Capítulo 13
Los enfermeros de la ambulancia dieron por sentado que me encontraba en estado de shock y, de haber sido capaz de hablar, a buen seguro me habría mostrado de acuerdo con ellos. No se explicaban cómo habíamos escapado de aquello con vida, ni de dónde había salido la sangre que cubría el cuerpo de Darién. Querían subirnos a la ambulancia y enviarnos al hospital, pero Darién no estaba dispuesto a someterse a ningún tipo de prueba médica y discutió con ellos hasta que consiguió que cedieran.
Permitió que me examinaran y, cuando se cercioraron de que estaba bien, a excepción del estado de shock en el que me hallaba sumida, pidió que nos llevaran a casa en un coche de la policía.
Realizamos el trayecto sentados en el asiento trasero del vehículo. Darién susurró varias veces mi nombre, yo seguí callada, sin responderle. No aparté la vista de la ventanilla en ningún momento, concentrada en tratar de encontrarle un sentido a lo que acababa de confesarme.
Había detalles que encajaban. Como su fuerza sobrenatural, su capacidad milagrosa para recuperarse de sus heridas, el hecho de que no comiera ni bebiera nada y que sólo lo hubiera visto de noche.
Pero estaban todos muy bronceados (excepto lita, que era inglesa) y justo la noche anterior había oído latir el corazón de Darién. No tenía colmillos, y no me había mordido.
Eso explicaba más o menos lo que me había sucedido con Endimión aunque afirmaban que no querían morderme. ¿Y en qué radicaba la importancia de aquello? ¿Acaso no podían morder a quien les diera la gana?
Lita debió ver la llegada del coche de policía, pues estaba en la puerta esperándonos. Luna se abalanzó sobre Darién, que no estaba de humor y, por una vez, la rechazó.
— ¿Qué ha pasado, Darién?— lita se dirigía a Darién pero me miraba a mí, había superado el accidente sin un sólo rasguño, pero cuando casualmente vi
Reflejada mi imagen en el retrovisor del coche patrulla, me di cuenta de que estaba blanca como el papel, lucía una expresión aterrada y tenía los ojos rojos de tanto llorar.
—He chocado el Jeep— respondió Darién con vaguedad. Aún no habíamos pasado de la puerta, pero Darién se quitó allí mismo la camiseta y se limpió los restos de sangre con la destrozada prenda.
— ¿Otra vez?— lita estaba exasperada y lo miró fijamente—. Darién, ¿De verdad...?
—Ya lo sabe— dijo Darién, interrumpiéndola.
Me miró y apartó en seguida la vista. Aunque tenía todavía manchas de sangre en la espalda, se había cansado ya de limpiarse y había arrugado la camiseta hasta convertirla en una bola de trapo. Entró en la cocina.
— ¿Qué?—lita se volvió hacia mí con su inseguridad reflejada en el rostro.
—Me ha contado que son vampiros. — Era la primera vez que abría la boca desde que Darién me lo había confesado y mi propia voz me pareció ronca y extraña.
Lita soltó el aire, temblorosa, y bajo la vista.
—Oh— fue todo lo que dijo. No replico diciéndome que Darién estaba loco, como yo confiaba y casi esperaba que hiciera.
— ¿De modo que es verdad?—pregunté. A pesar de que estaba histérica, hablé con tranquilidad.
—Tienes la boca seca. —lita forzó una sonrisa y me rodeó con el brazo, aunque se acercó a mi pensando que la rechazaría.
No lo hice, aunque era consciente de que es lo que debería haber hecho—.Qué te parece si vamos a la cocina para que bebas un poco de agua y nos sentamos allí un ratito?
—Yo ya estoy en ella— nos informó Darién desde la cocina.
Había preparado un vaso enorme de agua fría con cubitos de la nevera. Me lo entrego, pero antes de aceptarlo, me acerqué a la neveras la abrí. Tal como sami vaticinó, estaba completamente vacía. Me quede mirándola un minuto, y Darién me instó a que bebiera un poco de agua.
