Título: La futura Señora Potter.

Resumen: A James no le gustaba la idea, Lily parecía encantada de tener al fin alguien con quien mantener "charlas de chicas", Harry simplemente se preguntaba cómo rayos sobrellevaba Malfoy tener en casa a la tan mentada Futura señora Potter. Al/Scorp Genderbender.

Advertencias: Genderswap. Que lo haya hecho yo. ¡Va sin beta! Insinuaciones de Drarry .

Disclaimer: Definitivamente no soy JK.

Notas iniciales: Escrito como un regalo para una de mis mejores amigas del fandom –y en general- Silky, tú siempre me pides regalos raros –este no podía ser la excepción- pero va con cariño –lee con cuidado que en mi cabeza aun van dando vueltas los hongos de microbiología.


La futura Señora Potter

Cuando Scorpius hubo terminado su tercer año, Draco no habría podido estar más feliz, aunque su expresión siempre estoica no lo demostrara cuando fuera por ella al a estación.

—Padre.

Ella lo saludó como siempre, con una expresión elegante y una pequeña sonrisita decorando sus labios. Había crecido ya un par de centímetros más desde la última vez que le hubiera visto y sintió un pequeño agujero formarse en su estómago al sentirse tan fuera de lugar en la vida de la muchacha, que parecía estar creciendo sin él poder observarla, vagamente se preguntó si su madre –por que dudaba que su padre lo hubiera hecho alguna vez- se había sentido así también cuando él estaba en la escuela.

—Vamos, Scorpius.

Le dijo con tono solemne al tiempo que con un floreo de varita movía el baúl que levitaba cerca de su pequeña. A su derecha la hija mayor de Pansy y Blaise le dedicó una sonrisa y asentimiento de cabeza, para luego correr hasta donde su padre, aún con el traje del ministerio, la esperaba.

Un pop se escuchó junto a ellos y un elfo doméstico trasportó las cosas de la heredera Malfoy hasta la mansión.

Ambos caminaron hasta el punto de aparición, y con la pequeña Scorpius firmemente afirmada a su brazo, Draco se apareció en la mansión.

—Draco, Scorpius—Narcissa ya los esperaba en el salón principal, con una encantadora sonrisa decorando sus finos rasgos—Los estaba esperando.

Y así, una agradable cena dio inicio.


—Este año ganamos la copa de las casas—la dulce voz de su hija llegó hasta sus oídos, como una agradable conclusión luego de relatarles a grandes rasgos cómo había transcurrido su año escolar. Draco, desde la cabecera de la mesa, le sonrió con un deje de orgullo a la pequeña rubia que comía frente a su abuela. Pero la siguiente frase que soltó hizo que elevara una ceja en clara señal de duda—Aunque perdimos la copa de quidditch.

Sin embargo, Narcissa fue la primera en hablar.

— ¿Quidditch?—preguntó con una pequeña mueca, con la nariz un poco arrugada—¿No sabía que estuvieras interesada en el deporte.

Y no, se dijo Draco mentalmente, como quien gritaba ahogadamente. ¡Su hija no estaba interesada!

—No exactamente—agregó Scorpius algo azorada—Pero es interesante, ver los entrenamientos, digo.

—Ahá—la animó Narcissa a continuar.

—Además—continuó entonces su hija—Berlioz juega, el me escucha cuando le hablo de constelaciones y yo a veces le veo jugar.

Draco dejó escapar un poco de aire, oh sí el hijo de Theodor, chico listo pero algo raro. Un pequeño pinchazo de mal gusto lo atacó, como si esa no fuera la idea completa.

—Igual que el hijo de Potter, no es así.

Y su madre, que era la única que sabía acerca de la rara amistad entre él y Harry hizo esa muequita tan característica suya que normalmente no auguraba nada bueno, al menos no para Draco.

—Oh sí—dijo entonces su hija, con una amplia sonrisa. Oh el punzó se sintió de nuevo—Padre tenía razón, cuidado de criaturas mágicas es una materia ridícula—bufó, con la expresión de desdén que sin duda había heredado de él—Pero Albus es buena en ella, así que no está tan mal.

La cena continuó sin más que conversaciones banales, Narcissa diciéndole a Scorpius después de darle una larga mirada que tenía que hablar con ella de un tema muy importante, y Draco pensando cuándo era que el hijo de Potter se había convertido en Albus.


Scorpius amaneció el primer día de vacaciones con una sensación extraña en el cuerpo, como si algo le dijera que estaba por ocurrir un evento importante.

