Título: La futura Señora Potter.
Resumen: A James no le gustaba la idea, Lily parecía encantada de tener al fin alguien con quien mantener "charlas de chicas", Harry simplemente se preguntaba cómo rayos sobrellevaba Malfoy tener en casa a la tan mentada Futura señora Potter. Al/Scorp Genderbender.
Advertencias: Genderswap. Que lo haya hecho yo. ¡Va sin beta! Insinuaciones de Drarry .
Disclaimer: Definitivamente no soy JK.
Notas iniciales: Escrito como un regalo para una de mis mejores amigas del fandom –y en general- Silky, tú siempre me pides regalos raros –este no podía ser la excepción- pero va con cariño –lee con cuidado que en mi cabeza aun van dando vueltas los hongos de microbiología.
La futura Señora Potter
Draco inhaló un par de veces, y luego dejó salir el aire que había estado manteniendo en sus pulmones. El ambiente cálido del gran salón de la mansión Malfoy era agradable, pero en ese momento no se sentía ni un poco cómodo.
—Vamos Draco, controla un poco tu lengua—el tono irónico de Harry, quien ahora estaba sentado frente a él, no pasó desapercibido para él, pero no le importó mucho.
—No molestes Potter—en algún momento de esa extraña amistad, Potter había comenzado a dirigirse a él con su nombre de pila, e incluso había insinuado que él debería ya tener el mismo trato para con el niño que vivió, pero Potter tendría que esperar mucho si esperaba que él lograra abrirse así para un idiota gryffindor.
La molestia que la visita de un muy divertido Blaise le había causado aquella tarde aún no pasaba.
—No es la gran cosa.
—Lo que sea, Potter—Draco lanzó un pequeño suspiro y estiró la mano hasta la pequeña mesa ratona que se situaba entre amos, tomando un vaso de wisky de fuego y llevándoselo a los labios sin muchas contemplaciones—De cualquier manera Trelawney siempre ha sido una persona desquiciada.
La pequeña risita que escapó de los labios del otro hechizero sólo hizo que el ardor en la boca de su estómago se acrecentara, siquiera insinuar que su hija se casara con el hijo de Potter hacía que quisiera lanzarle una imperdonable a alguien, aunque lo que más le sorprendía era el hecho de que el hijo de Potter fuera el otro implicado era lo que menos importancia tenía. La sola idea de Scorpius casándose algún día, era lo que más lo enfurruñaba.
—Quien diría que eras de los sobreprotectores—Potter parecía divertido, el contenido de su vaso había desaparecido tan rápido como el suyo propio. Draco no estaba muy seguro de porqué había invitado allí al chico dorado en primer lugar, se dijo vagamente que realizarse el hechizo glamour cada vez que tuviera deseos de salir era tedioso, pero algo en el fondo le decía que esa excusa no era del todo cierta.
—No tientes a tu suerte.
—Oh, nunca lo intentaría—pero el tono que usó, dejaba en claro que era otra de esas bromas de ese sentido del humor que Draco no sabía que Harry ostentaba. Demasiado Slytherin, había pensado.
Harry terminó el quinto o quizá el sexto vaso de wisky de aquella noche, la expresión frustrada de Draco era algo que quería grabar en su mente como una de las experiencias más cómicas de su vida, James no dejaba de burlarse del pequeño Albus por su incidente en la clase de adivinación, incluso había recibido una carta de las patas de Amadeus, la lechuza de Albus, quejándose de las constantes burlas de su hermano y de algunos de sus amigos.
Draco había comentado vagamente que, su hija no le había mencionado palabra alguna, de seguro ignorando la predicción de la profesora. Pero Zabini, quien aún era uno de los pocos amigos cercanos de Malfoy, había ido a burlarse jocosamente gracias a la carta de su hija mayor, quien sabía por boca de Albus era la mejor amiga de la heredera Malfoy.
— ¿Y cómo van los negocios?—finalmente había decidido cambiar de tema, hablar con Draco era más divertido de lo que alguna vez hubiera pensado, y no quería pasar el resto de la noche en silencio y escuchando los murmullos molestos del rubio.
