¡Hola, hola!

Bueno, éste Fic NO es mio, es de una amiga loquilla, le pedí si me dejaba publicarlo por aquí y dijo que sí. Bueno, yo soy su Beta, por lo que el Fic está Beteado [Sólo el primer Capitulo], así es; soy Beta [Una no muy buena XD]. Les dejo algunas cosas como; la Autora Original, el Fic Original y pues eso... Esperó que la Edición sea de su agrado.

Autora del FanFic – maya nanakase

FanFic Original – Malditos Prejuicios

Disclaimer – Naruto ni ninguno de sus personajes me pertenece, son Obra y Propiedad de Masashi Kishimoto.

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Chasqueo la lengua hartado, tenía montañas y montañas de papeles por firmar. Aveces se preguntaba cómo es que cada día había algo nuevo que aquejara a su Aldea. Hastiado dejó de firmar unos documentos de nimia importancia, se levantó de ese asiento el cual ocupaba diariamente. Observo por la pequeña ventana hacia su Aldea; los granos de arena pululaban en el aire caliente del desierto, paisajes hermosos de arena ardiente que mataba a aquel viajero inexperto. El sol era matador, dando un calor exagerado, juraba que podía ver las ondas de calor. Sin duda el desierto era algo hermoso, como una obra de arte, pero mortal como el veneno de una serpiente.

Los años habían pasado, nueve largos años desde que la Cuarta Guerra Ninja había acabado, dando paso a que reinara la paz en el mundo Shinobi. Él, el Kazakage de Sunagakura ya era todo un hombre, ya no era un niño, ni mucho menos un puberto o un adolescente. Su cabello estaba un poco más largo, rojizo sangre como siempre, su rostro era más varonil que antes, las ojeras eran un poco menos profunda, era más alto y su cuerpo más esbelto, más formado. Aunque seguía teniendo algunos rasgos de cuando era joven; como su piel suave y pálida, sus dedos finos y largos, sus ojos turquesa y ese tatuaje imborrable. Ya contaba con 25 años... esa frase era muy cierta; ''Dios perdona, pero el tiempo no''. O algo así, verdaderamente no le importaba.

Cuando la noche azotó Suna, con sus frió viento, con su manto negro estelar decorado por luminosas estrellas; el Kage del Viento se dispuso a salir de su oficina, esa en la cual pasaba la mayoría de su vida. Aunque sentía un estrés insoportable, con ganas inmensas de estrellar su cuerpo contra el mullido colchón; comenzó a caminar sin prisa. Como sintiendo que los pies le pesaban toneladas. Y...

Llegó...

Demasiado rápido para su gusto, llegó a la mansión del Kazekage, una de las residencias más grandes de la Aldea. Exagerado, sí. Pero era la mansión que había sido habitada por todos los Kages de La Arena. Con demasiada parsimonia se adentro a su hogar, caminando hasta la cocina por un vaso de leche fría.

Luego de deleitar a sus papilas gustativas con el gusto cremoso y amargo de la fría leche; se dispuso a subir las escaleras. Estaba agotado, tanto física, como mentalmente, necesitaba descansar de tantos pensamientos que aturdían a su cerebro. Su cuerpo entero gritaba ''¡Descanso, descanso!'', ya que no sólo se encargaba de cosas nimias como papeleos, sino que también debía hacerles pruebas a los Genin's, y de verdad que soportar a mocosos era agotador. Aunque a él le tenían mucho respeto, o miedo, lo que fuera, y acataban todas sus ordenes.

Apartó sus pensamientos al abrir la puerta de su habitación, estaba todo en penumbras, pero siendo él; no se preocupo por tropezar con algo. A ciegas se acercó a su armario, con rapidez poniéndose un pijama común pero cómoda. A paso calmado caminó hasta su gran cama matrimonial. Ahí, descansando plácidamente se encontraba su esposa; Kurotsuchi. Se había casado con ella hacía más de 7 años, no sabía ni cómo, por qué o cuándo se dejo convencer por el Tsuchikage para hacer a la morena su esposa. No la odiaba, ni le parecía fea o algo por el estilo, de echo era hermosa; de cabello negro carbón, corto como el de un hombre, ojos ónice, rodeados por unas hermosas pestañas que le daban una pícara, juguetona y burlona. Piel canela pálida, sonrisa alegre, cuerpo perfecto. Era muy hermosa, y eso no lo dudaba.

