Título: La futura Señora Potter.
Resumen: A James no le gustaba la idea, Lily parecía encantada de tener al fin alguien con quien mantener "charlas de chicas", Harry simplemente se preguntaba cómo rayos sobrellevaba Malfoy tener en casa a la tan mentada Futura señora Potter. Al/Scorp Genderbender.
Advertencias: Genderswap. Que lo haya hecho yo. ¡Va sin beta! Insinuaciones de Drarry .
Disclaimer: Definitivamente no soy JK.
Notas iniciales: Escrito como un regalo para una de mis mejores amigas del fandom –y en general- Silky, tú siempre me pides regalos raros –este no podía ser la excepción- pero va con cariño –lee con cuidado que en mi cabeza aun van dando vueltas los hongos de microbiología.
La futura Señora Potter
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El tercer año era algo que Albus realmente esperaba. James, quien ya estaba en quinto, le había hablado mucho de Hogsmeade, de todas las tiendas que por allí había y lo entretenido que era poder asistir a las visitas que el colegio organizaba.
Incluso su padre le había contado anécdotas bastante interesantes de sus propias visitas, Albus había hecho la nota mental de no olvidar darle un vistazo a la tan mentada casa de los gritos de la que todos tanto hablaban.
Por eso es que todo el camino desde la estación hasta la escuela no dejó de observar el permiso firmado que su padre le había dado, con una gran sonrisa en el rostro.
— ¿Al final lo conseguiste?—Samantha, quien había dejado crecer su cabello un poco más para aquel año se llevó una de las manos al rostro, y miró a Scorpius con expresión aguda.
Ella asintió, su cola de caballo rebotó. Su padre le había enseñado a peinar su cabello logrando que ningún mechón saliera fuera de lugar.
—No fue fácil—admitió mientras observaba feliz la autorización firmada con la impecable y bella caligrafía de su padre—Pero la abuela Narcissa me ayudó a convencer a papá.
Samantha asintió contenta entonces, regalándole esa bonita sonrisa que muy pocas veces portaba.
Genial, pensó Scorpius, mientras su compañera comenzaba a hablar sin parar sobre las lindas tiendas de accesorios que tenía el pueblito mágico y cómo su madre le había enseñado a qué lugares ir a comprar o cómo conseguir mejores precios, vagamente había mencionado tiendas de libros y cosas así.
Pero la mente de Scorpius estaba muy lejos de los artilugios con los que Samantha parecía tan encantada, ella únicamente podía pensar en aquella extraña casa en la que su padre la había contado alguna vez, había visto un fantasma lanzarle bolas de nieve. Quizá Berlioz pudiera acompañarla a la casa de los gritos.
— ¿Aritmancia? ¿En serio?—Derek le dedicó una mirada escéptica, Albus simplemente se encogió de hombros mientras la comida aparecía sobre la mesa. La ceremonia de selección acababa de terminar y nuevamente, sólo un par de nuevos alumnos se sumaba a la mesa de las serpientes. A lo lejos podía escuchar la estruendosa voz de su hermano mayor gritando algo ininteligible en la mesa de los leones.
—Me gusta, además tomaré adivinación y cuidado de criaturas mágicas.
—Yo también—dijo entonces Jhon—Claro, no adivinación—frunció un poco el ceño, recordándole un poco a su tía Hermione cuando le comentó que quería tomar esa clase durante las vacaciones—Es un poco tonto, como esos charlatanes que quieren leerte la mano o cosas así.
Oh cierto, el mundo muggle estaba lleno de los tan llamados adivinos, pero para Albus era simplemente algo que llamaba su atención – además parecía fácil de pasar, después de todo sólo tenía que intentar leer cualquier cosa en un montón de hojas de té, o inventar algo descabellado con su tan llamado ojo interno.
—Tomaré estudios muggles—declaró Dereck entonces y Jhon le dedicó una mirada divertida—también cuidado de criaturas mágicas, así que supongo que los tres coincidiremos allí.
