Capítulo 15

Andreu no conducía tan rápido como Darién, o tal vez su retraso se debiera a que consideró de buena educación concederme algo más de tiempo para arreglarme. En cualquier caso, me planté en el portal antes que él.

Me senté en el bordillo a esperar. Temblando de frío e intentando no visualizar lo peor, lo vi aparecer por fin con el Leus.

Nunca había subido a aquel coche, pero lo reconocí al instante de haberlo visto en el garaje.

—Espero no haberte hecho esperar mucho—me dijo Andreu sonriendo en cuanto entré al coche. Puso la calefacción en marcha al verme temblando—. Avísame cuando haya alcanzado la temperatura adecuada nosotros no sentimos el frío como ustedes.

—De acuerdo. — El asiento me pareció calientito y mullido después de haber permanecido aquel rato sentada en la gélida acera, así que me sumergí en él.

— ¿Cómo estás?—me preguntó Andreu con sinceridad, e intenté responderle con toda la franqueza posible.

—Estoy... Tratando de asimilar muchas cosas. ¿Está bien Darién?

—Sí, está bien— dijo asintiendo—. Sólo necesitaba un poco de tiempo para aclarar sus ideas.

¿Volverá a sentirse cómodo en mi presencia?

—Sí. Anoche había muchas emociones de por medio. Es un territorio muy nuevo para todos nosotros, y daremos muchos pasos en falso. —Hablaba de manera calmada y su voz profunda consiguió transmitirme una tranquilidad que no experimentaba desde que había llegado por la noche a mi casa—. Pero tendrán que ir con más cuidado cuando estén juntos. Y debería ser más fácil ahora que conozcan sus limitaciones.

—Eso espero. — A pesar de que ya no tenía frío, presioné la sudadera contra mi cuerpo—. ¿Ha vuelto ya Endimión?

—Todavía no. Pero regresará pronto.

—Darién dijo que yo estaba destinada a Endimión. — ¿Qué significa eso?—Miré a Andreu, esperando que esquivara la respuesta igual que habían hecho los demás.

—La mitología cuenta de nosotros que somos extremadamente solitarios, pero en el fondo, en lo que respecta a las emociones, somos muy humanos. Deseamos compañía, pero tiene que ser muy selectiva.—hablaba sujetando, el volante con una mano mientras con la otra jugueteaba entre sus dedos con un anillo de plata.—Nuestra sangre se siente atraída como un imán hacía lo que podríamos denominar, a falta de un término mejor, nuestra alma gemela. Cuando la encontramos lo sentimos dentro.

— ¿Y lita es tu alma gemela?—pregunté en voz baja.

—Así es.—Sus ojos tenían de nuevo aquella mirada remota y las comisuras de su boca, aunque muy someramente, se torcieron en un amago de sonrisa—.He vivido doscientos cincuenta y cinco años antes de encontrarla, pero ahora no me imagino pasar un solo día sin ella. «Salí» incluso con chicas antes de conocerla, pero establecer relaciones duraderas me resultaba imposible. Fue en parte por eso por lo que convertí a Endimión en vampiro. Me sentía desesperadamente solo y él viajó conmigo durante un tiempo. Hasta que conoció a su alma gemela.

—Espera —dije, interrumpiéndolo—. Tenía entendido que yo era el alma gemela de Endimión.

—Ya te he dicho que todo esto es completamente nuevo para todos nosotros—me respondió Andreu, mirándome—. Endimión conoció a una vampira llamada rey y estuvieron juntos sólo durante un breve tiempo. Unos diez o veinte años. Él recuerda las fechas con exactitud pero nunca habla del el tema.

— ¿Y qué pasó?—Volví la cabeza hacia la ventanilla y fue entonces cuando me di cuenta de que no estábamos siguiendo el trayecto habitual hacia su casa.

De hecho, y a no ser que me hubiese desorientado, no íbamos ni mucho menos hacia allí.

¿A dónde vamos?

