Capítulo 17

Decidí abordar el tema en el autocar de camino al instituto. El trayecto duraba un espacio de tiempo determinado e iba seguido por un día completo de clases, lo que me impediría darles demasiadas vueltas a las cosas.

Sami tenía un libro abierto en el regazo y estaba haciendo un repaso de última hora antes de un examen. Mi intención era que todo pareciera de lo más normal, de modo que seguí con los auriculares en los oídos y la música en el iPod, aunque a un volumen adecuado para poder mantener una conversación.

–Oye, sami –le dije, tratando de que mi voz sonara lo más despreocupada posible.

– ¿Qué pasa? –refunfuño él sin apartar su atención del libro.

– ¿Qué opinas de… de los vampiros? –Dudé antes de pronunciar la palabra, como si articularla delante de otro que no fueran ellos la hiciera más real.

–No lo sé –respondió sami, sin alterarse.

No expreso el más mínimo interés por la conversación, pero decidí seguir insistiendo. No me gustaba no poder compartir mis cosas con él y me resultaba prácticamente imposible guardar un secreto del calibre de aquél, capaz incluso de cambiar mi vida.

– ¿No crees que podrían ser reales? –Mientras esperaba su respuesta, tire de las correas de mi mochila y me mordí el labio.

–No. –Me miró como si yo fuera idiota, más o menos la reacción que esperaba–. ¿Crees acaso que los hombres lobo existen?

–Los hombres lobo no existen –le respondí.

–Eso es, y los vampiros tampoco. –sami hizo un gesto de negación y continuó estudiando.

–Pero ¿no crees que podría ser posible que existiesen? –le pregunté. Sami levantó la cabeza y me miro perplejo, sin entender por qué estaba formulándose aquel tipo de preguntas.

– ¿Criaturas que sólo viven de sangre y que nunca envejecen? –Repitió su gesto de negación–. Desde el punto de vista biológico es completamente imposible. ¿Y qué encima duermen en ataúdes? Ese detalle sí me parece innecesario.

–A lo mejor no duermen en ataúdes –sugerí, rascándome una uña hasta conseguir descascarillar la laca.

–No por eso resulta más verosímil. –Me miro entornando los ojos–. Muy bien. ¿Qué es todo esto? ¿Volviste a quedarte despierta viendo jóvenes ocultos?

–No. –Me pasé la mano por el pelo, pensando en cómo justificar el tema–. Es que anoche tuve una pesadilla. Eso es todo.

–Mira, a lo mejor si no anduvieras por ahí toda la noche con Darién, podrías dormir como una persona normal y no tener sueños ridículos.

–Sí. –Decidí que tal vez lo mejor fuera lanzar indirectas–. Toda la noche.

–Efectivamente, eso es lo que he dicho. –sami pasó a prestar de nuevo atención a su libro, cada vez más fastidiado.

–Sí. ¡He soñado con vampiros porque estuve toda la noche con un hombre atractivo de verdad! –Intenté poner énfasis en todas mis palabras para ver si caía en cuenta, y cuando mi hermano levantó otra vez la cabeza me dio la impresión de que por fin había conseguido comunicarse con él.

–Espera un momento. Creía que me habías dicho que Darién no te parecía atractivo –dijo sami, suspiro a continuación.

–Olvídalo. –Moví la cabeza de un lado a otro.

Cuando empezó a preguntarme sobre cómo se las había ingeniado lita con la receta que le había pasado la noche anterior por teléfono, desconecté y subí el volumen del iPod. Supongo que en el fondo no quería hablar de vampiros.

Durante la comida, mina me dijo que tenía un aspecto horroroso y que últimamente me comportaba como si no fuera yo. Por primera vez en muchos

Días sacó a relucir el tema de Darién. Pero tampoco quería hablar de él, por lo que me excusé diciéndole que no me encontraba muy bien, me levanté y fui al baño.

La verdad es que la imagen que vi reflejada en el espejo no se parecía a mí. Estaba pálida, ojerosa, y había adelgazado visiblemente.

Pasaba muchas noches en casa de Darién y, como ellos nunca comían, yo apenas lo hacía. Por otro lado, si no pasara tanto tiempo con un nudo en el estómago tal vez tendría más hambre.