—Fabuloso—Albus estiró la mano y tomó una galleta de avena—Papá dice que Hagrid es un gran maestro.
Prefirió obviar la parte de sus métodos poco ortodoxos de enseñanza de momento, moría por ver qué clase de cosa tenía preparado para ellos el semi gigante, aunque estaba seguro de que nada superaría al hipogrifo que su padre le había contado él había logrado montar.
— ¿Quieres un poco?—Scorpious se sorprendió cuando notó la pálida mano de Berlioz extendiendo una galleta en su dirección, ella y el muchacho habían comenzado a hablar más el curso pasado, pero normalmente sólo intercambiaban un par de palabras y el resto del tiempo la pasaban en un silencio, que si bien no era incómodo, tampoco era muy llevadero. Era la primera vez que él iniciaba una conversación –o lo que fuera que aquello fuera- por un tema tan mundano como la comida.
Samantha, que estaba sentada a su izquierda le regaló una mirada extraña. Scorpius solo asintió, recordando de pronto sus modales.
—Muchas gracias—respondió con una pequeña sonrisa y procedió a llevársela a la boca, ella no era muy fanática de los dulces, pero no quería ser descortés. Berlioz asintió y volvió su mirada a su propia comida, más tarde aquella noche Samantha no dejaría de bombardearla con preguntas sobre su nuevo y extraño amigo.
Puede que el año pasado no hubiera tenido tanta suerte, pero después de un buen entrenamiento –y un par de cardenales en el cuerpo, no había que negarlo- propinado por su madre, Albus estaba seguro de que esta vez lograría entrar al equipo.
Dereck –quien había dejado la idea de ser guardián, y ahora intentaba irse por la posición de buscador- y él que aún perseguía uno de los puestos de cazador, decidieron volver a presentar las pruebas para el equipo de quidditch aquel año.
Albus no se sorprendió al ver que en la fila de los postulantes también estaba Nott, vagamente recordaba que le había mencionado que quería probar suerte mientras estudiaban para la primera clase de pociones la semana pasada. Aunque, ciertamente lo sorprendió, que él también aspirara a un puesto de cazador.
Y también, debía admitir, que se había sorprendido al ver a Malfoy sentada en las gradas con su mirada plateada clavada en ellos. Ugh, el dolor del golpe del año pasado había regresado como un muy desagradable recuerdo.
—Nott, Potter—La voz del capitán, que ya estaba en sétimo año, logró llamar la atención de Albus. Era extraño que su prueba fuera doble, pero suponía que lo hacía de esa manera pues ambos eran los únicos aspirando a ser cazadores, y dos de los tres puestos ahora estaban vacios, pues los muchachos que los ocupaban ya se habían graduado.
Albus le dio una pequeña sonrisa conciliadora a Berlioz antes de subir a su escoba, a lo que el pelinegro respondió con un pequeño asentimiento de cabeza.
El primogénito de los Nott volaba excelente, tenía que reconocerlo. Podía ser que no fuera tan rápido como él mismo, pero tenía precisión y ambos parecían coordinarse bien. William Pucey, quien era ya un cazador del equipo y estaba en quinto año trataba de armar jugadas con ellos, y resultaban ser, mucho más fáciles de seguir de lo que Albus hubiera podido imaginar.
Cuando la voz del capitán del equipo había vuelto a sonar por todo el campo, Albus estaba agitado y con una gran sonrisa en el rostro, estaba seguro de que esta vez sí lo conseguiría.
Bajó su escoba lentamente y cuando sus pies tocaron el suelo, un cariñoso abrazo se enredó torpemente en su cuello.
— ¡Eso fue genial, Al!—Derek tenía una amplia sonrisa en los labios, y balbuceaba un par de cosas más que Albus no lograba definir del todo.
