IV. PLEGADO

(Cáncer)

SIDE A

Please allow me to introduce myself
I'm a man of wealth and taste
I've been around for a long, long year
Stole many a man's soul and faith
And I was round when Jesus Christ
Had his moment of doubt and pain
Made damn sure that Pilate
Washed his hands and sealed his fate
Pleased to meet you

Sympathy for the devil, Rolling Stones.


"No es competencia para ti", le había lanzado el joven italiano, sarcástico, como siempre, a su bello acompañante, aquella vez, años atrás en una misión, cuando se enfrentaban a un caballero negro, "otro ejemplar bonito pero del lado equivocado", recapacitó, lo hizo para su adentros porque si le soltaba otra de sus guarradas… Albafica era completamente capaz de romperle la cara…

Ya había demostrado que no sentía empacho en ser audaz y bastante eficiente en contra de los enemigos, y en contra de uno que otro pasado de listo como él… ¿Dónde había aprendido pugilato? Eso no lo sabía, pero lo había aprendido y muy bien… Manigoldo se fue del templo de los peces con un ojo casi cerrado por "apreciar sus rosas… y su culo" una vez.

Y es que no había nada más entretenido que calentarle las bolas a Albafica, por ser el niño majo y bien portado.

La primera vez que lo vio, siendo todavía un niño, estaba escondido tras modestas prendas, solitario, como también el Arconte de Piscis: Lugonis Brattahlid, ambos eran una especie de ermitaños de rostros encantadores.

—¿Por qué siempre están solos? —señaló Manigoldo hacia dónde se encontraban el Arconte y su joven pupilo.

—Porque han abrazado la soledad en pos de la justicia… —respondió Sage con su peculiar tranquilidad.

—No entiendo qué coño significa eso —alegó el niño encogiéndose de hombros.

—De cada diez palabras que pronuncias al menos seis son palabras altisonantes… —le reprendió el antiguo Arconte de Cáncer, apenas tendría unos cinco meses desde que llegó al Santuario—, algún día lo entenderás, y mientras tanto, no vayas a fastidiarles, te aseguro que si intentas algo estúpido me enteraré…

—¿Y cómo? —pronunció arrogante. "Seguro que no, el viejo está alardeando", fue su primer deducción.

—Puedes creerme, lo sabré… ahora bien, ummmh… los únicos papeles que encontré tuyos fueron de una Obra Pía… Manigoldo Servadio…

—No quiero el apellido de ese sucio orfanato, "servidor de Dios" ¡Bah!, yo no sirvo a nadie…

No era la primera vez que Sage escuchaba aquella perorata de no querer conservar algún nombre o apellido, recordaba perfectamente a aquella niña veneciana que fue su discípula, y que mucho antes que Manigoldo, portaba la armadura de Cáncer: Deyanira. Una mujer de una bravura y temple admirable.

—Aquí servirás a una diosa…

—Ya, da igual… pues bueno, no quiero ese apellido…, preferiría… —entrecerró los infantiles ojos y se quedó pensando un momento—, Cacciatori… sí, ese me gusta…

—Manigoldo Cacciatori, "cazador de naturaleza feroz", un poco presuntuoso ¿No crees?

—Eso jamás… —respondió con una sonrisa de autosatisfacción.

Albafica le llamaba poderosamente la atención, y no sólo era la cuestión de su belleza, era su impenetrable soledad, era la nostalgia en esas pupilas azules, misma que se esforzaba por siempre ocultar. Le gustaba estar cerca de él, lo más cerca posible, lo más cerca que él le dejaba… aunque a veces se llevara uno que otro golpe o una que otra fiebre por el contacto.

Pero él, era un cazador… por eso no se rendía, no cejaba en el intento de derrumbar paso a paso la muralla de la soledad, reflejo de la devastación del otro.

—¿Por qué demonios te esfuerzas tanto en estar aquí, pegado a mí? —farfulló Albafica una vez.

—¿Y por qué no? Tú y yo hicimos un juramento, como guerreros, como pares, eres mi parabatai, por si no lo recuerdas… Sage insistió en convertir esto en una especie de ejército tebano… y hacernos pelear en pares, aunque no todos… claro… ¿Quién querría de compañero al aburrido de Asmita?

—Si bueno, juré porque no tenía de otra… lo cual no implica que estés pegado a mí, fastidiándome con tu cháchara absurda día y noche… lanzándome guarradas —casi ladró rabioso.

—Puedes lanzarme besos si gustas —apretó más la cuerda.

—Te voy a lanzar una rosa en esa boca sucia, eso es lo que haré… —dijo dando la vuelta, planeando dejarlo solo.

—Aquí cada quien lanza lo que puede… —ironizó caminando atrás de él… total, el Arconte de Cáncer no era de los que se doblaban ante la negativa.

Albafica negó con la cabeza y acabó riendo por esa última tontería de su compañero.

Sage tenía razón en una cosa: se daba cuenta de cuando Manigoldo había hecho de las suyas, porque aparecía con fiebre, sarpullido… y después… cuando tuvo el tesón suficiente… pasaba días delirando… porque ellos dos… afortunadamente Sage omitía las conclusiones al respecto de aquellas veces en las cuales había terminado revolcándose de dolor, alucinando y nadando entre veneno que su cuerpo luchaba por mimetizar, si él, que era un caballero dorado, no resistía dignamente, no quería imaginar al resto de mortales… salvo uno… uno que resistía al parecer sin ningún problema: Kardia. Siempre fue Kardia…

Curioso era que la vida fuese una especie de cadena de amores no correspondidos…

Manigoldo Cacciatori levantó la vista hacia el horizonte, hacia la villa de Rodorio, había eclosionado la fuerza devastadora de la última y mortífera técnica de Albafica: las agujas formadas con su sangre.

Sage había sido muy claro: nadie salía del recinto de Atenea, toque de queda, salvo para aquellos que fuesen destinados a resguardar Rodorio y las inmediaciones.

Se había creado un vortex completamente oscuro, mismo que su parabatai, había contenido con su propio cosmos para evitar que implotara todo el lugar, después… sólo los pétalos de las rosas del hombre más bello habían cubierto la vastedad del horizonte.

Sí… lo sintió brillar con fuerza, hasta el infinito de sus capacidades cósmicas… y luego desaparecer…

Shion subía lentamente las escaleras, llevaba en los brazos el cuerpo devastado, desgarrado y en pocas palabras, roto, el cuerpo de Albafica Brattahlid… aún en aquellas circunstancias, estaba seguro de que atravesaba el camino de los muertos con toda la magnificencia que en vida tuvo.

No lloró.

Sólo se enrabietó. Llorar no se le daba… no podía… era algo que nunca aprendió a hacer… apretó los puños y deseó arrojar toda su furia contenida en contra de la oscuridad que se cernía sobre ellos, y lo haría… porque él, era un cazador…

—Al fin que aquí, cada quién lanza lo que puede… —murmuró para sí—. Addio, caro amico


SIDE B

Sing with me, sing for the years
Sing for the laughter, sing for the tears
Sing with me, if it's just for today
Mabye tomorrow the good Lord will take you away

Dream On, Dream On
Dream yourself a dream come true
Dream On, Dream On
Dream until your dream come true
Dream On, Dream On, Dream On...

Dream on, Aerosmith.