—Buena salvada, Potter—Draco le dedicó una de esas miradas marcas Malfoy que tanto le había dado en el pasado, sólo que ahora el veneno que venían con ellas no estaba presente—Hay muchos posibles socios en Francia—los labios de Draco se posaron en su vaso, y dio un largo trago—aunque en Bulgaria también.
— ¿Siempre has tenido esa afinidad por Francia, no?—Harry le miró por sobre el vaso
—París tiene mejores aires que Londres, quizá sería buena idea pasar más tiempo con Scorpius allí.
Esa última frase salió más como un susurro que como una oración, Harry supuso no erróneamente que quizá no había esperado que él la escuchase. Y por un segundo, el tono de voz con el que Malfoy hablaba se le antojó mucho más cansado de lo que había estado percibiéndolo hasta ese entonces.
Harry había mantenido correspondencia con Neville durante mucho tiempo, con la amistad que los unía desde la escuela acrecentada con los años, le había comentado que la navidad pasada la chica la había pasado en el castillo y si no recordaba mal por aquellas fechas Hermione, trabajadora del ministerio, le había comentado de un viaje de la familia de Draco a los estados unidos –claro, cualquier movimiento de aquella familia fuera del país tenía que ser declarada con mucho tiempo de anticipación ante el ministerio.
Harry suspiró y creyó comprender entonces lo que Draco sentía en esos momentos, era suficiente con que cada año se llevara parte de la vida de sus hijos únicamente estando en la escuela, todos los padres, suponía, sentían que se perdían parte importante del desarrollo de sus pequeños mientras estaban entre los muros de Hogwarts. Y para Draco, que tenía que dividir su vida entre Londres y sus negocios en el extranjero quizá lo era un poco más.
—Sabes que eres un gran padre, Draco—no supo muy bien porqué lo dijo, pero la mirada que Draco le dedicó en ese momento, un tanto brillante quizá gracias al alcohol también, hizo que un calor extraño se sentara en la boca de su estómago.
En cualquier otra ocasión, Draco le hubiera dedicado un par de palabras malsonantes y una mirada férrea a Potter, y luego aclararle que él no necesitaba su aprobación o algo por el estilo.
Pero en ese momento, la afirmación de Potter… Harry, con esa sonrisa sincera y sus ojos límpidos, sin señal alguna de lástima acabaron por matar cualquier frase que hubiera querido nacer de sus labios.
Simplemente se quedó en silencio, como en un mudo agradecimiento.
Diciembre llegó muy rápido para Albus, cuando ya se quería dar cuenta estaba nuevamente en casa, en la tan afamada cena de navidad en la madriguera.
—Y pociones es la mar de divertido—Albus puso los ojos en blanco ante la afirmación de Lily, su padre había dicho que había heredado aquella habilidad de su abuela, con quien compartía nombre.
—No eres nada normal, hermana—James le dedicó una mirada afilada y se metió más comida a la boca, Albus lanzó un bufido, quizá lo único que él y su hermano mayor compartían además de la sangre era su odio por esa materia.
—Exageran, no es tan mala—Rose se llevó uno de sus largos rizos pelirojos atrás de su oreja y sus ojos castaños brillaron con gracia—aunque no sea de mis favoritas.
Aunque la muchacha se parecía mucho a su madre físicamente, obviando en color de cabello, no estaba muy interesada en las materias teóricas que impartía la escuela, más entregada al igual que su padre a los deportes.
Hugo soltó un pequeño bufido, mientras terminaba la ensalada de su plato, y Hermione le dedicaba una pequeña sonrisa condescendiente al menos de sus hijos, quien ciertamente si había heredado su amor por los libros.
—No nos contaste cómo había sido tu inicio de curso, querido—instó entonces Molly mirando al más pequeño de sus nietos, incluso un poco más bajo que Lily.
Hugo le dedicó una pequeña sonrisa a su abuela.
—Muy normal, soy compañero de pociones de uno de los gemelos Scamander, Lorcan.
—Los hijos de Luna—Ron sonrió con gusto, aunque se ganó la mirada reprobadora de su mujer por hablar con la boca llena—curiosos esos muchachos.
—Hijos de Luna, qué esperabas—George ahogó una risa y recibió un codazo de su mujer.