Cerré la nevera y engullí el vaso entero con ansia. Una vez aplacada la sed, me volví para mirarlos. Darién seguía desnudo de cintura para arriba y estaba apoyado en la isla de la cocina; lita se retorcía nerviosa las manos. Ambos me observaban.
—Darién, la verdad es que hubiera preferido que esperaras a que estuviera Andreu en casa, o incluso Endimión — le dijo lita en voz baja.
— No podía alargarlo más—respondió Darién sin ninguna vivacidad.
—Lo entiendo, pero Andreu y Endimión saben mucho más del tema. —lita intercambió una mirada nerviosa con Darién, volvió a sonreírme y saco un taburete. —Ten, cariño, ¿Por qué no te sientas? ¿Dónde está Andreu?—Me senté en el taburete y decidí empezar con preguntas sencillas, las que me parecían más cuerdas y racionales. Nada del tipo: «Y bien, chicos, ¿Quieren chuparme la sangre? ». Definitivamente, no me agradaba en absoluto pensar en aquello. —
Está buscando a Endimión— respondió Darién, y lita se quedó mirándolo.
Me di cuenta que jugueteaba sin cesar con un mechón ondulado de su pelo y comprendí que deseaba con desesperación acariciar el mío. Como el vaso de agua estaba casi vacío, lo dejé sobre la encimera. Suspiré.
—Así que ¿son... vampiros?—pregunté, sintiéndome como una tonta. Oírme pronunciando aquellas palabras me parecía una tremenda estupidez. No eran más que una familia de gente sana normal, y los vampiros no existían.
—Sí, cariño. —lita me sonrió; era la sonrisa más triste y aterrada que había visto en mi vida.
Estaban expectantes, con los nervios a flor de piel, y no entendía por qué. Eran vampiros poderosos y yo no era más que una chica humana. Si alguien tenía que estar asustado, ésa era yo.
— ¿Todos?—Miré primero a lita y luego a Darién, que se limitó a asentir solemnemente—, Y entonces ¿por qué dicen que hubiera sido menos que hubieran estado presentes Andreu o Endimión? ¿No tienen la misma información que ellos?
—Ellos son más viejos, mucho más viejos—me explicó lita, y su expresión tensa empezó a relajarse algo.
¿Cuántos años tienen?—Recordé la primera vez que le formulé esa pregunta a Darién, en aquel restaurante la noche en que nos conocimos, y como se había echado a reír.
—Veamos..., cuando cambié tenía veinticuatro años, y eso fue en 1994. Por lo tanto, calculo que debo ser ya un cuarentón.
—Pues te conservas muy bien—dije, y Darién se echó a reír con mi comentario, lo que sirvió para aliviar un poco la tensión.
—Los vampiros envejecen de otra manera, es evidente— dijo Darién, señalando su torso desnudo, que no aparentaba ni un día más de veinticuatro años.
—Físicamente envejecemos poco—dijo lita, aportando más detalles—.Maduramos de otra manera. Cuando cambiamos es casi como si realizáramos una regresión emocional. Darién está más cerca de un adolescente que de un chico de veinte años cumplidos. En parte tiene que ver con su personalidad—prosiguió lita, sonriéndole a Darién—. Pero también se debe a su edad. Y nunca acabamos de hacernos viejos, pues nuestra mente siempre está en forma.
Aprendemos de la experiencia y maduramos, pero del mismo modo que los humanos. Por muy viejo que llegue a ser Darién, nunca actuará como un hombre de cuarenta años.
Considerándolo en retrospectiva, todo aquello tenía sentido, pues siempre había pensado que Darién tenía una mentalidad más propia de mi edad que de la suya. Por eso, a pesar de que era mayor que yo, nunca me había resultado extraño que quisiera salir conmigo. Tenía un nivel de madurez similar al mío.
—Y tú ¿cuántos años tienes?—le pregunté a lita.
—Cuando cambie tenía veintiocho, y eso fue..., caray, fue hace cincuenta y dos años. —El cálculo la sorprendió incluso a sí misma, como si llevara tiempo sin caer en la cuenta. Me sonrió—. De manera que tengo ochenta años. Bueno, la verdad es que no es tanto en comparación con Endimión y Andreu.
