Título: La futura Señora Potter.

Resumen: A James no le gustaba la idea, Lily parecía encantada de tener al fin alguien con quien mantener "charlas de chicas", Harry simplemente se preguntaba cómo rayos sobrellevaba Malfoy tener en casa a la tan mentada Futura señora Potter. Al/Scorp Genderbender.

Advertencias: Genderswap. Que lo haya hecho yo. ¡Va sin beta! Insinuaciones de Drarry .

Disclaimer: Definitivamente no soy JK.

Notas iniciales: Escrito como un regalo para una de mis mejores amigas del fandom –y en general- Silky, tú siempre me pides regalos raros –este no podía ser la excepción- pero va con cariño –lee con cuidado que en mi cabeza aun van dando vueltas los hongos de microbiología.


La futura Señora Potter

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Scorpius había pasado su primer año de una manera más o menos tranquila. Ciertamente las miradas disgustadas de muchos otros alumnos y de algunos compañeros de casa la hacían sentir incómoda, y aunque no estuviera dispuesta a aceptarlo abiertamente, la asustaban en contadas ocasiones- especialmente si se trataba de un alumno mayor.

—Déjalos, no tienen nada mejor que hablar de la vida de otros—era la frase que siempre le repetía Samantha Zabini, quien Scorpius consideraba como su mejor amiga.

Y Scorpius había decidido que le tomaría la palabra, además como todo buen Malfoy que se precie había aprendido a mantener sus sentimientos a raya y portar siempre esa aura de elegancia que los caracterizaba.

Con el paso del tiempo, algunas de las miradas desaprobatorias desaparecieron, convirtiéndose en otras que simplemente la ignoraban. Eso significó un gran alivio en la primera parte de su jornada anual.

Pero al parecer al destino le gusta jugar bromas pesadas, pues cuando creía que podría pasar su año de manera tranquila y poco llamativa. El profesor Rubertford le había pedido un favor especial, normalmente la tutoría se guardaba para alumnos mayores, pero este en particular parecía tener problemas para las cosas más simples, y el maestro la había visto interactuar con Samantha en clases y la reconocía como una buena guía, así que le había pedido que le diera a este alumno anónimo un par de consejos, para no acaparar mucho de su tiempo, como sí hacían los tutores para alumnos de años superiores.

Scorpius había fruncido un poco la nariz, no le gustaba para nada la idea de pasar tiempo con un desconocido y realmente no se veía a sí misma como guía o algo parecido, pero el profesor de pociones era sin duda su favorito y notaba que la tenía en alta estima –algo que realmente no creyó posible en algún momento- y no quería decepcionarlo, así que luego de meditarlo un momento decidió aceptar.

Y no iba a negar el tremendo chasco que se llevó al darse cuenta de que el mentado anónimo no era nadie más que el hijo de Harry Potter, Scorpius no había vuelto a reparar en él desde la cena del primer día de clases, cuando se había quedado –para su horror- embobada mirándolo fijamente, tratando de hallarle ese parecido que los del profeta aseguraban que tenía con su famosísimo padre.

Scorpius tenía una imagen de Harry Potter gracias a las historias de su padre y a las de su abuela Cissy, aunque ambas enfocaban al salvador del mundo mágico desde puntos diferentes, pero con muchas similitudes al final. Y en ninguno de ellos, Albus se le hacía parecido.

Ciertamente, el cabello y los ojos los tenía, pero el porte distaba kilométricamente y era algo que no podía negar.

Aquella noche se había regañado mentalmente, pues Samantha le había dicho que no era bueno que anduviera mirando a los hijos de santurrones gryffindors, y ella se había prometido mentalmente que ya no lo haría. Y no había sido difícil cumplirlo, después de todo tenía cosas mucho más importante en las cuales pensar, así que el tema de Albus Severus quedó abanonado en su memoria.

Bueno, se dijo una vez estuvo frente a los dos magos, no iba a negarse, Albus era otro compañero más de casa después de todo.

