Título: La futura Señora Potter.

Resumen: A James no le gustaba la idea, Lily parecía encantada de tener al fin alguien con quien mantener "charlas de chicas", Harry simplemente se preguntaba cómo rayos sobrellevaba Malfoy tener en casa a la tan mentada Futura señora Potter. Al/Scorp Genderbender.

Advertencias: Genderswap. Que lo haya hecho yo. ¡Va sin beta! Insinuaciones de Drarry .

Disclaimer: Definitivamente no soy JK.

Notas iniciales: Escrito como un regalo para una de mis mejores amigas del fandom –y en general- Silky, tú siempre me pides regalos raros –este no podía ser la excepción- pero va con cariño –lee con cuidado que en mi cabeza aun van dando vueltas los hongos de microbiología.


La futura Señora Potter

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Albus aspiró hondamente una vez estuvo en el gran comedor nuevamente, con toda la deliciosa comida del banquete de bienvenida alrededor de él. Realmente había extrañado la escuela, aunque las vacaciones habían sido cortas.

La ceremonia de selección había sido muy divertida ese año, o quizá lo pensaba así porque ahora él ya no era parte de la misma, más que como un simple espectador: Como había previsto, Hugo había terminado en la casa de Rowena, recibiendo un cálido aplauso por parte de sus compañeros de mesa, el recibimiento de Lily en gryffindor había sido un tanto más efusivo, sumado de un James de cuarto año de pie y dando fuertes vítores por su hermanita pequeña. Aunque luego ella había llegado a la mesa y le había dedicado un pequeño mohín, como diciéndole que no quería ser avergonzada por su tonto hermano mayor.

Albus se llevó un pequeño bollo a la boca, sólo seis alumnos habían sido elegidos para Slytherin, puede que la casa de Salazar ya no fuera únicamente de sangre puras, pero aún los miembros de la misma eran muy reducidos. No es que lo molestara, Albus prefería que la sala común siguiera tan lánguida de actividad como siempre.

— ¿Ya saben qué electivos tomarán?—La pregunta de Jhon lo sorprendió un poco, tragó lo que tenía en la boca y lo miró intrigado.

—Sabes que tenemos hasta el final del curso para elegirlos, ¿verdad?

— ¡Eso no importa!—él se veía algo pálido, realmente alterado por aquellas asignaturas que aún estaban a un año de distancia—Todas se ven tan… pintorescas.

—No le des tanta importancia—intervino esta vez Derek, llevándose un poco de jugo de calabaza a la boca y dando sorbos sin parar—Escojas lo que escojas te irá genial—luego frunció el ceño—bueno, quizá no tanto en pociones, pero de esa no te puedes escapar.

—No ayudas—Albus tuvo ganas de reír por la cómica expresión en la cara de Jhon e internamente agradeció que el profesor Robertford le hubiera obligado a tener esas pequeñas clases extras el año pasado.

—Bien, bien—Derek movió su mano frente a su rostro, tratando de quitarle importancia a la diatriba de su amigo—Pasando a cosas más importantes, ya estamos en segundo, supongo que ya saben lo que eso significa, ¿no?

Jhon le dedicó una larga mirada apreciativa, pero Albus ya sabía a lo que Parkinson se refería. Y oh, vaya que lo había esperado.

Ciertamente él podía ser la copia exacta de su padre, pero sin lugar a duda el amor por el quidditch lo había heredado completamente de su lado Weasley.

—Las pruebas para el equipo—dijo sonriendo con un poco de emoción.

—Exacto—el tono de complicidad en la voz de Parkinson sólo logró que su sonrisa se agrandara más—Pero tendremos que practicar mucho, ¿sabes?

—Uhm, ¿y eso?

Parkinson se aclaró la garganta, y con cuidado apartó su plato ya vacío, para acercarse más a ellos dos y darle un aire más confidencial a su conversación.

—Nott—dijo apenas en un susurro, para luego señalar muy discretamente al muchacho pálido de cabello negro, quien comía pasirmoniosamente sin hacerle mucho caso a nadie más en el comedor—mis padres me llevaron a casa de tía Pansy en las vacaciones, supongo que querían que viera a Sam, pero en lugar de ella estaba Nott con su padre.

