Al día siguiente, el futuro rey de Etsilium despertó sobresaltado debido a un terrible sueño que, sin duda, quebró su alma. En aquella pesadilla, el erizo azul corría delante de un dragón mágico hecho completamente de fuego. A pesar de la vertiginosa velocidad que Sonic poseía, la descomunal bestia doblaba esa rapidez sin ninguna dificultad hasta que, al final del sueño, conseguía darle alcance. Fue entonces cuando el erizo saltó de la cama empapado en sudor debido a la intensidad de la pesadilla. Afortunadamente, no fue más que un espantoso sueño. Sin embargo, Sonic estaba convencido de que, lejos del mundo de los sueños, Andros existía en carne y hueso.

Por más que intentaba hacerlo desaparecer de su mente, al puercoespín le resultaba imposible disuadir la viva imagen del dragón mágico de sus pensamientos. Así que, al llegar el mediodía, Sonic decidió acudir durante su escaso tiempo libre al único sitio que pensó que podía servirle de ayuda: el almacén real de libros y documentos antiguos.

La mencionada librería estaba habitada por unos monjes encargados de cuidar los valiosos libros.

El erizo azul entró en la lúgubre biblioteca sin hacer ruido y, después de saludar educadamente a los monjes, se dirigió a las estanterías plagadas completamente de antiguos documentos.

Paseó entre los pasillos de los altísimos estantes en busca de algún libro que le ayudara en su investigación. Tras un largo rato de búsqueda, Sonic se decantó por un gordo manual sobre distintas especies de dragones. A la luz de un candelabro, el erizo abrió el libro por una página al azar y pasó la vista por los textos ligeramente. Al no encontrar lo que quería, pasó las páginas más rápidamente.

Un monje que ordenaba libros en una estantería desde lo alto de una escalera, observó al puercoespín detenidamente.

- ¿Puede saberse qué andas buscando? - preguntó con interés.

Sonic miró al monje y se preguntó si sería buena idea mencionar a Andros.

Después de pensarlo un rato, respondió:

- Intento averiguar algunos datos sobre... un dragón, un dragón mágico.

El monje se mantuvo en silencio ante aquella respuesta.

- No creo que aquí encuentres lo que buscas - dijo - Lo que tienes entre tus manos no es más que un manual de identificación.

Decepcionado, el erizo devolvió el libro a su correspondiente estante y, después de despedirse, se marchó del lugar.

Al no haber encontrado lo que buscaba, Sonic elaboró un nuevo plan y se maldijo a sí mismo por no habérsele ocurrido antes.


- ¡Zafiro! - exclamó el erizo según entró en el establo - ¡Te traigo una golosina!

Se dirigió al dragón y depositó en el suelo un gran jabalí que llevaba cargado sobre sus hombros. En cuanto lo vio, Zafiro se lanzó hacia el animal, deseoso de probar un jugoso bocado, pues los jabalíes eran su alimento favorito. Lo que el dragón negro no sabía, era que su amigo solamente le había regalado aquel manjar para usarlo como una excusa con la intención de sonsacarle alguna posible información sobre Andros.

El erizo se sentó encima de unos montones de paja y esperó el momento oportuno para empezar a preguntar.

- Zafiro... - dijo - Sólo por curiosidad... ¿Tú sabes algo sobre... Andros?

El dragón pareció atragantarse con la comida al escuchar aquella pregunta.

- ¿Andros? - inquirió una vez se hubo recuperado - ¿Por qué te interesa?

Sonic se encogió de hombros.

Zafiro dejó escapar un suspiro y prosiguió hablando:

- Según la leyenda, Andros permanece atrapado en el interior de un volcán inactivo. Se dice que sólo puede ser liberado si se sobrepasan los tres días de plazo que el propio Andros te otorga al concederte un deseo. Todo el mundo que ha oído hablar de él o ha tenido la oportunidad de verlo en persona lo consideran un dios... Pero yo no opino así.

- ¿Y eso por qué? - quiso saber el erizo.

- El precio de sus deseos no es barato. Cuando pides un deseo a Andros, estás obligado a ofrecerle una vida a cambio...

Guardó silencio antes de continuar:

- Dime, ¿qué clase de deseo puede ser tan importante como para poner una vida en juego? Andros no es ningún dios...

- Gawain me confesó que ese dragón es más que una leyenda - interrumpió Sonic - Es real. ¿Tú sabes dónde se ubica ese volcán?

- ¿Quieres ir a verle? Ese volcán se encuentra muy lejos de este reino, hay que pasar dos veces el horizonte...

- ¡Entonces Andros existe! ¡Tenemos que ir!

Zafiro se levantó, cargado de rabia.

- ¿No has escuchado lo que acabo de decirte? ¡No iremos! ¡Y esta conversación se ha acabado!

Y, arrugando el hocico, se dio la vuelta y se tumbó de espaldas a Sonic.

El erizo, que no había visto nunca tan enfadado a su compañero, sabía de sobra lo cabezota que era Zafiro y lo difícil que era hacerle cambiar de opinión, así que decidió dejar de insistir y marcharse por donde había venido.

Pero, justo cuando estaba a punto de salir del establo, el dragón negro le detuvo.

- Espera... - dijo.

Se tomó la libertad de dejar escapar un suspiro y continuó:

- Partiremos al anochecer, cuando todos duerman. Pero tienes que prometerme que, en cuanto volvamos, te centrarás más en tu familia.

Sonic aceptó, y así, los dos aguardaron a que el sol se pusiera.

Pero lo que el joven príncipe aún desconocía, era que la vida de su hija corría peligro.