Siento mucho, mucho, mucho el retraso. Pero entre el examen que tuve esta semana y los trabajos que tuve que entregar no tuve tiempo para ponerme a escribir y cuando sacaba algún hueco mi mente estaba tan cansada que no lograba hilar nada decente en el capítulo. Lo que me ha costado, madre. Espero que sea de vuestro agrado y que no los decepcione para nada.
Gracias por vuestras reviews, alegran mi día y me ayudan a seguir escribiendo con una sonrisa en el rostro. Un saludo lectores. ^^
Sólo una persona había estado vigilando a Vi la noche de la fiesta. Sólo una persona se dio cuenta de que había hablado con la Sheriff y le había hecho cambiar de ánimo. Vi se mostraba más distante y menos agresiva de lo normal en ella, y esta misma persona sabía las causas por las que la pelirrosa estaba al borde de la total apatía, así como de encerrarse en sí misma y sufrir en silencio. Y esta persona iba a tomar ventaja de cómo se encontraba Vi.
Caminando despacio, repasando el plan mental que llevaba una semana planeando, Ishmael se dirigió al despacho del Alcalde con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que lo convencería para librarse de dos pájaros usando simplemente la mitad de los recursos que solía usar en el resto de operaciones.
Llamó a la puerta y esperó pacientemente a que le abriera el mayordomo mientras se ajustaba las mangas de la camisa por debajo de la chaqueta del traje que llevaba puesto. Una vez le invitaron a pasar dentro, la puerta se cerró a sus espaldas y se sentó delante de Adam, que por una vez no estaba inmerso en sus informes y facturas sino fumando de un gran puro, mirando cómo su mano derecha se sentaba delante suyo.
- ¿Qué me traes hoy, Ishmael? - preguntó dando una calada larga, soltando el humo hacia su derecha, apoyando los pies sobre su escritorio.
- Sé que no aceptaste de buena gana que Vi se uniera a nosotros, así que tengo una cosa que ofrecerte para eliminar dos pájaros de un tiro.
-Dispara.- le dijo con una sonrisa.
-He descubierto algo de Vi y creo que te va a gustar.- le hizo un gesto para que siguiera hablando, Ishmael se relamió los labios sonriendo.- Nuestra gran y respetada Sheriff tiene un desliz con la pelirrosa.
El humo del puro hizo que Adam se atragantara y empezara a toser fuertemente mientras su mayordomo le daba un vaso de agua para que tragara y pudiera reírse sonoramente ante la gran noticia que le traía su subordinado. Ishmael se recostó contra el respaldo de la silla sonriendo maliciosamente ante la reacción de su jefe.
-¿Estás totalmente seguro de ello? - preguntó él una vez hubo terminado de reírse.- Si pensaba que estaba con el engreído de Jayce.
- Creo que es por guardar las apariencias- le dijo sin borrar la sonrisa.- Pero sí noté cierto nerviosismo por parte de Vi cuando Caitlyn vino a la fiesta y además… fueron las dos juntas al baño y se quedaron mucho tiempo dentro de él. Cuando salieron, las dos tenían mirada de perdida, así que puedo aventurar que no sólo tienen un desliz, sino que de verdad se quieren.
-¡Qué bonito es el amor, Ishmael! - dijo levantándose y estirando la espalda, sonriendo de oreja a oreja, era la mejor noticia que le podían haber dado nunca.
-Así que tengo un plan para capturarlas a las dos. - entrelazó sus manos sobre la pierna que subió encima de la otra. - ¿Quieres ser el primero en oírlo?
Adam esbozó una sonrisa de oreja a oreja que le hizo tener un escalofrío que no le gustó nada. Tragó saliva y se forzó a sonreír de nuevo, relatándole el plan que había tenido.
Vi caminaba por los recintos de Adam perdida, sin saber qué hacer o cómo reaccionar. Se pasaba el día seguida por el hombre tan exasperante que el Alcalde le había asignado para que no hiciera nada. Sólo podía planear una y otra vez la entrada en el despacho de Adam para matarlo, pero el hombre que la seguía no la dejaba ni a sol ni a sombra, con lo cual era una pérdida de tiempo y quebrantamientos de cabeza innecesarios.
Pero cuando no estaba pensando en ello, sus pensamientos se dirigían hacia cierta castaña que estaría seguramente patrullando la ciudad o defendiéndola de los criminales como ella.
