El como se conocieron...

"Me pregunto… ¿Qué habrá pasado con esa tal Jean?, nunca la vi mas, me imagino que logro encontrar a sus padres y se regreso a su casa en… ¿Dónde me dijo que vivía?, -pensaba- ¿en Italia?, ¿Francia?, no se, algo así…"

Siguió con lo que estaba haciendo, doblando algunas prendas y guardándolas en los cajones de abajo del tocador blanco de ella, y otras tan solo las acomodaba en los ganchos y los colgaba dentro del armario.

En tanto en la camioneta de los Folay:

-y como puedes asegurar eso Hermione, -le dijo su prima Leena- es muy probable que te reconozca

-¿Leena no entiendes?, aunque me encontrara con James, no quiero nada con él

- Hermione,-le siguió Ivan- las personas siempre dicen una cosa cuando en realidad quieren decir otra, -después miro a la pequeña con picardía- ya te veremos con ese chiquillo agarradita de la mano, con una tonta sonrisa soñadora que no te vas a poder quitar de encima, jaja -comenzó a reír, contagiando también a su hermana

-¡ni loca!-dijo la pequeña

-talvez loca no estarás, pero créeme Herms, el amor es algo mas fuerte que la locura-decía entre risas la prima- es mas fuerte que todo lo que sientas ahora, mas fuerte que tu misma

-y te darás besos con ese niño-siguió bromeando el otro

-¡que asco!, los besos son asquerosos con toda la palabra-y con esto dicho, la pequeña hizo una cara de asco que en verdad causaba risa- ¡los besos en la boca son mas asquerosos que una colonia entera de gusanos feos, peludos y con babas!

-eso dices ahora que no has dado tu primer beso

-¡y ni lo daré nunca!, son tan repugnantes-decía la castaña

-pero te terminaran encantando cuando beses a tu noviecito James

-¡cierren la boca ¿quieren?!-se sonrojo aun más de lo que ya estaba

-¿ya nos vamos a la agresividad primita?-dijo Ivan con cara de angelito

La pequeña castaña tan solo rodó los ojos, no quería hablar más de ese tema, y mucho menos de ese niño que solo se quedo en su memoria y en su ¿corazón?

Continuaron jugando lo mismo, y después de los turnos de los mayores, nuevamente le toco a Hermione.

-me toca decir una verdad -dijo sacando el papelito

-muy bien, ya se lo que te voy a preguntar,-pauso- ¿Cómo, cuando, donde y porque, conociste a James?-pregunto muy rápido y de manera entendible

-no otra vez, ¿no entienden que no quiero hablar de él?

-y para eso debe haber una causa ¿no?-decía el primo- te escuchamos, somos todo oídos

"y justamente eso es lo malo, ¡no me van a dejar en paz!, seguramente me echaran carrilla por el resto de mi vida con ese niño que seguro, esta muy pero muy lejos de aquí"

-prométanme que va a hacer la ultima pregunta con referencia a él

-¡prometido!-dijeron al unísono cruzando los dedos por su espalda

-bueno, pues, fue en el mes de octubre, mis padres y yo, fuimos de visita con la abuela aquí a Londres. Ellos estaban haciendo de comer en el jardín, o algo así, yo quería jugar, pero ellos no. Me dijeron que fuera a la tienda que estaba en la esquina, a comprar…ya no me acuerdo que, pero cuando llegue a la tienda, mi pelota se me salio de las manos, quise tomarla, pero el viento soplo y no la alcanzaba, cuando por fin la tuve entre mis manos, me di cuenta de que no sabia ni donde estaba…

"Una niña no mas grande a los 6 años y medio, de cabello castaño y alborotado, se encontraba en medio de un parque desconocido para ella. Había unos árboles enormes, pero muy bonitos, el pasto era verde, y había muchas personas; ya sea caminando, en bicicleta, jugando, y otros mas, en su día de campo.

La pequeña tenía una pelota de plástico de color azul marino, vestía un vestidito rosa pastel muy hermoso, traía el cabello suelto hasta los hombros, y unos zapatitos blancos de charol. Ésta estaba desorientada, puesto que no conocía ese lugar, ya que vivía en otra parte.

Cuando no vio a nadie que le pudiese ser conocido, le entro un pánico tremendo, y tan solo camino a un rumbo al azar, con la esperanza de llegar a la casa de su abuela.

