Capítulo 18
Se abalanzo sobre mí a tal velocidad que ni lo vi moverse. Su cara apareció de pronto delante de la mía y sus ojos azules me miraban fijamente. Su expresión era voraz, pero escondía algo más que simple lujuria.
-Acabarás significando la muerte para mí- murmuró en una voz tan baja que apenas podía oírla por encima del retumbar de la sangre que aporreaba mis oídos.
Desafiante y provocadora, levanté la barbilla y dejé al descubierto la suave piel de mi cuello. Aun consciente de que mi actitud no provocaría otra cosa que nuestra común desgracia, me resultaba imposible no seguir tentándolo de aquel modo tan brutal, y aquella ansia me llevó a volver a morderme con rabia el labio inferior, que siguió sangrando.
Darién cerró los ojos, se inclinó sobre mí y, con una inmensa ternura, lamio la sangre que brotaba de mis labios. Los envolvió con su boca, bebiendo tanta sangre como le fue posible, y emitió un gemido.
Una maravillosa sensación de debilidad se apodero de mí en cuanto sus labios rozaron los míos. Arquee la espalda. Mi corazón empezó a temblar intensamente, un temblor que se extendió por todo mi cuerpo, provocando un tremendo estremecimiento.
Y cuando me beso por toda la boca, pensé que iba a explotar. El sabor de mi propia sangre en su lengua resultaba imposiblemente excitante.
Su boca se mostraba hambrienta y necesitada, pero en absoluto compulsiva o brusca. Sus músculos temblaban de pura contención. Sabía perfectamente todo lo que deseaba hacerme, y sabía lo que yo de buena gana le permitiría hacer, y percibía con claridad sus esfuerzos por evitarlo.
Me arrastro con delicadeza hasta la cama sin separar ni un instante sus labios de los míos y me empujo sobre el mullido colchón. Darién estaba encima de mí, podía sentir su corazón latiendo con fuerza sobre el mío.
Enterré mis dedos entre su pelo y trate de atraerlo hacia mí. Por muy cerca que lo tuviera, nunca sería suficiente. Deseaba tenerlo bajo mi piel, y cuando respire hondo percibí aquel aroma penetrable y perfecto que asociaba a Endimión.
Deslice las manos por debajo de su camiseta, desesperada por tocarlo. Su piel, habitualmente templada, estaba ardiendo. Era una sensación asombrosa que me llevo a clavarle las uñas en la carne. Lo oí gemir sin despegarse de mi boca. Sus manos encontraron por fin el camino por debajo de mi ropa y acariciaron la temblorosa piel de mi vientre.
La sensación de hambre era tan intensa que resultaba dolorosa incluso. Empuje mi cuerpo contra el suyo, suplicándole que bebiera y, de pronto, Darién gruño y se deshizo de mi abrazo.
-¿Qué pasa?- exclame, arrodillándome. Darién se había levantado y estaba en el otro extremo de la habitación, jadeando y temblando de forma horripilante.
-Te matará- Darién respiraba con dificultad y tenía los ojos encendidos de pasión- te deseo muchísimo, pero él te mataría.
-¿Y?- Me costaba respirar, y mucho más hablar, y a duras penas pude pronunciar lo que dije a continuación- habría merecido la pena. Yo también te deseo y me da igual lo que tenga que pagar por ello.
-¿Si?- Me miraba inseguro, pero a continuación asintió – Sí. A mí también me da igual.
Me había quedado sentada al borde de la cama y Darién corrió de nuevo hacia mí. Su abrazo fue tan fuerte que me impedía incluso respirar. El oxígeno, de todos modos, había dejado ya de ser un elemento esencial para mí.
Lo único que me importaba era sentir su boca junto a la mía. Su beso fue tan intenso que mi labio inferior empezó a sangrar de nuevo. Darién gimió con desesperación.
Hundí los dedos entre su pelo y espere a que me mordiera.