— ¿Y eso?—Jhon frunció la nariz, no entendía hacia donde iba la conversación.

—Papá insistió a que jugara con él, pude verlo sobre una escoba al fin, es realmente bueno—afiló la mirada—Nada comparado con las clases de vuelo, donde parece realmente soso. Lo más seguro es que también quiera entrar a las pruebas del equipo.

Esta vez Albus frunció el ceño.

Berlioz era compañero de cuarto de los muchachos, pero nunca le habían dado real importancia, y no era para menos. El muchacho tan siquiera reparaba en la existencia del resto de los Slytherins.

—Puede ser, pero somos buenos—afirmó Albus—No perdemos nada intentando.

Ugh, ustedes realmente están mal—Jhon tembló ligeramente, MgSteven no era malo con la escoba, pero aún se veía algo reticente a usarla como medio de transporte.

—De cualquier manera aún tenemos una semana entera para que las pruebas empiecen, y es nuestra primera vez así que tendremos mucha competencia.

Albus asintió un par de veces ante la afirmación de Derek, puede que su padre hubiera sido el buscador más joven de la historia, pero Albus tenía aspiraciones un tanto más comunes. Lo más probable es que aquel año no quedara calificado para ser cazador, pero la práctica nunca estaba de más.


Scorpius terminó el pequeño vaso de jugo de calabaza que tenía frente a ella y le sonrió a Samantha apreciativamente, la pelinegra picoteaba el plato desinteresadamente como si quisiera que el banquete terminara ya. Parecía un poco molesta por que tío Blaise no había podido ir a despedirla en la estación.

—El ministerio puede ser muy absorbente, ¿verdad?

Sam no era una niña dependiente, es más, Scorpius creía que Sam actuaba a veces como una chica mayor, pero cuando se refería a su padre era bastante posesiva.

—Uh, son unos tontos, eso es lo que siempre dice papá.

Y ella asintió, dándole razón. Sabía que la conversación había muerto por esa noche, de seguro mañana ya estaría de mejor humor, cuando una lechuza llegara en el desayuno con un mensaje para ella en la pulcra caligrafía del patriarca Zabini.

En cambio, y como lo había hecho en primer año, pasó su mirada lenta y disimuladamente por los rostros de la larga mesa de Slytherin. No pasó mucho tiempo por los chicos nuevos, que eran considerablemente menos que en otras casas, sino enfocó a alguien que había ignorado desde su entrada en Hogwarts.

El hijo del otro hombre que había ayudado a su padre durante ese aterrador ataque en la estación. Berlioz Nott.

Cuando hubo terminado su primer año, la mansión Malfoy se vio un poco más llena de lo que solía estar, con un par de personas de visita de vez en vez, y poco antes de que Setiembre llegara y con el, el inicio de segundo año. Theodor Nott y Millicent Bultstrode hicieron acto de presencia.

Scorpius se había sorprendido gratamente al darse cuenta de que su padre tenía amigos, aunque eso no cambiaba su porte solitario.

Y otra cosa que también la había sorprendido había sido su primogénito, un muchacho pálido de grandes ojos negros y cabello oscuro. Berlioz Nott, un Slytherin como ella.

Scorpius no estaba muy acostumbrada a interactuar con otros niños, sin contar a Sam y algunas compañeras de casa, así que al principio había sido muy difícil interactuar con el muchacho. Sin contar que Nott parecía taciturno por naturaleza propia.

Pero finalmente, y luego de una muy extraña tarde, se había descubierto a sí misma manteniendo una interesante conversación sobre la escuela, equipos de quidditch entre otras nimiedades.

Y este primero de Setiembre parecía que sus ojos no querían apartarse del muchacho, quien ajeno a todo el mundo, seguía comiendo.

Tomó un pequeño bollo de crema y se lo llevó a la boca, pensando que quizá era hora de comenzar a hacer nuevos amigos.


Puede que Draco no hubiera tenido un buen inicio en aquel año, pero todo parecí mejorar paulatinamente. Especialmente con lo que parecía ser el inicio de un multimillonario contrato con una empresa norteamericana.

