Butch, era el más fuerte de todos. Podía cargar 200 kilos en su espalda, y apenas pareciese que hacía esfuerzo. Cuando era pequeño, el pelinegro siempre había sido el más impulsivo de los tres. Aun podía recordar cómo se peleaba con Ace.
-Maldito gusano, me las vas a pagar.- Gritaba el pelinegro, mientras sus pequeños colmillos rechinaban.
-Aja si como no.- dijo sarcástico el de piel verde, comenzando a pelear de nuevo. Ambos estaban magullados, pero eso poco les importaba.
Brick, en cambio. Era la persona más inteligente que jamás haya visto. Podía resolver problemas matemáticos que le costarían a un chico del doble de su edad, en pocos minutos. Era asombroso. Pero a la vez, era astuto y malicioso.
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Los gritos aterradores se escuchaban desde el otro la isla. Eran desgarradores, no podía evitar asustarse con solo escucharlos.
Definitivamente, lo que se realizaba adentro de esa habitación, era temible, horroroso, inhumano. Pero los que estaban dentro de esa sala, no eran humanos. Y eso todavía lo volvía más terrorífico de lo que ya era.
Mojo se paciaba por el área de espera, en frente de esa habitación. Caminaba de esquina a esquina, evitando entrar al área de operaciones. Sin embargo, si seguía haciéndolo no lo soportaría. Odiaba tener que quedarse sentado ahí, escuchando e imaginando lo que, seguramente, era peor que la muerte. Y él sabía mucho sobre eso.
Him, lo había contratado para ayudarlo con los seres de la otra dimensión. Pero el, en sus largos años de científico, jamás se había imaginado tal brutalidad. No lo conseguía. Jamás lo asimilaría. Su jefe, como el hombre había decidido llamarlo, era una de las creaturas más horripilantes; un humano sin humanidad.
Él siempre había pensado, que la humanidad era lo que los volvía humanos, no obstante, estaba seguro que también la razón era parte importante, pero, en ese mundo lleno de imbéciles, no había razón.
Pero Him, no tenía ningún factor que le calificase como humano, bueno, sin contar la apariencia.
Por lo mismo, no se atrevía averiguar qué era lo que les hacían a los "Chicos" cuando cumplían la suficiente edad. Si, había más chicos en el lugar, todos de diferentes especies. Pero, cuando cumplían cierta edad, no los volvía a ver.
Los metían en la habitación de operaciones, donde solamente Him entraba. Pero después, ya no salían.
Un escalofrió recorrió su espalda. ¿Y si, sus chicos ya no salían?
Víctima del miedo, entro a la habitación, que suerte que la puerta no tenía llave.
Lo que vio, lo dejo sin palabras. Los chicos, sus chicos; atados a unas camillas, con la mitad del cuerpo ensangrentado. Una abertura en su abdomen, daba entender que esa sangre era por esa razón. Su corazón repentinamente se contrajo. Sentía dolor, y todo por sus chicos.
Mierda. Pensó al ver a Him con una mano dentro de ellos. El hombre se acercó a él, quitando la mano de la herida.
-¿Qué haces mojo?- Pregunto con una voz de cólera, y furia. El titubeo un poco.
-N…nada…. No, vine a ver… ver a mis chicos- Respondió el hombre.
¿Esto era por qué los que entraban no salían?, ¿Los mataba?
Su mirada se dirigió a unos aparatos, cuyo propósito era supervisar los latidos del corazón de los tres. Estaban vivos, y respiraban. Estaban sedados, Pensó.
La mirada terrorífica del hombre sobre mojo, era fulminante. Mojo sabía que se había metido en problemas, pero que más daba, eran sus chicos.
-Lo lamento.- Dijo el hombre, mientras bajaba levemente la cabeza.
-Bueno, espero que no le importe pero debo de ir por unas herramientas a mi oficina. Debe cuidar a los chicos, mientras regreso. Procure que no se alteren las respiraciones y los latidos.- Dijo Him, saliendo del área de operaciones.
Mojo comenzó a sudar. Sabía que no había cámaras en el área de operaciones, pero no estaba seguro si Him, se enteraría de lo que planeaba hacer.