—Y ellos ¿qué edad tienen?—No pude evitar inclinarme para examinar con mayor detalle la perfecta piel de porcelana de lita, una perfección que resultaba difícil de creer incluso en una mujer de veintiocho años.
— ¡Oh!—lita miró a Darién en busca de ayuda, pero él negó con la cabeza. —Lo único que sé es la edad que tenían cuando se convirtieron. —Darién había permanecido hasta aquel momento apoyando en la isla de la cocina, pero entonces se levantó, se apoyó en la encimera que quedaba a sus espaldas y se cruzó de brazos—.Endimión tenía diecinueve y Andreu, veintiséis. Tú eres la mayor.
—Gracias—dijo lita, lanzándole una mirada sardónica, y se volvió a continuación hacia a mí—.Endimión no ha llegado aún a los doscientos. Tendrá ciento noventa más o menos. Y Andreu... Es horrible que no sepa ni la edad que tiene mi marido. ¡Oh! ¿Lo recuerdas tú Darién? ¿Verdad que hace unos años, cuando cumplió los trescientos, celebramos una gran fiesta? ¿Cuándo fue eso exactamente?
—No lo recuerdo—dijo Darién, con un gesto de indiferencia—.Hace cinco años... quizá? La verdad es que llevar la cuenta del tiempo que pasa se hace complicado.
¿Están diciéndome que Andreu tiene más de trescientos años?— les pregunté.
Andreu, que era una de las personas más perfectas y atractivas que había conocido en mi vida, y que conducía un Lamborghini, llevaba en este mundo más de tres siglos. Jamás me había sentido tan pequeña e insignificante.
—Sí. Yo soy el bebé. Y con diferencia. —Darién sonrió, y comprendí que muchas cosas cobraban sentido. Los ojos de Andreu y de Endimión parecían mucho mayores de lo que les correspondía por su edad y todos consentían a Darién de modo en que se consciente al bebé de la familia.
—Dices que son tus hermanos, pero eso es imposible. —Recordé el día en que le pregunté a Darién si lo suyo era una especie de hermandad y entonces caí en la cuenta de que mis palabras le habían hecho reír. Eran parientes de sangre.
—No lo somos desde el punto de vista humano—explicó lita—.Pero sí como vampiros..., aunque la palabra «hermano» sigue sin parecerme la más adecuada. —Volvió a mirar a Darién—.Esto lo entiendes mejor tú que yo.
—Resulta complicado de explicar hasta que te sucede, o sí no conoces a la persona que te convirtió. —Darién dio un paso en dirección a la isla y señalo a lita con un gesto—.Andreu convirtió a Endimión, y Endimión me convirtió a mí.
Puso las manos sobre la encimera y me observó, calibrando mi respuesta a todo lo que estaban contándome.
— ¿Quieres decir que fue Endimión quien te convirtió en vampiro?
Me sentía como una tonta cada vez que pronunciaba la palabra «vampiro». Como si estuviera inmersa en una película de terror o me estuvieran grabando comuna cámara oculta. Aquello era imposible.
Si mantenía esta conversación era porque estaba viviendo un sueño y el mundo entero están hecho de algodón de azúcar o algo similar. Tenía que dejarme llevar. Una vez derrumbadas mis creencias, tenía que dejarme arrastrar por la corriente y fingir que todo tenía sentido.
—Sí— confirmó Darién.
— ¿Y eso que implica? ¿Qué te mordió?—Se me aceleró el corazón sólo de imaginar a Endimión mordiendo a alguien. Eso fue lo que intentó hacer cuando estábamos a solas en su habitación, y ahora sabiendo, exactamente lo que pretendía hacer, lo deseaba todavía más.
—No, no se trata de morder—dijo Darién, negando con la cabeza, pero levantó una ceja y me miró con extrañeza. Y entonces caí en la cuenta.
—Puedes oír el latido de mi corazón—dije. Justo antes del accidente, en el coche, mi corazón corría desbocado porque estaba pensando en Endimión, y eso era lo que había distraído a Darién. —Y cuando tú...— La expresión de Darién se alteró, y apartó la vista, pero yo seguía sintiendo su deseo.