—He pensado que sería mejor que charlásemos un rato los dos solos antes de ir a casa. —Andreu debió de captar mi confusión, pues dijo además–. Es mejor que Darién no oiga ciertas cosas.

—Oh—dije. Darién había mencionado que no lo tenían al corriente de todo, y era evidente que no mentía—. ¿Y qué pasó con Endimión?

—Mataron a rey. Andreu me oyó tomar aire y sonrió lánguidamente—.Estalló una guerra entre vampiros por el control de una determinada zona. Los vampiros son manifiestamente territoriales y posesivos, aunque también son humanos.

En muchos sentidos, no somos más que una versión intensificada de ustedes.

— ¿Estás diciéndome que rey murió a manos de otro vampiro?—Lo pregunté con ojos abiertos como platos, y Andreu confirmó mi sospecha con un gesto afirmativo.

—Estuvieron también a punto de acabar con Endimión. Después de aquello, vivió sumido en un período terriblemente oscuro.

—Una sombra de preocupación cubrió su rostro y pensé que sería mejor no saber por lo que había pasado o lo que había hecho Endimión—.Ha combatido en todas las guerras que se han librado desde la primera guerra mundial, hasta su última excursión a Oriente Medio—prosiguió Andreu. Durante mucho tiempo tuvo ansia de sangre o deseo de muerte, o una combinación de ambas cosas. Nunca ha vuelto a ser el mismo.

—Tuvo que ser terrible para él—dije. Apenas había pasado tiempo en su compañía, pero sí le sucediera cualquier cosa sería una agonía para mí.

—Lo fue—reconoció solemnemente Andreu—. Pero ha salido adelante lo mejor que ha podido. Después de la muerte de rey se, dio por sentado que parte de su vida se había acabado. Lo asumimos todos así, de hecho. Pero entonces apareciste tú.

— ¿Cómo supieron que estaba destinada a Endimión?—pregunté—.Darién se tropezó conmigo mucho antes de que yo conociera a Endimión.

—No lo sabíamos, al menos no de entrada, aunque lita lo sospechó enseguida. —Andreu hizo un leve gesto de indiferencia—. La verdad es que no tenía sentido.

— ¿Qué quieres decir?—. Arrugué la frente, esforzándome por entender todo aquello.

—Para empezar, eres humana. —Andreu me miró sin alterarse y yo negué con la cabeza, sin comprender que quería decir—. Nunca hemos estado destinados a humanos. Tanto Endimión como rey eran vampiros cuando se conocieron, igual que lo era lita cuando yo la conocí. No somos lo que se dice insensibles, pero la verdad es que con los humanos no nos unen los mismos vínculos que con los vampiros. Cuando Darién llegó a casa y nos explicó que te había conocido, no nos lo imaginamos —continuó Andreu—.Conectó contigo al instante, pero sin sentir esa... Necesidad física que nosotros sentimos.

Asentí, pues sabía muy bien a qué se refería. Lo experimenté en el mismo instante en que conocí a Endimión, y con el tiempo la sensación había ido intensificándose.

—La conexión, sin embargo, es algo que todos comprendemos muy bien—siguió explicándome Andreu—.Endimión es mi sangre, y por eso yo sentía una conexión con rey, y tanto Endimión como Darién sienten ahora una conexión con lita.

— ¿Y sientes una conexión conmigo?—Yo creía sentirme conectada con él, pero me resultaba difícil decir si se trataba de una conexión real o simplemente había caído víctima de los encantos de su perfección.

—Sí. —Andreu me sonrió con cariño y me ruboricé—. Eres el ser humano con el que mayor conexión he sentido desde que soy vampiro.

—Darién mencionó que mi seguridad era una prioridad para ti—murmuré aturdida. Resultaba perdidamente adulador e intimidante saber que le gustaba Andreu.

—Y no exageraba—confirmó Andreu, haciendo más patente su sonrisa—. Te encuentras en una posición única.