Y cuando su abuela apareció en la puerta de su habitación con una prenda que ya había visto en su habitación en Hogwarts un año antes, supo que no se equivocaba.

Aun cuando la explicación de su abuela hubiera sido buena –y en algunos casos de higiene demasiado detallada para su gusto- Scorpius logró finalmente hacer lo que le enseñaban ella sola.

Cuando Narcissa hubo dejado la habitación, se preguntó cómo rayos hacía Sam para usar sujetador desde el año pasado.


La primera vez que puso un pie en aquella extraña tienda Draco se sintió un poco fuera de lugar, no había olvidado la conversación que hubiera tenido con el ridículo Potter –sí, de nuevo había vuelto a ser Potter- Porque su hija, quien había comenzado a tomar la sección de deportes del ridículo El profeta siempre hablaba de lo mucho que Albus se parecía a uno de los nuevos jugadores de los Chuddley Cannons.- Y la había decidido llevar a París, a tomar unas cortas vacaciones antes del inicio del nuevo curso en Hogwarts.

Cuando se hubieran aparecido en el gran boulevar de tiendas que tenía para ofrecer el París mágico, Draco recordó sus viejos deseos de enviar a su pequeña a Beuxbatons, pero no tuvo mucho tiempo de reparar en ellos pues Scorpius ya lo arrastraba a una tienda de accesorios.

Frunció el ceño cuando reparó en un par de ganchos en forma de estrella que destellaban con polvo brillante escapando de ellos, demasiado extravagante.

Scorpius observaba maravillada unas pulseras, murmurando algo así como que Samantha había estado hablando de ellas meses antes.

Finalmente dejaron la tienda con sólo un par de compras, un colgante con forma de estrella brillante que Scorpius pensaba regalarle a su mejor amiga, y una vincha para el cabello bastante sobria. Draco sonrió, sin duda su hija tenía el buen gusto de un Malfoy.


Las semanas que pasaron en Francia fueron más que memorables, pensó Draco. Hacía mucho que no pasaba un poco de tiempo a solas con su hija. Aunque se culpaba una y otra vez por pensar en Potter en los momentos más inoportunos, como cuando estaban en algún restaurante disfrutando de un poco Baeckeoffe y Draco reía mentalmente pensando que Harry encontraría gracioso comer algo que no puede ni pronunciar bien, o cuando en una visita al ministerio de magia francés para solicitar un traslador se topa con el jefe de aurores no puede evitar pensar si Potter no habrá hecho alguna estupidez que le haga arriesgar la vida.

Incluso cuando acompaña a Scorpius a uno de esos extraños salones de belleza, para cambiar un poco su estilo de cabello, que ahora si bien era un poco más largo ahora tenía ese flequillo que él mismo había llevado en su cuarto año, pensaba en la espesa e indomable cabellera de Potter, que parecía nunca estaría en su lugar ni aún con un buen corte de cabello.

Oh por merlín. Maldito Potter.


Quizá era porque había pasado toda esa temporada con ella, y haciendo compras sin parar en las calles parisinas, pero Draco no había reparado en el estirón que su hija había dado hasta que faltando pocos días para el inicio del nuevo curso, se dio cuenta de que su uniforme ya no le ajustaba correctamente.

—No, no—negó un par de veces Narcissa mientras Scorpius la miraba con una mueca de desagrado en el rostro, la túnica se levantaba por sobre sus tobillos, incluso un poco más arriba—Esa túnica ya te queda demasiado corta.

Draco, desde el salón frunció el ceño.

—El uniforme también es pequeño, no puedo creer que hayas crecido tanto en tan pocos meses… aunque a tu padre le pasó igual, así que mucho no puedo decir.

Y ciertamente, Astoria no era muy alta así que dudaba que hubiera sacado eso de ella.

Bueno, realmente… Scorpius no parecía haber sacado nada de su madre.

—Pues tenemos que hacer algo sobre eso—La idea de salir al callejón diagon, más aún con Scorpius no le parecía nada atractiva. Desde el incidente de la estación la seguridad en la estación King Cross había aumentado, pero el acoso en las calles no había mermado.

Ir hasta la tienda de Madame Malkin no era una idea muy atractiva.

—Siempre podemos usar la Ref floo—agregó Narcissa antes de que Scorpius preguntara el porqué de la expresión malhumorada de su padre, ella sabía a grandes rasgos un poco del porqué la gente actuaba como actuaba, pero no sabía hasta donde las personas eran capaces de llegar. Y ella, al igual que su hijo, quería ahorrarle cualquier tipo de sin sabor a la niña.

