Capitulo19
Me dedique, simplemente, a vagar por las calles flanqueadas de arboles. La primavera estaba cada vez más cerca, las temperaturas serian más suaves y los días, más largos. Las noches serian también más cortas, y me pregunte como llevaría eso Darién.
Estaba muerta de frio y agotada, aunque también muy tensa y nerviosa por todo lo sucedido. Sentía aun un hormigueo en los labios como recuerdo de los besos y me pregunte si volvería alguna vez a besarlo.
Reconocía que irme de casa había sido una decisión precipitada, y que el enfado de mi madre estaba más que justificado. Pero no me quedaba fuerzas para enfrentarme a asuntos que de repente habían dejado de interesarme.
Tal vez hubiera reaccionado un poco mejor de no haber tenido el recordatorio de aquellas palabras de Darién resonándome en la cabeza. Cuando le había preguntado que sentían los vampiros cuando mordían, me había respondido diciendo: «Solo podrás comprenderlo cuando seas vampira».
Me parecía lo más natural del mundo realizar una transición hacia el vampirismo. Y aunque no me marchara hoy mismo a vivir con ellos, acabaría haciéndolo algún día. Estaban acogiéndome en su redil por algún motivo y, tal como Darién había anunciado fácilmente antes de que yo comprendiese lo que eran, querían que fuese uno de ellos.
Me senté en un banco y atraje las rodillas hacia mi pecho. El sol asomaba ya por encima de los edificios y me calentaba la piel. Me pregunte cuánto tiempo más podría seguir disfrutando de un sol como aquel.
Estar con ellos significaría perder muchas cosas, pero en realidad no me importaba. Obtendría mucho más a cambio.
Saque el teléfono del bolsillo y confié en que Darién estuviera aún despierto. El agotamiento y el frio empezaban a hacer mella en mí.
-¿Si?- respondió Darién, medio dormido.
-Lo siento. ¿Te he despertado?
-No, pero estaba punto de meterme en la cama. ¿Por qué? ¿Necesitas algo? –Parecía extremadamente cansado y lo oí bostezar.
-Solo…, solo estaba preguntándome si podría instalarme en tu casa por un tiempo. – me percate de que mi cara se retorcía en una mueca. Tal vez estuviera pasándome con mis exigencias. Tal vez haría bien volviendo a casa y haciendo las paces con mi madre antes de que decidiera cambiar la cerradura.
-Si, claro. ¿Qué sucede en tu casa?- replico Darién sin ni siquiera pensarlo.
-He tenido una pelea con mi madre por haber llegado tan tarde y podría decirse que ya no me recibe con los brazos abiertos.
-Lo siento- dijo Darién- Si, claro que sí. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. ¿Necesitas que pase a recogerte?
-Estaría bien, pero no es necesario –Aun no entendía del todo como llevaban los vampiros el tema del sol y no estaba segura de que Darién pudiera salir a buscarme.
-Nada, nada. Estoy ahí en cinco minutos.- bostezo de nuevo y oí un ajetreo al otro lado del teléfono, lo que me dio a entender que ya estaba acostado.
-No estoy en casa. Estoy en un banco, aun par de manzanas de mi edificio. –aunque sabía que daría igualmente conmigo, mire a mi alrededor en busca de algún cartel para poder indicarle en que cruce me encontraba.
-De acuerdo. Espérame ahí. –colgó el teléfono y yo guarde el mío en el bolsillo.
Me sentía mejor solo de pensar que no tendría que pasarme el día sentada en un banco como una vagabunda, pero seguía sin tener claro si estaba haciendo lo correcto.
Nada en mi vida me había preparado para enfrentarme a situaciones como la que estaba viviendo. Hasta la fecha, mi vida había consistido en pasar el rato en casa sentada en el sofá junto a Sami, comprar/ ir de fiesta / odiarme en compañía de Mina, y ya está.
Había besado a poquísimos chicos, jamás había conducido un coche, ni sobrepasado el límite de mi estado para adentrarme en cualquiera de los tres estados vecinos. Mi padre se había borrado del mapa cuando yo tenía dos años d edad y mi madre se pasaba la vida trabajando para que tuviéramos lo necesario para sobrevivir.
No sabía nada de la vida y ahí estaba yo: dispuesta a dejarlo todo a cambio de algo que en realidad no entendía en absoluto.
Darién estacionó enfrente del banco donde estaba sentada justo seis minutos después de mi llamada. Seguía sin comprender como podía llegar tan rápido a los sitios. Pero allí estaba, con una sonrisa cansada detrás de unas enormes gafas de sol. Entre rápidamente en el coche y decidí que estaba demasiado cansada como para ponerme a formular preguntas. Lo único que deseaba era llegar a su casa y dormir como un angelito.