— ¿Y tiene que ver esto con el tema de morderme?—le pregunté.

—Sí y no. —Andreu ladeó la cabeza—.Recuerdas que hace un momento te he dicho que somos posesivos y territoriales? Ese es el motivo de que, desde el mismo momento en que Endimión te conoció, pasaras a ser suya. Él lo sintió en su interior, igual que lo sientes tú.

Cuando Endimión perdió a rey, se quedó destrozado—continuó Andreu—. Juró que nunca volvería a pasarle. Para ser sincero dudé que lograra sobrevivir al suceso. —Andreu soltó el aire, con una expresión de pura tristeza—. Él no desea quererte. Pero sus sentimientos... Eso no hay nada que pueda cambiarlo.

Y tú, por encima de todo, eres muy frágil. –Me miró muy serio—. Cuando estamos emparejados con alguien, bebemos con frecuencia de su sangre. Pero en tu caso es demasiado peligroso, sobre todo teniendo en cuenta que Endimión siente lo que siente.

Para él sería muy fácil dejarse arrastrar por la vorágine del momento y llevar las cosas demasiado lejos.

El otro día huyo porque no quería hacerte daño—prosiguió Andreu—. Supuestamente no tendría por qué ser tan duro, serena.

En condiciones normales, se trata de un proceso muy sencillo y limpio. Pero esto es mucho, muchísimo más complicado.

— ¿Debido a rey?

—Sí, y debido también a que tú eres humana. —Puso mala cara y suspiró—. Y debido a Darién.

— ¿Debido a que Darién quiso morderme anoche?

—Es más que eso. —Andreu me miró con conocimiento de causa—. Darién se ha enamorado de ti, serena.

— ¿Qué?—Sorprendida, me ruboricé sin poder evitarlo. Me había planteado la posibilidad de estar enamorándome de él pero, como Andreu acababa de explicarme, los vampiros no se enamoraban de los humanos—. Creía..., creía que eso era imposible.

—También lo creía yo—reconoció Andreu con seriedad—.Darién no debería sentir nada por ti. Tú eres humana, estás destinada a Endimión, no eres de Darién. A lo

Mejor es por qué ha pasado mucho tiempo contigo antes de que conocieses a Endimión y te has fusionado por completo con él.

— ¿Y..., y eso que quiere decir? ¿Qué puede realizarse una transferencia? ¿Qué puedo estar con Darién en lugar de con Endimión?—pregunté. Me di cuenta de que mis preguntas escandalizaban a Andreu.

— ¿Querrías eso?—Me miró fijamente—.Querrías estar con Darién en lugar que con Endimión?

—No lo sé—confesé con inquietud—. Quiero decir que si Endimión no me quiere, me parece una estupidez forzar las cosas.

—Endimión te sigue queriendo—aclaró Andreu con celeridad.

—Y entonces ¿por qué no está conmigo?—le pregunté—.

¿Por qué anoche era a Darién a quién deseaba?

—No lo sé—respondió Andreu por fin—. Endimión volverá pronto a casa y espero que entonces podamos aclarar un poco todo esto.

El coche había empezado adentrarse por territorio conocido y comprendí que ya no andábamos muy lejos de su casa.

— ¿Y Darién?—pregunté en voz baja.

—Endimión no sabe lo que siente o lo cerca que estuvo morderte anoche—me comentó Andreu—. Y nunca podrá morderte.

Endimión detectaría tu olor y eso no sería bueno ni para ti ni para Darién.

—Pero ¿puedo seguir viéndolo?—Se me partía el corazón sólo de pensar en una vida sin él, por mucho que tuviera a Endimión.

—Sí, por supuesto. Pero tienen que aprender a controlarse.

— ¿Estás seguro de que estoy destinada a Endimión?—le pregunté con mucha cautela en el momento en que entrábamos ya en el camino de acceso a la casa.