No sabía cuánto tiempo podría resistir así. Mi vida como ser humano normal me parecía una farsa, y todo lo relacionado con los vampiros, que en un principio me había resultado divertido y emocionante, estaba volviéndose más doloroso cada día que pasaba.

Todos se mostraban muy amables conmigo y afirmaban estar preocupados por mí, pero ¿por qué me hacían tanto daño?

Recordé de nuevo la historia de aquella chica fea que descubrió sin querer un pueblo de gente hermosísima. Sólo que esta vez me detuve a pensar mucho más en lo agotada y utilizada que debió sentirse cuando dejaron finalmente de amarla.

Después de clase, sami se enfrascó en un discurso y me sermoneó por no estar nunca en casa, haciendo hincapié en el hecho de que mi madre empezaba a percatarse de ello. Por lo menos se había olvidado completamente sobre la conversación sobre vampiros que habíamos mantenido en el autocar, lo que me hizo sentir un poco mejor.

No creía que les importara que se lo contase a sami. Pero me imaginaba que si se lo dijera, mi hermano me encerraría en un manicomio y nunca más volvería a verlos.

«Buenas noticias. Endimión y Andreu se han marchado de viaje de negocios», decía el mensaje que Darién acababa de enviarme.

Sami puso los ojos en blanco al oír la consabida melodía.

–Ya sabes que Darién me gusta, pero ¿te has planteado que algún día tendrás que empezar a estudiar y hacer los deberes? –me pregunto.

Estaba sentado en la cocina haciendo algún trabajo del instituto, pero yo me había tumbado en el sofá y me limitaba a dormitar. Mis escasas horas de sueño nocturno empezaban a dar resultado pequeñas siestas a media tarde.

– ¡No! –le respondí.

El instituto y los deberes habían pasado a un segundo plano. Empezaba a darme la impresión de que iba a basar mi futuro en un matrimonio por dinero o, tal vez, que iba a morir joven. Fuera de lo que fuese, los estudios carecían ahora de importancia para mí. « ¿Y por qué son buenas noticias? », le respondí. Me dolía saber que no iba a ver a Endimión, pero por otro lado, era también un consuelo. No podía tolerar tantos rechazos.

«Podríamos salir con el Lamborghini. ¿Estás lista? »

« ¡Por supuesto! ¡Nos vemos abajo! ¡Corre! », Le respondí, y me levante volando del sofá.

Sami empezó a sermonearme sobre los estudios y el sueño. Pero ni siquiera me moleste en fingir que lo escuchaba. Con el estrés de último fin de semana, tenía ganas de pasar una noche divirtiéndome con Darién haciendo tonterías.

Salí a la calle justo en el momento en que llegaba el auto rojo. Abrí la puerta, entré en el vehículo y saludé a Darién con una gran sonrisa. Darién río a carcajadas ante mi despliegue de euforia, un sonido que volvió a emocionarme.

–Veo que estás de buen humor–comentó, radiante. No arrancó el coche enseguida, sino que se quedó contemplándome–.

¿Qué quieres hacer?

– ¡Me da lo mismo! ¡Mientras lleguemos rápidamente a donde sea! –le respondí. Sus ojos brillaron al escucharme decir aquello.

–No tendrás que decírmelo dos veces. –Puso el coche en marcha y aceleró hasta tal punto que me quedé pegada al respaldo del asiento.

Me sentía segura con él a pesar de nuestro reciente accidente. Al fin y al cabo, y aunque Darién había sido el causante, me había salvado la vida.

–Este fin de semana se ha hecho larguísimo –dije con cierta melancolía.

–Dímelo a mí… –Darién estaba tan frustrado y cansado como yo, un detalle que era fácil de olvidar.

En general lo consideraba el culpable de todo aquello, pero Darién no era más que un peón, igual que yo. Estábamos atrapados en una tenaz batalla contra la biología.

–Sólo quiero que todo vuelva a la normalidad. –Casi esperaba que se mostraba de acuerdo conmigo, pero se limitó a reír.

–Supongo que cuando hablas de normalidad te refieres a salir por ahí con tu amigo vampiro –dijo sonriendo–. Sí. Éste es el criterio de normalidad.

