Sé que siempre me estoy disculpando por el retraso (que me viene de fábrica), pero consigo actualizar lo más rápido que puedo, así que sin más dilación, aquí está. La historia llega a su fin, espero que dentro de un par de capítulos esté terminada.
Un saludo, invocadores. ^^
La casa estaba calmada cuando volvió a entrar por una de las ventanas del piso de abajo. Las luces estaban apagadas y sólo quedaban encendidas unas pocas situadas a los laterales de las escaleras de la gran mansión por donde hacían la ronda algunos de los hombres de Adam. Otros estaban durmiendo o aún borrachos en la sala donde solían jugar a las cartas. Vi caminó agazapada entre las sombras, esquivando las miradas de los hombres que estaban haciendo guardia hasta que alcanzó su habitación. Después del altercado con el hombre que le habían asignado para que la protegiera o más bien, para que la guardara de hacer algo negativo en la mansión de Adam, Ishmael decidió designarlo a otro cometido, dejando a Vi a su aire, sobre todo ahora que tenía a Caitlyn bajo custodia en el sótano.
Hacía una hora que no había vuelto a ver a la Sheriff y se empezaba a impacientar, sabía que podía confiar en Kane para que no le pasara nada a la joven, pero no se fiaba del resto de hombres de la casa. Golpeando su escritorio con furia miró hacia la puerta de su habitación, intentando refrenar el impulso de ir a buscarla para ver cómo se encontraba. Suspiró intentando tranquilizarse, abriendo y cerrando los puños.
Decidió que la mejor opción que tenía ahora mismo era tumbarse en la cama e intentar dormir un poco para poder estar atenta al cambio de hombre que vigilara la celda de Caitlyn y así poder vigilar que no le pasara nada a la castaña. Esperaba de todo corazón que Jayce le hiciera caso y que no se tomara su visita como una broma, cosa que haría que pagara con creces en otro momento, y atravesara la puerta principal de la mansión alertando a todos, dándole una oportunidad para poder ir a salvar a Caitlyn.
¿Salvarla? ¿Después de todo lo que le había dicho? Sí, estaba completamente loca como para preocuparse de ella aún a pesar de todo. Al fin y al cabo, ella tampoco era perfecta y había tenido muchos errores y fallos con ella. Quería resarcirse y la mejor forma era ayudándola a escapar de la celda.
Cerró los ojos tranquilamente, sin quitarse nada de ropa ni los guanteletes mientras reposaba. El nerviosismo que sentía le hacía imposible el poder quedarse dormida y el cansancio a la larga le pasaría factura, pero su mente sólo estaba pendiente en una persona: Caitlyn.
Caitlyn estaba encadenada a la pared y apenas podía moverse. Sus músculos habían dado de sí y había decidido sentarse en el suelo a descansar como buenamente pudiera. Se arrepentía de haberle dicho esas cosas a Vi, pero estaba tan enfadada con ella y con la traición que le había causado, que no albergaba otro sentimiento hacia la pelirrosa más que odio. Un odio irracional que se apoderaba de ella. ¿No dicen acaso que el amor y el odio están separados por una fina línea? Pues Vi la había cruzado y había conseguido que todo el amor que pudiera haber sentido por ella se esfumara tan rápido como los recuerdos entre ellas.
Sacudió las cadenas apoyada en la pared, notando el peso de los grilletes en sus manos y suspirando fuertemente. Ahora tenía otra cosas de las que preocuparse, como por ejemplo, escapar de allí. No pasó mucho tiempo mirando a su alrededor en la semipenumbra que albergaba la habitación ya que oyó cómo la cerradura de la celda se abría para dar paso a dos hombres trajeados con unas miradas que le helaron el alma completamente.
Por primera vez, sintió miedo de verdad. Miedo y frustración por no poder hacer nada contra ellos, miedo por lo que le iban a hacer. Podría sobrevivir a cualquier tortura, pero lo que ellos pensaban hacer con ella era lo único que jamás podría soportar.
– No… – susurró a la oscuridad de la habitación.– Esto no.