Y por más que caminaba, no podía salir de ese gigantesco parque. Las lagrimas se apoderaron de ella, pero siguió caminando y llorando en silencio, no debía rendirse, quería seguir, y tenia dos opciones: la primera era que esperara a que sus padres la encontrasen por si mismos, algo que seria un milagro, o la segunda, que era terminarse de perder mas. Y bueno, a esa edad nadie piensa en las consecuencias, por lo que tomo la segunda opción.

Seguía caminando muy triste, con los ojos ya rojos del llanto, y con muchas ganas de desesperarse y correr hacia su querida Francia. Pero alguien la sorprendió, de repente la niña sintió una mano tibia en su hombro, volteo, y entre sus ojos empañados por las lagrimas, pudo visualizar a un niño de su misma estatura, de cabello negro azabache, con unos lentes redondos, pero aun con ellos, se podían apreciar muy bien sus brillantes y alegres ojos verdes. El chico se veía simpático, sonriendo, con un peluche entre sus brazos, más específicamente un panda de tamaño mediano.

-hola-dijo-¿Por qué lloras?

-no te importa, ¡déjame en paz!-grito

-si me importa, -con esto dejó a la niña con cara de "¿Por qué?", a lo que él decidió contestar- porque eres una niña bonita

-¿¡y eso que!?-trato de ocultar las pequeñas líneas rosadas que se comenzaban a apoderar de sus mejillas

-que no me gusta ver llorar a las niñas como tu,-dijo, ¿desde cuando acá se acercaba a una niña así como así?, eso era extraño en él, y mas aun decirle a alguien, que no fuera su madre, que estaba bonita, al parecer, simplemente eso salía de su tierno corazón de infante- por eso quiero alegrarte y quitarte esa amargura que llevas contigo -y con su propio pulgar, limpió las lagrimas que escurrían por la cara de ella, tomándola por sorpresa- quiero que sonrías, niña

-¿y por que?, no debo importante, ni siquiera me conoces -e inconcientemente sonrió

-pero te puedo conocer, me llamo Ha…James-respondió, no sabia el porque le había dicho su segundo nombre, pero lo hizo

-mucho gusto James, -le tendió la mano, y éste la tomo- yo soy Her…Jean

-¿Jean?, me gusta tu nombre, es bonito, igual que tu

Eso produjo que ella se sonrojara a morir, y perdiera la noción del tiempo al tan solo ver sus hermosos ojos verdes.

-oye, creo que ya deberíamos soltarnos las manos, ¿no crees?-dijo aquel niño con su encantadora voz infantil

-a si, perdón -y soltó su mano

-¿pero…porque llorabas, Jean?

-por tonta,-miro hacia a el suelo- mis padres me pidieron que fuera a la tienda, pero por perseguir mi pelota, no me di cuenta de adonde iba, y para cuando me di cuenta, ya estaba aquí

-te perdiste, -confirmo- pero eso no fue por tonta, solo fue una distracción de algunos minutos, -rió- créeme, me a pasado lo mismo mas de una vez, siempre me pierdo en todas partes, y dime ¿Dónde vives?, si quieres yo te puedo guiar para encontrar tu casa, después de todo no perdemos mucho, no pasa de que nos perdamos los dos -sonrió, y a la vez le robo una nueva sonrisa a ella.

-bueno, es que no me perdí de mi casa, estaba en la casa de mi abuela, yo vivo en Francia

-¿eres francesa? -se sorprendió "que mal, -pensó- cuando te vayas ya no te podré ver"

-si, ¿y tu vives aquí en Londres?

-este…si

-y… ¿Cuántos años tienes?

-seis, ¿y tú?

-¡igual!, ¿Qué coincidencia, no?-"este niño es muy bueno, y lindo, seria un gran amigo, pero no lo podemos ser" pensaba- y aun mas coincidencia fue encontrarte justamente a ti en este parque

-yo no creo en las coincidencias Jean, creo que mas bien, que todo sucede por alguna razón, una de la cuál, estamos inconcientes

-¿sabes?, me agradas

-igual tu a mi, lastima que cuando te vallas ya no te podré ver jamás

-¿y quien a dicho eso James?, yo vengo como una vez cada tres meses

-perfecto…

Ambos niños no dijeron mas, tan solo se miraban mutuamente, y cuando se cruzaron las miradas, sintieron que el tiempo se detuvo en tan solo un instante. Había algo entre ellos, como una conexión, una cuerda muy fuerte, una mirada con la que se podían conocer profundamente, siendo que apenas se habían presentado.