Draco dio un gruñido de aprobación, y horas después el nuevo patriarca Malfoy dirigía a las dos féminas con quienes compartía apellido por la chimenea de la mansión.

La visita a la tienda de la bruja fue bastante agradable, la mujer era toda una profesional, que si bien puede no sintiera simpatía alguna por su apellido, los trataba como a cualquier otro cliente.

Y el día habría terminado de manera estupenda, si no fuera porque antes de salir de la tienda por la chimenea de regreso a su hogar, Scorpius le había dicho alegremente que si alguna vez podía llevarla a alguno de los partidos de los Chuddley Cannons, para ver a ese jugador que tan parecido era a Albus.

Y eso fue todo, esa misma tarde el imbécil de Potter recibiría una linda amenaza de mantener las ideas trogloditas de un fanático cualquiera del quidditch lejos de su hija. Y más aún fanática de un equipo tan ridículo como lo eran los Cannons, porque vamos… si la comadreja los apoyaba, sin lugar a duda algo muy malo tenían que tener.


Albus sintió que le quitaban un gran peso de encima, cuando al subir al tren al fin pudo deshacerse de James y su insufrible cháchara de ser prefecto.

Su hermano ya estaba en sexto año y no podía creer que lo hubieran elegido para ser prefecto de su casa, se preguntó si la casa de Godric tenía tan poca cosa que ofrecer como para poner al insufrible de James Sirius en esa posición.

—Es que de verdad, Rose—Albus se restregó los ojos—tú no vives con él, esto sólo le aumentará el ego—dijo ahogando un bostezo.

Rose revoleó lo ojos, Hugo bufó y Lily ahogó una risita burlona.

Ahora sólo los cuatro compartirían compartimento, después de todo James ahora iría con el resto de prefectos.

—Ya Al—Rose, quien lo miraba condescendiente con su rostro tan pecoso como el de su tío Ron, abrió la puerta de una de las cabinas e hizo un movimiento con la mano—entra antes de que te meta allí a base de maldiciones.

—Sí sí—dijo el con un tono falsamente herido, esperando que Lily y Hugo se acomodaran primero, pero antes de poder dar un paso al interior del mismo una voz que había sido bastante común en su día a día el curso pasado lo saludó.

—Buenas Potter—el tono irónico de Samantha Zabini no pasó desapercibido, así que a medio camino de entrar a su cubículo, giró el rostro y le dedicó una mirada punzante, que quedaba bastante menos amenazante en comparación a las de la propia chica. Un niño pequeño de cabellos un poco rizados y piel oscura sostenía su mano y miraba a Albus con ojos curiosos.

—Hola Albus—esta vez fue la muchacha que venía atrás de ella la que lo saludó. Y Albus no recordaba que Scorpius fuera así de alta, o que su cabello fuera así de brillante, o incluso que su sonrisa pareciera hasta bonita.

Él no respondió, solo movió la cabeza, pareciendo un ridículo troll.

Zabini ahogó una risita burlona y entró al compartimiento de enfrente, donde Albus pudo notar que Berlioz leía despreocupadamente con su cabello negro azabache más largo que el curso pasado, Scorpius le hizo una mueca de restar importancia y entró tras su mejor amiga.

La mirada "estupidizada" como luego la categorizaría que su hermano le dio a la heredera Malfoy, no pasó desapercibida por Lily. Sus ojos café brillando con un pequeño dejo de maldad.


La ceremonia de inicio de curso fue un poco curiosa para Scorpius, pues durante el discurso de bienvenida de la directora MgGonagall sintió un par de miradas sobre ella.

No es que eso fuera lo extraño, en esos años de escuela ya estaba acostumbrada a un par de miradas molestas por parte de alguno que otro estudiante, pero en aquella ocasión el sentimiento era algo un poco diferente.

Nunca habían llegado a agredirla, al menos no dentro de la escuela se dijo recordando con desagrado su primer año, y tan solo un par de veces habían lanzado puyas realmente dolorosas, pero ella sabía sobrellevarlas bien. Y también tenía a Samantha, cuando algún idiota intentara propasarse de la línea, en palabras de la misma muchacha.

Así que simplemente prefirió dejarlo pasar.

Cuando el sombrero seleccionador hubo terminado su canción de ese año, los alumnos de primero fueron llamados a la ceremonia.

