El potterverso es de J.K. Rowling
Este capítulo participa en el minireto de Abril "Doce meses, una historia" del foro Amor de Tercera Generación.
Por no mirar la etiqueta
Fred nunca imaginó que una clase de Historia de la Magia pudiese ser tan larga. Esos sesenta minutos se le estaban haciendo eternos e insufribles.
La voz monocorde y monótona del profesor Binns adormecía hasta a las moscas que se colaban por las ventanas de la clase atraídas por esa extraña ola de calor nada habitual en Escocia.
Pero no era el momento de pensar en moscas. Tenía que atender, tenía que tomar apuntes sobre las innumerables guerras de los duendes, esos seres que habían tenido disputas con todo lo que se movía. Hasta con los seres del agua.
Bueno, puede que con los seres del agua no, aunque sería más interesante que la guerra que fuera que estuviese contando el fantasma en ese momento.
Fred comenzó a visualizar las batallas de los duendes contra las sirenas y a su mente llegó una imagen bastante hilarante de un duende nadando como un perrito y huyendo de una sirena. No pudo evitar reírse por lo bajo.
Mal. Ya se había distraído de la explicación, si es que en algún momento había estado atendiendo.
Tenía que atender, el podía ser capaz de ello. No iba a darle el gusto a su hermana, que no le creía capaz. No habían apostado nada, solo el orgullo de Fred.
Pero el orgullo de Fred quería escaparse de las palabras del fantasma y su fuerza de voluntad no era capaz de mantenerlo ahí.
De hecho, está seguro de que se le escapó en el preciso instante en el que comenzó a divagar sobre las moscas, y le dijo adiós para siempre cuando empezó a imaginarse batallitas en su cabeza.
No era que no quisiese atender, era que él no estaba hecho para eso. Y como su orgullo se había esfumado, podía afirmar que Roxanne tenía razón. Para variar.
Desistió, aunque no se le fueron de la mente las batallas de los duendes y las sirenas. Tuvo una idea.
Sacó la pluma especial, esa que había cogido de la tienda de su padre a hurtadillas, y se puso a dibujar. Los dibujos cobraron vida. Salieron disparados del pergamino e inundaron la clase. Elfos, duende, sirenas, un calamar gigante… Un sinfín de criaturas mágicas.
Los alumnos aplaudieron su ocurrencia. Al profesor no le hizo ninguna gracia.
Esa fue, seguramente, la única clase de Historia de la Magia en la que todos los alumnos estuvieron despiertos.
Pero hubo un fallo.
Las criaturas se volvieron locas y empezaron a atacar a los alumnos, que salieron corriendo del aula atemorizados.
Fred, que era el causante de todo ese caos, no sabía cómo solucionarlo.
El castigo, como no, fue inmediato.
Un castigo que se podría haber ahorrado si se hubiese fijado en la etiqueta que tenía la caja del almacén en la que había escrito: "Productos en pruebas".