Las primeras clases, no sabía cómo proceder, ni siquiera estaba segura de como dirigirse al mentado Potter. Sam le había comentado que su primo era compañero de habitación del joven, pero que no hablaba con él así que no tenía manera de saber qué clase de persona era el jovenzuelo, sólo recordaba los terribles desastres que él y MgSteven habían realizado en clases. Se decidió por observarlo trabajar, una semana había pasado y Scorpius ya sabía exactamente en qué clase de cosas podría ayudar a Potter.

Su mayor problema radicaba en que era impulsivo al momento de trabajar, bueno quizá impulsivo no era la palabra, nada cuidadoso quedaría mejor. Sus ingredientes no estaban bien preparados, y eso influenciaba mucho en el resultado de su poción. Incluso las removidas del caldero no eran constantes. Oh y Scorpius sí que sabía cómo trabajar, no por nada su padre le decía que tenía madera de pocionista.

Cuando el lunes de la segunda semana de tutoría empezó, Scorpius descubrió que Potter podía ser sin lugar a duda un gran estudiante, que a veces perdía la concentración, pero era muy hábil.

Ugh, no sé cómo lo soportas—Le decía Sam cada vez que iba a por ella después de las clases, para recorrer el camino a las mazmorras juntas, Samantha era una gran muchacha, había sido su primera amiga cuando de pequeña pasaba casi todos los días en la mansión viendo a los pavos reales blancos de ese abuelo que nunca había conocido correr por el jardín, la hija mayor de su madrina Pansy le había enseñado a nunca dejarse amilanar por nada, como ella y su madre. Siempre le hacía peinados elegantes y bonitos y pensaban lo mismo todo el tiempo. Excepto esta vez, se dijo luego Scorpius. Pues sin lugar a duda, si bien no encontraba en Albus Potter a un posible amigo, si veía en él alguien tratable y educado.

Quizá las historias de su padre no estaban tan en lo cierto como había pensado en un primer lugar.

—Hey, Scor—Samantha movió su mano frente a ella para llamar su atención, al parecer se había quedado prendada mirando al infinito y no le hacía caso— ¿Estás conmigo?—preguntó medio riendo y moviendo sus hebras negras cortas, en un corte muy parecido al que su madre usaba en quinto curso-o algo así le había comentado.

Uhm, perdona—dijo sonrojándose imperceptiblemente—no estaba escuchando.

Zabini bufó y rodó los ojos.

—Decía si podrías venir a casa en navidad, sé que tienen una celebración en la mansión y todo eso. ¡Pero tener de compañía a Thomas es exasperante!

Scorpius asintió.

—Hablaré con papá, yo también quiero pasar más tiempo contigo, con tía Pansy y tío Blaise. Incluso con Thomas.

Agregó finalmente sonriéndole de lado, sabiendo que eso la molestaba. Sam simplemente hizo una mueca de asco exagerada y ella rio en respuesta, Thomas era el hermano menor de Sam y apenas había cumplido los ocho años, sabía que era alguien bastante infantil por las historias que su amiga le contaba y por las pocas veces que ella misma le había visto en alguna reunión de su padre, pero aun así creía que Sam era afortunada por tener un hermanito menor, el deseo secreto de Scorpius era tener una familia grande, con hermanos menores y mayores. Aunque en su caso los segundos quedaban descartados, y probablemente los primeros también.

Pero estaba bien, tenía a papá y a la abuela.

— ¡Oh! ¡La estación!

Sam miraba por la ventana, y la estación King Cross ya se podía divisar de lejos. Scorpius dibujó la sonrisa más grande de la que fue capaz y dejando de lado su educación Malfoy pegó un poco su rostro al vidrio para poder observar como el lugar se hacía cada vez más grande.

—Apresurémonos, antes de que los mocosos se tumulten en la puerta.

Scorp volvió a reír, normalmente actuaba con más decoro y tranquilidad, pero realmente había extrañado a su padre esos meses y no podía esperar por verlo y sentir sus abrazos de nuevo, y si tenía suerte quizá hasta su madre también estuviera allí.

