Siento el retraso chicos, pero la uni no me deja respirar. Con suerte a ver si puedo actualizar esta semana antes del domingo. Saludos invocadores y gracias por vuestras reviews *^*.
No se dio cuenta del trayecto a la mansión de Adam, tampoco fue consciente de la presencia de todos los hombres del Alcalde aplaudiendo a Ishmael, que la guiaba esposada por las dependencias de la mansión hacia el sótano, donde tampoco se dio cuenta de que la estaban llevando a unas celdas en las que entraron, dejándole la más grande, como si fuera una suite preparada expresamente para ella.
No fue consciente de los grilletes que le pusieron en las muñecas, atados a cada extremo opuesto de la habitación para tenerla en el centro de la estancia y que no se pudiera mover y limitar sus movimientos. No fue consciente de las miradas lascivas de los hombres que silbaban mientras la encadenaban como hacían los Noxianos con sus prisioneros. No fue consciente de nada, porque el único pensamiento que recorría su mente era la traición de Vi y esos ojos azules mirándola desde un rincón de la sala, demasiado asustada como para acercarse a la Sheriff.
Vi no había podido hacer nada para evitar que la capturaran y no dejaba de repetirse una y otra vez que todo era su puta culpa. Su culpa por haber sido tan tonta de dejarse seguir, de no haber podido controlar el impulso de ir a buscarla. La había delatado completamente, haciendo que Adam tuviera ahora la sartén por el mango. Nada podía disuadirlo ahora de que no le hiciera daño a la joven Sheriff o de que la matara en cuanto se descuidara. Iba a ser la noche más larga de su vida.
Una vez los grilletes estuvieron puestos en las muñecas de la Sheriff, los hombres salieron de la celda, menos Ishmael y Vi, que se quedaron mirando a la joven castaña, que se mostraba enfadada, llena de ira, de odio y de instintos homicidas hacia las dos personas que se encontraban en la habitación.
Ishmael se acercó a la joven castaña y la agarró de la mandíbula para que lo mirara a los ojos, pero los de Caitlyn estaban clavados en Vi, que le mantenía la mirada, aunque sintiera su corazón quemaba de verla encadenada en la habitación. Tras unos segundos de forcejeo con la mano del joven hombre, Caitlyn cedió y lo miró.
-Eres demasiado terca, Sheriff.- le dijo fríamente, sin soltarle la mandíbula, apretando para que no se soltara.
-¿Y eso ahora qué importa?
-Mira a tu alrededor y piensa… ¿crees que ser terca te salvará ahora? - preguntó esbozando una sonrisa.
-Me condené el día en el que le di asilo a esa.- dijo en tono despectivo moviendo la cabeza hacia Vi.
La joven sintió su corazón palpitar fuerte, su sangre empezó a hervir y apretó los dientes con fuerza, notando como si una daga helada se hubiera clavado en su corazón. Caitlyn resopló con fuerza mientras Ishmael entrecerraba los ojos borrando la sonrisa.
-Vi sólo ha hecho lo que debía.- le dijo él. Le soltó la mandíbula. - Y lo ha hecho muy bien.
Se giró para ver a la pelirrosa en un rincón, mirándolo sin comprender lo que intentaba decirle. Se acercó a ella y la agarró del hombro. Vi clavó sus ojos azules en los suyos del mismo color y notó algo distinto en ellos.
-Tienes cinco minutos para decirle adiós, Vi.- dijo en voz baja.- Espero que disfrutes de los fuegos artificiales esta tarde.
¿Fuegos artificiales? Pensó mientras veía alejarse al joven de ella y salía por la puerta, cerrándola tras de sí, pero no con llave. ¿Qué había querido decir? Pero antes de que pudiera darle más vueltas, Caitlyn movió los grilletes intentando soltarse.
-Todo esto es culpa tuya.- le dijo con voz calmada. Vi se acercó a ella.
-¿Piensas que esto es idea mía? - preguntó Vi enfadada.
-La idiota soy yo por confiar en alguien como tú. Mira dónde estoy, nunca debí haberte conocido.- le dijo con dureza mirando sus ojos azules, llenos de ira. - No traes más que problemas contigo.