Con un escalofrío notó cómo cerraban la puerta detrás de ellos y empezaban a bromear con unas risas ahogadas y se empezaban a desvestir mirando a la joven asustada encadenada a la pared. Empezó a forcejear con fuerza, intentando soltarse, pero sin éxito.
El único pensamiento que se le pasó por la cabeza en ese justo momento fue una súplica a Vi, que apareciera por esa puerta y la salvara. Por favor, pedía una y otra vez, por favor, Vi. ¡Ayúdame!
La duermevela de Vi fue interrumpida por unos golpes en la puerta, que hicieron que se levantara tan rauda que se sorprendió a sí misma. Abrió la puerta rápidamente, viendo el rostro afectado de Kane.
– Vi, han venido unos hombres a cambiarme la guardia. Se supone que debería ser sólo uno, pero hay dos.– le dijo en apenas un susurro.
Vi cerró los puños con fuerza y se escabulló junto a su compañero hacia las celdas. Estaba amaneciendo y la mitad de la mansión empezaba a despertarse, aunque quedara mucho para que todos estuvieran despiertos del todo. Caminaron todo lo deprisa que pudieron por el suelo entablado de los pisos superiores, alcanzando la escaleras en poco tiempo.
Corrieron bajando los escalones por trechos, a base de saltos, saltos que Vi ni se molestó en medir y en algún que otro acceso se comió la pared. Kane la ayudaba a levantarse rápidamente hasta que llegaron a la zona donde se encontraban las celdas, todas perfectamente insonorizadas.
No oyeron nada raro, pero Vi corrió hacia la celda de Caitlyn, donde sin pensarlo dos veces, abrió la puerta de par en par para contemplar con horror cómo los dos hombres, semidesnudos, estaban desvistiendo a Caitlyn, sus ojos llenos de lascivia y malicia.
Vi no logró contener el impulso que le dio al ver esa situación, su sangre hirvió por completo y se lanzó contra el primero golpeándolo tan fuertemente contra la pared que oyó un chasquido, un grito que se perdió en la distancia y el cuerpo inerte del hombre quedó en el suelo.
Miró hacia el otro, que estaba reculando, pero que no pudo escapar a la ira de Vi ni tampoco a sus puños. Empezó a golpearlo hasta que cayó inconsciente. Se miró las manos llenas de la sangre del que acababa de apalear y se cayó de rodillas al suelo, horrorizada por lo que había hecho. No se atrevía ni a girarse, temía enfrentarse a la mirada de Caitlyn.
Kane la miraba desde la entrada de la celda tragando saliva asustado. Decidió salir de la sala, cerrando la puerta tras de él para dejarles intimidad. No quería inmiscuirse en los asuntos de Vi, sobre todo ahora que estaba tan sumamente furiosa.
– Yo… no quería… no pretendía que pasara esto. – le dijo Vi levantándose del suelo y cayendo pesadamente delante de Caitlyn, de rodillas, pidiendo perdón con la mirada.
– Está bien, Vi, tranquila. – le dijo ella intentando calmarla.
– No soy una asesina.
– No, no lo eres.– le dijo ella mirando sus ojos perdidos. Estaba tan agradecida de que la hubiera ayudado que no se dio cuenta de que tenía todo el pecho al aire y su vestido estaba bajado hasta su cintura.
Vi volvió de su ensimismamiento y se quitó los guantes para ayudarle a colocarse la vestimenta. Los dedos rozaron su piel haciendo que la castaña sufriera un escalofrío mientras le recolocaba la ropa. Caitlyn la miró con media sonrisa de lado, esperando que Vi no fuera demasiado dura consigo misma.
– No has hecho nada malo, Vi – le dijo ella. – No eres una asesina, eres una persona maravillosa.
– Eso no era lo que me decías hace unas horas – le dijo resentida. Caitlyn tragó saliva mirando la cara de enfado que tenía todavía la pelirrosa.
Se quedaron en silencio mirándose la una a la otra, intentando decirse algo más, pero sin encontrar las palabras adecuadas para la situación. Vi se volvió a poner los guanteletes, se levantó del sitio y rompió los grilletes sin hacerle daño a la castaña. Caitlyn se puso de pie intentando comprender por qué había hecho eso.