-¡Van a conseguir que los maten!- exclamo lita. Moví la cabeza y la vi en el umbral de la puerta, mirándonos fijamente, Darién había interrumpido su beso, pero yo me mostraba reacia a abandonar su abrazo.
-No hemos hecho nada- Darién, que seguía mirándome, respondió con voz ronca, por lo que entendí que continuaba en el trance que le había provocado su ansia de sangre.
-Aún no- lita echaba chispas por los ojos-
-Aún no- reconoció Darién, y me dio otro beso en el cuello, justo en el punto donde mi pulso seguía latiendo con una fuerza tremenda.
Mi cuerpo se debilito entre sus brazos, pero lita se abalanzó sobre nosotros y le dio un fuerte golpe a Darién en el brazo antes de que éste pudiera hacer cualquier cosa.
-¡Darién Allen Townsend! - Gritó lita.
-¡Está bien, está bien!- Darién se apartó de mi con un movimiento que me hizo derrumbarme sobre la cama, y levanto las manos a la defensiva, pero lita le dio un golpe -¡Déjalo ya! ¡Ya he parado!
-¡Mas te vale!- Era evidente que lita no confiaba en él, pues se colocó justo delante de mí, bloqueándole el paso - ¡Vas a conseguir que la maten! ¿Es eso lo que quieres?
-Sabes muy bien que no es eso lo que quiero- replico él, esbozando una expresión de intensa culpabilidad en sus facciones. El calor del momento se disipaba a toda velocidad y empecé a ver claro lo que Darién había estado a punto de hacerme.
-Entonces ¿Qué demonios pensabas que estabas haciendo?- le pregunto lita. Darién se rasco la sien y suspiro.
-¿Comportarme como un vampiro?- respondió con ironía. Pero debajo de su tono sarcástico vi que estaba muerto de miedo.
-¡Eres un idiota!- lita se apartó de él para examinarme en busca de marcas de mordiscos. Cuando vio que tenía sangre en el labio, reprimió un grito y se volvió hacia Darién- ¿Le has hecho tú esto? ¿Le has sacado la sangre?
-¡No!- insistió Darién, con los ojos abiertos de par en par -¡Ha sido ella misma! ¡Serena se ha mordido el labio!
-¿Y porque tendría serena que hacer eso?- lita se volvió en redondo hacia mí. Había reunido por fin las fuerzas suficientes para incorporarme y me había
Sentada en la cama -¿Tienes idea del efecto que esto puede tener en él? ¿Tienes ganas de morir o qué?
-Ha sido un accidente- murmure.
-Lo que ahora necesitas es una buena ducha y un enjuague bucal a fondo- lita se llevó la mano a la cara, angustiada pero siempre practica- Si huele aunque sea una pizca de Darién en tu sangre…. – Sus ojos se llenaron de lágrimas de miedo, señalo la puerta de la habitación y grito- ¡Ve! ¡Ahora mismo! ¡Baja y corre a ducharte en mi cuarto de baño!
-Lo siento- me levante como pude de la cama de Darién, una acción mucho más sencilla de decir que de hacer, pues tenía el tobillo enredado entre las sabanas – Lo siento. –repetí. Y mientras bajaba a tropezones la escalera, oí que lita seguía gritándole.
-¿Cómo puede importarte tan poco su vida? ¿Y la tuya?- le reprendió lita - ¡No es más que una chiquilla, Darién! ¿En que estabas pensando?
-¡No estaba pensando!- replico Darién.
-Comprendo lo difícil que está siendo todo esto para ti….
-¡Tú no tienes ni idea de lo difícil que es!- gruño Darién con fuerza, y me estremecí.
Y más difícil se lo había puesto yo después de besarlo. Estar juntos era imposible, a menos que estuviéramos dispuestos a disminuir nuestra esperanza de vida a una simple cuestión de horas. Pero aun así, aquel beso me había dado una pista de lo maravillosas que podrían llegar a ser esas horas, y de que tal vez mereciera la pena…
Aleje aquellos pensamientos de mi cabeza y entre corriendo en el cuarto de baño de lita. Abrí el armario de los medicamentos para buscar un enjuague bucal. El alcohol de su contenido me quemaba los labios, pero seguí enjuagándome hasta dejarlos insensibles.