Liberaría a los chicos, no estaba seguro del resultado. Pero no averiguaría que resultaría de esta operación. No podía correr riesgos. De seguro no sobrevivirían a tal operación, quizás sea eso lo que Him estaba buscando. La extinción de toda la especie.
Se acercó a las correas que mantenían sujetos a los chicos, las desato sin el mayor esfuerzo. Entonces, quito el sedante, que estaba conectado a sus venas por medio de unos tubos. Quito todos los cables, y por último el oxígeno artificial.
Suspiro aliviado. Ahora solo tenía que orar para que Him no regresara, y que los chicos despertaran. Se distrajo un momento, tocando las frentes de sus hijos, cuando una mano detuvo su acción. Brick, había atrapado su mano antes de que lo tocase.
Los ojos rojos, se abrieron, viéndolo como si fuera un monstruo. Como si fuera una escoria. Como si fuera el enemigo. Como si fuera… Him. Butch y Boomer se incorporaron, viéndolo de la misma manera.
-¡Aléjate de aquí maldito simio asqueroso!- Rugió el pelirrojo aventándolo hacia la pared.
Los colmillos de Brick, al igual que los de Butch, crecieron en sobremanera. La masa muscular de Boomer, creció hasta convertirlo en un ser más alto y fuerte. Las garras de los tres, crecieron demasiado, convirtiéndolas en afilados cuchillos, seguramente letales. Y los ojos, los ojos eran lo que más habían cambiado. Estaban inyectados en sangre, y deseo, deseo de ver la suya correr por el piso.
Había escuchado de la transformación de los seres, pero jamás la había presenciado.
Ante sus maravillados ojos, comenzaron a destrozar todo. Brick se acercó a la computadora de Him, que estaba monitoreando todo lo de la isla, claro que no esa sala, y comenzó a teclear demasiado rápido y concentrado.
Autodestrucción. Alcanzo a leer en la computadora.
¡Claro!, estaba sobre cargando el reactor nuclear que alimentaba la isla. Muy inteligente de parte del pelirrojo.
El humo comenzó a crecer, las computadoras y aparatos en la sala habían sido destruidos. Y el humo era demasiado. Ellos no sobrevivirían, y Mojo lo sabía. Sabía que los pulmones de los chicos, no estaban desarrollados al máximo, y sabía que habían estado respirando oxígeno puro, por medio del aparato respiratorio artificial de Him. No lo lograrían.
Con un asentimiento de cabeza, alerto a sus hermanos de su acción, quienes asintieron y se reunieron con él, frente a Mojo, que no alcanzaba a distinguirlos por el creciente humo.
Tomo un frasco lleno de líquido de su bata. Había estado haciendo un suero experimental pero no estaba seguro de usarlo. A casos desesperados, medidas desesperadas, pensó. Lleno tres jeringas con el líquido, y se arrastró por el suelo de la habitación, llegando frente a los pies de los chicos.
Tomo la primera jeringa, y se la inyecto a uno de ellos, haciendo que gimiera de dolor. Luego, tomo las dos jeringas restantes, y las inyecto en los otros, recibiendo un gemido parecido.
Sonrió satisfecho. Ese suero era para hacer más resistentes, fuertes, y rápidos a quien lo tomasen. Estarían a salvo.
De una patada, Boomer lo envió directamente contra unos frascos rotos. Haciendo que se clavaran en su espalda. Un quejido salió de sus labios.
-¡¿Qué nos hiciste pedazo de idiota?!- grito una voz, que antes era infantil, pero, cambio a una de ultra tumba.
-Solo quería ayudarlos, esa era la única manera.- pronuncio de manera temerosa.
-¡¿Ayudar?!- Unos ojos cobalto salieron entre el humo de aquel lugar. Mirándolo con odio.
-¡Tu hiciste de todo menos ayudarnos!- Pronuncio, una voz aún más tenebrosa que la anterior, y unos ojos Rojos se asomaron atreves del humo.
-lo siento.- logro decir, con unas lágrimas saliendo de sus ojos. Temía por su vida, pero más temía, que le hicieran daño a la humanidad la cual, una vez amaron.