–Desde luego a mí me parece mucho más normal que todo eso de que mi sangre está destinada a Endimión –murmuré–. ¿Cómo es posible que una parte de mí esté destinada a lo que sea? ¿Quién ha decidido que sea así?

–Ojalá lo supiese. –Su expresión flojeó por un instante, pero enseguida movió más la cabeza a un lado y a otro–. Mira, no pensemos más en estos temas. Se nota que estás agotada. ¿Por qué no dedicamos está noche a hacer algo agradable y relajante?

– ¿Cómo qué? –Me volví hacia él y recosté la cabeza en el asiento,

– ¿Qué te parece si vamos a casa a ver una película? Debo tener un millón. Seguro que encontramos un par que te apetezca ver.

–Me parece fantástico –reconocí. La idea de pasar la velada acurrucada al lado de Darién sonaba de lo más maravilloso–. ¿Cuánto tiempo estarán de viaje Endimión y Andreu?

–No lo sé –dijo él con indiferencia–. Supongo que una semana ¿Por qué?

– ¿Y qué es lo que hacen? En cuanto a negocios, me refiero. ¿De dónde sacan tanto dinero? –Había dedicado tanto tiempo a hablar de lo sobrenatural que apenas había oportunidad de formular preguntas sobre los temas más prácticos, como todo lo relacionado con su manera de ganarse la vida.

–Andreu lleva cientos de años trabajando en diversas cosas, de modo que sus ahorros se remontan a mucho antes de que yo naciera. En estos momentos se

Dedican básicamente a la bolsa y los fondos de inversión. Yo ni me preocupo por lo que hacen.

"Son propietarios de un par de empresas en el extranjero" –continúo explicándome Darién–. Pero siempre andan cambiando y diversificando sus negocios. No pueden permanecer mucho tiempo tratando con la misma gente, pues acabarían dándose cuenta que no envejecen.

– ¿y tú por qué no trabajas? –le pregunté.

–Porque no lo necesito. Cuando descubro algo que me interesa, lo hago, pero el dinero nos sale por las orejas. Andreu y Endimión no tendrían ni que trabajar. Pero Andreu es de la opinión de que tenemos que estar preparados para poder mantenernos durante toda la eternidad. –Se encogió de hombros y me miró–. ¿Por qué? ¿Te molesta que no trabaje?

–No, lo preguntaba por simple curiosidad sobre tu vida –dije.

Llegamos a su casa y enfiló el camino de acceso. Cuando apago el coche, me sonrió con picardía.

–Ahora ya lo sabes prácticamente todo sobre mi vida. –Salió del coche, dispuesto a escapar indemne después de aquella respuesta falsa.

– ¡No sé apenas nada sobre tu vida! –exploté, echando a correr tras él.

–Soy un vampiro, conduzco a toda leche y soy un fenómeno jugando a la Xbox. –Abrió los brazos, como si con eso quedara todo explicado–. Es todo lo que necesitas saber sobre mí.

–Me parece que no. –Lo miré levantando una ceja, provocándole una carcajada, pero no hubo más respuestas y entró en la casa.

Luna lo esperaba en la puerta. Darién se limitó a rascarle un poco la cabeza y continuó su camino; yo iba pisándole de los talones.

– ¡Ya estoy de vuelta, lita! –anunció Darién, entrando en la cocina.

– ¡Estoy lavando! –grito lita desde el otro extremo del pasillo.

–No me gusta nada cuando se muestran tan mundanos –dije, arrugando la nariz–. Se supone que los vampiros son grandes, poderosos, sexis y peligrosos.

– ¿Y se supone también que entrenamos ropa a diario? –Darién se agachó para prestarle a luna la atención que tanto anhelaba y yo me apoyé en la mesada–. Me parece poco práctico.

– ¡Exactamente! ¡Los vampiros no son prácticos! ¡Son seres sobrenaturales con poderes mágicos! ¡Ni lavan ni juegan a la consola! ¡Saltan desde lo alto de acantilados y se relacionan con mujeres estupendas!