Hugo elevó una ceja, como si no llegara a entender del todo el comentario de su tío.
—Pues a mí me parecen divertidos—Louis, el único hijo de Fleur y Bill que estaba presente en la reunión sonrió encantado. Sus hermanas mayores no habían podido presentarse, Victoire llegaría más tarde pues estaba en una visita a San Mungo y Dominique estaba fuera del país en una audición para un equipo de Quidditch.
— ¿Y tú, Lily?—Arthur, sentado en la cabecera de la mesa, señaló a la pequeña Potter.
Ella por su parte, tragó lo que tenía en la boca, y sonrió a su abuelo con todos sus dientes blancos.
—Bien, aunque algo aburrido—concedió al tiempo que dirigía una mirada inquisitiva a sus dos hermanos—Sigo esperando a que Albus me presente a su novia y yo pueda aprender un poco más de pociones, no sé porque tanto odio le tienen, es genial.
El sonido de un par de voces ahogadas fue lo que se escuchó inmediatamente después.
— ¿Cómo que novia?—Harry, que casi se había atragantado con la ensalada, miraba a su hijo con una ceja alzada. Albus no había mencionado nada de chicas en su carta. ¡Apenas tenía trece años!
Los demás niños en la familia ahogaron sendas carcajadas, Hugo rodó los ojos y Rose codeó a Albus con fuerza.
— ¡Cierto!—James parecía muy divertido por la cara de espanto que Albus tenía en ese momento
— ¿Novia?—Preguntó entonces Ginny riéndose a costa de su hijo mediano, James no tardó en explicar el rumor que había aparecido en Hogwarts gracias a la clase de adivinación, algunos rieron ante la mala suerte del pequeño Potter, otros como Hermione simplemente desmerecieron a la adivinación, y otros tantos fruncieron el ceño ante la sola mención del apellido Malfoy.
Albus, por su parte, sólo quería que todo aquel circo terminara.
Pero mucho no ayudó, que al momento de entregar los regalos de navidad, hubiera una tarjeta dirigida para él, con la trabajada caligrafía de Scorpius.
"Gracias y feliz navidad, Potter"
—Increíble que toda su generación haya crecido tanto—La voz de Molly sonaba sentida y cargada de cariño, al igual que la mirada que se enfocaba en una foto de la gran familia que ahora tenían ubicada sobre la chimena
—Todos—accedió Arthur, ahora únicamente los adultos sentados en la comodidad de los sofás que rodeaban el crepitante fuego—han creado familias maravillosas.
Harry pudo haber jurado escuchar la voz del Sr Weasley quebrarse un poco ante la última inflexión, quizá recordando a Fred y sintió un nudo en su estómago.
—Incluso Malfoy lo hizo, quién pensaría que habría una mujer tan loca como para querer pasar su vida con el hurón—la voz de Ron llegó a sus oídos y no puedo hacer nada para evitar fruncir el ceño, la mención del apellido Malfoy durante la cena había caldeado los ánimos de Ron.
—Ronald—Hermione le dedicó una mirada seria, su esposo no hizo más que bufar y murmurar algo con mala expresión.
La señor Weasley puso una expresión parecida, y prefirió cambiar el tema para evitar entrar en aguas peligrosas, Harry se preguntó internamente de donde nacían esas ganas extrañas de defender el honor de Malfoy que antes creía inexistente.
Pero se dio cuenta de que no podía hablar de la antigua esposa de Malfoy, Astoria no era un tema del cual ellos trataran, aunque después de pasar tanto tiempo juntos se había enterado del divorcio, nunca había sabido las razones.
Cuando Albus volvió a la escuela, se llevó una grata sorpresa al darse cuenta de que no muchos cursaban aritmancia, nunca antes le habían gustado los grupos grandes.
Aunque eso no ayudó a que la clase le agradara, pues gracias al idiota de Parkinson, había llegado tarde el primer día.
La maestra le dedicó una mirada severa, pero no tuvo mucho tiempo para sentirse avergonzado, pues en ese momento alguien chocaba contra él.
La rápida disculpa de Malfoy llenó el ambiente, al tiempo que él le dedicaba una mirada horrorizado, ¿es que todas las clases las iba a llevar con ella?