—Ya, ya, que me ahorcas—intentó que sonara a reproche, pero su risa límpida no ayudaba mucho. Sus ojos verdes refulgían con alegría y miraba contento la sonrisa aprobatoria del capitán. Aunque algo logró desviar su atención, como el año pasado. Un par de ojos grises a lo lejos brillaban un poco mientras la dueña de ellos le dedicaba una pequeña sonrisa a un ya no tan taciturno Berlioz.
—No puedo creer que ambos hayan quedado dentro—Jhon caminaba junto a ellos por los pasillos, con un montón de pergaminos en los brazos—Nunca entenderé su gusto por ese deporte.
—Oh vamos— Derek resopló— Porque a ti te guste ese furbo, no quiere decir que no puedas apreciar lo emocionante del quidditch.
Jhon frunció el ceño, y evitó apenas que uno de los pergaminos cayera de sus manos.
—Es futbol, Parkinson—y rodó los ojos—y no es que no logre apreciar las bondades del tan mentado quidditch—aunque por el tono irónico de voz que usaba, Albus tenía sus dudas—sólo que no me gusta. Punto.
—Bien, dejen de pelear—Bueno, Albus adoraba a sus amigos, pero él tenía límites. Y escucharlos pelear una y otra vez sobre lo mismo era exasperante, casi tanto como escuchar a su hermano y hermana pelear. Suspiró con alivio cuando vio ya cerca la puerta de la clase que debían tomar ahora, gracias a Morgana que Jhon no tenía adivinación—Mira Derek, ya estamos aquí.
—Oh sí, adivinación—Jhon miró con el ceño fruncido a la clase y se despidió de Albus con un movimiento de mano, dedicándole a Derek su mirada más fría—nos vemos en el almuerzo.
Derek hizo movimientos exagerados con los brazos y con la boca cuando Jhon ya estaba lejos, Albus no pudo evitar reprimir la risa que afloró de sus labios. Puede que apenas tuvieran trece, pero a veces ellos dos se comportaban como de nueve.
Albus se sentó en una de las pequeñas mesas circulares y Derek lo hizo a su lado, frente a ellos una mujer de cabellos rubios que ya comenzaban a teñirse de blanco los miraba con una sonrisa un poco torcida.
La profesora Trelawney aún seguía dando clases, su padre le había comentado un par de cosas sobre ella y ciertamente parecía agradable, solo un poco… excéntrica.
— ¡Bienvenidos a las clases de adivinación!—había dicho con una gran sonrisa en sus labios, mientras su manos se frotaban frenéticamente una contra otra, parecía estar nerviosa o algo parecido—Sólo abran su ojo interno y las imágenes llegarán a ustedes.
Después había comenzado a caminar por el cuarto, comenzado a avanzar de mesa en mesa y diciendo a un par de alumnos profecías terribles sobre calderos explotando y malas calificaciones en clase de pociones.
Albus no tenía necesidad de ningún ojo interno para ver eso venir.
— ¡Oh, pequeña!—el gritito agudo de la profesora volvió a llamar su atención, cuando al fin se había decidido por darle una mirada la famosa tacita que tenía en la mesa—Malfoy, ¿verdad?
El rostro de Albus giró más rápido de lo que hubiera querido, y no estaba seguro de porqué.
Scorpius apenas había asentido, y Albus pudo ver claramente como Samantha Zabini le dedicaba a la profesora Trelawney una mirada de resentimiento, aunque la adulta no se dio por aludida.
La mujer miraba interesada dentro de la tacita que hacía unos segundos estaba entre las palmas de Malfoy y hacía una expresión extraña con el rostro, muy pensativa.
—Veo blanco en tu futuro, mucho blanco y frío. Deberías alejarte de la nieve.
Y tan rápido como había llegado a la mesa de las dos Slytherins, se fue.
Albus no pudo evitar elevar una ceja en señal de confusión, primero porque no sabía que Malfoy y Zabini también llevaban esa clase –la cara de fastidio de Derek por tener que compartir más clases con su prima no pasó desapercibida para él- y segundo, por la extraña predicción de Trelawney, o bueno… lo que sea que hubiera sido aquello.