Cerró el gran folio que descansaba sobre su escritorio y frotó el puente de su nariz, una manía poco elegante que había adoptado pocos años después del nacimiento de su hija.

Su garganta se sentía seca y sus ojos ardían un poco, había pasado la noche entera preocupado por no haber recibido aún una lechuza de su hija. Puede que pareciera demasiado ansioso, después de todo apenas había pasado una semana del inicio de curso y aún no tenía noticias de ella.

—Esto es el colmo…

Se obligó a calmarse, estirándose lo largo que era en el cómodo sofá de su oficina en la mansión. En ese momento, el sonido de pico de una lechuza golpeando contra su ventana lo distrajo y por un momento creyó que la tan esperada carta de Scorpius finalmente había llegado. Empero, al notar el color blanco de las plumas de aquella ave rápidamente descartó la idea.

Potter. Pensó.

Se encaminó cansinamente hasta el gran ventanal y lo abrió. El ave entro y aterrizó en una pequeña percha, Draco tomó un par de golosinas que descansaban en un envase sobre su chimenea y se las entregó, para después tomar el pergamino que traía consigo.

Como el ave no emprendió vuelo. Él supuso, no erróneamente, que esperaba una respuesta.

Draco suspiró, y se sentó comenzando a pensar en una respuesta para el salvador del mundo mágico. Desde aquel tan infortunado accidente, las cartas de Harry Potter se habían vuelto un factor constante en su vida. Al principio eran pequeñas notas que no pasaban del largo de un telegrama, pero con el paso de los meses se habían convertido en cartas, que si bien antes estaban enfocadas en los hijos de ambos con el tiempo habían terminado a ser simplemente nimiedades de su vida diaria.

Si alguien le hubiera dicho tan solo el año anterior que terminaría compartiendo cartas con el chico dorado de Gryffindor, Draco sin lugar a dudas habría mandado al pobre diablo a San Mungo, directamente al pabellón de enfermedades mentales mágicas.

Frunció un poco la nariz y comenzó a rasgar el pergamino con su pluma, dibujando letras fluidas y redondeadas. Pasar una noche en un bar con San Potter, por Merlín. Dónde estaba yéndose su vida.


La segunda semana de segundo año empezó con ánimos, incluso en la normalmente calmada casa de Salazar. Los muchachos de segundo a tercero parecían más que ansiosos por realizar las pruebas para el equipo de Quidditch, así que Albus estaba bastante nervioso. Parado allí, en medio del campo, con la nueva escoba que su padre le había comprado en la mano derecha.

Los muchachos de tercero que se habían presentado para buscadores acababan de terminar las pruebas, Albus no había recordado haber visto a alguien volar tan rápido además de su hermano mayor, quien era buscador de Gryffindor.

—Oye, no estés nervioso—Derek le había dado un codazo disimulado. Parkinson iba a por el puesto de guardián, mientras que él prefería el de cazador.

—Nada de eso—frunció el ceño, con sus ojos verdes brillando con decisión—simplemente no quiero que nada me distraiga.

Derek le dio un asentimiento que claramente era irónico, y avanzó cuando el capitán llamó su nombre.

El espectáculo que dio su amigo fue muy bueno, aunque Albus dudaba que quedara seleccionado, un chico de cuarto que también se había presentado era mucho más corpulento y parecía tener más experiencia. Pero de seguro el año siguiente, o cuando entrara a cuarto el puesto era suyo.

Cuando el capitán llamó su nombre una oleada de adrenalina lo golpeó, como cualquier otro buen Weasley que se precie, desde muy pequeño ya había subido a su primera escoba. Y estaba seguro de que podía, si no quedar seleccionado en el equipo, al menos brindar un espectáculo lo suficientemente bueno para ser considerado el año siguiente.

Comenzó a alzarse en vuelo, y liberaron las Quafles, Albus entonces comenzó a moverse con los otros miembros que ya eran titulares del equipo, realizando pases, que si bien no eran tan rápidos como los de los muchachos mayores, eran muy certeros.

Se mantuvo de la misma manera durante varios minutos, y cuando un minuto antes de que el capitán indicara que ya había terminado, Albus vio un brillo en las gradas que rápidamente llamó su atención.

Un par de ojos tormentosos lo miraban fijamente.

