El viaje transcurrió en silencio. Zafiro volaba con calma y precaución, procurando no salirse del camino debido a la espesa niebla que predominaba en él. En su cabeza iba el erizo azul, que contemplaba, admirado, el desconocido paisaje que se descubría ante sus ojos. Era de noche y en el ambiente se respiraba una tranquilidad inmensa. Aunque tenía ganas de establecer una conversación, Sonic decidió reprimir sus deseos ya que se percató de lo pensativo que se mantenía su compañero. Además, incluso se reflejaba cansancio en su cuerpo y rostro. Seguramente le afectaba el exceso de esfuerzo y la falta de horas de sueño.

Tras un largo rato de vuelo, la niebla se disipó y a lo lejos, pasada una larga hilera de árboles, un imponente volcán se dejó ver. Zafiro agilizó la marcha en cuento divisó su objetivo, pero descendió el vuelo y posó su gigantesco cuerpo en la tierra nada más llegar a la falda de la gran montaña.

- ¿Por qué nos detenemos? - preguntó el erizo.

- Estamos en territorio de Andros. No me parece sensato volar por aquí... Es mejor que recorramos a pie lo que nos queda de camino - advirtió el dragón arrugando el hocico.

A pesar de la alargada y escarpada cuesta que se extendía ante sus ojos, Sonic decidió no intervenir en la decisión de su amigo, ya que estaba seguro que Zafiro conocía de sobra el camino.

Tras recorrer el prolongado camino, los dos aventureros llegaron al borde del cráter del volcán. El dragón agachó levemente la cabeza al interior del volcán el cual permanecía completamente oscuro. Al observar aquella negra inmensidad, el puercoespín azul sintió que su cuerpo temblaba y le surgió la insaciable necesidad de sujetarse a uno de los gigantescos cuernos draconianos de su compañero para evitar precipitarse al vacío.

- ¿Tienes miedo? - preguntó Zafiro.

- ¿Qué? ¡No! Yo no tengo miedo de nada - replicó el erizo.

Y así, los dos amigos descendieron lentamente al interior del volcán. Una vez allí, Zafiro caminó a tientas por la inmensa oscuridad que se cernía sobre ellos, procurando no tropezar con ningún posible saliente de las rocas del volcán. En el ambiente reinaba el intenso olor a azufre, y el eco de sus voces era su única compañía. Avanzaron unos cuantos pasos más con calma cuando Sonic decidió desmontar y caminar por su propio pie.

- ¿Seguro que es aquí? - preguntó el erizo al contemplar el lúgubre e inhóspito interior del volcán - ¿No te habrás equivocado?

- Pues claro que no - rebatió Zafiro - ¿Cuántos volcanes inactivos conoces?

Comenzaron a andar con más seguridad en cuanto sus ojos se acostumbraron a la oscuridad del lugar. Entonces, Sonic descubrió un enorme abismo negro situado justo en el centro del volcán del cual era imposible distinguir dónde finalizaba debido a la escasez de luz, y decidió asomarse con precaución. Al instante, el fondo de la misteriosa oquedad comenzó a iluminarse y emergió de ella una poderosa columna de fuego que iluminó el interior del volcán en cuestión de segundos. El erizo se vio obligado a retroceder, protegiéndose la vista, mientras su compañero draconiano acudió en protección de éste para poder evitar cualquier posible daño. Entonces la misteriosa columna de fuego comenzó a tomar la forma de la cabeza de un dragón que anunció su llegada con un imponente rugido: Andros.

- ¿Quién es aquel que osa perturbar mi descanso? - preguntó la mitológica criatura.

Su oscura voz resonó en el interior del volcán. Más tarde, el eco se apoderó de la estancia y dejó paso al silencio.

- Me llamo Sonic. Sonic the Hedgehog - señaló el erizo dando un paso adelante, intentando reprimir la impresión que le producía contemplar el majestuoso dragón delante de sus narices, ya que no sería propio de un héroe.

Andros descendió su cabeza hasta que sus fauces quedaron justo en frente del puercoespín.

- ¿Sonic? ¿El antiguo rey de Camelot que renunció a su posición en el trono por amor a una mujer? - inquirió.

- ¿Cómo... cómo sabes todo eso? - interrogó el erizo.

- Los cantos de los juglares han llegado a mis oídos - guardó silencio un momento - ¿Y bien? ¿Qué te trae por mi territorio?

- He venido de visita con mi compañero Zafiro.

Andros dirigió su mirada hacia el dragón negro. Se había centrado tanto en el erizo que prácticamente había pasado por alto la presencia de éste. Entonces intercambiaron durante un instante una rígida mirada.

- De modo que no habéis venido a pedir ningún deseo... En tal caso, debo pediros que os retiréis. No es muy recomendable molestar a un dios... Que os sirva de advertencia.

Y con este aviso, el dragón de fuego desapareció por donde había venido, dejando a Sonic y a Zafiro de nuevo envueltos en la inmensa negrura.