— ¿En serio tenemos que decir tonterías como esas?—le había susurrado Derek, después de mirar fijamente su taza tratando de encontrarle forma a las hojas molidas que tenía dentro—Realmente no veo nada aquí adentro, Albus.
Él estaba a punto de responder que tampoco encontraba forma alguna, pero antes de pronunciar palabra alguna, la maestra había arrancado el plato de sus manos.
— ¡Muchacho!—normalmente la sonrisa alegre que le dedicó lo habría calmado, pero viniendo de la adivina, solo logró ponerle nervioso— ¡Qué maravillas te depara el futuro!
— ¿En serio?—pregunto sinceramente sorprendido, ya esperaba que profetizara que un hipogrifo lo patearía en la cabeza o que sería asesinado por una bludger loca, ya que las tragedias parecían ser la especialidad de aquella mujer.
Pero tan pronto las siguientes palabras abandonaron la boca de su profesora, se arrepintió de haber preguntado.
— ¡Veo una alianza en tu futuro!—oh y Albus sintió sus mejillas sonrojarse, no exactamente porque ella insinuara una boda o algo así, después de todo, todos allí iban a casarse en algún momento. Pero sus siguientes palabras, fueron realmente reveladoras— ¡Túnicas de gala! ¡Alianzas plateadas como los ojos de la novia!
Y por amor a Morgana, todas las miradas del cuarto giraron entonces hasta la heredera Malfoy. La única persona con ojos grises de su generación.
—No, no, porfavor. Repite eso—La carcajada de Jhon fue apenas apagada por la bufanda que cubría su boca, Albus lanzo el aire que estaba conteniendo.
—Cierra la boca—y lo fulminó con la mirada, estúpida clase de adivinación y estúpidos ojos grises de Malfoy.
— ¡Es que fue muy gracioso!—intervino entonces Derek, aplaudiendo y riendo, su aliento formaba pequeñas nueves blancas frente a su rostro.
Genial, la primera visita a Hogsmeade y ellos dos sólo se encargaban de divertirse a su costa. Desgraciados.
—En serio—Jhon calmó su gracia y de pronto parecía que los problemas que había tenido con Derek antes habían desaparecido, parecía que esos dos sólo se unían para arruinar su vida—Te vas casar con Malfoy.
—Qué horrible destino—tembló Derek—Samantha te cortará la cabeza por osar casarte con su mejor amiga.
Albus rodó los ojos, aún recordaba la mirada de odio que le había dedicado la primogénita Zabini cuando la profesora Trelawney había osado si quiera insinuar que tenía deseos de desposar a Malfoy. ¡Ellos ni se hablaban! Por amor a Merlin.
—Dejen de decir eso, solo fue una ridiculez. Tía Hermione tenía razón, la adivinación era una tontería.
Oh y vaya que lo era, ahora no sabía ni como mirar a Malfoy –aunque no es que lo hiciera de cualquier manera- que ahora tenía un muy "adorable" –comillas obligadas, por favor- apodo: "La futura señora Potter"
Ah dios, James había estallado en carcajadas cuando el ridículo rumor llegó a sus oídos, quizá eso era lo malo de Hogwarts, los rumores volaban más rápido que una escoba en pleno partido de quidditch.
—Ya, ya—Jhon dio un profundo respiro y los miró con las mejillas un poco rojas, el frío era bastante fuerte—iré a revisar unos libros, ¿alguien viene conmigo?
—No gracias—dijo Derek, negando categóricamente—iré a ver un par de bromas en sortilegios Weasley ¡Escuché que trajeron nuevas bombas apestosas!, ¿vienes Al?
Jhon puso los ojos en blanco.
Albus se abstuvo de hacer lo mismo, sus tíos ron y George ya le habían dado un par de ellas en vacaciones.