No tuvo mucho tiempo para analizarlo, pues al segundo siguiente la pesada pelota había impactado contra su estómago, logrando lanzarlo con su escoba hacia el suelo.

Cuando aterrizó aparatosamente en el suelo, lo último que vio antes de caer desmayado por el dolor que comenzaba a aparecer en su pierna, fueron un par de ojos sorprendidos: Los grises de Scorpius Malfoy que ya casi habían abandonado su mente, y los negros profundos de Berlioz Nott, su compañero de habitación.


Harry bebió un largo trago de su vaso de wisky de fuego, mientras Draco ponía los ojos en blanco.

—En serio, Potter. Deberías beber más lento.

Él simplemente frunció un poco el ceño, y arregló sus gafas.

—Fue un día duro en la oficina, Malfoy. Merezco relajarme.

Draco rodó los ojos y prefirió ignorarlo, sintiéndose muy cansado como para tener esa conversación con Potter en ese momento.

Estaban en el caldero chorreante, en una mesa lo suficientemente alejada del resto como para no llamar la atención. Un ligero hechizo de glamour sobre ambos, a ninguno de los dos le gustaba llamar la atención.

Había recibido la carta de Scorpius una hora antes de que fuera a abandonar su hogar y las palabras de su hija aún daban vueltas por su cabeza, bueno, específicamente el nombre de un muchacho. Nott.

Scorpius, desde sus más jóvenes años, no había sido muy buena para hacer amigos. En realidad, Draco podría afirmar sin miedo a equivocarse que su única amiga –a pesar de que muchas veces había conocido a los hijos o hijas de sus socios internacionales- sólo veía como amiga a la hija mayor de su madrina Pansy. Pero desde que Theodore hubiera realizado esa visita a la mansión, ella y el muchachito ese parecían haber entretejido algo así como el inicio de una extraña amistad.

Bueno. Pensó. Al menos, no estará tan sola.

—Hoy fueron las pruebas de quidditch—repuso Draco, llevándose el vaso de wisky a los labios, observando apreciativamente a Potter sobre este.

Oh sí, en la carta de Scorpius puede que hablara de cómo el muchacho Nott parecía una compañía decente, pero también le contaba del aparatoso accidente del hijo de Potter durante las pruebas.

Harry bufó.

—Supongo que tu hija te contó sobre ello.

Aunque a Harry le parecía algo extraño que la heredera Malfoy tuviera algún interés en el accidente que su hijo mayor, James, había tenido la gracia de relatar tan cómicamente en la carta que le había llegado horas antes.

—Parece que tus hijos heredaron tu habilidad para caer de las escobas—dijo entonces, sin el tono venenoso que antes le había conocido, como una broma ácida bastante acorde con su sentido del humor negro. Después de todo, Scorpius le había asegurado que más que dañarlo, el accidente de Albus sólo había sido aparatoso.

Harry le dedicó una mirada retadora.

—Me sorprende que la tuya no haya realizado las pruebas, Malfoy—y tan pronto terminó el contenido de su vaso, se apresuró a servirse otro.

Draco arqueó una ceja, en un gesto bastante elegante.

—Scorpius nunca ha demostrado interés por los deportes—dijo sin darle mucha importancia—ella está interesada en cosas de otra índole.

Harry puso los ojos en blanco.

—A veces creo que pones mucha presión en esa niña, Malfoy—Notó ligeramente que los hombros de su contraparte se tensaban, y se apresuró en aclarar—cuando la veo en la estación parece más una mujer que una niña, ya sabes, sus maneras y cómo se expresa.

Draco soltó una risa ahogada, sinceramente divertida.

— ¿Acaso quieres decir que el oh-grandioso-niño-que-vivió se ha pasado dos años observándonos en la estación, Potter? ¿Es eso?

Harry se sonrojó un poco. Y aclaró su garganta, lo siguiente que dijo quizá fue causado por el exceso de alcohol en su sangre.

—Es porque ustedes llaman la atención. En realidad, desde la escuela tú siempre lo has hecho.

Draco sintió un pequeño sonrojo formarse en sus mejillas, completamente imperceptible gracias a la oscuridad que les proporcionaba el ambiente, claramente también decidió culpar al alcohol.