—Cuando piensas en Endimión...—continuó lita por Darién—.
Cuando estás con Endimión, o estás pensando en él, liberas una especie de feromona. No sé muy bien cómo explicarlo.
—Nos seduce y nos incita a morderte—dijo claramente Darién.
Mi latido se había apaciguado, pero Darién continuaba tenso. Lita, por otro lado, no parecía afectada en lo absoluto.
— ¿Es sólo cuando pienso en Endimión? ¿O cuando pienso... en cualquier cosa de ese estilo?
—Andreu te explicara mejor todo esto—dijo de pronto lita. Me dio la impresión de que Darién estaba a punto de responderme y que lita se lo había impedido.
— ¿Y cómo te convertiste en vampiro sino fue con un mordisco?—Retomé el tema que había dejado pendiente antes de que se distrajesen con el latido de mi corazón.
—Bebí la sangre de Endimión. De modo que lo que corre por mis venas esta sangre de Endimión, y la sangre de Andreu, mezclada con mi propia sangre. —Darién señalo sus brazos, como si yo pudiera ver las venas a través de su piel. —No es una relación como padre-hijo por qué no provengo de ellos. Mi sangre es su sangre.
— ¿Y afectó todo esto a tu forma de ser?—Me incliné sobre la isla, mirándolo fijamente. Estaba empezando a entregarme por completo a su fantasía y a interesarme por ellos como si de verdad lo estuviera creyendo todo.
—Ellos no definen mi personalidad. —Darién miró a lita, que asintió—. Pero nosotros... ¿Recuerdas la primera vez que viniste, cuando antes de entrar te dije que sabía que les gustarías a Endimión y a Andreu? lo sabía porque me gustabas a mí.
— ¿Así que les gusta todo aquel que te guste a ti?—Me mostré escéptica, pues no me consideraba del agrado de Endimión.
—No, no, tampoco es exactamente así. —Darién suspiró, inmerso en un debate interno para discernir que tenía que contarme y qué no. Teniendo en cuenta que me había confesado su vampirismo, no comprendía muy bien qué querían seguir ocultándome—.Porque no se trata sólo de que me gustes. Sino de que le gustas a mi sangre.
—Perfecto, ¿y eso qué demonios se significa?—Me aparté un poco, y estoy segurísima que puse cara de miedo.
—Darién, creo que Andreu sería el más indicado para hablarle de esos temas. —lita lo miró sin alterarse y Darién bajó la vista. Se volvió a continuación hacia mí, sonriéndome con cariño—.Andreu es un experto en todo. A Darién y a mí aún nos queda mucho por aprender.
—Pero en realidad no son vampiros, ¿verdad?—pregunté con aprensión, y lita se echó a reír.
—Oh, cariño, lo siento mucho, pero claro que si lo somos—Retiró un mechón de pelo de mi cara y lo recogió detrás de mí oreja, y al ver que no me apartaba ni me encogía de miedo, me sonrió.
—Pero, no duermen en ataúdes, ni tienen colmillos, y tampoco están pálidos—dije, aunque al instante me corregí —.
Bueno a excepción de ti, lita, pero tampoco puede decirse que estés muy blanca.
—Tenemos colmillos—Darién abrió la boca y pasó la lengua por debajo de su dentadura, señalando sus incisivos. No eran más largos ni más grandes que unos colmillos normales y corrientes, pero tenían un aspecto tremendamente afilado.
—Y lo de los ataúdes no es más que una ridícula leyenda. Las camas son mucho más cómodas—se mofó lita con ironía.
—Pero están morenos. ¡No pueden exponerse al sol! O, espera... ¿A caso pueden exponerse al sol?
—En realidad podemos, pero no con frecuencia—continuó Darién—. El sol nos cansa, pero no nos quema, ni nos mata, ni nada de eso.
—Pero eso no explica lo del bronceado—señalé.