El niño abrió la boca para decir algo, lo que se le ocurriera, solo con la intención de escuchar su voz. Pero, en cuanto apenas había tomado aire para hablar, se escucho una voz a lo lejos que lo llamo, o mas bien dicho, le llamo gritando.

-¡JAMES POTTER EVANS! ¿¡QUE SIENTES AL ESCAPARTE DE CASA!?-era una voz femenina, muy conocida por el pelinegro niño

-¡rayos!-se maldijo por lo bajo

-creo que esa señora te llama James

-lo se, es mi mamá

La joven señora se acerco hasta donde se encontraba su único hijo, sin darse cuenta de la presencia de la otra pequeña.

-¡la mamá de Ron me llamo muy apurada diciendo que su hijo vino a nuestra casa a buscarte! ¡Pero Ron nunca llego a tocar la puerta!

-ya se

-¿¡y todavía tienes el descaro de decir la verdad!?

-¿querías que te dijera una mentira?-dijo irónico

-no, pero debiste pedirme permiso para salir

-lo se, pero de todos modos no me ibas a dejar ir, después de que sin querer rompí el vidrio de la puerta de la cocina por un: ¡señor balonazo!, la semana pasada, desde entonces no me has dejado salir a jugar con Ron, -decía mirando hacia el piso como niño regañado- y quería jugar, así que se me ocurrió salirme por la ventana de mi cuarto, perdón-se disculpo

-entiende, no quería regañarte, pero te pudiste hacer daño, ¡la ventana de tu cuarto, esta en el segundo piso!, te pudiste caer y fracturarte, o algo peor

-pero no me paso nada

-lo se, pero me tenias preocupada, hijo, -lo abrazo- prométeme que jamás me vas a volver a hacer eso

-lo prometo-dijo con una sonrisa, cruzando los dedos por detrás de su espalda, "no prometo nada, quizá de niño no volveré a hacer esto, pero de adolescente quien sabe, todo puede pasar ¿no?" pensó

-¿y Ron?

-ya se fue a su casa, por que si llegaba tarde, ¡lo mataban!

-¡y yo también te voy a matar a ti jovencito!

La señora le volvió a abrazar, y éste le correspondió, pero de repente sintió algo raro, giro su cara a donde se suponía estaba Jean parada, y no la vio. Se separo del abrazo de su madre, y dio media vuelta, ahí estaba ella, caminando nuevamente sola, hacia quien sabe donde.

-¡Jean!, ¿A dónde crees que vas?-le llamo

-ni idea, a donde me lleven mis pies -contesto sin cesar el paso

-¡espera!, talvez yo me pierda, pero mi mamá no se perderá -esto hizo que ella se detuviera y los mirara desde metros mas adelante

-¿Quién es ella hijo?

-es…una amiga

Se acercaron a ella, y ella nuevamente contó el como se había perdido, la mamá de él le prometió ayudarla, y se fueron hacia la estación de policía.

Cuando llegaron, Lily se encontraba hablando con los policías, mientras los dos niños se mantenían en silencio en una silla del mismo lugar, con un helado cada uno, el de él era de chocolate, y el de ella era de fresa.

-Jean, -comenzó a hablar el pelinegro- seguramente te quedaras aquí hasta que tus padres vengan, -ella asintió- no quiero que te sientas sola cuando nos vallamos mi mamá y yo

-no te preocupes James, estaré bien, además tu has hecho ya mucho por mi

-pero no lo suficiente, toma -le dijo entregándole el panda de peluche a ella- este panda te hará compañía

-no puedo acéptalo James, es tuyo -le dijo mientras negaba con la cabeza

-ya no mas, ahora es tuyo, te lo quiero regalar -le puso el peluche en las piernas

-pero…

-si no lo aceptas, me enojo-amenazo

-James…

-me estoy enojando Jean, y no te conviene que me enoje

-esta bien, de acuerdo, no quiero que te enojes, gracias -tomo el peluche entre sus manos, dejando de lado la pelota que traía

-de nada bonita,- con esto provoco su propio sonrojo- adiós oso, ella te dará una mejor vida

-¡ya se!-decía solo para que él no notase que ella se ruborizaba- ten, te regalo mi pelota

-no, es tuya

-no mas, toma, se que le darás un mejor uso que yo

-Mm...-dudo- bueno, solo lo tomare para verte feliz

Y en eso llego Lily, sonriendo abiertamente.