Diciembre llegó rápidamente, y antes de que Albus se diera cuenta, las vacaciones de invierno estaban a la vuelta de la esquina.

Ese año había decidido quedarse un poco más en la escuela, para disfrutar del silencio que la temporada navideña traía al castillo.

Como había previsto, ni él ni su compañero habían terminado dentro del equipo, pero no importaba mucho pues siempre estaba el siguiente año para retomar las pruebas.

Caminó por los largos pasillos que conducían a la torre de astronomía, deseoso de contemplar la grandiosa vista de una mañana despejada y calma como aquella. Derek y Jhon ya habían dejado el castillo el día anterior, e incluso Nott lo había hecho, así que tenía el dormitorio para él solo, pero y aunque le gustaba la privacidad que daban las mazmorras, a veces prefería el aire libre.

Y normalmente los estudiante son frecuentaban la torre, únicamente algunos de los mayores en las noches más oscuras para poder ver las estrellas, por eso fue que no pudo ocultar su sorpresa cuando al entrar a la torre observó un cabello rubio perfectamente peinado hacia atrás moviéndose acompasado con el viento.

Él y Scorpius no habían intercambiado palabra desde el año pasado.

Uhm, lo lamento—dijo, aunque no estaba seguro de porqué lo había dicho.

Scorpius giró su cabeza rápidamente hacia su dirección, las manos firmemente apoyadas en uno de los ventanales cerrados y su uniforme impecable.

—Oh—ella también parecía confundida y sin idea alguna de cómo continuar con la conversación, pero cuando Albus dio un paso hacia atrás con la clara intención de dejar el lugar, su voz suave volvió a resonar—Espera, no tienes que irte.

Y Albus se detuvo, tratando de analizar la situación. No es que sintiera animadversión por la presencia de Malfoy, pero simplemente nunca habían interactuado lo suficiente como para que pudieran considerarse amigos. Lo sopesó unos minutos, y pensó que dejar la escena en ese momento no podía ser algo más que considerado como descortés.

—Ah, gracias—y avanzó, colocándose un tanto distanciado a ella y apreciando el cielo límpido y claro de la mañana. Cuando después de varios minutos y un pequeño suspiro salido de los labios rosados de Malfoy, Albus se animó a romper aquel extraño e incómodo silencio.

—Creía que ya habrías vuelto a casa—Porque incluso Zabini también ya había dejado el castillo.

Scorpius se removió un poco en su lugar, y Albus creyó que había dicho algo que no debía. Bueno, si finalmente ella no respondía Albus no tendría razón para sentirse culpable si dejaba el salón, arguyendo que la muchacha en verdad, no quería compañía alguna.

Empero, luego de unos minutos más, ella respondió.

—Papá y la abuela están en estados unidos, no había necesidad de que regresara a la mansión.

Albus parpadeó ante la respuesta, que obviamente no esperaba, y tuvo que morderse la lengua para que su curiosidad innata no lo llevara a preguntar por su madre, que curiosamente había sido omitida en la misma.

Él sabía perfectamente lo que es tener padres divorciados, y ya que nunca había visto a la señora Malfoy desde las anteriores vacaciones navideñas, Albus suponía que no era una figura presente en la vida de la muchacha.

Malfoy lo vio entonces, y para su sorpresa, continuó con su charla.

— ¿Tú tampoco volverás a casa?

Albus se apresuró a aclarar.

—Oh no—y se sonrojó un poco, era la primera vez que explicaba sus motivos para hacer algo a alguien que no era miembro de su familia. Es más, a veces ni su padre le pedía razones—Simplemente quería estar un tiempo aquí, sin mis hermanos y primos…

Por algún motivo sintió que el sonrojo crecía y comenzaba a arder en sus mejillas, Scorpius parecía molesta y un tanto abatida por no poder pasar esa festividad con los suyos, y el los rehuía intencionalmente. Pero contrario a lo que él esperaba, ella no le dedicó esa mirada punzante y gesto frío que solía tener.

No, en cambio, sus ojos brillaron con la chispa innata de la curiosidad.

— ¿Tienes muchos familiares, Potter?