Cuando llegamos, Darién me acompaño a mi habitación. Era la habitación de invitados que había al final del pasillo de la planta superior, el dormitorio del torreón. Me sentí al instante como Julieta o Rapunzel.
Las paredes de la estancia eran curvas y en la parte posterior se abrían a un balcón. Los muros estaban pintados de un tono lila claro que me recordó curiosamente el de mi habitación. La cama era con dosel y estaba cubierta con un inmaculado y esplendido edredón blanco. Lita había tenido incluso el detalle de dejar sobre la cama un pijama de seda.
-Caray, todo es perfecto.- Acaricie la ropa de cama y admire la estancia- Es exactamente como yo.
-Y así tendría que ser. –Darién se había quedado en la puerta, apoyado en el marco para comprobar que no me faltara nada. Y dijo, con un bostezo. –Lita la ha preparado para ti.
-¿Ahora mismo? ¿He llamado y ha pintado la habitación?- fruncí el entrecejo, perpleja y sin poder creérmelo.
-No- respondió riendo Darién – Al principio pensó que te instalarías en la habitación de Endimión, pero cuando comprendió que eso no iba a ser posible, preparo esta habitación para ti. Tarde o temprano tenias que acabar aquí, ¿no?
-Si- respondí, moviendo afirmativamente la cabeza, aunque me parecía extraño que hubiesen preparado todo aquello antes incluso de que yo supiera de que iba a vivir allí.
-Lita es como una mamá gallina. –Darién se percato de mi inquietud y sonrió para tranquilizarme –Es lo suyo. Le gusta preparar el nido para sus crías. Y no suele tener muchas oportunidades de exhibir su gusto por la decoración pensando en una chica.
-Si, ya me lo imagino.
-Bueno, pues ahora voy a ver si duermo un poco. Pero estaré aquí al otro lado si me necesitas. – Se retiro esbozando una sonrisa maliciosa- Y no tengas ideas lascivas.
-Lo intentare.- lo dije empleando un tono irónico, pero sabía que debía intentar no tenerlas.
Darién entro riendo a su habitación, separada de la mía tan solo por una delgada pared. Endimión no estaba y Lita dormía abajo. Seria facilísimo entrar en la habitación contigua y terminar con lo que habíamos empezado…
Pero, por suerte, mi cuerpo decidió recordarme lo agotada que estaba. Cerré la puerta de la habitación, me puse el pijama prestado y caí dormida prácticamente en el mismo instante en que mi cabeza rozo la almohada.
Cuando al día siguiente fui a casa a recoger mi ropa, Sami, con los ojos llenos de lágrimas, me abrazo al menos cien veces. Darién se quedo esperando en la cocina mientras yo recogía mis cosas. Pensé que su presencia animaría a Sami, pero tuvo justo el efecto contrario, pues sirvió para recordarle que no solo no me vería más a mí, sino también a Darién.
Cuando finalmente logre convencer a Sami de que seguiríamos viéndonos, me abrazo una última vez más, por si acaso, y después de aquello me marche a toda prisa. -Podríamos haberte comprado ropa nueva – me comento Darién de vuelta a su casa – Seguramente, habría sido más fácil y menos doloroso.
-Lo sé, pero Sami necesitaba verme. Y yo necesitaba demostrarle que no pienso olvidarme de él. – Mire a Darién, como si él pudiera entender mis sentimientos, pero se limito a mantener la vista al frente sin decir nada – Seguiré viéndolo.
-No pienso llevarte la contraria. –Y no lo estaba haciendo, exactamente, pero su tono pretendía, a todas luces, contradecir mi afirmación.
-No crees que vaya a hacerlo. –Me dolía solo decirlo en voz alta- ¿Y porque me has dejado que le prometiera a Sami algo que sabes que no podre cumplir?
-Yo no sé nada- dijo Darién –Pero supongo que Andreu estará ya de vuelta en casa cuando lleguemos. Y estaría bien que hablases con él.
-Tú siempre sabes más de lo que cuentas- refunfuñe, cruzándome de brazos y hundiéndome en el sofá –Finges ser más tonto de lo que en realidad eres.
-¿Te has planteado la posibilidad de que pudiera ser tonto de verdad?- me pregunto en plan de burla.
-Si. Muchas veces.
Se echo a reír pero ya no dijo nada más hasta que llegamos a su casa. De todos modos, poco podía decir que me sirviese de consuelo. Empezaba a darme cuenta de que tal vez había infravalorado el costo que iba a acarrearme estar con él.
Darién llamo a Andreu y a Lita nada más entrar en casa y ambos se presentaron en el salón casi al instante. Lita corrió a abrazarme como si hiciera años que no me veía, cuando en realidad me había marchado de allí hacia poco más de una hora.