Scorpius tuvo que tomar a Samantha entre sus brazos para que no le diera un soponcio al ver a su pequeño hermano Thomas siendo enviado a la mesa de los tejones.

Desde la mesa de profesores, su jefe de casa y pociones, el profesor Rubertford les dedicó una mirada sentida a sus dos mejores estudiantes.


Albus miraba con desespero la bola de cristal frente a su mesa, podía escuchar claramente como atrás de él Samantha maldecía a toda la ascendencia y descendencia de la maestra de adivinación, pues tampoco podía distinguir nada en la ridícula bola de cristal que le había dado.

Antes de que pudiera volver a lanzar un suspiro, Derek lo golpeó levemente en el codo.

— ¿Y?—le preguntó alzando una ceja. Albus parpadeó desentendido.

— ¿Y qué?—le alentó.

Derek le dedicó una mirada incrédula.

—Si ya sabes con quién iras la fiesta de Halloween—dijo, como si fuera lo más obvio el mundo. Albus le dedicó una mirada incrédula, nunca antes habían asistido con parejas.

— ¿Es necesario ir con alguien?—preguntó dedicándole una mirada que fácilmente podría pasar por la de alguien enfermo.

—Obviamente—le dijo con una mirada incrédula, que lindaba con la burla.

Albus sintió ganas de golpearlo.

—Pues aún no sé—dijo, restándole importancia. Le parecía algo ridículo buscar una pareja para algo como la fiesta de Halloween, y estaba seguro de que Jhon le daría la razón cuando volvieran se vieran para comer.


— ¡¿Cómo que invitaste a Zabini?!

Jhon tuvo que darle un codazo a Derek para que dejara de gritar, un par de muchachos de otras casas los miraban como si fueran lo más raro del mundo. Albus aún no sabía que decir ante esa revelación.

Jhon sólo elevó los hombros.

—Ella es interesante—dijo simplemente—y pensé que no habría mejor momento para hablar que en la fiesta.

Luego tomó un poco de jugo de calabaza. Albus seguía sin decir nada, ¿acaso no estaban hablando de la misma chica que los solía asustar hacía tan solo… tres años? Wow el tiempo pasa volando.

—P-pero es Zabini. ¡Zabini!

Jhon fulminó a su amigo con la mirada.

—Tiene nombre, es Samantha—luego frunció la nariz—y es tu prima, idiota.

Cuando Derek ahogó un gemido de desesperación sobre sus manos, Albus pensó que tal vez el también debería buscarse una pareja.


La primera clase de aritmancia fue más agradable de lo que pensaba, después de haber practicado un poco en casa durante las vacaciones, todos aquellos números y códigos le parecían fáciles de descifrar.

Por eso cuando Scorpius se sentó a su lado, en un mudo acuerdo de volver a ser compañeros, no le importó mucho pasar la clase un poco distraído porque de pronto reparaba en el rubio cabello de la muchacha. No recordaba que lo llevara arreglado de esa manera antes.


La respuesta para las plegarias recientes de Albus fue respondida después de la primera clase de Aritmancia del año, un golpe en su brazo derecho seguido de una cabellera negra y larga con ojos azules brillantes.

— ¿Qué tal, Potter?—Le dijo Aria Pucey mientras comenzaba a caminar pasillo arriba hacia el gran comedor.

El frotó la zona adolorida y la siguió con una pequeña risa danzando en sus labios. Aria era la hermana menor de William Pucey, el tercer cazador de la casa de slytherin. Su hermana jugaba como buscadora para Ravenclaw.

—Parecías sufrir en clases.

Ella puso una mueca de fingida ofensa.

—Cómo osas—bufó— ¿debo recordarte quién tiene el cerebro aquí?

Y ambos rieron.

Albus observó con cuidado a Aria. Era un poco más bajita que él y tenía una figura delicada, justamente por eso su velocidad en los partidos de quidditch. Ambos apoyaban a las harpías de Holy Head y llevaban las mismas materias, siempre creyó que era una muchacha agradable.

—Oye…—solo esperaba que William no lo mirara mal luego, ya estaba familiarizado con eso de los hermanos sobreprotectores— ¿te gustaría ir al baile de Halloween conmigo?


El 31 de octubre llegó más rápido de lo que Albus esperaba, un montón de alumnos enfundados en túnicas caminaban el largo trecho hasta el gran comedor en un mar de risas y pláticas.

Derek, quien iba con una muchacha de su casa un año mayor que ellos, miraba a Jhon con expresión horrorizada. Jhon simplemente caminaba fuertemente tomado del brazo de Samantha Zabini, quien por primera vez en lo que tenía de vida, no parecía querer matar a alguien.

