Trató de distraerse con algún pensamiento positivo, pero estos se escondían dentro de su mente y no deseaban salir. Unos fríos brazos la rodearon, un escalofrío recorrió cada uno de sus huesos. Los brazos la apretaban y no la dejaban respirar.
-¿Asustada?- fue casi un susurro.- ¿Tienes miedo? ¿Dejarás que te consuma el pánico? Ja, ja, ja.
Risas y murmullos surgieron, pero ni se acercaban a un tono de algún humano, sufrieron una transformación con el paso de los segundos hasta llegar ser gritos insoportables, obligándola a tapar sus orejas. El miedo se había personificado y la apretaba cada vez más, sus piernas temblaban, ni sus lágrimas tenían el suficiente coraje como para salir. Su corazón latía rápidamente, acelerándose cada segundo más, se repetía una y otra vez "Esto no está pasando, esto… no es real" Pero las miles de criaturas que gritaban vociferaban "Sí es real"
-¿Leen sus pensamientos? ¿Dices que esto no es real? ¡Creo que tenemos que demostrarle que sí lo es!… ¡Vamos, susurremos más fuerte que tan reales somos!
Por fin pudo abrir su boca y dejó escapar un grito.
-¡NO! ¡No les tengo miedo! No me pueden hacer nada si no les tengo miedo.
Las voces bajaron su intensidad, la oscuridad escapaba dejando ver una luz en la lejanía, pero no se iba a ir sin antes jugar por un momento. Las sombras formaban figuras y seres aterradores, pero la chica ya sabía controlarse, intentó esbozarle una sonrisa a la oscuridad, muerta de miedo en su interior, pero segura en su exterior.
Las sombras comprendieron que esta vez no había conseguido una víctima y se retiraron con la oscuridad, pero no sin antes meditar por un segundo. ¿Las sombras? ¿Pensar? Las de este lugar sí, tenían conciencia. ¿Realmente alguien había conseguido ganarles? Sí, ella.
Dejaron a la vencedora del juego en medio del escenario, completamente sola. Miró a sus lados, no habían rastros de la princesa, de la bestia, de las estrellas, del domador ni de nadie.
La puerta por donde había entrado estaba frente a sus ojos, presentándole la oportunidad perfecta para escapar. Ahí comenzó el dilema ¿Irse sola? ¿Intentar ayudarlos?... Lo pensó por un par de minutos, para finalmente llegar a la conclusión "Si ya estoy acá, al menos debería intentarlo… después de todo, gracias a ellos estoy pudiendo salir."
Fue hasta la puerta negra de antes y la abrió con seguridad. La princesa estaba dibujando unas flores en el rostro de los gemelos con algo negro, la bestia los miraba con una cierta lejanía y rostro compasivo. Todos voltearon al oír la puerta.
-Dije que quería ayudarlos.
En los rostros de aquellas criaturas apareció el brillo de una esperanza. Se acercaron a ella, la princesa la abrazó, la bestia le sonrió y los gemelos le tomaron una mano.
-¡Pero de prisa! ¡Vamos, corran!-exclamó.
Corrieron lo más rápido que sus cadenas de permitían, ella tuvo que ayudar a la princesa, pues sus piernas eran lentas. Vieron la luz del exterior lejana, muy lejana, el pasillo parecía interminable. Lograron salir de la carpa. Respiraron el aire puro y sintieron la calidez tan extrañada de un sol que no habían visto en tiempo.
Las bailarinas de antes continuaban bailando guiándose por la melodía eterna de los acordeones.
-¡Podemos escapar!- gritó la princesa cada vez más emocionada.
Ambas cesaron su baile y se agacharon, la de cabello blanco le sonrió tristemente mientras la otra bailarina miraba a los demás.
-Princesa… No creerás eso… ¿Cierto?- preguntó con un tono de voz muy sutil.
-Ella entró… y pudo salir de la carpa- agregó ahora con desesperación.
Extendió uno de sus brazos y con mucho cuidado acarició el cabello de la princesa, ella parecía estar resignada a quedarse en aquel sitio.
-Ella si puede, nosotros no. Me recuerda a mí esa chica, cuando era alguien normal…
La bestia dio unos pasos adelantes e hizo su mayor esfuerzo para hablarle a la bailarina de cabellos blancos.
-Por… favor… d-deja… que ella… salga…te… lo ruego…
Hubo un silencio mientras pensaba, ella había estado hace años ahí, pero no por eso su corazón se había endurecido, veía a todos de manera especial al ser mucho más pequeños en comparación, y la joven le traía recuerdos que añoraba.
-Me costará un par de flores… pero lo haré, después de todo, eso es lo que todos deseamos. Salir de acá… Te daré las instrucciones, pequeña escucha atentamente. Debes ir corriendo hasta la parte del bosque donde los árboles comienzan a estar más separados, debes cerrar tus ojos y correr aún más rápido, escucharás voces tenebrosas y sentirás una que otra mano viscosa rozando tu brazo, pero no debes rendirte ante eso. Si abres los ojos, estarás perdida.
Las danzarinas se despidieron y volvieron a su baile habitual, observando con tristeza la escena de despedida. La princesa la miró y le pasó una mano por su rostro, sin flores, sin dolor.
-Yo… realmente habría deseado sacarlos… pero no se puede.- una lágrima corrió por su mejilla.
Hicieron una pequeña fila para abrazarla y despedirse, deseaban tener la suerte de poder escapar.
-Adiós…y…ten cuidado…-la bestia se volteó luego de despedirse.
-Lo siento por lo de sus flores… fue mi culpa.
-¡No te preocupes!- exclamaron al unísono.
-Mucha suerte en tu escapada… gracias por al menos intentarlo- concluyó la princesa.
Se alejó de todos, caminó rápidamente hasta llegar al punto donde debía cerrar sus ojos. Comenzó a correr y ocurrió todo lo que la chica de cabellos blancos le dijo. La voz del domador se escuchó a los minutos.
-¿A dónde vas?- preguntó con tono juguetón- ¿Eh?
-Lejos de acá.
-¡Oh! ¡Miren que chica tan valiente! Pero… ¿No te olvidas de algo?... Quizá… De… ¿Llevarte a esas criaturas? Ah, cierto, son mías. Y nuestra pobre chica valiente no los puede salvar ¡Qué desgracia!
-¿Hay alguna manera de hacerlo?
-Hay muchas, pero para todas necesitas mi permiso, todo me obedece a mí… ¿Qué te parece un juego?
…