-Sí, eres idiota, desde luego.- le dijo ella levantando los brazos incrédula.- ¿De verdad piensas que iría a buscarte a tu casa para que te capturaran? Estás mal de la cabeza.
-¿Y qué quieres que piense, Vi? - preguntó intentando caminar hacia ella pero sin poder.- No haces más que aparecer, volver mi vida patas arriba y desaparecer de nuevo, como si la cosa no fuera contigo. Te acogí en mi casa y así me lo pagaste. Entonces, dime, ¿qué quieres que piense?
-No soy buena expresando cosas, ¿vale? - le dijo ella golpeándose el pecho. - Decidí marcharme por diversas razones.
Se dio la vuelta para calmar su respiración. No quería darle más pesar a la castaña, pero tampoco podía irse sin intentar esclarecer un poco la situación. No quería irse de allí sin darle la esperanza de que la sacaría de allí costara lo que costase.
-No eres buena en general.- dijo destilando odio. Una parte de su cerebro le dijo que se callara, que se calmara, que las cosas en caliente no se pensaban con claridad, pero estaba tan sumamente cabreada por la actitud de Vi y la situación en la que se encontraba que no pudo controlarse.- ¡No eres más que una rata callejera sin padres que no sabe nada de la gente! ¡No eres más que una delincuente que no es capaz de resistir la urgencia de pegarle a algo! ¡Todo el mundo te odia y con razón! ¡Pensaban que se equivocaban pero estaban en lo cierto! ¡Eres despreciable! ¡La única persona que te importa en tu puta vida eres tú y a los demás que nos jodan!
Vi cerró los puños con fuerzas y notó cómo perdía los estribos. Se giró con una mirada que heló el alma de la Sheriff en menos de dos segundos, notando cómo la sala de caldeaba. Vi se acercó a ella hecha una furia pero no la tocó. Acercó la boca a su oído y pudo oír el corazón de la pelirrosa latir fuertemente contra su pecho, estaba demasiado enfadada como para controlarse y estaba demostrando una fuerza de voluntad increíble al haberse parado y no golpeado la cara de la Sheriff sin pensarlo dos veces.
Habló con un tono calmado, lleno de serenidad que contrastaba con su corazón palpitante, sus puños cerrados y sus ojos inyectados en sangre. Notaba que cada palabra que salía de la boca de la joven era un tormento, notaba resentimiento e ira hacia ella, cosa que se merecía por haber dicho tales cosas en menos de dos segundos.
-No todos pudimos gozar del privilegio de tener unos padres que velaran por nuestros intereses, Sheriff.- masticó la última palabra llena de odio.- No todos podemos ser igual de queridos en esta ciudad. Puede que te creas perfecta, pero estás llena de defectos igual que yo, eres una maniática y una estirada. Y no tienes ni idea de mi vida. No sabes lo que es crecer rodeada de gente que te mira por encima del hombro catalogándote de mierda para abajo, no sabes lo difícil que es levantarte un día y ver que la única persona que te protegía y te cuidaba y te daba amor ha sido asesinada, no tienes ni puta idea de lo que se sufre estando en esa situación. Pero nunca, nunca vuelvas a decirme que de la única persona por la que me preocupo soy yo, porque ni tienes ni puta idea de lo que significas para mí.
Dicho eso se dio la vuelta, saliendo de la sala con un portazo. Caitlyn se quedó en vilo, notando cómo su pulso estaba acelerado y sentía náuseas por haber sido tan dura con Vi, por no haberse dado cuenta antes de lo que ella podía haber sentido a lo largo de su vida. Pero no iba a ceder, la estaba engañando, como siempre y no podía caer otra vez en las redes de Vi, ya que ella se encontraba allí encerrada mientras la otra podía caminar libremente por donde quisiera.
No podría perdonarla, no después de todo lo que había pasado. Caitlyn estaba harta de ser la que tenía que quedarse y llorar porque ella se hubiera ido. Si habría de morir, moriría sabiendo que por lo menos a Vi le quedarían remordimientos por su partida.