Albus asintió. Comenzando una larga charla sobre su hermano mayor James, quien alardeaba sobre estar finalmente en cuarto curso y sus sueños de unirse a la fuerza Auror tan claros desde corta edad, de la pequeña Lily, tan animosa como su propia madre que se había acostumbrado rápidamente a la pequeña independencia que ofrecía el colegio, o de sus primos Hugo y Louis, quienes eran los más tranquilos de todos los Weasley que habían terminado en la casa de Rowena y su fascinación pérfida por los libros.

Incluso mencionó a su primo Teddy y el compromiso con prima Victorie, o a Dominique y su naciente carrera en el quidditch profesional.

Antes de que se diera cuenta, el cielo ya se había teñido de colores naranjos y era hora de comenzar a empacar un poco y esperar a su padre, quien iría personalmente a recogerlo a la escuela esa noche.

Pero, y aún con el ambiente festivo que trajeron los días venideros, con todo el clan Weasley y Potter juntos en la madriguera, la mente de Albus estaba imbuida en recuerdos de Quafles golpeadoras, la torre de astronomía y los ojos grises de Scorpius.


Draco acarició a la pequeña lechuza que estaba ululando alegremente en la percha de su oficina. Normalmente hubiera utilizado a Hemingtway, la lechuza de Scorpius, como siempre lo hacía, pero aquella era una ocasión especial.

Le dio otra pequeña golosina a Pollux, su lechuza parda, que ya estaba lista para emprender vuelo.

La vio alejarse de la mansión con un paquete elegantemente envuelto entre sus patas. La molestia por no haber podido pasar navidad con Scorpius aún bullía en su interior, no había podido evitar que los acuerdos financieros con la empresa americana encajaran con esas fechas, y aunque sabía no era suficiente, esperaba que ese pequeño presente alegrara un poco a Scorpius, quien maduramente no había presentado ninguna queja cuando él le había informado que no podría estar con ella el 25 de diciembre.


Albus frunció el ceño cuando un pequeño corazón estalló frente a él en su camino hacia el gran comedor, su padre le había contado que aquella estrafalaria y algo ridícula decoración por san valentin se había puesto de moda, exactamente en su segundo año en Hogwarts.

A él también le parecían de muy mal gusto. Justo en ese momento una pequeña hadita se acercó a toda velocidad, riendo con una voz sumamente aguda, y con una pequeña varita golpeó la cabeza de Derek, logando que un corazón comenzara a dar vueltas alrededor de él antes de desaparecer con un pequeño plop.

—Agh—Parkinson comenzó a manotear al aire, intentando alejar el pequeño corazón. Jhon estalló en carcajadas.

— ¡Tienes una admiradora!

Y sí, ese año las muchachas parecían obsesionadas con esas extrañas y por demás ridículas haditas-tarjetas-corazón.

—Cierra la boca, Jhon—su cabello ahora estaba despeinado, porque el corazón giraba sin parar a su alrededor—que alguien me quite esta tontería, por amor a Merlín.

Albus y Jhon estallaron en sendas carcajadas, mientras llegaban al gran comedor y se sentaban en la mesa de las serpientes.

Los ojos verdes de Albus enfocaron la mesa de los leones y pudieron enfocar a un James con muchas cartas en las manos y un par de corazones flotando a su alrededor, a diferencia de Derek parecía bastante orgulloso de su popularidad con las muchachas.

Albus rodó los ojos y se concentró en su almuerzo, pero no pudo estar mucho tiempo alejado a lo que ocurría a su alrededor, pues pronto una pequeña palomita de papel se estrelló contra su frente. Olía a perfume demasiado dulzón y era de color rosa chillón. Una carta de amor.

Al la tomó entre sus manos incrédulo, no recordaba haber hablado con una chica desde que empezara el curso. Malfoy no contaba, para nada.

Así que cuando sus ojos identificaron palabras escritas en tinta morada que destilaban amor y miel, simplemente se dedicó no darle importancia. Desde muy pequeño había estado acostumbrado a que la gente se le acercara únicamente por el apellido, y recibir cartas de muchachas que no conocía suponía no era muy diferente de eso.