Andreu me sonrió con cariño y, sin poder evitarlo, me ruborice. Había adelantado la fecha de su regreso alegando que no soportaba permanecer tanto tiempo alejado de Lita, pero me explico que Endimión tardaría unos días en volver. Por lo visto, si por él fuera, se mantendría alejado de mi hasta el final de los tiempos.
-Por lo que me han dicho piensas pasar una temporada con nosotros. –dijo Andreu, y enseguida intente descifrar si aquella frase escondía algún matiz de desaprobación.
Andreu Se sentó en el sofá y Lita se acurruco a su lado. Habían estado separados unos días, pero se veía claramente que estaba loca de felicidad por volver a estar con él.
Me preguntaba si Endimión reaccionaria de un modo similar a su regreso, aunque sabía que, con un poco de suerte, lo máximo que haría sería mirarme de reojo. Me dolía el corazón pero, aun así, para mi propia sorpresa, aquello seguía siendo lo que quería.
-Si.- tome asiento en un sillón delante de ellos y Darién se sentó a mis pies para poder rascarle la barriga a Luna- ¿Te parece bien?
-No veo por qué no.- Andreu estaba jugando con un largo y ondulado mecho de pelo de Lita, que seguía recostada contra su pecho. Me di cuenta en aquel momento de que odiaba a la gente que estaba tan enamorada, sobre todo en un momento en que mi vida amorosa estaba inmersa en un cenegal compuesto de todo tipo de clausulas innecesarias.
-¿Y que pasara? –pregunte aturdida.
-Tendrás que ser más concreta. Aun hay muchas cosas por decidir por lo que a ti respecta. –No era intención de Andreu, pero sus palabras me hirieron igualmente.
Nada de lo relacionado contigo era incuestionable, lo que debería de haber supuesto un alivio para mí, pero no me gustaba la sensación de vivir en un estado tan inseguro y precario.
-Exactamente. – Respire hondo -¿Voy a vivir aquí para siempre? ¿Qué pasara cuando regrese Endimión? El no quiere ni verme. ¿Continuare aquí cuando el vuelva? ¿Y si sigue rechazándome? ¿Tendré, en ese caso, que regresar a mi vida anterior? ¿Entra en los planes de ustedes que algún día me convierta en vampira?
-Puedes quedarte aquí todo el tiempo que desees, independientemente de lo que le parezca a Endimión. En caso necesario, tiene otros lugares a donde ir. Te has convertido en una parte indispensable de esta familia.- Andreu miro a Lita y me di cuenta de que elegiría con cuidado sus palabras.
Endimión… independientemente de lo que opine cada uno de nosotros, el vinculo que existe entre Endimión y tu no es fácil de romper. Tanto por su bien, como por el nuestro, es esencial que sigas siendo parte de nuestra vida.- sus ojos de color castaño me miraron con cariño- Así pues, si, por el interés de todos lo mejor sería que te convirtieras.
Con la vista fija en el suelo, solté aire e intente sin éxito ralentizar el latido alocado de mi corazón. Sabía que todos podían escucharlo y que Darién, en particular, era muy sensible a él.
La idea de convertirme en vampira, que se me había pasado por la cabeza con mucha más frecuencia de lo que jamás me habría imaginado, me excitaba y me aterrorizaba a la vez, aunque era lo que cabía esperar. Prácticamente todo lo relacionado con ellos era a la par excitante y aterrador y me daba la impresión de que nunca conseguiría conciliar ambas cosas.
-Serena, de verdad que es alucinante –intervino amablemente Darién- Ya lo has visto en mi. Soy alucinante.
-Darién –dijo Lita, regañándolo.
-No es una decisión que puedas tomar a la ligera. –prosiguió Andreu. Lita había adoptado una expresión especialmente solemne que yo no entendía del todo, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que le encantaba tenerme en su casa- Es un hecho que cambia tu vida por completo y que es irreversible. Piensa que si tomas la decisión de seguir adelante, ya no habrá marcha atrás. Por otro lado, si decides no someterte al cambio, no te lo recriminaremos en absoluto.
-Pero te complicaría la vida- intervino Darién.
-¡Darién! –Exclamo Lita- ¡Tú no eres nadie para tomar esta decisión por ella!
-¡No es lo que pretendo!- Darién emitió un dramático suspiro y nego con la cabeza.
-Si te conviertes, descubrirás que la sensación de sed puede ser abrumadora… Darién puede dar fe de ello. –Andreu realizo ademan en dirección a Darién, que asintió con vehemencia- Todos los sentidos se intensifican y los movimientos parecen exagerados. Las emociones se vuelven también más potentes. Están a flor de piel y te vuelves más volátil. La libido aumenta, igual que el deseo que puedes sentir por cualquier cosa.