La maestra Bentz lanzo un pequeño bufido, irritada, y después de restarle veinte puntos a la casa de Slytherin les ordenó sentarse juntos, pues las demás parejas ya estaban formadas.
Albus se sentó en la mesa más alejada del frente de la clase, otra desventaja de llegar tarde. Ahorcaría a Derek cuando lo tuviera frente a él.
Pasó su mirada rápidamente por la clase, tratando de encontrar rostros conocidos, pudo distinguir en la primera mesa la cabellera imposiblemente negra de Berlioz y tres mesas más allá la sonrisa condescendiente de Aria Pucey, una muchacha que jugaba como cazadora en el equipo de ravenclaw y era hermana menor de uno de los propios miembros de Slytherin.
Luego escuchó el sonido de la voz de Malfoy murmurando un par de palabras ininteligibles a su lado, claramente molesta, y supo que ese año sería más largo de lo que le gustaría.
Scorpius abrió el grueso volumen sobre la mesa y miró a Berlioz con ojos brillantes.
—Arcturus—dijo señalando una página.
Berlioz se acercó un poco más y observo las hojas del libro que acababa de prestarse Scorpius de la biblioteca, ambos sentados en la sala común con el fuego de la chimenea ardiendo junto a ellos.
— ¿Te gustan mucho los nombres de estrellas, verdad?
Scorpius asintió con una pequeña sonrisa decorando sus labios y Berlioz dibujó una pequeña mueca.
—No creo que a mis padres les guste, después de todo el medimago dice que será una niña.
El primogénito de los Nott le había comentado que su hermanita nacería pronto, e incluso infantilmente había insinuado si Scorpius conocía algún nombre que le pareciera bonito.
Ella había hablado mucho con su abuela Narcissa en el pasado, y sabía de la tradición Black de poner nombres de constelaciones, y aunque en ella misma la sangre Black no estuviera presente más que como un requicio, la idea de la tradición le parecía adorable.
Y el nombre Arcturus siempre le había gustado, infantilmente pensó que si algún día tenía un hijo le gustaría llamarlo así.
—Siempre podemos pensar en algún otro—le dijo y por un momento casi pensó ver una pequeña sonrisa en el rostro siempre estoico de Berlioz, pero rápidamente eliminó ese pensamiento de su mente.
Scorpius había estado más que segura de las clases que había elegido ese año, incluso de aritmancia donde tenía que compartir mesa con Potter.
Pero por primera vez en el año, cuando vio el extraño animal que Hagrid sostenía entre las manos, pensó que había tomado una muy mala decisión al optar por aquella en específico.
—El proyecto de este año será la crianza de un escreguto de ola explosiva—el guardabosques levantó una extraña cosa en forma de langosta, con una larga hilera de dientes que se movía de un lado a otro intentando escapar, mientras el gran hombre lo acariciaba como si fuera un bebé.
Scorpius no escuchó las palabras que siguieron, el color había abandonado su rostro y se sentía repentinamente mareada.
— ¿Scrop?—Samantha la movió un poco por los hombros, luciendo tan asqueada como ella misma.
— ¿Qué se supone que es eso?—dijo con tono agudo, oh merlín, no pensaba tocarlo.
—Los criarán hasta que midan al menos dos metros, después me encargaré yo—dijo el guardabosques orgulloso—formen parejas, les entregaré uno a cada par.
Scorpius sintió los rezagos de su desayuno dar vueltas en su estómago varias veces, oh maldita sea.
Albus tomó al pequeño animal, o lo que sea que fuera entre sus manos enguantadas, un pequeño agijón en su cola demostraba que era macho.
—Ah, qué diablos es esto—Derek frunció el ceño mientras picaba con su índice al pequeño animal que no dejaba de moverse de un lado a otro.
Albus negó con la cabeza, su padre no había mentido al hablarle de lo pintoresca que podían ser las clases del guardabosques, como que comenzaba a arrepentirse de haberlas tomado.
—No tengo idea—algo así como un gruñido abandonó la boca del animal—pero creo que tiene hambre—y rápidamente intentó ponerlo en las manos de Derek, pero este se lo devolvió con un ademán asqueado. De fondo la voz de Hagrid hablando acerca de lo hermoso que eran esas cosas extrañas era opacada por un par de grititos de las chicas de la clase.