Dobló la pequeña palomita con cuidado y la guardó en su túnica, no tenía remitente firmado así que se ahorraba la parte de tener que responder o de tratar de evadir la mirada de cualquiera hubiera sido la autora de la misma.

Volvió su mirada hacia su plato ahora lleno y comenzó a desayunar, ignorando las quejas de Derek y las risas de Jhon. Pero a los pocos minutos fue nuevamente interrumpido, esta vez por dos haditas que lo golpearon simultáneamente en la cabeza.

Decidió ignorarlos, aunque ahora incluso Derek se reía de los dos corazones que volaban sobre su cabeza.

Pero cuando el quinto se estampo directamente con su nariz, que intentaba mantenerse baja y no muy lejos de su plato, no pudo evitar dirigirle una mirada punzante a sus dos compañeros.

Y en contra de todo pronóstico, y ante la sorpresa de Parkinson y MgSteven, los ojos verdes de Albus se suavizaron de un momento a otro, porque ignorando las risas de sus compañeros, había podido distinguir un poco alejada del centro de la mesa, y con la inseparable Samanta Zabini a su lado, Scorpius recibía de un elegante búho pardo un bellamente envuelto paquete.

Albus juraría que la sonrisa en el rostro de Scorpius hubiera podido alumbrar un cuarto entero.


Scorpius tenía los ojos brillantes y una sonrisa que no era muy digna de una Malfoy, pero de momento no importaba, pues no tenía reparo alguno en mostrar su alegría.

Su padre se había escrito escuetas disculpas en sus cartas y había prometido algo, pero Scorpius no había podido prever aquello. Scorpius sabía que su padre odiaba las celebraciones como aquellas, pero aun así le había mandado un regalo de San Valentín.

Draco Lucius Malfoy, le había enviado un regalo.

Un pequeño dije, dorado y brillante con un chocolate que obviamente no era de Honey Dukes. Así tan cursi y rosa como sonaba, su padre se había tragado su orgullo, y se lo había mandado con Pollux. Su lechuza personal.

La sonrisa de Scorpius no desapareció en lo que quedó de ese 14 de febrero.


La primera vez que Albus recordaba cruzar palabra, más que algún saludo cordial o algo parecido, con su compañero de cuarto Berlioz Nott, había sido cuando el mes de los exámenes finales ya estaba a la vuelta de la esquina.

Ciertamente él se llevaba bien con todos sus compañeros, pero que el pelinegro se hubiera decidido a hablarle tan deliberadamente de un momento a otro lo desubicó por un pequeño segundo.

Berlioz era sin duda un buen estudiante, por eso su segunda sorpresa vino cuando le pidió ayuda con la clase de defensa contra las artes oscuras. Albus, no se negó y aunque al principio había sido extraño pasar más tiempo con alguien que aunque compartiera su espacio la mayor parte del tiempo difícilmente le dedicaba palabra alguna, finalmente terminó por acostumbrarse y comenzar a encontrar más normal la compañía de Nott.

Después de terminados los exámenes y ya era tiempo de volver a abordar el expreso de Hogwarts, Albus ya podía considerar que tenía un nuevo amigo, con quien por cierto podía hablar de quidditch.


Harry sonreía ampliamente mientras la locomotora se hacía más grande a su vista, a su lado Ginny y Ron hablaban entretenidamente y a su lado Hermione y Fleur comentaban alguna nueva reforma del ministerio.

Frente a ellos, e igual de ansioso, Malfoy junto a Parkinson y Zabini estaban esperando, los tren enfundados en sus elegantes túnicas y con expresiones bastante serias, distando monumentalmente de lo ansiosos que Harry sabía estaban. Metros más allá Nott y su muy embarazada esposa también esperaban.

Cuando el expreso se detuvo y la estación se llenó de humo, Harry pudo estar tranquilo cuando vio las dos cabelleras rubias reunirse sin ningún otro altercado. Minutos después el mismo tomaba con cariño la mano de su pequeña Lily Luna mientras escuchaba la conversación animosa de James y observaba interesado a Albus, quien sonreía bastante complacido.

Podía asegurar que ese año había sido, bastante diferente.


Notas Finales: Segundo año quedó atrás. Capítulo un poquito más largo, creo.
Veamos como se desarrollan las cosas.