Después de una ducha tan prolongada e intensa que me dejo la piel enrojecida y casi en carne viva, lita decidió que había llegado el momento de tener una larga charla conmigo.
Reconoció que no podía comprender el tipo de sentimientos que había entre Darién y yo porque ella había conocido a Andreu solo seis meses después de convertirse en vampira y habían estado siempre juntos desde entonces.
Era evidente que lo que sucedía entre nosotros era muy distinto, pero igual de evidente era que mientras Endimión siguiera reivindicando su derecho sobre mí, yo no podía hacer nada con Darién, a menos que deseara poner nuestras vidas en peligro.
DARIEN y yo tendríamos que encontrar la manera de ser amigos sin caer en la trampa de momentos como el que acabábamos de vivir y, sin lugar a dudas, todo resultaría más sencillo si yo no cometiera estupideces como, por ejemplo, morderme el labio y atraer con ello a DARIEN hacia mi sangre.
Al final, de todos modos, acabe pasando casi toda la noche en su casa. Dormir me resultaba imposible, de manera que decidimos comportarnos como si nada hubiera pasado.
DARIEN puso El cuervo y El caballero oscuro y yo me acurruque en el sofá junto a LITA. DARIEN en compañía de LUNA, se acomodó en el suelo en la otra punta del salón.
Incluso después de todo lo sucedido, LITA le dio permiso a DARIEN para acompañarme a casa. Había decidido no contrale nada a ANDRIU sobre el «incidente», por lo que era imprescindible que continuáramos comportándonos con normalidad, y eso significaba acostumbrarnos a estar juntos sin cometer estupideces.
Accedí a volver a casa cuando vi que empezaba a amanecer.
-Es mi hora favorita del día- reflexiono DARIEN, mirando a través del cristal del Lamborghini mientras recorríamos a toda velocidad la distancia que separaba su casa de la mía- Justo antes de que se haga de día, el cielo esta precioso.
-Me recuerda el escenario de un sueño- dije, y me quede mirándolo – De verdad, siento mucho lo que ha sucedido antes.
-No lo sientas. Ha sido culpa mía. Tengo que aprender a controlar mis impulsos. Tal vez no me creas, pero es una lucha continua –dijo DARIEN, con una risa ronca.
-Me mordí el labio. No debería de haberlo hecho. Lo siento.
Independientemente de que estuviera dispuesta a aceptarlo, lo había hecho expresamente. Él quería que lo hiciese, y eso había percibido yo del mismo modo en que era capaz de percibir el latido de mi propio corazón. Y después había tomado la decisión de morderme el labio, aun conociendo las posibles consecuencias.
-No, no pasa nada- Hizo una breve pausa antes de añadir- Tienes un sabor estupendo.
-Mejor no hablemos más de eso. Ni pensemos siquiera en ello –dije para corregirlo.
-Yo no hablo de nada. No pensaba en nada. Simplemente trataba de charlar sobre algo. –eso fue lo que dijo, y noté que su hambre decaía después de que lo frenase.
-Pues de eso concretamente no podemos hablar. Podemos hablar de cualquier cosa excepto de sangre, mordiscos y sexo.
-Ya ves, ahora no podremos hablar de nada divertido- refunfuño DARIEN.
-Es tanto por tu seguridad como por la mía- Le lancé una mirada de advertencia y vi que se ponía rígido.
-De acuerdo, tienes razón. Lo siento.
-¿No crees que a lo mejor tendríamos que dejar de salir juntos? –Yo no quería, ni mucho menos, pero tal vez fuera la forma más fácil de evitar correr riesgos.
-No. –respondió DARIEN al segundo. Soltó el aire con cierto nerviosismo y se quedó mirándome - ¿Por qué? ¿Es eso lo que tú quieres?