—No, hay algo que quiero ver.
Y después de que los tres concordaran en encontrarse en las tres escobas, Albus emprendió camino hacia la casa de los gritos.
— ¿Estás segura de que quieres quedarte?—Sam le había dedicado una mirada extrañada y Berlioz una curiosa, ninguno de los dos parecía encontrar interesante esa construcción tan tétrica.
—Sí, los veré luego en las tres escobas—Scorpius en cambio, quería permanecer un rato más allí, pensando quizá que también sería capaz de ver a aquel fantasma que había ahuyentado a su padre hacía tantos años atrás.
—Ten cuidado—Berlioz la contempló largamente, luego dio una última mirada a la casa y se fue negando con la cabeza, Samantha lo siguió a los pocos segundos.
Scorpius se acomodó la bufanda verde y plata y avanzó más, tratando de escalar un montículo de nieve para poder llegar a la gran cerca que separaba a la casa del resto del mundo.
Pero debió recordar la curiosa predicción de Trelawney, aunque ciertamente la credibilidad de aquella mujer había muerto para ella cuando dijo como si nada que se iba a casar con Potter, debió recordar eso de blanco y frío, pues un paso en falso y un pequeño resbalón, y ya había caído colina abajo.
Albus no creía que el camino fuera tan largo hasta la casa de los gritos, James le había dicho como llegar y agradecía a Merlín no haberse perdido.
Ya casi podía ver la gran construcción irguiéndose a lo lejos, pero oh, no fue lo único que vio.
Una cabellera rubia y una bufanda verde rodando por la colina rápidamente lo alertaron. Se vio a si mismo corriendo como alma que lleva el diablo –como decía tía Hermione, una curiosa expresión muggle- hacia la persona que había caído. Bueno, sus genes heroicos potter estaban allí después de todo.
Scorpius cerró los ojos ante el impacto del golpe, no había sido una gran altura, pero había sido suficiente para dejarla aturdida por un par de minutos. Así que cuando una mano enguantada y cálida tomó una de sus manos y la ayudó a ponerse de pie.
— ¿Oye, estás bien?—pero oh rayos, cuanta mala suerte podía tener para que fuera, justamente, Albus Potter su salvador. Merlín, su padre sufriría un soponcio si ella le contaba aquello.
Demonios, pensó Albus al ver los ojos grises que tantos problemas ya le habían traído mirarlo algo idos.
—Gracias—La rápida respuesta de Scorpius hizo que lanzara un suspiro, tenía el rostro rojo y la mejilla un poco raspada, Albus tuvo la imperiosa necesidad de limpiarla con su mano como solía hacer con Lily, pero se contuvo. Malfoy no era su hermanita, hacer eso sería extraño.
—No hay problemas—y sólo entonces se dio cuenta que aún no había soltado la mano de Malfoy, lo hizo al instante y giró su mirada, enfocando de refilón la casa que había querido ver— ¿qué hacías sola aquí?
Dijo más por reflejo que por otra cosa, no era normal ver a alguien allí, según palabras del mismo James.
—Quería ver un fantasma—la respuesta descolocó bastante a Albus, para ver fantasmas simplemente ir al comedor de la escuela…
—¿Perdón..?
—No como el varón sanguinario—se apresuró a corregir, y Albus pudo apreciar el rostro sonrojado de Malfoy, suponía mitad por el frío y mitad por el golpe contra la nieve. Quizá un poquito por a la vergüenza, aunque vaya a saber Merlín—un fantasma de esos que no se ven.
Albus la miró extrañado y Scorpius le devolvió una mirada afilada, como si no pensara explicarse más.
—Nunca había escuchado de ellos—dijo separándose de ella y comenzando a subir por la colina, quedando lo más cerca que podía de la casa.
—Pues son reales—había dicho, aunque Scorpius no pensaba contarle la historia que con tanto recelo su padre le había confiado. Después subió, esta vez con más cuidado, y terminó detrás de Albus.