—Ni se te ocurra, Potter—Parkinson le dedicó una mirada filosa, pero pronto ahogó una risita—Oh merlín, mira la cara de Samantha, parece que quiere devolver el desayuno.
Albus giró el rostro tratando de alejar al escreguto lo más que podía de su cuerpo, el rostro descompuesto de Zabini que intentaba hacer lo mismo con un animal parecido al que él tenía en manos, solo que sin el aguijón.
Eso sumado a la cara más pálida de lo normal de Malfoy hizo que él también soltara una risita. El animal lo mordió y no pudo evitar soltar una maldición.
Aritmancia no era una materia fácil, pero a Albus le agradaba, a pesar de tener una pareja en la clase los trabajos que se les encomendaba para realizar de dos no eran muchos.
Aunque eso no afectaba el hecho de que pensase que Malfoy lucía más estresada de lo normal, él mismo se había dado cuenta de la facilidad de la muchacha para esa matería, no entendía el porqué de su repentina palidez.
Bueno, no hasta que la vio leyendo unas notas sobre cuidado de criaturas mágicas bajo la mesa mientras la maestra Bentz explicaba algo en el pizarrón.
—Oye—y no estuvo muy seguro de porqué lo hizo, quizá simplemente quería que su compañera dejara esa expresión de eterna consternación por que se le antojaba algo aterradora—Si realmente necesitas ayuda en esa clase… Derek y yo podríamos ayudarlas.
La mirada cargada de sorpresa de Malfoy no se compararía con el golpe que Derek le regalaría cuando se enterara de lo que Albus había ofrecido.
Trabajar con Potter y Parkinson era extraño, o eso pensaba Scorpius.
Con potter había tenido trato antes, o algo así, al menos se habían dirigido un par de palabras, así que se sorprendió cuando se ofreció a ayudarla con algo tan desagradable como lo era la clase de Hagrid, pero Scorpius odiaba tanto a ese animal que debían cuidar que no lo pensó dos veces antes de aceptar. Por otro lado, Derek Parkinson podía ser el sobrino de su tan adorada madrina Pansy y el primo de Sam, pero no se parecían en nada.
Y como él parecía tratar de ignorarla, y dedicarse únicamente a intentar matar con la mirada a su prima y alimentar a los pequeños engendros que el maestro trataba como bebés, ella decidió que por su salud mental haría lo mismo.
Sam en la noche estaría enfadada con ella por haber aceptado la ayuda de, en sus palabras, un par de idiotas sin cerebro, pero sabía que internamente le agradecía que ya no estuvieran solas intentando criar a ese intento de langosta.
La primera vez que Scorpius recordara haber recibido un abrazo de alguien que no fuera de su familia, o Samantha, fue una mañana durante su tercer año en Hogwarts.
Desayunaba en medio de Samantha y Berlioz, Sam leía un libro extraño para clase de encantamientos y Berlioz acababa de recibir una carta hacía pocos segundos y se encargaba de leerla.
Scorpius le dedicó una mirada larga, y cuando los ojos de ambos hicieron contacto, lo siguiente que supo fue que su cuerpo estaba rodeado por los brazos del muchacho. Un pequeño estremecimiento recorrió su espina dorsal y no supo muy bien porqué.
Pero cuando las palabras emocionadas de Nott llegaron a sus oídos, dejando atrás ese jadeo cadencioso que siempre tenía, una calidez nació en su vientre.
"ya nació"
Le dijo, para luego separarse de ella, y el brillo en los ojos negros de su compañero hizo que ella misma dibujara una sonrisa.
Su sueño siempre había sido tener hermanos, así que podía entender la emoción de Berlioz al saber que su familia tenía un nuevo miembro más. Anne Marie Nott, la segunda hija de Theodore y Millicent Nott.
—No puedo creer que realmente crecieran tanto—Samantha y Albus, quien en algún momento del año había dejado de ser Potter, medían a los dos escregutos con sendas miradas disgustadas.
Derek rió.