-No lo sé. La verdad es que quiero seguir saliendo contigo, pero…
Mi respuesta le dolió y en momentos como ese era cuando más odiaba poder sentir todo lo que él sentía. Antes, cuando estábamos en su cuarto, había sido una sensación asombrosa, pero eran situaciones realmente asesinas. Sus emociones eran ineludiblemente crudas e intensas. No controlaba en absoluto sus sentimientos.
-Sinceramente, no sé si podría dejar de verte aunque quisiera- dijo por fin DARIEN.
A medida que el sol empezaba a asomar por el horizonte, el cielo iba adquiriendo un extraño resplandor azul grisáceo que encajaba a la perfección con el color de Jack en aquel momento.
-Sí, me parece que yo tampoco podría.- reconocí, al tiempo que forzaba una sonrisa.
Para bien o Para mal, nunca podría volver a mi vida de antes. Y si eso significaba tener que morir intentando vivir mi nueva vida, que así fuera.
¿Cómo podía yo ponerme a estudiar exámenes de historia y volver a relacionarme con chicos borrachos sabiendo que existían los vampiros y conociendo esa sensación de éxtasis que acompaña el deseo de sangre?
¿Era posible cerrarle las puertas a la inmortalidad?
DARIEN me dejo delante de la casa y se despidió con una melancólica sonrisa, prometiéndome que me llamaría más tarde. Ya dentro del ascensor, me obligue a creer que todo saldría bien, de una u otra manera.
ANDRIU era tremendamente inteligente y llevaba una eternidad en este mundo. Seguro que se le ocurriría alguna cosa para que nadie muriera. O, al menos, para que no muriéramos ni ENDIMION, ni DARIEN, ni yo.
Al fin y al cabo, era vampiros. Por mucho que intentaran convencerme de lo contrario, sabía que los humanos que se inmiscuían en sus vidas tenían una tasa de mortalidad más bien elevada.
Hasta que abrí la puerta de la casa no fui consciente de la hora que era. SAMI estaba vestido y preparado para ir al instituto y se sintió aliviado al verme llegar. Pero su felicidad duro poco, pues justo en ese momento oí toser a mi madre para llamarme la atención y la cara de mi hermano se torció en una mueca.
Sentada en un oscuro rincón de la sala de estar, su imagen se hizo pensar en un villano de las películas de James Bond. El tenue resplandor que entraba por la ventana iluminaba la nube de humo que coronaba su cabeza y la luz de la cocina rozaba tan solo la zapatilla de un pie, dejando el resto del cuerpo oculto
Entre las sombras. La réplica habría sido perfecta de haber estado mi madre acariciando un gato blanco y si me hubiera hablado a continuación con un marcado acento alemán.
-Vaya, vaya, vaya, me alegro de verte por casa- dijo a modo de saludo.
-Gracias- dije yo con inseguridad a pesar de la mirada de advertencia que acababa de lanzarme sami.
-¿Dónde has estado toda la noche?- El tono de mi madre se había endurecido, echando por tierra cualquier posibilidad de que en realidad se alegrara de tenerme en casa.
Sami debía de haber pasado la noche preocupado al ver que no volvía a casa, y después lo habría pasado fatal al tener que enfrentarse a solas con mama recién levantado, pero se había sentido claramente aliviado al comprobar que seguía viva.
-¿Por qué no has respondido a mis mensajes?- me soltó sami. Seguro me habría enviado un montón de mensajes alertándome de la bronca que mi madre iba a pegarme en cuanto llegara a casa.
-lo siento. Tenía el teléfono en silencio.
-¡Eso no sirve para explicarme donde te has metido!- exploto mi madre.
El sol había asomado finalmente por encima del edificio contiguo y la luz penetraba por la ventana, dejando con ello al descubierto su expresión enfurecida. Mi madre dio una intensa aspiración al cigarrillo mientras permanecía a la espera de una respuesta lo bastante buena como para explicar donde había estado hasta las siete de la mañana teniendo como tenia clase al día siguiente.