–Lo capto, lo capto –dijo Darién, riendo a carcajadas–. Yo también tenía esta idea de los vampiros, pero la realidad es que se basa simplemente en los ideales de glamur que ha vendido Hollywood. Nada puede ser siempre sexy y atractivo, y muy especialmente algo que es inmortal. ¿Sabes lo agotador y caro que sería ir cada día vestido con prenda de diseñador y luciendo las joyas de la corona? ¿A quién tendría yo que impresionar? ¡No soy más que un jodido vampiro! No tengo la más mínima intención de maquillarme los ojos con rayas negra ni de dejarme el pelo largo con el único objetivo de que unos cuantos humanos estúpidos me encuentren sexy. No necesito nada de todo eso para que todo el mundo crea que estoy buenísimo…

–Y hablando de cine, ¿dónde están esos millones de películas que dices que tenías? –Me encamine al salón, aunque no recordaba haber visto nunca allí ninguna.

–La mayoría las guardo en mi habitación. –Me detuvo en la escalera y movió la cabeza en dirección a su cuarto en la planta de arriba–. Tal vez te sorprenda, pero soy el cinéfilo de la familia. Lita también lo es un poco, pero sólo le gustan las películas de Ginger Rogers y Cari Grant. –Puso los ojos en blanco–. De verdad, a veces se comporta como si tuviera dieciocho años.

– ¡Te he oído! –Lita se acercaba por el pasillo con una cesta cargada hasta arriba de ropa que depositó en brazos de Darién en cuanto entro en la cocina–. Y todo esto es tuyo, por cierto. Tenías un par de bermudas de color marrón con manchas de sangre que no he podido quitar de ninguna manera.

–Debe de ser cuando estuve en el club. –Revolvió distraídamente en el interior del cesto de la ropa, pero yo no pude evitar abrir los ojos de par en par.

Una cosa era saber que bebía sangre, y otra muy distinta saber que se había destrozado la ropa bebiendo sangre de un ser humano.

–A veces Darién se deja caer por un club vampiros que hay en Hennepin Avenue. –lita se había percatado de mi expresión de horror e intentaba darme

Una explicación–. Lo frecuentan chicas que son donantes. Y a las que no lo son, no les importa. A veces, tropiezas sin querer con una arteria y se monta un pequeño caos.

– ¿Y no se mueren si les muerden sin querer una arteria? –Mi cara debía de seguir siendo un poema, pues vi que Darién empezaba a frustrarse. Cambio la cesta de brazo y negó con la cabeza.

–Nuestra saliva contiene determinados compuestos químicos. Se parece, por su efecto anestésico, a la saliva de los mosquitos y los murciélagos. Pero tenemos además otros compuestos que ayudan a que las heridas cicatricen rápidamente. Las marcas desaparecen por completo en un par de horas después de que se haya producido el mordisco. –La conversación le aburría y se dirigía a la escalera–. Si quieres decidir lo que vamos a ver, sube conmigo, serena.

–Yo iría con él si no quieres que te obligue a ver jóvenes ocultos –me advirtió lita.

– ¡Es una película estupenda! –grito Darién, que ya estaba casi arriba. Y tengo que admitir que en eso le daba la razón.

No obstante, deseaba más ver algo con menos sangre y menos mordiscos. Al fin y al cabo, el objetivo de aquella noche era olvidar tantas cosas raras.

Corrí escalera arriba tras él y reprimí el deseo de entrar en la habitación de Endimión. Podía percibir su aroma dulce y penetrante incluso desde el pasillo. Me forcé a no pensar más en eso y evitar de ese modo que el corazón se me desbocara como de costumbre.

–Voy a ordenar todo esto en un momento –me informó Darién cuando entré en su habitación –, no quiero que mi imagen de vampiro se eche a perder por un montón de ropa arrugada.

La puerta que daba acceso a un gigantesco vestidor se encontraba abierta y Darién estaba colgando sus camisetas. Entré para curiosear, y no me sorprendió descubrir que su guardarropa estaba compuesto en su práctica totalidad por camisetas, pantalones de algodón y zapatillas Converse de todos los colores.

–Por mucho que tengas mil millones de dólares, veo que tu guardarropa es el de un chaval de doce años.

–Sí, y ya que tengo la madurez emocional de un chaval de doce años…–Me sacó la lengua y continuó colgando la ropa.