—Aún no me lo creo—Le susurró Aria con un tonito gracioso, estirándose un poco para llegar a su oído—siempre creí que Zabini odiaba a todos… bueno, a todos menos a Malfoy. Con ella parece llevarse bien.

Albus negó un poco riéndose, no había pensado en Scorpius en un buen rato y quería que se mantuviera así, últimamente todo lo que rodeaba a esa niña era demasiado confuso. ¿no sería algo así como el destino que los Potter y los Malfoy siempre tuvieran alguna clase de tensión entre ellos?

Cuando llegaron a las puertas del gran comedor, la música de Los innombrables sonaba a todo volumen desde algún lugar de la sala, además de la clásica decoración de murciélagos y calabazas.

—Ah este año hay más dulces—una feliz Aria comenzó a llevarlo a la mesa para comenzar a devorar, y albus debería agradecer que su compañera tuviera tal apetito, pues él había heredado uno igual de la rama Weasley de su familia.

— ¡Incluso trajeron tarta de melaza!

Podía parecer tonto, pero otra cosa que había heredado de su padre era su predilección por dicho postre.

Su mano se estiró para tomar uno, pero antes de llegar a su objetivo chocó con otra, un tanto más grande.

— ¿Berlioz?—preguntó mirando atónico a su compañero de cuarto, Nott no era un muchacho de fiestas. Para nada.

—Albus—respondió el otro muchacho, mirándolo desde arriba con su cabello negro ya un poco largo cayéndole sobre la frente. En momentos como aquellos Albus odiaba que los genes de su padre no fueran los de alguien realmente alto, y deseaba que esa parte la hubiera heredado de su madre.

—Oh, Albus—y desde atrás de Berlioz, Malfoy lo saludó con un gesto de mano, su cabello caía rebotando en sus hombros y Albus sintió que una ola de vergüenza lo azotaba al darse cuenta de que ella también era un poco más alta que él. Casi tanto como Berlioz.

— No esperaba verlos aquí—respondió sincero, con un pequeño piquete extraño en el estómago.

—Cierto—intervino entonces Aria, riendo un poco—Siempre creí que tú y la biblioteca tenían una relación seria, Nott.

Scorpius rió un poco por la broma y Albus juró ver un poco de rubor en el rostro siempre pálido de Nott.

Luego simplemente se despidieron con un ademán, Scorpius aferrada al brazo de Nott que aún no perdía el tono rojo en sus mejillas.

Albus, por mucho que intentó, no pudo seguir el ritmo de la plática que Aria le dio esa noche.


De vuelta en su dormitorio, se encontró con Jhon sonriente y Derek tratando de sonsacarle un poco de información. Cuando él hizo su aparición, rápidamente la atención cambió de foco. Aunque no tenía nada interesante que contar, trató de ignorar el hecho de que Berlioz aún no hubiera vuelto.


—Tal para cual—el murmullo de Scorpius llegó hasta sus oídos y, un pequeño estremecimiento acompañó su risita de burla. Frente a ellos Jhon y Samantha discutían sobre historia de la magia, ante la mirada incrédula de Derek. Quien aún no podía creer que estuviera compartiendo compartimento con su prima.

Albus se acomodó mejor en su asiento, sentado como estaba en medio de Scorpius y Derek. Lily y Hugo compartían compartimento con los gemelos Lyssander y Lorcan.

Un pequeño golpecito en la ventana llamó su atención, era Aria y quien movió su mano a manera de saludo y continuó su camino tren abajo.

Derek le dio un golpe con el codo.

—Así que te gustan las buscadoras—le dijo medio riendo.

Scorpius lo miró un poco ida y Albus fingió no sentir que los colores se le subían al rostro.


Cuando el expreso de Hogwarts se detuvo, Scorpius sintió un pequeño vacío en el estómago, como la primera vez que bajó de ese mismo expreso en su primer año para las vacaciones de invierno.

Samantha la tomaba de brazo y venía diciéndole algo sobre encantamientos. Pero no pudo responder a la pregunta formulada por su amiga, pues tan pronto puso un pie en la estación, lo que la recibió fue el cabello castaño y los ojos azules de Astoria Greengrass, que ahora tenía un pequeño vientre abultado.

—Mamá…


Notas Finales: ¡Gracias por los comentarios! Esta vez, una mirada a la familia Malfoy. Cuatro año ya empezó.