-bien pequeña, te quedaras aquí hasta la noche, si tus padres no llegan por ti e dejado claro que llamen a mi casa y yo vendré para llevarte a que pases la noche en mi casa, ¿te parece?

-si, gracias señora, gracias James

-ahora nos tenemos que marchar nosotros, debo castigar a este jovencito hijo mió, por andar saliéndose por las ventanas

-¡ay, mamá!-se quejo

-ni te quejes, que tu solito te lo buscaste,-miro hacia ella- espero volver a verte algún día pequeña - se despidió dándole un beso en la mejilla maternalmente

-igual yo señora, gracias por todo,-Lily asintió y alzo la mano para que su hijo supiera que ya era hora de irse

-adiós…Jean-se entristeció, levantándose de la silla

-hasta pronto James -ella también se levanto de su lugar, y le planto un tierno y sincero beso en la mejilla de éste, dejándolo sin aliento, y muy sorprendido de la reacción de ella, provocando que ambos se sonrojaran, y Lily al ver eso, tan solo rió por lo bajo, para no incomodarlos. ¡Era el primer beso que una chica, que no fuera su mamá, le daba!, en la mejilla claro.

Él pestañeo mucho, no tenia reacción, era como si se hubiera quedado en shock.

-ya es hora de irnos Romeo-bromeo su madre,-Julieta, nos vemos después- Harry asintió tan solo por inercia, tomo la mano de su mamá y la siguió, pero a medio camino de la salida se regreso, y le devolvió el beso a la castaña, nada mas con el pequeño detalle que, sin querer, le dio el beso en el puro filo de la cobertura del labio de ella, dejándola helada, y aun peor que él cuando recibió su beso. El pelinegro sonrió y se fue corriendo con su madre, quien ya estaba en la salida observando todo.

"mi pequeño esta creciendo" pensó una Lily a punto de derramar lagrimas como si estuviera viendo el final de una novela.

-ya veo que andas de galán conquistando chicas ¡eh, Harry!-dijo con la intención de ver la reacción del pequeño

-¡Mamá!-dijo con fastidio, provocándole un ataque de risa a la señora Potter

Mientras en tanto en la estación de policía; una castaña de aproximadamente 6 años, se había quedado perpleja, no había reaccionado en esos minutos, dio un gran respiro, para después suspirar, tocándose la *bendita* cobertura de su labio con la mano.

Dos horas mas tarde sus padres llegaron a la estación, preocupados, casi histéricos, pero se tranquilizaron al verla…"

-…esa fue la primera y ultima vez que lo vi, regrese meses después a ese mismo parque, con la esperanza de verlo, pero nada, nunca lo encontré, ¡hasta parece que se lo trago la tierra!

La niña en todo su relato, no había mirado a sus primos, y cuando alzo la mirada, se encontró a un Ivan abrazando a su hermana, a quien comenzaban a brotarles vagas lagrimas.

-¿pero por que lloras Leena?-pregunto la castaña

-eso fue muy bonito, ¡tengo corazón Hermione! Eso me da derecho a llorar lo que quiera

-ok, ya

-ya vez primita, te quedaste como enamorada cuando él te beso

-¡no fue un beso! -se defendió- bueno si, ¡pero no esa clase de beso que ustedes piensan!, solo fue de amistad

-si claro-dijo irónicamente la chica- TODOS siempre decimos lo mismo, un beso de amigos, si como no

-con ustedes no se puede…-se resigno una cansada Hermione

"¡Y si hubiese sido algo mas que un beso de amigos para mi ¡QUE! Será muy mi problema ¡no!" pensó cansinamente la pequeña enamorada castaña.