—Sí—respondió sin dudarlo un instante. La puerta del garaje se cerró a nuestras espaldas, pero no salimos todavía del coche—. Algo ha salido mal esta vez, pero no hay otra explicación.

—Oh. —Resultaba extraño cómo una sola frase podía animarme y destrozarme a la vez.

— ¿Estás enamorada de Darién?—Su voz no era más que un murmullo, como si tuviera miedo de que pudiera oírlo.

—No lo sé—reconocí con sinceridad. Los ojos se me llenaron de lágrimas y me mordí el labio.

—serena, escúchame con atención. Aunque Darién te guste, no actúes en consecuencia, —Me miró fijamente con sus profundos ojos castaños, transmitiendo con la mirada la gravedad de sus palabras—. No pretendo asustarte, pero... Las cosas son así, y lo siento mucho.

–De acuerdo. —Me pasé la mano por los ojos para secarme las lágrimas.

— ¿Estás bien para entrar en casa?—me preguntó Andreu.

—Sí, estoy bien—dije. Esperó a que yo abriera la puerta y saliera del coche antes de salir él—.Y si le gustó tanto a lita es por lo de la sangre, porque es tuya y por todas esas cosas?

—No, lita te quiere porque es lita, y porque ella es así.

—Andreu me sonrió feliz, aliviado de poder hablar de un tema del que realmente se sentía orgulloso. Posó la mano en mi nuca y entramos a la casa—.

Y ahora, respóndeme con sinceridad: ¿Es esto lo que te imaginabas cuando pensabas en vampiros?

—Más bien no—dije, y Andreu se echó a reír.

— ¡Por fin están en casa!—gritó lita. Entró corriendo en el vestíbulo y me abrazó. Por vez primera, luna no llegó corriendo a recibirnos, aunque enseguida caí en la cuenta de que en está ocasión no iba acompañada por Darién—. Me daba un poco de miedo que anoche hubiéramos acabado asustándote.

—Nunca podrán asustarme—le dije al oído. Me soltó por fin y me tomó la cara entre sus manos, mirándome como si desease asegurarse que era yo de verdad.

— ¡Oh, tienes aspecto de estar muy cansada! ¿Has podido dormir?—La veía tan ansiosa que moví afirmativamente la cabeza y me obligué a sonreír—. Ya sé lo que necesitas, cariño.

Un buen baño caliente. En nuestra habitación tenemos una bañera jacuzzi estupenda. Voy a empezar a llenarla para que puedas sumergirte en sus estupendas burbujas y te quedarás fresca como una rosa.

— ¿Tan frescas están siempre las rosas?—preguntó Darién con cierta sequedad, y aparte la cabeza de lita para mirarlo.

Estaba apoyado en el umbral de la puerta, con una sonrisa torcida dibujada en el rostro. Mi corazón se inflamó al verlo. La noche anterior había temido de tal modo haberlo perdido para siempre, que no pude contenerme. Corrí hacia él y lo abracé con fuerza.

—Tranquila, estoy bien, estoy bien. —Me apartó con delicadeza, posando las manos sobre mis hombros hasta que quedé a un par de palmos de distancia sobre él—.Entendido? Estoy bien.

—Estaba preocupada. —Pestañeé para impedir que me salieran las lágrimas y tragué saliva.

—Sí, se te nota—dijo Darién en voz baja, y su inquietud me desbordó.

— ¡Sólo necesita un agradable baño caliente con burbujas!

—Lita me abrazó por la cintura para poder apartarme de Darién, un gesto que exigió cierto esfuerzo por su parte—. Tenemos unas fabulosas sales de baño de lilas que acaban con cualquier tensión.

Lita siguió loando las maravillas de su bañera mientras me arrastraba fuera de allí, pero antes de desaparecer lancé una mirada a Darién por encima de mi hombro.

—Tienes que ir con más cuidado—estaba aconsejándole Andreu.

— ¡Pero si yo no he hecho nada!—exclamó Darién, y me pregunté aturdida como acabaría todo aquello.