No le habían asignado ninguna tarea en semanas y estaba empezando a apalancarse, ni siquiera podía seguir yendo a su taller a pasar el rato o a arreglar cosas. Estaba completamente atrapada entre la espada y la pared, ¿en qué momento había decidido unirse a los hombres del Alcalde? Ni siquiera podía jugar a las cartas con ellos ya que todos la repudiaban dentro del edificio.
Minutos más tarde, cuando decidió volver a su cuarto, Ishmael se encontraba apoyado en el marco de la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, esperándola. Vi entrecerró los ojos intentando comprender a qué venía tanta alegría por parte de ese hombre.
Ishmael le dio unas órdenes al hombre que cuidaba a Vi y éste se retiró dejándolos solos. El joven le hizo un gesto a Vi para que entrara en la habitación y así poder charlar tranquilamente.
Una vez dentro, el hombre sacó su pañuelo y se sentó en una de las sillas de la habitación, haciendo un gesto a la pelirrosa para que se sentara delante de él.
-¿Ocurre algo, Ishmael? - preguntó Vi bostezando mientras miraba a la persona que tenía delante sonarse los mocos con estilo. Sonrió ante la pose que estaba poniendo el joven.
-Tengo una misión para ti, pero he de decirte que no va a ser fácil hacerla. - le dijo el joven.
-¡Hombre, algo de acción al final! ¿Qué he de hacer? - preguntó ansiosa.
-Algo que beneficiaría mucho a Adam de salir bien, así que por eso te voy a asignar a esta misión, para que salga bien.
-Me tienes en ascuas, Ishmael.- le dijo ella nerviosa, no le gustaba cómo se iba desarrollando la conversación.
-Caitlyn debe morir.- le dijo mirando los ojos de Vi, intentando ver alguna reacción en la pelirrosa, tal como supuso la joven apretó la mandíbula fuertemente, intentando pensar cómo escapar a aquella situación.
¿Acaso no lo había pensado nunca? ¿Se pensaba que ofreciendo sus servicios a Adam no tocarían a Caitlyn nunca más? Qué ingenua había sido. Ingenua e idiota. Ishmael esbozó media sonrisa mientras veía el debate interior que tenía dentro Vi. Había acertado completamente, ahora estaba más que seguro de que Vi sentía algo más que simple amistad o cariño por la Sheriff de Piltover.
-¿Estás bien, Vi? - preguntó Ishmael mirando sus ojos azules, llenos de temor hacia la persona a la que amaba.
-Estoy bien.- dijo ella tragando saliva imperceptiblemente. - ¿Qué he de hacer?
-Mañana por la noche, durante una de las patrullas que haga la Sheriff, te encargarás de atacarla y ejecutarla. No es un plan muy currado, pero a Adam le da igual si te pillan o si te matan en el intento, así que ya sabes. O tu vida, o la suya. - le dijo levantándose, guardando su pañuelo de nuevo en su chaqueta.
Salió de la habitación dejándola con sus pensamientos. Vi se levantó estampando la silla contra la pared, destrozándola. Cogió sus guanteletes y esperó unos segundos. Dejó inconsciente con una habilidad pasmosa al hombre que la estaba guardando y se escapó del edificio sin percatarse que Ishmael la seguía, junto a varios de los hombres de Adam, de una forma demasiado profesional hasta incluso para ellos.
El anochecer cayó sobre la ciudad de Piltover cuando una persona se escabulló sin ser vista entre unos callejones. Se agazapó entre unos cubos de basura esperando que la gente siguiera pasando de largo para salir con cuidado y adentrarse en un bloque de apartamentos en los cuales se encontraba la persona más preciada para ella.
Vi subió los escalones del edificio con presteza, pero cuando llegó al piso donde se encontraba el apartamento de la Sheriff, salió por el alféizar de la ventana, caminando por el borde de la pared hasta una de las ventanas de la casa, la cual abrió sin ninguna dificultad gracias a sus guanteletes y entró dentro, cerrando de nuevo la ventana detrás de ella, con cuidado. Sus ojos recorrieron la estancia en la que se encontraba. La habitación de Caitlyn, hecha un completo desastre.
La ropa de Caitlyn estaba tirada en el suelo, los papeles de su trabajo desparramados entre el escritorio y el suelo así como sus pertenencias. Caminó entre el estropicio preguntándose desde cuándo la Sheriff era tan descuidada con sus cosas. Se encontró varios papeles tirados en el suelo, cerca de la entrada a la habitación y los recogió dejándolos en la mesita, apartando un vaso de agua que se encontraba encima, acompañado de varias pastillas sueltas.
