Capitulo 2
Volar
Aún no se cree que esté saliendo con ella, con Victoire. Cada vez que piensa en ello, una vocecilla en su mente le dice que se despierte, que ese sueño está durando demasiado. Y es que, después de tantos años juntos como amigos, esa nueva situación además de serle muy agradable, le es rara.
Nunca podrá acostumbrarse a ella. Victoire es, para Teddy, como un libro nuevo cada día. Libros que cada vez son más interesantes, más adictivos. Porque Victoire siempre ha sido como una droga para él. Siempre, de forma inconsciente, ha sentido la necesidad de estar con ella, y de que ella también le necesitase a él.
Pero no era así. Victoire compartía todos sus secretos con él, guardaba los suyos y le hacía cómplice de todos los líos en los que se metía. Como siempre habían hecho. El problema fue que, con el paso del tiempo, los secretos habían pasado de ser los muñecos que había roto de Dominique, vengándose de alguna disputa de hermanos, al chico que le había robado su primer beso. Y él había chocado de frente con una realidad que le decía a medias voces, que en su cabeza resonaban como gritos, lo que más temía.
Ella acabaría reemplazándolo. Ella no iba a estar siempre con él.
En ese momento, los celos le estaban comiendo. En ese momento, se dio cuenta de que lo que sentía por Victoire era algo más que amistad, que se había enamorado.
No le costó reconocerlo, era algo tan obvio que no sabía cómo no se había dado cuenta antes. Habría sido mucho más simple todo. Habría actuado antes y, quizás, ese beso, esa primera vez y esos "te quiero" habrían sido para él. No para otros que no se merecían a alguien como ella, no porque Teddy lo pensase, sino porque lo habían demostrado continuamente con sus acciones.
Pero, al mismo tiempo que lo reconoció, se lo guardó para él. Ese fue, por un tiempo, el único secreto que Victoire no supo de él. No duró mucho, aunque no fue gracias a él.
El día en que ese secreto se susurró y se calló, fue el último de su sexto curso en Hogwarts. Victoire le había pedido que le acompañase en el viaje, después de varios días con un humor extraño. Él acepto sin pensarlo, pero no le fue tan fácil cumplirlo. Dos compañeras de clase le habían detenido en su búsqueda del compartimento de la rubia. Dos chicas demasiado coquetas y demasiado habladoras de las que Teddy no sabía cómo librarse. No le dejaban ni la oportunidad de decir nada, mucho menos de despedirse.
Hasta que, a lo lejos del pasillo del tren, vio a Victoire. Se quedaron mirando unos instantes hasta que ella rompió el contacto para entrar en un compartimento. Él, que por fin le había encontrado, le dio igual no despedirse de sus compañeras, tampoco creyó que le fueran a echar en falta.
Llego al compartimento donde estaba ella y tocó a la puerta por simple formalismo, pues no espero a que le respondiese. Ella estaba levitando sobre el asiento mientras tomaba una meiga frita y miraba por la ventana completamente ausente. Al oírle entrar, se giró y le dijo acusadoramente:
—Pensaba que estabas ocupado con tus amigas.
Teddy prefirió ignorar el tono con el que había terminado la frase.
—Estaba buscándote. ¿Has comprado meigas fritas? Con lo que me gustan. Dame un poco.
Victoire, por toda contestación, se tomó otra cucharada y se elevó un poco más. Para desgracia de ella, Teddy era demasiado alto y no le supuso ningún esfuerzo llegar hasta la meiga y untar el dedo. Automáticamente, él también empezó a levitar.
—Ojalá se pudiera levitar siempre sin tener que acabar como una morsa.
—Hay hechizos y pociones para poder volar, deberías saberlo. Se supone que lo has estudiado —le reprimió de forma cortante.
Él siempre ha sido una persona demasiado sincera, por eso, no pudo callarse.
—Estás de muy mal humor últimamente.
Y Victoire, al oírle, terminó explotando.
— ¿De eso si que eres capaz de darte cuenta?
Teddy la miró extrañado, no tenía ni idea de lo que estaba hablando.
— ¿De qué no me he dado cuenta?
Ella dejó caer la caja en la que estaban las meigas fritas y se acercó a él.
— ¿De que no te has dado cuenta? De todo.
Y le besó, decidiendo que, si no actuaba ella, no lo iba a hacer nadie. Un beso tímido y dulce que le pilló de sorpresa. Un beso que fue seguido de otro y otro y otro. Miles de besos, caricias y "te quiero" callados por más besos.
Notas de la autora:
No estoy hecha para escribir cosas románticas. Lo siento, pero cuando me lo propongo soy muy empalagosa. He tenido problemillas con este capítulo, pues perdí la hoja donde había escrito el inicio y, en fin, me gustaba más el original que el recompuesto xD
Besos y hasta el próximo capítulo.