El jacuzzi caliente no era tan mágico como lita había declarado, aunque como mínimo me ayudó a relajarme. Todo lo que me rodeaba se había vuelto estrambótico. Hacía penas nada, ni siquiera conocía a aquella gente, y ahora me resultaba imposible imaginar, el resto de mi vida sin ellos, por larga que pudiera acabar siendo esa vida.

Abandoné las relajantes aguas de la bañera y me envolví en una de sus gigantescas y reconfortantes toallas. Lita había llenado el cuarto de baño de velas con aroma a lilas que le aportaban a la estancia un cálido resplandor.

Sobre la colcha blanca me había dejado un pantalón de pijama de seda y una camisola azul a conjunto. Como en la casa solía hacer frío, me puse la sudadera encima, aunque era casi un sacrilegio ponerse algo tan ordinario encima de prendas tan delicadas y lujosas como aquéllas. Vivían en un plano completamente distinto al mío, en todos los sentidos.

—Simplemente digo que has chocado el Jeep. —Las palabras de Andreu llegaron a mí flotando por el pasillo en el momento en que abrí la puerta el dormitorio—. Tampoco es tanto pedir que pagues una cantidad equivalente a su valor.

—Lo único que quieres es que no pare tanto por casa—refunfuñó Darién.

—Eso tampoco te haría ningún daño—dijo Andreu.

Recorrí el pasillo hasta la cocina y dejaron de hablar en el momento en que me vieron. Lita estaba delante de una montaña de platos y comida repartidos por las encimeras. Tenía las mejillas cubiertas e polvo blanco y una mancha de salsa roja en su elegante delantal. Darién estaba sentado en un taburete junto a la encimera, y estoy segura de que le habría gustado ayudar, aunque me imagino que de haberlo hecho se habría dedicado tan sólo a jugar con los ingredientes. De hecho, en el momento en que entré, estaba practicando juegos malabares con un tomate y un limón.

— ¡Oh, tienes mucho mejor aspecto! Observó lita con una radiante sonrisa. Darién dejó el tomate sobre la encimera y rechazó mirarme directamente—.¿No te parece fabulosa esa bañera?

—Sí, es estupenda. —Me pasé la mano por el pelo mojado y me di cuenta de que lita ansiaba hacer lo mismo. Me acerqué para ver que era aquel lío que

Tenía montado, tratando de mantener la distancia con Darién—.Que estás haciendo?

—Intento prepararte una comida casera—me explicó lita, con una melancólica sonrisa—. ¡Antiguamente era una cocinera magnífica, lo juro! ¡El vecindario entero adoraba mis guisos!

—Darién rió burlón y lita extendió el brazo para pegarle un manotazo. ¡De verdad! ¡Te habrías quedado pasmado si hubieras probado alguna de mis recetas!

—Lo que tú digas. Darién se desplazó con el taburete para quedar fuera del alcance de lita, protegiéndose por si ésta decidía volver a pegarle.

—Lo que pasa es que hace mucho tiempo que no cocino.

—lita observó con amargura el caos que la rodeaba, donde había desde pepinos hasta peras pasando por una masa de pastel—. He olvidado el sabor de esas cosas. — Había una cazuela con algo de color rojo y lita tomó una cuchara para removerlo un poco. Me miró a continuación, disculpándose—. Me parece que lo que he cocinado va a ser incomible.

— ¿Y qué me dices de esto?—Darién me mostró un tomate, y le respondí con un gesto de negación.

—No pasa nada ni siquiera tengo hambre.

— ¡Oh!—exclamó lita con los ojos brillantes—.tu hermano es cocinero. ¿Verdad?

—No se dedica profesionalmente a ello, pero sí, cocina muy bien—le respondí, algo dubitativa. Sami era mi hermano, y en aquella casa había demasiado ajetreo en aquel momento, por lo que prefería mantenerlo al margen. Al menos por esa noche.