Salió al salón comprobando que el resto de la casa estaba en las mismas condiciones. Vi nunca había sido una persona demasiado ordenada, pero el caos de la casa de Caitlyn haría temblar a cualquier maniático de la limpieza y el orden.
Miró la hora y supo que a Caitlyn le faltaba poco para volver a casa, a no ser que estuviera con Jayce, cosa que le daba igual en estos momentos en los que su único pensamiento era convencerla de que se fuera de la ciudad esa misma noche. No podía ponerla en peligro nunca más. Si al hacer que se fuera firmaba su sentencia de muerte, que así fuera. Podría morir tranquila sabiendo que la persona que más amaba estaba a salvo, ¿no era lo que ella había querido desde un principio? Estaba claro, era la decisión más difícil que jamás había tomado y no se arrepentía de nada, porque ella iba a estar a salvo.
Esbozó una pequeña sonrisa llena de tristeza mientras dos lágrimas silenciosas caían por sus mejillas.
Oyó pasos en el pasillo y girar la llave dentro de la cerradura de la puerta, así que Vi tragó saliva, respiró hondo y se quedó justo donde estaba, esperando que Caitlyn no le disparara nada más verla, como otras veces había hecho al principio, cuando se conocieron. Recordó ese momento con tristeza, trayendo a la memoria el disparo que había alertado a los vecinos porque Caitlyn se había olvidado de que por aquél entonces, convivía con ella.
Sonrió tristemente cuando la puerta se abrió de par en par, dejando entrar a Caitlyn y su gran sombrero, con el rifle apoyado en su hombro y los papeles de la oficina en el mismo brazo, evitando que pudiera maniobrar bien con el arma. Dejó los informes tirados en el suelo con un resoplido cansado, dejando el rifle apoyado en la pared y el sombrero en la estantería. Cerró la puerta tras de sí y encendió la luz girándose sorprendiéndose de encontrar a Vi en el salón de su casa, mirándola con ojos tristes.
La ira se apoderó de ella y se acercó a la pelirrosa para darle un bofetón por atreverse a entrar a su casa sin permiso, pero justo cuando lo iba a hacer, Vi le paró la mano agarrándola entre sus guanteletes con sumo cuidado, sin hacerle ni una pizca de daño. Caitlyn se maravilló medio segundo por el movimiento de Vi antes de enfadarse de nuevo con la pelirrosa.
-¿Qué haces aquí? - preguntó enfadada.- ¡Esto es allanamiento de morada! ¡Podría detener…!
Las palabras de Caitlyn no llegaron a salir de su boca ya que Vi presionó sus labios contra los suyos en un beso lleno de pasión y de anhelo por verla y tenerla tan cerca. Esta vez no se iba a controlar, estaba harta de tener que esperar a que Caitlyn parara de hablar. Esta vez la iba a escuchar a ella.
Pero no de momento. Al parecer Caitlyn también la había echado de menos, ya que sus manos agarraron la nuca de la pelirrosa evitando que sus bocas se separaran. Momentos más tarde, las dos intranquilas por el momento de pasión compartido se separaron. Caitlyn sabía que algo pasaba, Vi nunca la había besado de esa manera.
-Caitlyn, tienes que irte de la ciudad.- le dijo ella en un susurro, cerca de ella, intentando no mirar los ojos de la castaña.
-¿Qué pasa, Vi? Puedo ayudarte, dime qué ocurre.- le dijo acariciando la cara de Vi, mirando sus ojos azules llenos de tristeza y dolor.
-No puedes, Caitlyn, no puedes.- le dijo ella.
-Vi… me asustas… -le dijo ella preocupada de verdad.
-¡Tienes que marcharte! - exclamó separándose de ella.
Antes de que Caitlyn pudiera replicar, una explosión en la habitación de la Sheriff las hizo volverse justo para ver cómo la pared de la alcoba acababa destrozada, hecha añicos y los hombres de Adam entraban en el apartamento, apuntando a las dos con las armas. Detrás de ellos se encontraba Ishmael con una sonrisa lupina, acariciándose la barba de un día que no se había afeitado.
-Buen trabajo, Vi.- le dijo Ishmael sonriendo de oreja a oreja mientras Caitlyn lanzaba una mirada de incredulidad hacia donde se encontraba ella, en sus ojos un claro sentimiento que se apoderó de su pecho y le dolió más que ningún desaire que le hubiera hecho antes Vi, traición.