Ambos miraron largamente la casa más embrujada de Londres.
—Deja de mirar la puerta y concéntrate—Samantha, la hija de Blaise Zabini y Pansy Zabini, amigos de sus padres en la escuela, le habló con tono mandón y con retintín—Queda menos de una hora para ver a Scorpius, y aún no termino mis compras.
Recordaba que su padre le había dicho que fuera amable con las niñas, como todo un caballero que se precie. Aunque Berlioz no estaba tan seguro de si ser el cargador de bolsas de Samantha Zabini contara como un acto de caballerosidad en sí mismo, de cualquier manera, pensaba que no podía negarse.
Así que sin otra opción, suspiró y asintió.
— ¿A qué tienda ahora?—preguntó mientras seguía a la muchacha que ya iba a pagar.
—Quiero un par de libros, y después podemos ir a las tres escobas.
Nott deseo como nunca que el día terminara, y por algún motivo deseó que en lugar de Samantha, fuera Malfoy quien lo acompañara en ese momento. Al menos ella, no le hacía cargar sus cosas.
Albus había lanzado un suspiro minutos después, cuando ya hubo considerado que había pasado mucho tiempo observando aquella casa. No podía intentar saltar la extraña cerca con Malfoy allí, quizá luego le preguntaría a James sobre esa entrada cerca al sauce.
—Estuviste bien en la selección.
La acotación salida de Malfoy lo turbó por unos segundos, ¿qué?
— ¿Disculpa?
—Para el partido de quidditch—dijo rápidamente, aclarando—Berlioz me dijo que quedaste seleccionado. Felicitaciones.
Oh vaya, ella quería… iniciar una conversación.
Morgana, Scorpius se sintió tonta de pronto, sólo había dicho aquella tontería porque el ambiente estaba demasiado pesado, y ya había perdido la esperanza de ver al tan mentado ente que había atacado a su padre. Pero Albus Potter no parecía muy dispuesto a responderle.
Cuando estaba a punto de soltar una frase de despedida y emprender una elegante retirada, Potter le respondió.
—Gracias, no sabía que fueras amiga de Nott.
—Oh bueno—dijo entonces, más calmada, al tiempo que giraba y pensaba emprender el camino hacia las tres escobas, ya era un poco tarde—su padre y el mío son amigos.
Albus asintió y curiosamente comenzó a caminar junto a ella, el camino hasta las tres escobas le pareció mucho más largo de lo que había esperado.
Ambos entraron juntos, pero tan pronto divisaron a sus respectivos grupos de amigos, se despidieron con un simple asentimiento y sin mediar palabra.
Sam miró su mejilla roja con expresión horrorizada, no le dio mucha importancia pues Madame Pomfrey podía darle una pomada para ese raspón. Berlioz lanzó una mirada suspicaz a la mesa de Potter pero ella no le dio mucha importancia.
Albus por su parte recibió sendas miradas incrédulas de sus amigos, como interrogándole sin palabras qué rayos hacía caminando con Malfoy.
Él no les hizo mucho caso, y se apresuró a tomar la cerveza de mantequilla que sus amigos habían pedido para él.
Esa noche Harry miró entre divertido y preocupado la carta que Albus le había escrito, hablaba de las clases de adivinación, las extrañas predicciones de Trelawney y el incidente en la casa de los gritos.
Parecía que los Malfoy eran una constante en la vida de los Potter, Merlín.
Algo le decía que la siguiente salida con Draco –que había dejado de ser Malfoy en algún punto meses atrás- tendría que aguantar el ánimo del diablo del rubio. Porque estaba seguro, que el apodo de futura señora Potter no le caería para nada bien.
Notas Finales: El tercer año ya empezo, visitas a Hosmeadge y la casa de los gritos. Por cierto posiblemente se nombre el torneo de los tres magos en los capítulos que vienen. Sólo nombrar, claro lol.
Ahora -huye a estudiar para patologia