—No cambiamos con respecto a cómo éramos antes. Yo practicaba mucho con el monopatín y siempre estaba al aire libre. En el momento de mi cambio, mi piel estaba repleta de melanina y seguirá estándolo siempre. —Darién reflexionó un instante sobre sus palabras y se corrigió—.Es decir cambiamos un poco. Mejoramos. Yo no era tan guapo, y tenía más o menos el bronceado típico de un campesino. Pero el cambio equilibra las cosas, lo pule todo, te quita ese exceso de grasa que pudieras tener, por ejemplo. Un vampiro no puede tener sobrepeso, es imposible. No necesitamos almacenar nada, modo que todo exceso se disuelve rápidamente después del cambio.
—Bebemos sangre, que no contiene grasas—añadió lita.
—Beben sangre. —Hasta aquel momento me había esforzado en no pensar en eso.
Al pensar en Endimión mordiéndome me había centrado más en la sensación, no en el hecho de que pudiera beber mi sangre.
Me resultaba casi imposible imaginarme a lita o a Darién haciendo eso.
—Es una necesidad—susurró lita con tristeza.
—Pero se trata de sangre animal, ¿No?, pregunté esperanzada. Lita siguió sin levantar la vista, de manera que miré a Darién, que se limitó a negar con la cabeza.
—No podemos vivir de la sangre de animales—Darién me miraba con sus ojos azules y tuve que concentrarme para no delatar la sensación de náusea que empezaba a apoderarse de mí—. Igual que un humano no puede vivir de la transfusión de sangre de un perro o de una rata. De hecho, necesitamos una transfusión semanal para sobrevivir. Pero, en nuestro caso, tenemos que ingerirla.
— ¿Matan..., matan a personas?—Sabía que me temblaba la voz, pero entonces la mirada de lita se iluminó y tanto ella como Darién se mostraron horrorizados.
— ¡No! ¡No, por supuesto que no—negó lita con vehemencia—.Antes de morir, un ser humano puede llegar a perder enormes cantidades de sangre.
—Sólo bebemos su sangre—explicó con mayor detalle Jack. —El proceso no resulta doloroso. Nuestra saliva funciona a modo de anestesia y hace que la herida cicatrice de una forma increíblemente rápida.
—Y Andreu lo hace tan bien que la mayoría de la gente ni se entera de que la han mordido—me explico con orgullo lita–. Darién y yo vivimos prácticamente del banco de sangre. No es tan buena pero es mucho menos complicado.
— ¿Quieres decir que la Cruz Roja les proporciona la sangre?—Me imagine a lita y a Darién yendo a la Cruz Roja y pidiendo una jarra de sangre para consumir de camino a casa.
—No, no es exactamente así. —lita me acarició la rodilla y me sonrió—. Existe un banco de sangre para vampiros. La gente cree que dona su sangre para una institución tipo la Cruz Roja, pero es para nosotros. En el sótano tenemos una nevera llena de sangre.
—Aunque ni Andreu ni Endimión la frecuentan mucho—murmuró Darién, y lita le lanzó una mirada.
—Vivieron mucho tiempo antes de la invención de los bancos de sangre—dijo lita, como queriendo disculparse. — Son unos puristas.
Así que ellos... ¿Cómo funciona esto? ¿Eligen una persona al azar y la muerden?—Imaginarme a Endimión mordiendo a alguien me produjo náuseas.
—No, hay clubes donde la gente se ofrece voluntaria como donante. Y muchas veces eligen a chicas que creen que han quedado con ellos, y cuando les dan un beso en el cuello lo que hacen es morderlas—aclaró lita.
— ¿Y tú lo soportas?—le pregunté a lita—.Eso de que Andreu salga con otras mujeres y beba su sangre?
—No es agradable—reconoció lita, con una expresión de dolor en su cara—. Pero forma parte de nuestra naturaleza. Y prefiero que se dedique a seducir a una mujer a que la ataque y la mate. Es el precio de eternidad, cariño. Yo estaré con él para siempre, pero Andreu tiene que besar a otras mujeres. —Me sonrió con tristeza y me pregunté si yo conseguiría aceptar aquello como ella lo había hecho.
—Yo me alimento prácticamente de sangre de bolsa—dijo Darién de pronto, y me volví hacia él.
—La noche que me recogiste... ¿pensabas morderme?—Entonces, recordando lo grogui que estaba y que no sabía cómo había llegado hasta casa, abrí los ojos de par en par y le pregunté—: ¿Me mordiste?