La señora Granger estaba en el cuarto donde se suponía, ocuparían ella y su marido. Acomodaba cosas aquí y allá, esa mujer no paraba, estaba por comenzar a tender la cama, aunque todavía no muy convencida del si se veía bien en ese lugar, cuando se acordó de un "pequeño" detalle, se le había olvidado decirle a Harry que no acomodara la ropa interior de Hermione, que ella luego lo haría. Salio de la habitación en la que se encontraba, para dirigirse a la otra alcoba de al fondo.

Al llegar, vio a un Harry muy entretenido guardando ropa, tanto, que ni se dio cuenta del cuando entro ella.

-Harry, oye -con tan solo estas palabras fueron mas que suficientes para que éste saltara del susto-perdón, no quería asustarte

-no me asusto,-se tomo el pecho- ¡casi! Me mata del susto, -dijo irónico, sonriendo- es distinto

La señora rió, ese niño era diferente a todos los demás a los que había conocido, ese chico era único, simplemente era adorable. Y eso que apenas y lo conocía.

La señora Jean tomo la caja que decía: calcetines y otras cosas mas... La abrió, y comenzó a guardar la ropa interior de su hija en uno de los cajones de uno de los muebles, en tanto hablaban.

La tarde se paso volando, entre las pláticas de la señora Granger y el aroma que encapsulaba la mente del pelinegro que no dejaba que pensara mucho.

Ya eran aproximadamente las 6:00 p.m., todo estaba listo, el cuarto de la tal Hermione, había quedado mas que perfecto, y el resto de la casa, ahí la llevaban, pero aun no terminaban con algunas cajas que debían acomodar los señores Granger.

Matt, al entra y ver lo cuan maravilloso y ordenado estaba el cuarto de su hija, gracias a el hijo de los Potter, simplemente no supo que decir, y llevo a Harry a comprar un helado, sin no antes decirle a su mujer que fuera al centro comercial a comprar un regalo extra de navidad para el tan gentil y buen vecinito.

En el camino, Matt le hizo platica a el pequeño, que tan solo contestaba con un "si" "talvez" "no", y no es que el pelinegro quisiera contestar algo así de corto, pero aun seguía con el aroma de la niña en sus narices.

-Harry, ¿por que estas como que ido desde hace un momento?

-por el rico olor de su hi…-contestó iba a decir "su hija" pero si lo decía seguro perdería la poca confianza que había ganado, gracias al cielo que reacciono a tiempo- de su… innovador auto, esta increíble -sudo de nervios

-a si, es el olor del aromatizante que le coloque…-comenzó a hablar de quien sabe cuantas cosas sobre los autos, a lo cual, Harry no le entendió ni "J", pues ese no era justo su fuerte.

Ya iban de regreso a casa, con un niño ojiverde comiendo un helado de chocolate ENORME, el cual desde siempre había sido su favorito. Bajaron del auto, y se encontraron con la sorpresa de ver a Lily y a James afuera, al parecer acababan de llegar, y se encontraban platicando con Jean.

-¡hola campeón!,-dijo contento el padre del joven- ¿Cómo te portaste?, por que déjame decirte que tu madre estaba como histérica pensado en la diabluras que pudiste hacer

-¿¡yo!?-dijo apuntándose a si mismo- ni que no me conocieran

-por eso mismo James Evans-contesto la madre- por que te conozco es que puedo pensar lo peor

-pero, como ya les dije, se a portado de maravilla -le defendió Jean- de echo me encantaría tenerlo de visita cuantas veces quiera, seria una excelente compañía para mi Hermione

"¡diablos!, de verdad, si vuelvo a escuchar el nombre de esa niña ¡me muero!...

-¿pero que te esta pasando Harry?-contesto una voz en su mente- me haces creer que te has vuelto, nuevamente, débil

-¿¡Que!?, ¿¡débil yo!?, ¡estas loco!

-eso crees, -le siguió retadoramente la voz- ¡mírate!, apenas oliste sus cosas y ya te tiene comiendo de su mano

-¡eso no es…!

-¡vez!, ni siquiera eres capaz de contradecirme, porque sabes que lo que digo es verdad

-¡cierra la boca!, ¡sal de mi mente, te lo ordeno!

-lógicamente no puedo cerrar la boca "genio", solo soy tu voz, no tu conciencia, pero si una voz que vaga por aquí -respondió- además, tu necesitas de mi

-¡no es cierto!, ¡no te necesito!