Pero...

Era difícil estar junto a ella, ya que la morena lo que más atesoraba era tener un hijo, era su deseo más grande, lo que más deseaba en el mundo. Pero él, Sabaku No Gaara, no podía darle ese placer; ese de poder ser madre. Como esposos que eran; intimaron, con la esperá de que la azabache pudiera quedar en cinta, pero al ver que no había funcionado la primera vez, lo intentaron una y otra vez, así sucesivamente, pero nada. Ella no se embarazaba..

Por lo que Gaara solicito la ayuda de la Ex Hokage, Tsunade; la Sannin de las Babosas. Ambos se hicieron estudios médicos donde descubrieron que el Kage del Viento era estéril, jamás podría cumplir el anhelo de su esposa. A consecuencia de las palabras de la ex Godaime; el amor de la morena disminuyó gradualmente, comenzando a guardarle rencor al pelirrojo. Cada que podía, lo dejaba en ridículo, reprochandole una y otra vez el no poder darle lo que ella más deseaba en el Universo.

Dejando ese martirio de lado, se dispuso a dormir, cerrando los ojos, intentando alejar los pensamientos de su espora recordandole lo infeliz que era con ese matrimonio. Puso su mente en blanco, y se dejó hundir en los brazos de Morfeo.

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Las cortinas blancas dejaban que el sol de la mañana golpeo su rostro, un nuevo día soleado comenzaba. Gaara abrió sus parpados con pereza, lo primero que hizo fue mirar el reloj de la pared del lado derecho de la cama. Era un poco tarde, pero realmente estaba tan agotado que poco le importaba despertarse tarde. Comenzaría sus labores como Godaime Kazakage un poco tarde. Miró a un lado... la cama estaba vacía, lo suponía.

Se dio un baño relajante, se vistió y bajó las escaleras, llegó a la cocina y ahí vio a su flamante esposa, con su cara pocos amigos. Sin darle muchas vueltas al tema la saludo, siendo ignorado olímpicamente. Chasqueo la lengua y tomó la primera fruta que vio, luego almorzaría algo más.

De camino a la Torre principal; los Aldeanos lo saludaban cortésmente, ya las cosas eran diferentes, ya no le tenían miedo, no desde que había arriesgado su vida para salvar a toda la Arena. Ahora era respetado y querido por todos los Aldeanos.

Llegó a su oficina, se sentó en su cómodo asiento... y comenzó el papeleo. Así pasaba sus segundos, minutos, horas; en una horrible monotonía que lo tenía bien agarrado y no lo dejaba ir. Sus ojos miraban entrecerrados los papeles, leyendo hasta la ultima palabra. Hasta que uno llamó su atención, era uno de Konoha. Y como flash un peli gris paso por su mente, ese hombre misterioso y pervertido que había robado su corazón y aún después de años no se lo devolvía.

Hatake Kakashi...

El Ninja Copia. Se había enamorado de él como una niña enamoradiza, aunque supiera de memoria que sus encuentros era furtivos, sólo eso. Aunque dijera ''No'', era inevitable, se había enamorado del hombre equivocado. De alguien prohibido por variadas razones, no podían ser pareja, no podían decirse todo el tiempo ''Te amo'' como dos enamorados comunes. Porque no, no lo eran...

Eran dos hombre, y eso era un pecado para muchas personas, un pecado que podías ser castigado con creces. Si tenía que decir los que la sociedad pensara al escuchar del amorío entre dos hombres, era; ''Repulsivo''. El castigo por ese pecado era infame, se arrastraba al pecador por toda la Aldea, jalando de sus partes intimas por un caballo provocando el desprendimiento de los testículos, en pocas palabras; castrandolo frente toda la Aldea. Era infame y extremo, pero así era la sociedad, prejuiciosa hasta limites insospechados. Castigando ese pecado, que era un amor más puro que cualquier otro, como si fuera el peor crimen cometido.