— ¡No!—Darién levantó las manos a la defensiva ante las miradas de escrutinio, tanto de lita como de la mía— ¡No! ¡Claro que no! ¡De verdad!—Adoptó un aire tímido—. De hecho, acababa de salir de un club y... Había comido justo antes de encontrarte.
— ¿Te refieres a una de esas discotecas a las que yo intenté entrar?—Me pregunté si mina se habría liado alguna vez con un vampiro sin saberlo. Seguramente sí, y le estaba bien empleado.
—No, era un club de vampiros. Aunque no sé dónde pretendían entrar, por lo que también es posible. La mayoría de la gente no se imagina que una
Determinada discoteca pueda ser en realidad un club de vampiros. Fue en un lugar de ésos donde se produjo mi cambio.
— ¿Quieres decir que Endimión te conoció en una discoteca?
—Levanté la ceja de puro escepticismo.
—No—respondió un sonriente Darién—. Entre allí detrás de dos chicas, que luego resultaron ser un par de vampiras psicóticas. Endimión andaba por allí, buscando comida. Pero las chicas se volvieron locas y me dieron por muerto. Endimión me encontró en un callejón, detrás de la discoteca y, aún no sé por qué, decidió salvarme.
— ¿Y no tienes que estar muerto para convertirte en vampiro?—le pregunté.
—No, no puedes estar muerto—me aclaró Darién—. Si estás muerto, estás muerto. Y ya está. Los vampiros no somos no muertos. Somos, simplemente, un tipo distinto de personas. Andreu me explicó que el vampirismo es un virus, como una especie de sida, pero a diferencia del sida, que te enferma, éste te mejora.
— ¿Un virus?—pregunté, incrédula.
—Algo así—Darién se encogió de hombros—. Es lo que me explicó Andreu. Se trata de una especie de mutación evolutiva. La teoría de Andreu es que el ser humano no tiene predadores. Lo único que en verdad acaba con la humanidad son las condiciones climatológicas y las enfermedades. De hecho, epidemias como la peste servían para mantener a raya la población. Cuando las ciudades estaban sobresaturadas, surgía una epidemia y devolvía las cifras a su debido lugar. Un vampiro no es más que otro tipo de epidemia.
—Sí, todo eso me parece estupendo, pero... ¿un virus?
—Negué con la cabeza, incapaz de creerme nada de todo aquello—.Cómo es posible que todo esto sea por un virus?
—Te lo repito, Andreu tiene mucha más experiencia que yo —dijo Darién—. El vampirismo nos vuelve tremendamente eficientes. Tenemos exactamente lo que necesitamos en cada momento, no tenemos, que procesar nada. Vivimos de nutrientes puros y frescos. Y no nos pudrimos, somos como el porexpán. Estamos aquí para toda la eternidad. Si sufrimos algún daño, nos recuperamos a una velocidad de vértigo porque somos sólo sangre.
— ¿De verdad que son vampiros?—Llevaban un montón de rato explicándome cosas, pero no lograba hacerme a la idea. Darién se echó a reír y se inclinó sobre la encimera.
—Al principio reaccione igual que tú—
—Como todo el mundo, creó—confirmó lita.
—Pero...esto es una casa normal. Me refiero a que es preciosa, sí, pero es normal. Y ustedes son como una familia. Y tú...—señalé a Darién—tú, te pasas el día jugando a la consola. En una casa de un barrio residencial en Minneapolis, Minnesota. No creo. Los vampiros son mucho más que eso.
—Muchas gracias—dijo Darién, riendo a carcajadas.
—Ya sabes a qué me refiero. Tienen toda la eternidad ante ustedes y ¿piensan pasarla así?
—Exactamente. Tenemos ante nosotros la eternidad. ¿Cómo la pasarías tú?—me preguntó Darién, ladeando la cabeza.
—No lo sé—reconocí. La verdad es que nunca me lo había planteado. Tenía suficiente con pensar qué quería hacer con mi insignificante vida humana—.Pero algo más glamuroso que esto, desde luego.
