El dolor agudo comenzaba a desaparecer, se sentía más lejano y su cuerpo se relajaba, no sentía sus heridas, no sentía sus patas de animal, no oía más las risas que tan grabadas estaban en su mente, no había dolor. Se sentía muy tranquila, incluso su respiración era serena, como si durmiera. Sintió una calidez que entibio su cuerpo acostumbrado al frío de su jaula, al de las cadenas y al de su alma torturada. Se sintió simplemente en paz.

Al cabo de unos largos minutos comenzó a sentir una leve presión sobre su cuerpo y caricias delicadas, seguido escuchó sollozos y un llanto más fuerte. Su instinto de protección durante aquellos años también había incrementado, no podía dejar que alguien llorara sin acudir a su ayuda para calmarlo y ser una compañía.

Sus ojos pesaban, pero pudo abrirlos lentamente, incorporándose y volviendo en sí nuevamente, la escena que vio, simplemente la destrozó. La bestia estaba apoyada sobre su torso llorando desconsoladamente y sosteniendo su mano, los hermanos estaban sosteniéndola sobre sus rodillas, pero con la cabeza baja y también llorando, le acariciaban su cabello.

-Pri…prince..sa- su voz era más lenta que la normal.- P-po…r … fav… or no te v-vallas.

Respiró profundamente para poder hablar, se sintió fuertemente cansada y mareada. Su cuerpo se levantó al inhalar.

-Pero yo no estoy muerta- dijo en voz suave y sonriendo levemente.- por favor, no lloren más... ¡Si lo desean puedo cantarles!

La bestia levantó su rostro a penas escuchó la voz del ángel, sus lágrimas continuaron cayendo ante el milagro ocurrido ¡La princesa estaba viva! Los hermanos levantaron sus cabezas, sonriendo ampliamente, aliviados desde lo más profundo de su alma al verla moverse y hablar… ¡Era un milagro! ¡Su princesa, su ángel estaba con vida! Luego de largos y deprimentes minutos en los cuales su ausencia había sido peor que cualquier otro castigo...Simplemente la abrazaron, la bestia al lado izquierdo y los hermanos a su derecha, ella extendió sus brazos, aún tendida en el suelo para aceptarlos y serenarlos.

-Pensamos que… te habías ido- dijo la chica hundiendo su rostro y el de su hermano en el hombro de ella.

-Y tuvimos demasiado miedo princesa… fue peor que cualquier...-dijo el chico

-O..otr..o…- continuó la bestia.

-Castigo- finalizó la hermana mayor.

Los ojos de la princesa miraban hacia arriba, y comenzaron a llenarse de lágrimas ante las palabras dichas… ¿Tan importante era su existencia en aquel sitio? ¿Tan querida llegó a ser para ellos? Sólo pudo sonreír, mientras las lágrimas corrían por su rostro acostumbrado a ellas y a su paso, incluso por las heridas. Ellos continuaron llorando, muy abrazados a su princesa, habían tenido miedo, casi tanto como fatídico día donde habían entrado a ese circo. Pero incluso cuando ellos eran recién llegados, ella había estado ahí mucho antes. Sufriendo en soledad.

-Te amamos princesa- dijo el hermano menor.- Sin ti, este lugar… aunque no parezca posible, sería peor.

-Y deseamos salir… pero sin ti, no sería lo mismo…- completó su hermana, pasando uno de sus brazos por la mejilla de ella.

-Fue… u-una promesa… salir… t-todos… jun…tos.- la bestia había entrelazados sus dedos con los de ella.

La escena era realmente conmovedora, quedaron por unos minutos juntos, disfrutando el momento que tenían, felices de tener de vuelta a una de ellos, la muerte en aquel lugar, sólo significaba que tu alma sería otra más de las cientos que estaban condenadas a quedarse. Un destino horrible. Donde no existiría ni la más mínima pizca de paz. El abrazo terminó, y la princesa intentó incorporarse, pero no podía, estaba aún más débil de lo normal, la bestia le ofreció su brazo y los gemelos apoyarse en ellos.