—y aún siguen siendo "bebes"—dijo tratando de imitar el tono de su maestro, ganándose una mala mirada de parte de Albus.
—Al menos esto ya está por terminar.
Dijo Scorpius sintiéndose aliviada por primera vez desde que había empezado a cursar aquella materia, aceptar la ayuda de ese par había sido la mejor decisión que había tomado nunca.
Metros más allá Berlioz y MgSteven trataban de alimentar a su escreguto fallando miserablemente, causando que el maestro los reprendiera, diciendo que tenían que actuar de manera más cuidadosa.
—Albus—Rose Weasley se acercó al grupo, compartían esa clase con la casa de Gryffindor, pero esa era la primera vez que Scorpius recordara la peliroja le hablara su primo— ¿vienes un minuto?—le preguntó sonriendo abiertamente.
Scorpius le dio una larga mirada a los dos primos, solo alejando su mirada cuando Samantha le dio un pequeño y disimulado golpe.
— ¿Por qué pones esa cara?—le preguntó, pero rápidamente su atención se desvió hacia su propio primo—Agh, deja de levantarlos, ¡los pondrás de mal humor!
Scorpius ahogó un suspiro, últimamente se sentía un poco extraña.
Cuando los exámenes finales terminaron y la ceremonia de clausura llegó, Albus estaba más que molido. El quidditch podía ser gratificante, pero era un gasto de energía inmenso.
Y no ayudaba mucho que el último partido lo hubieran perdido vergonzosamente, James nunca dejaría de molestarlo con eso, menos cuando eso les había costado la copa de Quidditch de ese año.
Oh pero ellos se lo habían devuelto ganando la copa de las casas, por un pequeño margen de diez puntos que se encargaría de restregarle en el rostro al mayor de los Potter todo lo que quedaba del verano.
La risa de Jhon y Samantha inundó el ambiente, de alguna manera extraña la muchacha que ya no le dedicaba tantas miradas asesinas como antes y su amigo nacido de muggles habían comenzado a llevarse bien, y hasta compartían el mismo acido sentido del humor.
Su "grupo de amigos" parecía haber crecido
Albus sonrió.
Derek le dio un golpe en el hombro y se adentró en el compartimento del tren con una sonrisa divertida, Albus no entendía como ese muchacho podía tener esa mueca siempre.
Este año su hermano mayor parecía más inmiscuido en alardear con sus amigos del equipo que en molestarlo, así que aprovecharía para pasar el viaje de regreso para descansar sus aún adoloridos músculos.
Cuando estaba a punto de entrar, y hacer oídos sordos ante la nueva pelea de Derek y Jhon, la voz de Scorpius saludándole desde el pasillo llamó su atención, y la pequeña sonrisa que le dedicó no pasó desapercibida por él.
Tampoco por Lily, que curiosamente se encontraba metros más allá, dispuesta a preguntarle algo a su hermano mayor.
Harry tomaba el té con Ginny, su ex esposa le hablaba sobre el nuevo artículo que tenía pensado escribir para el profeta, sus hijos estaban en el jardín, en un improvisado partido.
—Y cómo te decía…—pero la mujer no pudo terminar la frase, pues una lechuza entró por la ventana abierta en ese momento, parándose en la mesa, justo en medio de ambos— ¿Qué es eso?—Ginny le dedicó una mirada extrañada, Harry se encogió de hombros.
Tan pronto tomó la carta, la lechuza le dio un picotazo, y salió del lugar tan rápido como llegó.
Ginny reprimió una risita, pero a Harry no le hizo gracias.
Y menos gracia le hizo leer la caligrafía de Draco amenazando con cruciarlo si su familia convertía a su hija en una fanática más del quidditch, como lo era su ex mujer. Al parecer Scorpius se había pasado la temporada de vacaciones hablando sobre el mentado deporte, aunque Harry no entendía muy bien dónde encajaba él en todo aquello.
Quizá sólo era la costumbre de Draco de achacarle todo los males del mundo a su persona.
Notas Finales: Cuarto año se acerca /o btw, ¿el nombre Arcturus para un bebé les agrada? lol
Por cierto, gracias a Itsumi minamino y a Noemi Cullen, al ser guest no les puede responder, pero las adoro por comentar. ;v;