Bajaron los baúles con un floreo de barita y el correspondiente hechizo levitador y comenzaron a avanzar, justo cuando el silbato del gran expreso informaba que ya había llegado a la estación.

Después de unos minutos y pasar rápidamente entre otros estudiantes de primero, más que nada que se hacían a un lado ante la mirada directa de Sam, logró bajar a la estación.

Era un completo mar de gente, y se sentía un poco mareada, como la primera vez que había pisado ese lugar.

Trató de girar para volver a ver a su amiga, pero esta se había perdido en el mar de gente que los obligaba a avanzar.

—Scorpius—pero para su suerte, su padre ya la había divisado desde antes y ahora le daba alcance con una pequeña sonrisa pintada en los labios.

Sus ojos brillaron y no pudo evitar acercarse más rápido de lo que se vería elegante hacerlo, una vez estuvo frente a él las granas de abrazarlo y sentir sus fuertes brazos cálidos la llenaron, pero se sabía en un lugar público, así que simplemente se conformó con un pequeño apretón por los hombros y las preguntas más generales, ya tendrían mucho tiempo para hablar una vez estuvieran en casa.


Harry estaba acostumbrado a actuar rápidamente, tantos años en el departamento de Aurores no iban a ser en vano, por eso cuando después de haber escuchado al pequeño Hugo decir eso, comenzó a correr entre la multitud, sorteando a un par de magos y brujas que lo miraban extrañados no tardó en apuntar a aquel hombre que a lo lejos aún no despegaba la mirada de los Malfoy.

¡Incarcerus!— gritó al tiempo que realizaba el respectivo floreo de varita, pero el otro mago había sido más rápido lanzando una maldición que no logró reconocer hacía la pequeña heredera Malfoy.

Lo demás pasó muy rápido, el sonido del cuerpo del atacante cayendo como un costal al suelo, seguido de una serie de improperios y el grito de una niña llenaron la estación, antes de que todos los presentes comenzaran a entrar en pánico.


— ¿Todo ha estado tranquilo?—fue la última pregunta que su padre le hizo.

Scorpius asintió con ganas y aceptó su mano cuando él se la ofreció, pero sin lugar a duda no esperaba que en lugar de tomarla delicadamente y comenzar a caminar con ella, como siempre hacía, la halara tan fuerte que pudo jurar que se había lastimado un poco el brazo. Tampoco esperó ver ese color brillante viajar rápidamente hacia ellos y sin lugar a duda, lo que más le sorprendió fue que, tras el gutural quejido que abandonó la garganta de su padre, sus manos –que estaban escondidas en algún punto del tronco de Draco- se sintieran cálidas de pronto, ni el color carmesí que pronto notó que tenían.

Scorpius no tenía miedo de la sangre, ni siquiera asco, como muchas de las niñas de su edad. Pero el saber que era la sangre de su Padre le causó un estremecimiento tal, que lo único que atinó a hacer antes de que sus ojos se hundieran en lágrimas fue lanzar un alarido sobrecogedor.

Lo siguiente que supo fue que un par de brazos y un olor a lavanda muy conocido la rodeaban, y la suave voz de tía Pansy le susurraba palabras tranquilizadoras en el oído. Luego la imagen de un tío Blaise, y un hombre que no conocía corrían hasta su padre para ayudarlo a ponerse de pie.

El sonido de voces se mezclaba al llegar a sus oídos y las palabras eran difusas. De pronto un frío helado caló hasta sus huesos, el temor de la pérdida que nunca había conocido se sentó en el fondo de su estómago.


—El hombre no tiene otros antecedentes penales—Ron le comentó mientras esperaban fuera de una de las habitaciones de San Mungo, al parecer el atacante era un hombre corriente que había decidido tomar la justicia con sus propias manos, como tantos otros antes que él. Pero lo había llevado muy lejos, después de todo el hechizo estaba dirigido para la pequeña de Malfoy, que su pare lo hubiera recibido no era nada más que un afortunado accidente, aunque claro que Harry no lo llamaría así.