-He estado en casa de Darién- cruce los dedos, confiando en que mi madre siguiera aun cautiva de su encanto y eso sirviera para conseguir al menos una nueva tarjeta de «Queda libre de la cárcel».
Pero, por desgracia, la arruga de su entrecejo se hizo más profunda y comprendí que la suerte ya no estaba de mi lado.
-¿De modo que has pasado la noche en la cama de un chico que es muchísimo mayor que tú, y se supone que tengo que hacer oídos sordos a eso?- Su tono fue subiendo de volumen poco a poco hasta que acabo pronunciando a gritos el final de la frase.
-Si- respondí, con la mirada vacía.
Viendo que era imposible aplacar su rabia, ni siquiera me tome la molestia de intentarlo. Sami me lanzo una mirada inquisitiva, aunque no estaba muy segura de si lo que pretendía con ella era cuestionar mis tendencias suicidas o preguntarme si era cierto que me había acostado con Darién. Conociéndolo, debía tratarse seguramente de ambas cosas.
-¡serena!- Mi madre se levantó y me señaló con un dedo - ¡Ve a cambiarte y prepárate para ir al instituto!
-¡No!- protesté - ¡Estoy cansada! ¡Me voy a la cama!
-serena, creo que tendrías que hacerle caso –susurro sami quejumbrosamente.
-¡Yo también estoy cansada y he tenido que quedarme aquí despierta esperándote! ¡Y si piensas que puedes pasarte la vida callejeando porque por fin has encontrado un novio te equivocas de principio a fin! ¡Mientras vivas bajo mi techo, obedecerás mis reglas! – Estaba tan enfadada que casi se le salían los ojos de las orbitas, aunque después de todo lo que había visto últimamente, mi madre apenas me daba miedo.
-De acuerdo. Entonces dejare de vivir bajo este techo. –dije, con un gesto de indiferencia.
Era solo cuestión de tiempo que me trasladara a vivir con la familia de Darién o que muriese, por lo que no tenía ninguna necesidad de seguir viviendo en aquella casa. De hecho, ya no la sentía como mi hogar. En realidad no había hablado del tema ni con Darién ni con lita, motivo por el cual no estaba del todo segura que la idea prosperara, pero seguí igualmente insistiendo en ella.
-¡serena!- dijo sami entre dientes.
-¡No has cumplido todavía los dieciocho, señorita!- Mi madre seguía con lo suyo – Tu ni te vas a ningún lado, y si en algún momento te lo planteas, demandare a ese noviecito tuyo por abuso de menores.
-No servirá para nada- dije - ¿Y para que me quieres tú aquí? Estoy siempre fuera y encima te cuesto dinero. En toda la semana pasada sólo me viste cinco minutos. ¿Para qué me quieres aquí?
-Por lo que veo tienes todo planeado. – Dijo mi madre - ¿Un novio con algo de dinero? ¿Qué ahora cuidara de ti? ¿Es eso lo que piensas? Si, tal vez lo hayas olvidado, pero yo también tuve un día un novio de ese estilo. ¿Y sabes que conseguí? ¡Dos hijos desagradecidos y ni un solo céntimo de su bolsillo! ¡Así que no me vengas a contar cosas de las que no tienes idea!
-¡Yo no pretendo contarte nada! ¡Simplemente digo que soy una carga para ti! Tu no me quieres en casa, yo no quiero estar en casa; ¿entonces qué hago aquí?- le pregunte rotundamente.
Mi madre parecía dolida, pero nada de lo que yo acaba de decir era mentira. Apenas nos veíamos y ella no sabía nada sobre mí. El único que lo pasaría mal seria sami, pero ya me encargaría de seguir viéndolo.
-Vete. Adelante.- dijo mi madre sin alterarse. Me dirigí a mi habitación, pero entonces ella levanto la mano - ¡Ni se te ocurra! Todo lo que hay ahí adentro es mío. Jamás en tu vida has pagado nada. De modo que cuando te vayas, te irás con lo puesto, eso es todo.