—Endimión y Andreu lo han visto ya todo un centenar de veces como mínimo, y a lita no le atrae ir a ningún lado—dijo Darién con un gesto de indiferencia—. Yo he viajado algo, pero no tengo prisa. Dispongo de tiempo de sobra para ver todo lo que me guste. Hace un par de años estuve con Endimión en las pirámides.
—Puso los ojos en blanco—. Él habrá estado allí unas treinta veces. Y su actitud durante todo el viaje fue más bien de: «Oh, mira tú qué bien, ya tenemos aquí de nuevo esos grandes triángulos clavados en la arena». Aquello fue el punto final de mis viajes, al menos por el momento.
— ¿Y por eso te limitas a quedarte aquí sentado jugando?—le pregunté con incredulidad.
— ¿Y qué pretendes que haga?—dijo Darién riendo—. Tenemos más tiempo que tú. ¿Qué haces tú en la vida?
—No lo sé. —Bajé la vista y reflexioné sobre ello—. Pero es que todo me resulta muy extraño.
—Naturalmente, cariño—dijo lita acariciándome el pelo—. Son muchas cosas que asimilar.
—No tendrán pensado morderme, ¿verdad?— No lo pregunté por miedo, porque no lo sentía, sino por simple curiosidad. Lita rio a carcajadas.
—No, por supuesto que no— dijo para tranquilizarme.
—Pero anoche Endimión sí que quería hacerlo—comenté—. Y Darién lo deseaba esta misma noche, hace un rato, justo antes del accidente.
— ¡Darién!— exclamó lita, lanzándole una mirada. Resultaba gracioso que no se hubiera mostrado horrorizada en lo más mínimo al decirle lo que Endimión pretendía hacerme.
— ¡No es verdad!—insistió Darién, pero mentía.
—Darién, sabes que no puedes hacer eso— rugió lita. Me pregunté por qué le daría tanta importancia. Acababan de explicarme que los mordiscos no dolían y que no mataban a nadie. ¿Qué relevancia tenía que Darién hubiera querido morderme?
— ¡No ha sido culpa mía!— afirmó Darién, poniéndose a la defensiva—. Se estaba volviendo loca pensando en Endimión. ¿Y sabes qué? No la mordí. O sea que ya puedes ir cambiando esa cara.
— ¿Por qué motivo me vuelvo más apetitosa cuando pienso en Endimión?—pregunté, y ambos bajaron la vista—. ¡Vamos! ¡Ahora ya sé que son vampiros! ¿Qué más me queda por saber?
—Apetitosa...— reflexionó Darién—. Es una buena forma de describirlo.
— ¿Por qué me cuentan todo esto?— Los miré entrecerrando los ojos—. ¿Por qué me han contado que son vampiros? ¿A caso no es un gran secreto?
—Qué va—bufó Darién—. ¡Odio cuando en las películas empiezan con que no podemos contarle a nadie que somos vampiros porque si lo hacemos los presuntuosos vampiros de no sé qué consejo rector vendrán y nos matarán a todos! No existe ningún consejo rector. Tampoco existe una sociedad de vampiros. Del mismo modo que no existe un sólo consejo que gobierne sobre todos los humanos de la Tierra.
¿Y sabes una cosa?— Prosiguió—. La gente no cree en los vampiros. ¿Piensas que tenemos algo que esconder? ¿Crees que en algún momento he intentado esconderte algo?
—No, pero había muchas cosas que no me contabas—le contesté con mordacidad.
—Sí, porque me gustas. Sí el día que te conocí te hubiera dicho que era un vampiro, me habrías tomado por loco y me habrías mandado a paseo.
— ¿Y por eso has tardado tanto en contármelo?
—Quería estar seguro de que confiabas en mí, para que no me tomaras por loco y dejaras de hablarme. —Su cara adoptó entonces una expresión de dolor y suspiró—. Iba a contártelo aquella noche en el parque. Pero entonces se produjo el ataque de aquel maldito perro. Y te enfadaste tantísimo cuando lo maté, qué me dije. «Si reacciona así porque he matado un perro, ¿Cómo lo tomará cuando se entere que me dedico a ir mordiendo a la gente? ».
