El montón de telas era lo único que la separaba del Domador quien quiso jugar con ellos un rato y hacer como si no los hubiese visto y caminó alejándose del lugar.

-¿Se acuerdan de la chica con cuernos? ¡Ah, ella era hermosa! Una lástima que terminara de esa forma- se lamentó, provocando que la princesa tuviera tristes recuerdos.

Le dolía la ausencia de esa chica que había sido una amiga en aquel sitio, aunque se sintió aliviada que dejara el montón de telas atrás. Pero fue sólo por unos segundos, el Señor Domador se devolvió y quitó los trapos viejos con su bastón.

Encontró a una chica con los ojos cerrados y encogida, la movió con su bastón, pero no tuvo respuesta alguna, luego pasó sus dedos por sus mejillas. Ella sintió unos dedos viscosos, pero no se movió, estaba aparentando estar muerta.

-Me siento decepcionado de mi estrella principal… ¿Me mentiste por esta humana? Además parece que está muerta- dio un pequeño golpe con su bastón para asegurarse.

Todos habían comprendido el plan, a excepción de la bestia, quién al verla en el suelo y escuchando las palabras del Señor Domador no evitó que una lágrima corriera por su rostro y golpeara los barrotes con su cuerpo.

-¿Tienes hambre acaso? ¿Quieres a esta linda chica?- bromeó el domador riendo.

Negó con su cabeza, desesperado por acercarse a ella, quién había sido amable con todos y había deseado ayudar. Rogó con toda su fuerza interior que el domador la dejara en paz y no se la diera como comida, se alejó de ahí.

El domador dejó a la chica donde mismo y miró a las estrellas principales. Una mirada llena de ira se apoderó de él, agarró con fuerza la muñeca del brazo de su estrella.

-Mi estrellita… ¡Mi estrellita mentirosa tendrá sus primeras flores!- exclamó.

-¡No!-una lágrima se asomó por los ojos de la estrella.

El domador ignoró eso y desapareció afirmando el brazo de la chica y del chico, casi arrastrando el cuerpo compartido por ambos, este no hacía resistencia alguna, sabían que si se negaban todo sería peor. Si es que eso era posible.

Todo quedó en silencio por un par de segundos, momentos en los cuales en la "chica muerta" se levantó y fue a calmar a la bestia e intentaba buscar una salida. El silencio del lugar fue interrumpido por un grito desgarrador seguido por el llanto de la joven de cabellos dorados. Los gritos continuaron casi por una eternidad por los que escuchaban con dolor los quejidos.

-¡Por mentirosa! ¡Eres una malagradecida! Te di todo lo que pediste ¿Y así me pagas? Mi favorita, mi linda estrella es una mentirosa… ¡Grita si quieres y sigue gritando malagradecida! ¿No vas a decir nada eh?... Por mentir, tu otra cabeza o mejor dicho tu hermano también pagará.

-¡NO! ¡Él no! ¡Fue mi mentira, no la de él!- gritó.- ¡Jamás estuve bien en este lugar! Y mi hermano tampoco, ¿Cree que nuestras heridas grotescas no duelen? Usted… -fue interrumpida por un grito de su otra cabeza.

Mientras tanto la bestia había perdido el control y gruñía, la princesa cantaba desde su encierro, tapando sus oídos.

"Hay un lugar muy pero muy extraño,

Los guardianes miden más de 10 metros,

Las figuran son deformes y extrañas,

Pero tú aún puedes escapar,

Sólo por unos segundos…

Cierra tus ojos y vete de acá,

Y al volver,

Sólo debe sonreír…"

La bestia se había echado en el suelo, la voz de la princesa lo había serenado, pero el llanto de las estrellas lo dañaba. Levantó su vista y descubrió que la joven lo observaba.

-Vamos…v-vete d…de acá.-sonrió levemente.

La joven asintió con su cabeza y fue con la princesa.

-Dile… a las estrellas que yo no quería que eso pasara… ¡Yo deseaba ayudar!-dijo mordiendo sus labios y conteniendo el llanto.

-Claro que no deseabas eso…-contesto gentilmente.- no te preocupes, ese fue un pequeño sacrificio que hicieron por ti, para que escapes.

La princesa limpió su rostro para sonreírle mientras ella caminaba a un espacio negro que nacía de la nada. Era una salida. La joven se despidió en voz baja y corrió a la oscuridad, pero cada paso que daba la hacía sentir más culpable de dejarlos en aquel sitio.

Deseaba escapar con ellos, llevarlos a un lugar donde no sufrieran más horrores, cualquier lugar era mejor que ese.

El pensamiento la había distraído de la huída, llevaba segundos corriendo en la completa oscuridad, una sensación desesperante apareció, haciendo que cada vez su andar fuera más lento, hasta que cayó al suelo sin poder moverse. Su cuerpo no se podía mover, un escalofrío fue lo único que sintió, acompañado de miedo.

Cerró sus ojos con fuerza. No había nada parte de oscuridad y soledad en aquella trampa. Aquel circo estaba diseñado y encantado para que nadie saliera. Y ella parecía no ser la excepción.

Un viento helado y una risa grave se sintieron en el lugar…