Cuando el Kage se dio cuenta de que se había enamorado del Ninja Copia Kakashi, fue cuando éste le demostró cuanto respeto le tenía como persona y no como un arma de guerra. Por eso había hablado con el consejo Daimyō del País del Fuego, proponiendo a Hatake como el nuevo Rakudaime Hokage. Fue sacado de sus pensamientos por su esposa, quien entró azotando la puerta.

—Recuerda que en una semana partiremos a Konoha para los Exámenes Chūnin—dijo con voz ''armoniosa'' su ''dulce'' esposa. El Kage sólo asintió, soltando un cansino suspiro y apartando los documentos que revisaba anteriormente.—Ya quiero ver a la pequeña hija de Naruto–Sama, ya debe estar grande—Gaara rodó los ojos al escuchar la voz de la pelinegra, ese tono ilucionado y feliz. Bufó y mentalmente se puso a contar... 3... 2... 1—Lastima que tú no me vas a dar un hijo... eres un fracaso como hombre...—¡bang!, y ahí estaba otra vez el monologo de todos los día, movió su cabeza de un lado a otro, sonando los huesos de su cuello, esperando las siguientes palabras.—Vé a tu hermano Kankuro, así como lo ves que no es tan apuesto—el Sabaku No rió, si Kankuro la escuchaba—tiene 6 hijos con Matsurir y tú que eres bien parecido, no me puedes dar uno—soltó con veneno golpeando con la palma de su mano el escritorio, haciendo que las montañas de papeles por un momento amenazaran con derrumbarse.

—Kurotsuchi...—habló por fin el Godaime, cortando con el sermón de la hora—te dije... una y otra vez... ¡qué!...—respiró profundo, intentando no soltar sus gritos y mantener su semblante temple, observo a la azabache, que lo miraba con un entrecejo—te dije que si quieres, podemos adoptar un bebé...

—¡Y yo te dije qué no!—gritó con los ojos acuosos, con el rostro rojo de ira.

—Pues entonce... si tanto quieres un niñato ve y revuélcate con medio mundo, si es lo que deseas... haber quién te engendra uno—se levantó, haciendo notable la diferencia de altura entre ellos dos. Con voz ronca y calmada, pero a la vez tratando de demostrar que estaba a punto de explotar soltó lo siguiente—¡por Dios!, deja de molestarme, mujer... sabes bien que no es mi culpa no poder darte un hijo—suspiró pesadamente, trató de calmarse, elevó su mano derecha y acaricio la suave piel de la pelinegra.—Te lo juró Kurotsuchi, si fuera por mí, te daría todos los hijos que tú quieras... pero sabes que no puedo... y aunque no lo demuestre, nada me daría más gustó tener un hijo propio.—Habló con una pequeña sonrisa triste, al fin las lágrimas desbordaron de los ojos negros, el peli granate sintió su corazón encogerse en el acto, y sin soportarlo se dio media vuelta, saliendo de la oficina, dispuesto a pasar un rato en la azotea de la Torre, dejando su esposa desahogarse con las lágrimas.

Ya ahí, en la azotea, solo... ahí comenzó a soltar pequeñas lágrimas de cristal de sus hermosos ojos aqua. Su mente ya no daba, su corazón ya no daba, estaba harto de su cotidiana vida, de su fracasado matrimonio. Pero de o que más estaba harto, era de ser un cobarde, por no salir corriendo, dejando todo de lado, correr a los brazos del dueño de su cuerpo, corazón, alma y mente. Harto de no ser valiente y enfrentar al mundo, dispuesto a todo por su amor...

Estaba harto...

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Bueno eso fue todo hasta pronto. Si les gusto y quieren que continúe mi Edición, pueden dejar un Comentario. Por cierto; Mi cerebro se fue de vacaciones por un tiempo [XD] por lo que no tengo ideas para continuar mis FanFic, así que si necesitan una Beta, pues estoy a sus Ordenes.

Hasta el próximo Capitulo...

Bye – Bye – Nyah.