—No estamos muy seguros de qué maldición usó, pero no parecía ser una muy peligrosa—agregó entonces, mirando de soslayo sala abajo. Donde Parkinson trataba de consolar a una muy pálida Scorpius, quien sólo miraba el suelo del lugar como si la respuesta a los predicamentos del mundo estuvieran grabados allí.

—Maldición, colega—Ron se rascó la nuca, obviamente superado por todo aquello—Una cosa es tener resentimientos por la guerra—y Harry lo sabía, poco a poco se había dado cuenta, los puestos vacíos en la mesa de las familias nunca se volverían a llenar y las perdidas eran para siempre, los rencores no desaparecen así de fácil—pero… ¿Atacar a un niño en plena estación? ¡Eso es demasiado!

Y Harry sabía que Ron no lo decía por tener consideración con la pequeña Malfoy, no lo malinterpreten, tampoco es que deseara que alguien lastimara a una infante que nada había tenido que ver en las épocas de la guerra, pero entendía para que lado apuntaba la declaración de su amigo.

Sus hijos también habían estado allí, aquella maldición lanzada entre el tumulto de gente, fácilmente hubiera podido golpear a alguno de sus vástagos, o a otro niño en su defecto.

—Auror Potter, Auror Weasley—la voz del sanador que acababa de salir de la habitación los distrajo de su conversación, el hombre ya peinaba canas y tenía el mirar cansado—ya pueden entrar.

Ambos asintieron y mientras el hombre se dirigía a hablar esta vez con Parkinson y la hija de Malfoy, Harry se debatía internamente sobre cómo debía de sentirse.

Después de todo era Malfoy, en un trabajo como el suyo lo más importante era la imparcialidad, pero años enteros de rivalidad no pueden olvidarse así como así.

—Potter, Weasley— el primero en saludar fue el otro hombre que ya había estado en el cuarto desde antes, Blaise Zabini.

Harry hizo un pequeño asentimiento con la cabeza, a manera de saludo y rápidamente giró su vista hasta llegar a Malfoy, quien más que herido se veía molesto. No, mucho más que eso.

— ¿Ya han dado con la maldición?

Zabini asintió, ante la reticencia de Malfoy a hablar.

—No es algo muy complicado, y Draco no está en real peligro.

Principalmente porque el golpe no fue contundente, se dijo mentalmente Harry. Y porque Draco de seguro ya había enfrentado maldiciones peores en su juventud, peor no quería pensar que habría pasado si el hechizo no lo hubiera golpeado a él.

—Entonces estará listo para testificar—esta vez Ron se le adelantó, Harry tuvo que recordar que el pelirojo no era alguien conocido por su tacto.

Zabini parecía querer responder algo, pero la voz apagada de Malfoy rápidamente llenó la habitación.

—Quiero ver a mi hija primero.

—Escucha Malfoy, sé que estás preocupado pero…

—He dicho que no haré nada antes de ver a mi hija, Weasley.

Ron bufó, y Harry supo que una confrontación fácilmente podría nacer allí. Así era su amigo.

—Está bien, Ron—se apresuró a calmar—Zabini puede dar su testimonio primero.

Los tres hombres extra en el cuarto le dirigieron una mirada extrañada, algunos más que otros, pero finalmente los dos mentados salieron del cuarto. Dejando a Harry y Draco en medio de un silencio por demás incómodo.

—Lo repito, quiero ver a mi hija.

—Estará aquí en un momento, los sanadores están hablando con ella y con Parkinson en este momento.

Draco asintió sin decir más y el silencio volvió a instaurarse en el consultorio.

— ¡Papá!—En ese momento Harry agradeció a Merlin, Morgana y cualquier otro hechizero o bruja que llegara a su mente, pues Scorpius había llegado a la habitación con el rostro descompuesto. Pero su expresión empalideció tan pronto reparó en la figura de Harry parado a tan solo unos pasos de la cama.

—Scorpius—Draco se puso de pie e ignorándolo olímpicamente se acercó a su hija, quien rápidamente pareció volver a ignorar la presencia de Harry alrededor, pues se abrazó al cuerpo vendado de su padre y un par de sollozos abandonaron sus labios.