— ¡Fantástico! ¡Y estoy segura de que conoce tus recetas favoritas!—Desbordaba alegría por su ocurrencia—. Ya lo tengo ¿Por qué no me das su teléfono y lo llamo? ¡Oh! Pero ¿qué hora es? ¿No será demasiado tarde?— Miró a su alrededor en busca de un reloj y vio que no eran más de las ocho y cuarto—.Estará todavía despierto?

Asentí. Lita sacó el teléfono de su bolsillo y le di el número.

— ¡Hola, sami!—La sonrisa de lita era tan amplia que resultaba casi dolorosa—. ¡Me alegro mucho de oírte! No te habré despertado, ¿verdad? Lo siento, cariño. No pretendía molestarte. — Mi hermano debió responder con algo positivo, ya que lita se puso a reír y continuó su conversación con la intención de prepararme una cena perfecta para que yo me sintiera a gusto.

—En realidad no tengo mucha hambre. —Bajé la voz para que lita no me oyera, pero ella seguía enfrascada en su conversación con sami, dando vueltas por la cocina, cogiendo cazuelas y sartenes y todo lo que pensaba que iba a necesitar. —Y, de todas maneras, ¿por qué tienen tantos cacharros de cocina?

—Nos hace sentirnos más normales. Darién se encogió de hombros—.En realidad no necesitamos cocina y ya ves que tenemos siete cuartos de baño en una casa en la que habitan cuatro personas.

— ¡Los cuartos de baño aumentan el precio de venta, en un momento dado!—dijo Andreu. Por el tono comprendí que no era la primera vez que tenían aquella discusión—. No vamos a vivir aquí eternamente y se trata de que podamos recuperar en su momento el dinero invertido.

— ¿Quieres decir que no van a vivir mucho tiempo aquí?

—Estaba inclinada sobre la encimera, pero levanté la cabeza para dirigirme a él.

No puedo seguir teniendo siempre veintiséis años sin que algún vecino se percate de que aquí sucede algo raro—se explicó Andreu, y necesite aún un momento más para captarlo. Ellos nunca envejecerían, mientras que los que vivían en los alrededores sí—. Cambiamos de casa cada cinco años, aproximadamente, aunque ahora llevamos una buena temporada por Minneapolis.

—Yo nunca he vivido en otra parte—añadió Darién.

— ¿Naciste aquí?—Lo miré con extrañeza. No sé por qué, pero siempre me había imaginado que era originario de California, o de las Vegas, o de algún otro lugar por el estilo.

En Stillwater, de hecho, pero con todo y con eso sigue siendo complicado vivir tan cerca de la familia.—Lo había dicho como un comentario más, como si no tuviera gran trascendencia, pero caí entonces en la cuenta y Darién se percató de mi cambio de expresión—. No podemos ver a la familia. Cambiamos al

Principio para mejorar nuestro aspecto, pero después de eso ya permanecemos inalterables.

—Y verlos envejecer resulta muy duro—. Con sus palabras, Andreu había conseguido que algo realmente terrible pareciese al menos mínimamente balsámico, pero aun así, yo continuaba con el corazón encogido.

Miré de reojo alita, que seguía junto a sus fogones charlando feliz con mi hermano, y capté con toda su plenitud el enorme alcance de lo que Andreu acababa de decir.

—No es tan horrible como parece—dijo Darién.

Había cosas en las que ni siquiera había pensado cuando empecé a relacionarme con ellos y estaba segura de que más adelante aparecerían otras. No iba a ser fácil, en lo absoluto.

Y como si quisiera dar solidez a mis pensamientos, Endimión apareció dé repente en la cocina. Tanto su camiseta como sus vaqueros eran extremadamente ceñidos y ponían de manifiesto los esbeltos perfiles de su atractivo cuerpo. Sus abrasadores ojos de color azules se posaron en mí sólo un segundo, para retirarse de inmediato, como si no soportara verme.