– En unas horas podrás salir, hasta entonces…
No llegó a terminar la frase porque una sacudida hizo temblar hasta los cimientos del lugar. Empezaron a oír explosiones por toda la casa y notaron que el techo se iba a derrumbar. Kane entró apresuradamente por la puerta de la celda con cara de circunstancia.
– ¡Están volando la mansión, Vi! ¡La policía está aquí!
– Vámonos – le dijo ella cogiendo a Caitlyn de la mano, atrayéndola hacia ella mientras Kane salía de la sala. – Antes de que te vayas, quería decirte que siento no haber podido hacer nada más por ti.
Un trozo de techo se cayó detrás de ella y corrieron hacia la puerta, donde la sacó de la sala antes de que se derrumbara. Kane las estaba esperando al otro lado del pasillo, donde varios de los hombres de Adam corrían por las escaleras saliendo hacia arriba para encontrarse con el resto de sus compañeros, que estaban luchando contra los policías que habían invadido la mansión de Adam. Caitlyn y Vi oyeron disparos provenientes del piso de arriba.
Todavía la agarraba de la mano y justo cuando un trozo del techo se desplomaba delante de ellas, Vi tiró de Caitlyn hacia ella y la agarró con fuerza, apretándola contra su cuerpo, notando su respiración agitada y su calor, como tantas otras veces lo había hecho. Se separó lo justo cuando el techo se había desplomado y podían volver a correr hacia la salida para ver la mirada interrogante de Caitlyn. La Sheriff miró los ojos de Vi, que mostraban preocupación, como aquella vez en la que fue envenenada.
Era la segunda vez que le salvaba la vida, algo que no podía negar, aunque el resultado de esta vez hubiera acabado con un muerto y un herido de gravedad, sabía que se preocupaba por ella y que le tenía cariño.
La miró subir las escaleras, observando por dónde venían los disparos, pendiente de todo lo que estaba pasando en el piso de arriba. Pero ella no podía parar de mirar a Vi, la persona que le había revolucionado, la que le había cambiado la vida y revuelto su mundo patas arriba. No podía parar de pensar lo mucho que la quería en ese momento.
Cuando Vi se giró para decirle que podían salir de las escaleras y llegar al piso superior, Caitlyn la agarró de los hombros besándola, haciendo que Vi perdiera el sentido y se quedara helada en el sitio antes de corresponder al beso de la castaña. Al separarse Vi la abrazó con fuerza, haciendo que Caitlyn fuera la que se quedara paralizada esta vez.
-Es hora de que salgamos de este sitio. Tu gente está aquí y yo tengo que encargarme de un asunto ahora que cunde el caos en la mansión.
-Vi, vente conmigo, no tienes por qué hacer esto.- le dijo ella agarrándola de los guanteletes.
-Si vuelvo contigo, Adam se escapará y aunque termine esta reyerta seguirá por ahí jodiendo, necesito acabar con esto, por mí y ahora por ti. – la miró fijamente.- No voy a perdonar lo que te ha hecho.
Caitlyn la miró subir las escaleras y perderse entre los pasillos de la mansión mientras ella la seguía y se encontraba con Jayce en la entrada de la mansión, disparando su cañón de mercurio a la gente que los disparaba. Estaban atrincherados mientras intentaban abrirse paso entre los hombres de Adam y hacia el piso superior, donde se encontraba el Alcalde.
Jayce la vio y corrió a por ella abrazándola y apartándola de la línea de fuego. La sacó de la casa para poder hablar con ella mientras los hombres de la Sheriff se liaban a tiros en el interior.
-Hay que evitar que Adam escape.- le dijo antes de nada al joven.
-De nada, ¿eh? – le dijo él molesto.- ¿No vas a saludar o a dar las gracias?
-Si hubieras llegado media hora antes, quizás.- le dijo ella.- Ahora hay que terminar con esto antes de que empeore la situación. No quiero que mis hombres sufran.
Jayce enarcó una ceja molesto con la actitud de Caitlyn. Descansó los hombros. Uno de los hombres de la Sheriff le dio un rifle a la joven castaña, sonrió con malicia.
-De acuerdo, pongámonos manos a la obra. – dijo Jayce con ganas de partir cráneos.
