una línea que no debería haber cruzado.
Golpeó su frente contra el volante sin hacerse mucho daño.
-Todo es tu puta culpa, Vi.- dijo dentro del coche, esperando a que los demás le cedieran el paso.
La entrada al apartamento, desordenado, todo hecho un desastre fue una odisea para Caitlyn. Dejó sus zapatos en la entrada y se tumbó en su cama sin molestarse en quitar la pila de ropa que tenía encima de la cama, ya le daba igual todo. Estaba vacía, Vi la había conseguido romper por completo. Odiaba todo en ella, lo odiaba tanto que estaba deseando volver a verla para pegarle. Pero sabía que si la veía otra vez lo último que haría sería eso.
Tenía otros problemas de los que preocuparse, como Jayce. Dios, Jayce, cómo detestaba su chulería y su hombría. El orgullo de ese hombre no conocía final, así como su ego, cosas que le daban a Caitlyn asco de él.
Se durmió en apenas unos segundos, arropándose con la manta que estaba fuera de la cama, intentó no pensar en Vi ni en soñar con ella, algo que llevaba pasándole mucho el último mes.
Se levantó horas más tardes y se desnudó entrando en la ducha apresuradamente, tenía sólo una hora para arreglarse antes de que Jayce pasara a recogerla, como todo un caballero. Después de secarse el pelo y peinarse, se maquilló antes de enfundarse en su vestido negro, palabra de honor que mostraba sus generosos pechos y le daban una figura envidiable. Se puso los tacones justo cuando Jayce llamaba a su puerta.
Se levantó de la cama y sonrió delante del espejo la mejor de sus sonrisas falsas.
-Allá vamos.