–Acabas de demostrármelo. –puse los ojos en blanco y me dejé caer sobre su mullida cama.

Estaba por hacer. Pero era la cama más confortable que había visto en mi vida. Las sábanas eran con toda probabilidad de algodón egipcio, con no sé cuántos millones de hilos por pulgada. No tenía ni idea de qué quería decir aquello, pero sé que sirve para que todo resulte mucho más agradable. En casa comprábamos las sabanas en el supermercado y yo dormía en ellas la mar de bien.

–Me alegro de que te guste mi cama. –Ya había acabado de ordenar sus cosas y había vuelto a la habitación–. De haber sabido que ibas a tumbarte en ella, la habría hecho.

–No voy a tumbarme en tu cama. –murmure. Y me incorporé para no tener más tentaciones.

Observé su habitación. Las paredes de color azul oscuro estaban decoradas con varios posters (uno de los cuales era de un concierto que dio Te Cure en First Ave el 12 de julio de 1984, lo que me llevo a preguntarme si habría estado allí). Bajo la impresionante pantalla plana de televisión había un montón de cacharros relacionados con videojuegos dispuestos en un mueble negro de diseño, pero no vi ninguna película.

– ¿Te ha inventado todo el rollo ese de las películas?

–Oh, no, qué va, mira esto. –Darién tomo un mando a distancia y pulso un botón. La pared que quedada a la izquierda de la pantalla empezó a moverse, como una puerta corredera, y detrás apareció una estantería gigantesca repleta de DVD–. ¿A qué es lindo? Fue idea de lita, que dice que tener todas las películas a la vista es una vergüenza.

– ¡Pero Endimión tiene toneladas de libros en su cuarto! –dije.

– ¿Verdad que sí? –Darién movió la cabeza y se dispuso a examinar su colección de películas–. Resulta que los libros son "sofisticados". Es lo que me pasa por vivir con gente nacida antes del descubrimiento de la televisión. No entienden los tiempos modernos.

–Sí y veo que tu vida es durísima –comenté en tono burlón.

– ¡Oye, que acabo de tirar mis bermudas favoritas! –se quedó mirándome, fingiendo estar destrozado–. Está siendo un día muy triste.

– ¿Por qué lo dices? –Quería continuar formulándole preguntas sobre el club, aun sin estar muy segura de que fuera lo más conveniente.

–No la maté, si es eso lo que estás pensando –dijo rápidamente Darién–. Los vampiros no solemos matar. Si lo hiciéramos, nos resultaría imposible alimentarnos. Piensa que si matáramos cada vez que comemos, solo con la población de vampiros que hay en Minneapolis mataríamos unas miles personas por semana. Acabaríamos muriéndonos de hambre en una sola década.

–No estaba pensando en eso, pero siempre es bueno saber que no fue así. –No pude evitar sentir un escalofrío en la espalda.

Para alimentar a mil vampiros es necesario morder a mil personas por semana. Y por mucho que algunos vivieron de los bancos de sangre, como hacían básicamente Darién y lita, seguía resultándome imposible comprender.

– ¿Y cómo se puede morder a tanta gente? ¿Por qué nadie lo comenta? –le pregunté.

–Porque casi nadie se entera del mordisco. –Me respondió sin mirarme t se agito con cierta incomodidad–. No vamos por ahí violando a nadie para obtener sangre. Esa gente piensa que está saliendo con un chico o una chica. Hay muchos vampiros aunque no es mi caso) que tiene "novio" o "novia"… cuando en realidad es como si tuviera una vaca que ordeñar para no tener que comprar leche.

Me quedé boquiabierta y enseguida me vino a la cabeza mina. Había estado en mi casa con todo tipo de chicos, en su mayoría atractivos y más bien misteriosos. Era muy posible que en más de una ocasión hubiera hecho de las veces de vaca para algún vampiro.

– ¿Y cómo es que no se enteran de nada?

–Bueno, porque simplemente piensan que están con un amante estupendo. El mordisco proporciona un gran placer. De modo que si lo combinas con sexo,

El mordisco proporciona un gran placer. De modo que si lo combinas con sexo, y sobre todo con alguien que esta borracho o drogado, no se enterar. Y en

Realidad no les hace ningún daño. Se quedan algo débiles o mareados, pero se les pasa enseguida.