—Oh. — Pensé en aquella noche y recordé que Darién había amenazado con dar por terminada nuestra amistad porque me había echado a llorar. En aquel momento me había parecido muy duro, pero viéndolo en retrospectiva, comprendí que debió de sentarle muy mal—. Bueno, pues ahora ya lo sé. Y no pienso que seas un monstruo.
—Estupendo. —Vi que Darién se sentía sinceramente aliviado. Se tocó la piel desnuda—. Subo a ponerme una camiseta y bajo enseguida. — Salió corriendo de la cocina y lo oí subir por la escalera.
— ¿Cómo llevas todo esto?— me preguntó lita, mirándome con impaciencia. Moví afirmativamente la cabeza a modo de respuesta. Me acarició la mejilla con cariño y me estampó un beso en la frente—. Bien. ¿Quieres un poco más de agua?
—Sí, por favor, dije asintiendo de nuevo. Lita tomó el vaso y se acercó a la nevera para servirme más agua—. Sólo hay una cosa que me preocupa. — Mentí. Debía de haber cincuenta cosas que me preocupaban, pero aquélla era la única que no podía quedar sin respuesta esa noche.
— ¿De qué se trata, cariño?—Me entregó el vaso de agua y me miró con curiosidad.
— ¿Por qué se ha ido Endimión?— le pregunté. Me fijé en que lita titubeaba y bajaba la mirada—. Darién me ha dicho que ha sido por mi causa.
—Darién no sabe lo que dice— respondió lita muy tensa.
—lita. —me quedé mirándola fijamente hasta que por fin levantó la vista y suspiró.
—La verdad que está es una conversación que me gustaría dejar para otro día. —Se obligó a sonreírme—. He tenido una jornada muy larga y me apetecería darme un buen baño caliente. Estoy segura de que a Darién y a ti se les ocurrirá cualquier cosa en que entretenerse.
— ¡Eso siempre!—Darién irrumpió en la cocina, radiante, vestido con una camiseta limpia y pantalón corto.
—Y pórtate bien—le dijo lita al pasar por su lado–. Lo digo en serio.
—Sí, sí—murmuró él. Cuando le dio la espalda, le sacó la lengua. Caminó hacia mí casi bailando, sonriendo como un tonto—. No sabes cómo me alegro de que lo sepas. ¿Sabes lo complicado que resulta esconderte cosas?
—No, la verdad es que no lo sé. — seguía sin saberlo todo, pero ya me daba lo mismo. Darién estaba de un buen humor increíble y me lo había contagiado. —. ¿Y sabes lo complicado que es escondértelas a ti?
— ¡Sí!—insistió Darién, sin dejar de sonreír—. Andreu y Endimión lo hacen constantemente. Piensan que soy demasiado joven. Si fuera por ellos, a estas alturas seguiría sin saber lo que es un vampiro.
— ¿Tienes cuarenta años?—le pregunté arrugando la nariz.
— ¿Tienes miedo?— Levantó la barbilla, a la espera de mi respuesta.
—No, la verdad es que no. Sé que debería tenerlo, pero la verdad es que no. Me siento estúpidamente segura a tu lado.
Esbozó una maliciosa sonrisa y comprendí que sin querer le había retado a espantarme. Hizo girar el taburete donde estaba sentada hasta que me quedé de espaldas a la isla y se plantó delante de mí, con los brazos a un lado y a otro de mi cuerpo, atrapándome entre él y la isla de la cocina. Tenía la cara de Darién justo delante de la mía, y sus ojos bailaban con alegría.
— ¿Y ahora? ¿Tienes miedo?
—No ¿Se supone que debería tenerlo?—le respondí con una sonrisa.
—Eso creo. —Su voz se había vuelto grave y ronca, sus ojos casi transparentes estaban fijos en la míos.
Entonces vi que bajaba la vista hasta que sus ojos quedaron clavados en mi cuello, y mi corazón, que iba completamente por la libre, se aceleró. Inspiré con fuerza. Darién olía a limpio, una mezcla de jabón y dentífrico con sabor a menta. Su expresión cambio, y se tornó más tenebrosa a medida que iba aproximándose poco a poco a mí.