Nada más salir de la celda, Vi se cruzó con el guarda de la puerta, cosa que le agradó bastante ya que era Kane, el hombre con el que antes había trabajado cuando era más joven. Se saludaron efusivamente comprobando que no había nadie más en los alrededores y se sentaron en el suelo, con la espalda apoyada en la pared hablando de todas las cosas que habían pasado en la ciudad en los meses que no se habían visto.
Le contó cómo la banda se disolvió y cómo algunos de los suyos lo acompañaron para trabajar con Adam. No se quejaban demasiado y tenían ciertas libertades, así que para ellos era un logro apabullante, sobre todo tras haber vivido como ratas de alcantarilla en el barrio bajo. Vi le contó los trapicheos que hizo durante los seis meses y le pidió el gran favor de echarle un ojo a la Sheriff para que no le pasara nada. De él se fiaba, pero no se fiaba del resto de hombres de Adam, sobre todo ahora que podían tener la oportunidad de herirla.
-Soy una gilipollas enamorada de la persona equivocada.- se decía en voz baja Vi una y otra vez caminando por su habitación.
Estaba intranquila sabiendo que justo a unos metros debajo de ella, se encontraba la celda en la que habían dejado a Caitlyn. No sabía qué quería hacer el Alcalde con ella, pero estaba segura de que no iba a ser nada bueno. Estaba en una encrucijada. Ella no podía hacer nada por Caitlyn, ya que acabaría muerta, fusilada por Adam y sus hombres con una sonrisa en el rostro de aquél maldito bastardo. No, no podía hacer eso, así que sólo le quedaba una cosa por hacer, la única oportunidad que tenía de poder salvar a Caitlyn y acabar con Adam.
Miró por su ventana y la abrió de par en par. Iba a ser una caída dolorosa, pero merecía la pena. Saltó desde su segundo piso y antes de llegar al suelo, se hizo una bola y gracias a sus guanteletes rodó por el suelo sufriendo daños mínimos. Agradeció no haberse roto ningún hueso. Miró hacia la casa. Todavía era de noche, así que se ocultó en las sombras y escapó de los dominios de la mansión, pero no tuvo que caminar muy lejos para llegar a su objetivo, la casa de Jayce.
No llamó a la puerta, si no que abrió la ventana y entró con cuidado en casa del inventor. Lo encontró dormitando sobre su escritorio de trabajo, seguramente leyendo unos documentos. Vi sintió el impulso de darle una patada a la silla y tirarlo al suelo, pero tuvo otra idea mejor. Cogió la goma de borrar que tenía sobre el escritorio y el vaso de agua medio vacío que tenía en el mismo sitio. Le echó el vaso de agua sobre la cara despertándolo y justo cuando iba a chillar, Vi insertó la goma en la boca del joven inventor.
Jayce se atragantó y empezó a escupir, levantándose de la silla, poniéndose en guardia cuando vio quién era la persona que lo despertaba de manera tan cariñosa.
-Atento, Jayce, no tengo mucho tiempo. - le dijo con los brazos cruzados mirando cómo el hombre hacía un gesto entre interesado y asustado. - No habría venido si me quedara otra solución, créeme. Pero me veo en la incómoda situación de pedirte ayuda.
-¿Ayudarte? ¿A ti? ¡Ni soñarlo!
-No es por mí, es por Caitlyn.- le dijo ella. El hombre cambió el gesto totalmente, la miró intrigado.- Ha sido secuestrada por Adam y se encuentra en el sótano de su mansión. Desconozco lo que van a hacer con ella, pero no quiero saberlo. Por eso te pido, que la salves.
-¿Aquí es donde entra el gran Jayce, verdad?- dijo con una sonrisa de satisfacción que a Vi le dieron ganas de golpear con fuerza con su puño.- Vi no puede con una tarea como esta, ¿cierto?
-No seas idiota, Jayce. No vas a ir tú solo. Necesitas todo el cuerpo de policía de la ciudad, oblígalos a que hagan una redada en la mansión de Adam. - suspiró cansada.- Tienes unas horas para movilizar a todo el cuerpo, así que date prisa. No quiero que a Caitlyn le pase nada.
Antes de que Jayce pudiera replicarle, Vi saltó por la ventana que había dejado abierta y se marchó a través de la oscuridad de vuelta a la mansión, donde esperaba que nadie hubiera notado su ausencia.