–De manera que con esa chica que mordiste… –Me sentía extrañamente celosa. Pensar que Darién había estado con una chica, que se había alimentado de ella me producía un nudo en el estómago–. ¿Huno sexo de por medio?

–No –declaró Darién, pero aparto la vista, avergonzado. Se me acelero el corazón y cuando vi que Darién ladeaba la cabeza, comprendí que lo había captado–. Pero… nos enrollamos. Aunque enrollarse no tiene importancia. Ya que sé que es lo que dicen ustedes, pero en nuestro caso es completamente cierto- fue una forma de conseguir lo que quería.

–Porque en ustedes no es el sexo. Para ustedes la sangre es lo que resulta más íntimo… y erótico. –Cuando dijo aquello, Darién se dio cuenta de que sus explicaciones habían empeorado las cosas y puso muy mala cara –. ¿Y qué se siente?

–Es como beber sangre –dijo con un suspiro.

Se restregó los ojos y me di cuenta entonces de que lo había puesto muy nervioso. Era un tema que me alteraba y él lo sabía.

Le entro sed sólo pensar en que había bebido la sangre de aquella chica. Y además, estaba oyendo el latido de mi acelerado corazón.

–Resulta complicado de explicar solo podrías comprenderlo cuando seas una vampira –dijo por fin.

– ¿Y ella qué siente, entonces? ¿Qué siente un humano cuando lo muerden? –Me quede de rodillas, inclinada hacia él. La sensación de hambre de Darién empezaba a llenar la habitación como una neblina que iba calándome poco a poco.

–No lo sé. –Tragó saliva y me miró, y casi al instante apartó la vista.

– ¿Le gustó a la chica?

Me ponía enferma de pensar en ella, en esa chica sin rostro que había estado con Darién como nunca había estado con él. Tal vez fuera por eso por lo que estaba haciendo en aquel momento lo que estaba haciendo. Aunque fuera

Muy retorcido, quería saberlo y, por otro lado, no me parecía justo que ella hubiera sentido con Darién algo que yo no podía sentir.

–Sí. Bueno supongo que sí. No lo sé –Pasó la mano por su cabello color arena y me miro con cara de sufrimiento–. ¿Por qué quieres saberlo? ¿Qué pretendes averiguar?

– ¿Lo que yo sentiría? –Mi voz se había vuelto ronca y sedosa, curiosamente seductora, sobre todo para mí. No tenía ni idea de si había hecho aquello a propósito, o si simplemente era que podía sentir todo lo que Darién sentía y mi cabeza me jugaba una mala pasada–. Si me mordieras ahora… ¿me dolería?

–Soló un segundo. –. Se pasó la lengua por los labios con sus ojos fijos en míos, y su respiración se tornó más trabajosa–. Pero luego serías la sensación más maravillosa que habrías experimentado en tu vida. El mordisco irradia calor y el corazón se acelera de tal modo que debería resultar doloroso, pero no es así. Los sentidos se vuelven locos, pero resulta fascinante…

–Se interrumpió y tragó saliva.

– ¿Y tú que sentirías? –le pegunte y las comisuras se torcieron en una leve sonrisa.

–Lo mismo, pero mejor aún. No hay nada comparable. Su mirada rozaba esa sensación de hambre que había visto en los ojos de Endimión el día que había deseado morderme. Supe que pensar en Endimión no era muy buena idea, pero lo hice de todos modos.

Darién suspiró con fuerza y se percató de los cambios, de mi pulso más potente y acelerado, de aquel olor especial que yo desprendía y que supuestamente lo volvía loco.

Empecé a morderme el labio para controlar mi deseo y de repente sentí una dolorosa punzada en el labio inferior. No sé si lo hice a propósito, pero Darién se percató de mi gesto al instante. Vi cómo se dilataban sus pupilas y cómo exhalaba, temblando casi.

Me había mordido el labio con tanta fuerza que había empezado a sangrar. No era una gran cantidad, pero por mínima que fuera resultaba suficiente para llevar a Darién al límite.