-Patético, crees que tengamos compasión contigo, cuando tu no la tuviste con nosotros- Pronuncio con ironía, la voz de la creatura, la cual, enserio temía. Unos ojos verdes, con pupilas inyectadas de sangre se asomaron, junto con unos colmillos blancos aparecieron frente al doctor.-Escúchanos con atención.- dijo sonriendo de medio lado.
-Avísale al "Jefe" Que no se confié.- dijo el rubio apareciendo del humo, junto con el pelinegro, y el pelirrojo, los tres, con la corta edad de 12 años.
-Ya que siempre estaremos cerca.- Dijo, esta vez el pelinegro.
-Y los mataremos cuando ustedes parpadeen siquiera.- dijo el pelirrojo. Para que los tres hermanos, se giraran dando la espalda al científico, desapareciendo tranquilamente por el humo.
Él se quedó ahí, esperando su muerte junto con la explosión de la isla. Pero eso nunca llego, ya que unos guardias lo llevaron en un helicóptero antes de la destrucción de la isla.
Him no lo culpo, pero nunca lo trato igual. Pero le daba lo mismo, al menos, sus chicos habían escapado.
…
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Luego de ese suceso, se enteró que con la ayuda de Randy y Ace, lograron salir de la isla, al igual que los demás.
-Mojo…- Dijo Him, sacándolo de sus recuerdos.- Llama a mis agentes.-
Un escalofrió recorrió el cuerpo de Mojo. Nana y Mariko, eran unas chicas Dōbutsu-suki no hito, una Inu no Hito y una Kyatto pipuro para ser más precisos. Eran los agentes de Him. Ellas hacían el trabajo sucio, como Him le llamaba, eran fuertes, y demasiado rápidas, precisas. Jamás se les escapaba una presa.
Por lo mismo, no sabía si era buena idea. Paso por la habitación, y las llamo por unos altavoces. En pocos minutos, la puerta se abrió, y entraron unas chicas. Una era más pequeña que la otra, tenía el cabello rosa pálido, largo, y un lazo de color azul cobalto lo adornaba. Tenía los ojos de color rojo oscuro, y de su cráneo sobresalían unas orejas gatunas.
La otra, era la más alta. Tenía el cabello azul cielo, corto. Sus ojos eran de color chocolate, y de su cráneo sobresalían unas orejas perrunas.
-Llama también a Hashi, supongo que lo necesitaran.- Dijo Him, dirigiéndose a mojo. Quien lo hizo sin chistar.
Hashi entro por la puerta unos segundos después.
-¿Qué quiere?- Dijo altaneramente la de cabello azul, Nana.
-¿Qué quiero?, quiero que me traigan a los chicos de los cuales les hable.- Contesto el hombre.
-Ja, No me haga reír. No somos tan imbéciles como cree.- Dijo Mariko, sonriendo mostrando sus colmillos.
-Si.- Dijo Hashi.
Sabían que los chicos que buscaba Him, eran los mejores de los mejores, y no solo eso. Sino que viajaban con las elegidas de Him. Buscarlos y atacarlos, provocaría su propia muerte.
-Irán.- Dijo Him severamente, intimidando a los chicos.- Si no, verán de lo que soy capaz.- Dijo. Un escalofrió recorrió el cuerpo de todos los presentes.
Him era… malo.
-De acuerdo.- Dijo la de rosa.- En donde están o ¿Qué?-
-Están en Tokio, su olor los guiara.-
-¿Cómo demonios huelen?- pregunto Nana, ella no tenía nada de paciencia.
-Hashi sabe, llevan a una amiguita del.-
Hashi sintió su cuerpo flaquear. Su respiración se agito. Him sabía que él había conocido a la pequeña. Eso era malo.
-Tráiganlos.- Grito Him, ignorando las miradas confundidas de las chicas, quienes se fueron junto con Hashi.
Him sonrió, pronto tendría su venganza. La humanidad, lo pagaría.
Nini: ¿Qué tal?, ¿Si gusta o no gusta?, bueno, cambiare el rating a M, porque quieren Lemmon, y yo les dare Leemon. ¿Qué harán los agentes de Him?, ¿Hashi peleara al ver a Lina?, ¿Qué pasara?
Todo en el siguiente capítulo.
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