-¿eso crees?, si no fuera por mi, te aseguro que tu resistencia hacia el amor se vendría abajo

-¡no existes tu!, ¡solo yo!, y para tu información, puedo controlarme solo, ¡desaparece!

-ya lo veremos, cumpliré tus ordenes

Y desapareció aquella molestosa voz que le provocaba jaqueca."

-que bueno -prosiguió James- ¿ya vez Harry?, portarse bien siempre tiene una recompensa

-si que bien, seria un gusto visitarlos de ves en cuando- dijo con educación, sacudiendo la cabeza internamente para lograr olvidar la voz esa, que le comenzaba a ser molestosa.

Los adultos charlaron un rato más, hasta que poco después los Potter se retiraron a su casa, pues tenían que preparar una cena, a la cual irían los odiosos Dursley, los abuelos Evans, los abuelos Potter, los Lupin, los Black, todos los Weasley, y ahora también la familia Granger, entre otros.

Los Granger no prometieron ir desde que empezara la reunión-fiesta, ya que ellos tenían que ir primero con sus respectivos familiares, pero aun así, prometieron asistir, aunque sea al final.

Por una calle de Londres, pasaba una camioneta de color verde militar, eran los Folay, dieron vuelta por una cierta calle, y poco después, se estacionaron afuera de una casa en específico.

Eran aproximadamente las 8:10 pm, al estacionarse primero bajaron los respectivos padres, después, de una puerta, salieron dos jóvenes de 14 y 13 años, pero los chicos miraban hacia adentro de la camioneta, en donde se encontraba una niña castaña con absoluta negación a descender del automóvil.

-si no es en Francia, no bajare -dijo con voz potente y definitiva

-Herms, ya bájate, tus padres ya querrán verte -decía la otra joven

-si Herms, además luego nos veremos, pronto -dijo el otro

-no es por eso, simplemente no tengo ganas de bajar a mi cruda realidad, ¡no quiero vivir aquí!

-pero la casa esta muy bonita, tienes grandes espacios para jugar en el jardín, -era Leena quien trataba de que la pequeña viera las cosas con la cara positiva - te aseguro que puedes hacer muy buenos amigos aquí

-no quiero-se aferraba

-no importa si quieres o no, aunque reniegues, vivirás aquí por que tus padres así lo quisieron, será mejor que veas las cosas positivas primita -pero ésta negó

La niña bufó, odiaba saber que otra persona que no fuera ella, tuviera la razón, ¿pero que haría? Era cierto, ella tenía que seguir a sus padres a donde ellos la llevasen.

De mala gana descendió de la camioneta, y en eso, vio como sus padres salían tras la puerta de aquella hermosa casa, la abrazaron, en especial la señora Granger, y le preguntaron como le había ido, ella tan solo les sonreía y contestaba medio alegre. Cuando se despidieron de los Folay, la castaña suspiro, no había marcha atrás.

-creo que tengo que ir a ordenar mi cuarto -habló desganada

-no hay necesidad, ya esta acomodado -respondió su madre

-¿ya esta acomodado? -Pregunto la ojimiel con un poco de temor- no me digas que tú la ordenaste mamá, seguro quedo aseñorado mi cuarto

-no, no fui yo

-¿fue mi papá?- "tantito peor" pensó

-no, tampoco fui yo

-¿entonces?

-fue un vecinito muy amable quien se ofreció a ayudarnos, con la condición de que evitáramos que sus padres lo dejasen al cuidado de la tarde con sus tíos, -contesto con una gran sonrisa la señora

-¿un vecinito?, dime que era niña

-no, era un niño, muy agradable por cierto

"¡un niño! ¡mi cuarto debe de haber quedado echo un desastre!, los niños son tan… tan niños, que no tienen sentido ni de la orientación, ¡como se les ocurrió dejarlo acomodando mi cuarto!, me lo debió haber dejado con tierra, lodo, y asquerosos insectos sobre mis cosas, si encuentro a ese niño ¡juro que lo mato!" y con estos últimos pensamientos, salio disparada hacia el interior de la casa.

Subió corriendo a toda velocidad las escaleras, y al llegar a su cuarto:

-Wow…-dijo, se quedo asombrada, ¡no estaba absolutamente nada sucio!, y de

echo, aunque le costara trabajo admitirlo, el cuarto estaba perfecto.

Continuara...