-Es casi como volver a ser un niño –detallo Darién- Es como si todo fuera nuevo, y te sientes incluso patoso.
-Tu cuerpo necesita acostumbrarse poco a poco a una nueva forma de ser. No es un proceso sencillo –continuo Andreu- Lo más complicado al principio es controlar el deseo de sangre. La sensación de hambre que puedas sentir como
humana no es nada en comparación con lo que sentirás después. Aprender a controlar el hambre cuesta mucho, pero en cuanto lo consigues se lleva muy bien.
-¿Siempre tienen hambre? –pregunte con nerviosismo.
-En cierto sentido, si – reconoció Andreu- Pero no con gran intensidad. De ser así, no habrías sobrevivido tanto tiempo entre nosotros.
-Gracias. –me pregunte como podía sentirme segura en aquella casa.
-Lo que acabo de decir no es una amenaza –dijo Andreu, riendo- es, simplemente, que las cosas son así. La verdad es que, en su mayor parte, ser vampiro es un don maravilloso y fascinante. Pero hay dos cosas que son un arma de doble filo.
La primera es la sangre –prosiguió Andreu- nos da la vida, y no existen palabras para describir lo maravilloso que es ingerirla. Pero cuando por el motivo que se pasa un tiempo prolongado sin alimentarte, pongamos varias semanas, el hambre se convierte en el dolor más terrible que puedas llegar a imaginar. Y mientras se aprende a dominar por completo el deseo de sangre, el frenesí que provoca la sensación de hambre puede acabar teniendo repercusiones horrendas. Es un placer inmensurable, pero a menos que se controle como es debido, resulta devastadoramente peligroso.
-Es bueno saberlo. –trague saliva.
-Yo lo tengo casi siempre controlado, pero controlo fatal los impulsos –apunto Darién.
-La segunda cosa es la inmortalidad. -Andreu respiro hondo y miro a Lita. Tenía la mirada triste y perdida y esperaba que alguien me explicara el motivo- En realidad no somos inmortales. Si sufrimos daños en el cerebro o en el corazón, o si pasamos mucho tiempo sin alimentarnos, morimos. Pero exceptuando el ataque de otro vampiro, poco hay que pueda detenernos. Como resultado de ello, creamos muy pocos vampiros. Así que, por favor, no creas que estamos invitándote a unirte a nosotros porque si.
Me sentí humillada. En realidad no se me había ocurrido que en el grupo de los vampiros el derecho de admisión estuviera reservado y me parecía increíblemente adulador que se hubiera planteado mi posible pertenencia.
-Pero el precio a pagar es muy alto –continúo Andreu, muy serio- todo lo que te rodea morirá. Incluso esta ciudad… cambiara, y las cosas que amas y aprecias acabaran destruidas. Tú sobreviviras a todo. Y eso es una carga mucho mayor de lo que te imaginas.
-¿Significa eso que no podre ver a mi hermano? ¿O que me resultara muy doloroso verlo envejecer? –me escuche hablar con voz débil y titubeante, me temblaban las manos.
Andreu compartió una mirada con Lita, que asintió y se levanto acto seguido.
-Tengo que enseñarte una cosa –dijo.
-¿Vas a llevarla? –Refunfuño Darién, que también se levanto- No es necesario que lo vea.
-Lo dices porque piensas que cambiara de idea –le dijo Lita a Darién.
-¡Si, claro!
-¡Si eso le hace cambiar de idea, que así sea! –le soltó Lita- Si no conoce todos los hechos `porque se los hemos ocultado, y toma una decisión de la que luego se arrepiente, pasara el resto de la eternidad guardándonos rencor. ¿Es eso lo que quieres?
-No –murmuro Darién, rascándose la nuca.
-¿Qué sucede? –pregunte con nerviosismo, levantándome también.
-Voy a llevarte a ver una cosa –dijo Lita, obligándose a sonreír. Se volvió hacia Andreu y le dio un beso- No tardaremos mucho.
-De acuerdo. Ve con cuidado. –Andreu estaba triste, pero me sonrió para tranquilizarme- No pasara nada.
-¿Qué sucede? –le pregunte a Darién; me sentía extrañamente asustada antes de salir del salón detras de Lita.
-Supongo que no te queda otro remedio que ir. –Darién suspiro y volvió a sentarse- Te veo luego.
-¿A dónde vamos? –Aun estando detrás de Lita, veía su expresión demacrada y temí que fuera precisamente el lugar a donde nos dirigíamos la fuente de su dolor.
-Te lo explicare en el coche.