Harry entendió que aquel era un momento especial para ambos rubios, y en silencio abandonó la habitación.


Las vacaciones no fueron algo realmente especial, pues la temporada navideña se vivió tal y cual siempre se había vivido en Malfoy Manor para Scorpius. Pero sin lugar a duda, fue la más significativa que había tenido en esos años de vida.

Cada minuto que pasaba con su padre era invaluable, y ella se había encargado de hacérselo notar.

Incluso su abuela Cissy se había mostrado un poco sorprendida ante la negativa de su nieta a pasar una semana en casa de los Zabini como siempre acostumbraba a hacer. Samantha no se molestó por eso, es más, ella pasó una semana extra en la mansión para hacerle compañía a su amiga.

Scorpius agradeció aquel detalle de manera silenciosa, con pequeño abrazos antes de acostarse, que normalmente eran mal vistos por Sam pues los consideraba muy cursis para niñas grandes como lo eran ya ellas cercanas a cumplir doce años. Pero sabía que Scorpius los necesitaba, así que no se negaba a dárselos.

El temor a la perdida seguía fresco y punzante.


Ya había pasado tiempo desde aquel horrible incidente en la estación, pero Harry aún no podía evitar el horrible sentimiento que le había causado.

Y quizá ese había sido el detonante que lo obligó a mandar la primera lechuza a casa la mansión Malfoy.

"Espero que todo esté bien

-Harry Potter"

Era una nota escueta, y bastante tonta si se detenía a pensar bien en ello. Simple como el mismo Harry, pero expresaba una preocupación Honesta. La mirada consternada de Scorpius Malfoy aún no abandonaba su retina.

Claro, que ninguno de los dos implicados. Ni Harry al enviar aquella primera nota, ni Draco al responderla con una negación y un pequeño agradecimiento esperaban que todo aquello derivara en algo aún más grande que ellos mismos.


—Oh ya no puedo esperar—Lily sonreía de manera brillante, y tenía las manos hechas puños mientras se acercaban al andén 9, ese sería su primer año y el de Hugo también.

—Ya Lils, de verdad no es la gran cosa—Albus recibió una mirada en blanco de su hermanita, según ella y James él siempre lograba quitarle la emoción a todo.

La peliroja le sacó la lengua infantilmente y comenzó a correr hacia la pared de la estación, con sus hebras cortas tan parecidas a las de su madre volando al viento.

—Vamos Al, nosotros también—Le dijo su padre con una sonrisa que Albus no tardó en responder, ya no necesitaba que ambos cruzaran juntos, pero sin duda le infundía un poco más de confianza, y además le gustaba pasar tiempo con su padre, la persona que más extrañaba cuando estaba en Hogwarts.


—Esto se ve prometedor—había dicho Pansy cuando hubieran llegado a la estación, tenía de la mano a Scorpius y a Samantha, Blaise no había podido asistir aquella mañana del primero de Septiembre, cosas del ministerio—Parece que la seguridad ha aumentado—le susurró a su oído, lo suficientemente bajo para que ninguna de las niñas los escuchara.

Draco asintió gravemente, era lo mínimo que hubiera podido esperar.

Pero no se fiaba por completo, estaba completamente dispuesto a Cruciar a cualquiera que se atreviera a mirar sospechosamente a su hija si la situación lo ameritaba.

—Papá—Scorpius le sonrió, su rostro blanco de alabastro tenía una pequeña sonrisa y su cabello un poco más largo completamente peinado para atrás en una coleta alta.

Draco le devolvió el gesto y le puso una mano sobre el hombro, transmitiéndole calor.

Ese segundo año, esperaba fuera mejor.


Notas Finales: Capítulo de relleno (?) está bien, no tanto así. A partir de aquí la historia avanza más rápido, que sino, no le vería final.

Btw cosas que a nadie le importan, Aprové patología hasta el segundo segmento yay. Por cierto, ¿A alguien le gusta el Mpreg? lol