Me di cuenta de que temblaba por su mera proximidad, el latido del corazón me retumbaba en los oídos. Vi con el rabillo de ojo que Darién se estremecía pero, por una vez, no me transmitió su sensación. La presencia de Endimión lo eclipsaba todo, incluyendo los sentimientos que a menudo yo tomaba prestados de Darién.

— ¿Qué es todo esto?—preguntó Endimión, señalando el caos culinario que tenía montado lita. Ella estaba tan distraída con sus recetas que ni se había dado cuenta de su llegada pero, al oír su voz, levantó la cabeza una sorprendida mirada nerviosa.

—Luego te llamo—murmuró lita al teléfono. Colgó rápidamente y lo guardó en el bolsillo. — ¡Has vuelto a casa, Endimión!

—Sí. —Endimión se mordió el interior de la mejilla y vi cómo se esforzaba para no mirarme. Me pregunté cómo conseguía reprimir su deseo. En mi caso, resultaba tan abrumador que apenas podía respirar—. ¿Tengo que suponer que se trata de un banquete para celebrar mi regreso?

—Ya lo sabe, Endimión—le dijo Andreu sin levantar la voz.

Clavó sus ojos en mí, provocándome una oleada tan repentina de sensaciones que sentí vértigo. Oí a mis espaldas el estrépito de un taburete que había caído al suelo, pero no me volví cuando Darién salió corriendo de la cocina. Me dio la impresión de que tampoco Endimión se daba cuenta de nada, pues se iba acercando muy lentamente a mí, sin despegar su mirada de la mía.

— ¿Así que ahora le dan de comer? Endimión me miraba a mí pero formulaba la pregunta a otro, aunque nadie se tomó la molestia de responderle. Extendió el brazo y tocó un mechón de mí todavía húmedo pelo y tomó aire—. Y veo que también se ducha aquí. ¿Vive ya en esta casa?

—No. —Andreu dejó la palabra flotando en el ambiente.

Endimión seguía mirándome. Sabía, en algún recóndito lugar de mi mente, que allí había más gente y que debería resultarle a todo mundo muy incómodo que Endimión estuviera mirándome en público de aquella manera aunque, no sé por qué, no era así.

— ¿De modo que ya sabes que somos vampiros?—A pesar de que Endimión me sonreía, su tono de voz tenía un afilado matiz—.Y sabes que matamos? Que podrías, sin ningún problema, convertirte en nuestro alimento...Pero, gracias a una combinación de suerte y casualidad, veo que sigues aquí.

Me miró con los ojos entrecerrados. Notaba el calor que irradiaba su cuerpo de un modo que parecía pasar inadvertido a los demás. El hormigueo era intenso y mi corazón tiraba con fuerza hacia él toda y cada una de las partes de mi cuerpo gritaba por hacerse con él y, con dolor, empezaba a creer que él no sentía lo mismo.

— ¿Por qué estás aquí?—Preguntó Endimión con voz ronca.

—Por...porque quiero—respondí tartamudeando.

Se había apoderado por completo de mi cerebro y me resultaba imposible ofrecer una respuesta aceptable. Me inundaba su aroma, penetrante y seductor, que cegaba prácticamente todos mi demás sentidos.

— ¿Por qué quieres?—repitió Endimión sin alterarse—.Quieres esto?

Abrí la boca con la intención de responder y en aquel momento sentí su mano en el cuello y me había acercado a la pared, aplastándome casi contra ella.

Las pasiones en conflicto encendían sus ojos, pero lo único que yo percibía era su mano sujetándomela garganta. Mi pulso bombeando bajo la presión de sus dedos.

- ¿De verdad es esto lo que quieres?-espetó.

Esta vez no pude responder, puesto que la presión de su mano me lo impedía. No podía respirar, pero ni siquiera me daba cuenta de ello. Se pegó a mí y noté el duro contorno de su cuerpo junto al mío. Su aroma embriagador me asfixiaba. Si continuaba mucho tiempo así, moriría, pero habría merecido la pena.