-¿Estás bien princesa?- preguntaron al unísono los gemelos, provocando la risa de la princesa.

-Sólo un poco mareada… ustedes no pueden evitar decir cosas al mismo tiempo ¿No?- les acarició sus mejillas a ambos con cariño.

Un rugido resonó en el lugar donde estaban, no provenía de la bestia, si no de su estómago… Y cuando tenía hambre, todo era peor, solía transformarse. Odiaba sentir hambre, cualquier humano la odiaría si sólo lo alimentaran con carne cruda, llegando incluso al canibalismo. No soportaba la idea de no saber que comía, y más aún; Odiaba disfrutarlo. Las primeras veces, el Domador lo había obligado a comer a la fuerza, amarrándolo con cadenas y dándole los trozos de carne el mismo. Los castigos si no la masticaba y tragaba eran… simplemente indescriptibles. "Y serán más horribles tus torturas si no comes, tan horribles, que morir sería un beneficio para ti, pero ni creas que te lo daré, estarás encadenado". Largos períodos de hambre soportaba, y luego de los días e incluso semanas, aparecía algo de carne… fría, asquerosa… y dolorosamente deliciosa. Fue tratado como animal por años, no era de sorprenderse que sus instintos se desarrollaran así. Sentía que dejaba de ser humano, y a veces se descontrolaba al punto, de llegar a pedir más comida. Más cadáveres de algo indefinido y descompuesto.

-¿No has comido hace días verdad?- preguntó la princesa acariciando su cabello y espalda.- Debes estar hambriento.

-A…marren…me por favor… no qui-e-ro… dañar…los- Sus manos ocultaban su rostro, mientras su boca se abría y dejaba ver unos colmillos.

-No haremos eso- dijo la gemela.- Tengo algo de comida guardada en mi bolsillo… no es carne, pero al menos te calmará.- Sacó de su bolsillo y del de su hermano, algo parecido a semillas.

Se repartieron las semillas entre todos, dejando una porción más grande a la bestia. Pero aquella no era su comida. No cubría su maldita necesidad de carne. Sin embargo ayudó un poco. La atmósfera agradable, fue quebrada nuevamente por unos gritos ya tan conocidos. El grito de las flores.

Y otra vez había salido la carta de las flores. Y la historia se repitió. Nuevamente estaban las sombras sosteniéndola, las almas en silencio y el Domador dibujaba en su rostro nuevamente, esta vez, flores más grandes y extensas, hundiendo el pincel mientras tarareaba la melodía que había oído cuando llegó al circo, o mejor dicho, al infierno mismo.

-Te ofrezco el mismo trato nuevamente. Te libro de este dolor innecesario, pero a cambio te quedas en mi circo y consigues gente nueva.

-¡NO ACEPTO! VOY A TERMINAR EL JUEGO PASE LO QUE PASE.- Sus gritos resonaron por todo el lugar, su voz se quebrantaba, pero al segundo fue con fuerza y convicción.- ¡AUNQUE SÓLO SALVE A UNO! QUE MI CARA TENGA LAS FLORES QUE TENGA QUE TENER…

Y aguantó las lágrimas, cerró los ojos con fuerza, mientras el pincel se hundía más y más en su piel. Pero debía resistir y continuar. Sólo gritaba, no había nada más que hacer a parte de esperar que acabara y continuar… Las oportunidades sobrantes eran sólo 3. Era casi imposible salvarlos a todos en sólo 3 cartas.

Los gritos simplemente continuaban, se sintió como cuando recién había llegado. Una insignificante niña, prisionera. Que no podría salvarse ni a sí misma, ni a nadie. Iba a morir en ahí. Años pasarían para que otro desdichado cayera e internara salvarla a ella y a los demás monstruos… ¿Cuántas veces se habría repetido aquel ciclo? ¿Sería capaz alguien de romperlo? Sólo le quedaba rezar porque así fuera. Aferrarse a una esperanza tan débil como la llama de una vela que tiembla ante las fuertes brisas, y que para su desgracia a veces se apagaría.

"Perdóname princesa. Perdóname bestia. Perdónenme gemelos…

Perdón."

Y el dolor, acabó…