-Muy bien, lo que tú quieras. –Intente actuar como si no me importara dejar allí todas mis pertenencias. Como los CD, los diarios, mi ropa interior y todas mis cosas. Había tomado una decisión y eso era todo. –Ya nos veremos… o quizá no nos veamos nunca más. – Di media vuelta y salí por la puerta.
-¡serena!- sami salió corriendo y me atrapo junto a la puerta del ascensor. Arrastraba su mochila a medio cerrar. - ¿Por qué has hecho eso?
-¿De verdad piensas irte a vivir con Darién? – Parecía a la vez sorprendido y resignado ante la idea.
-No veo que alternativa me queda. –Justo en aquel momento se abrieron las puertas del ascensor, que bajaba cargado de gente. Me sentí agradecida por ello, pensando que de este modo sami no podría continuar presionándome en busca de respuestas y me sería más fácil escatimarle detalles.
-¡Claro que tienes alternativa!- insistió sami, ignorando a los vecinos que llenaban el ascensor –Sé que Darién y su familia son fabulosos, pero hace poco que los conoces. Me refiero a que son demasiado estupendos para que todo sea real. Tiene que haber algún secreto oscuro escondido detrás de todo aquello.
-Tal vez tengas razón.
Me mordí el labio para evitar sonreír y me di cuenta sorprendida de que no me dolía en absoluto. Recorrí con la lengua el labio inferior en busca de algún bultito o alguna marca en el punto donde antes me había mordido, pero no encontré nada. La saliva de Darién me había curado.
-Vamos, serena.- me suplico sami cuando se abrieron las puertas –Se razonable.
-¿Cuándo me has visto ser razonable?- Le lance una mirada al salir del ascensor y mi hermano puso los ojos en blanco.
Salimos a la calle. Hacia frio y me cruce de brazos por encima de mi jersey. No tenía más que la ropa que llevaba encima y el móvil en el bolsillo, y había muchas posibilidades de que mi único consuelo fueran un par de vampiros que acababan de acostarse.
-Entonces ¿qué?- sami se dirigía a la parada del autocar, y como yo no tenía nada mejor que hacer, decidí acompañarlo - ¿Ya está? ¿Resulta que esta va a ser la última vez que te vea?
-¡No, por supuesto que no!
-Se sincera. -Se había echado la mochila a la espalda y estaba ajustándose las correas a la medida adecuada- Te irás a vivir con él, tu vida estará llena de aventuras fabulosas y te olvidaras por completo de mí.
-Eres mi hermano, sami. Es imposible que me olvide de ti. –Y no lo haría, aunque sospechaba de que seguramente sami no se alejaba mucho de la realidad.- Mira, no voy a negarte que a partir de ahora las cosas serán distintas entre nosotros y que nos veremos menos. Pero no tiene por qué ser malo.
-A lo mejor podrías quedarte en casa esta noche- sugirió esperanzado –Para darle a mamá la oportunidad de que se enfrié un poco y puedas volver a casa. Piensa que en parte tiene razón, serena. Tenías clase y no has llegado a casa hasta las siete de la mañana. A mí me trae sin cuidado donde hayas estado o lo que hayas hecho o no hayas hecho con Darién… Bueno, claro que me importa, y más adelante tendrás que contármelo todo. Pero ése ahora no es el caso. Esta aun en el instituto. Deberías llegar a casa antes de que salga el sol y esforzarte por tener unos mínimos estudios.
-estoy demasiado cansada para que ahora me vengas con sermones con lo de los estudios, ¿entendido?-refunfuñe.
-solo te pido que lo pienses, ¿de acuerdo?- me dijo sami cuando vio que se acercaba el autocar. Yo no quería que el conductor me obligase a subir, de manera que empecé a retirarme - ¡Y enciende el teléfono! Si esta noche no piensas dormir en casa, como mínimo recoge algunas cosas mientras mamá está en el trabajo.
-¡De acuerdo!- Me despedí de él saludándolo con la mano y eche a andar, alejándome de mi casa, alejándome de mi hermano, alejándome de mi vida.
