Capitulo 20
Entre en el Jetta hecha un manojo de nervios y tratando de adivinar lo que me esperaba. Fuera lo que fuese lo que lita pretendía enseñarme, debía ser tan espantoso que podía incluso disuadirme de la idea de convertirme en vampira. Me imagine que sería algún espeluznante monstruo, un montón de cadáveres humanos o cualquier otra cosa repugnante. ¿Qué, si no, podía hacerme cambiar de opinión en lo referente a convertirme en vampira?
La suave música de Nina Simone que sonaba en el equipo del coche no contribuyo a mejorar mi lúgubre estado de ánimo. Mire con aprensión a lita, que a su vez tenía la vista fija al frente, con una expresión trágica.
-Nací en Reading, Inglaterra, en 1928. –Explico con un tono de voz tan triste que casi no parecía ella- La segunda guerra mundial estallo cuando yo era muy joven. Hacia el final de la contienda, Inglaterra estaba llena de soldados estadounidenses. Diamante era el chico más elegante y valiente que había conocido en mi vida. –Esbozo una leve sonrisa al decir aquello, una sonrisa que, sin embargo, no alcanzo sus ojos- A pesar de que intente conservar mi virtud, acabe quedándome embarazada con dieciséis años de edad. Diamante era un hombre muy íntegro y nos casamos. Mi primer hijo, gedaite, nació mientras él estaba aún en la guerra.
Gedaite tenía cinco meses cuando diamante termino su periodo de servicio y nos trasladamos a estados unidos. Nos instalamos en un pequeño piso en St. Paul, de donde eran originarios diamante y su familia –continuo lita- Nuestros primeros meses aquí fueron maravillosos. Entonces, una noche, tres semanas antes del cumpleaños de gedaite, fui a verlo en la cuna antes de acostarme y vi que no respiraba. –una solitaria lágrima resbalo por su mejilla, pero lita decidió ignorarla.
El dolor nunca es fácil. No hagas caso a lo que puedan decirte. Perder a un hijo…, es una perdida insoportable.
-Lo siento –dije, sin saber muy bien que decir.
-Todo el mundo me decía: «Al menos eres joven para volver a intentarlo». –Lita sonrió con amargura recordando aquello y se quedó mirándome- Pero yo no quería volver a intentarlo.
Después de la muerte de gedaite, pase meses sin querer salir de la cama. Mi familia, todo lo que yo conocía y amaba, estaba a millones de kilómetros de distancia, y mi marido, por mucho que me amara, era también muy joven y estaba siempre ocupado trabajando para poder labrarnos un futuro… -por un momento se quedó callada con la mirada perdida, pero en seguida recordó mi presencia allí y salió de su ensoñación.
Yo era entonces tan solo un poco mayor que tú ahora, de modo que ya te imaginaras como me sentía. –Lita me miro con cariño, pero intuí una desazogada advertencia bajo su mirada- Comprendo la emoción que te causa la idea de iniciar una nueva vida con un atractivo desconocido. Pero piensa que con ello te aislaras de todo lo que conoces.
-No me siento aislada –apunte sin convicción.
Intente comprender el razonamiento que la había llevado a contarme su historia, mis conjeturas se inclinaban hacia una visita a la tumba de gedaite y su deseo de explicarme la inmensurable perdida que sufre una persona cuando sobrevive a todo lo que le rodea.
Aunque, de todos modos, fuera vampira o no, lita había sobrevivido a su hijo. Eso no tenía nada que ver con las decisiones que hubiera podido tomar.
-A pesar de todo… -lita seguía mirando al frente, con los nudillos blancos de apretar con tanta fuerza el volante- diamante, bendito sea, permaneció a mi lado, cuando cualquier hombre con menos integridad me habría metido en un barco y me habría devuelto a casa de mis padres para que ellos se ocuparan de mí.
Quedarme embarazada fue lo más milagroso que me ha sucedido nunca. Sentir aquella vida creciendo en mi interior… -se le veía dichosa, pero su mirada se endureció cuando se volvió para mirarme- Eso es algo a lo que renunciaras, ¿lo sabías? Las vampiras no podemos quedarnos embarazadas. No tenemos hijos. Si eliges esta forma de vida, nunca podrás tener descendencia.
-De todos modos, me parece que no quiero tener hijos. –La verdad era que no le había dado muchas vueltas al tema, pero lo de tener un hijo no me atraía en absoluto.
-Tal vez cambies de opinión cuando hayas perdido la posibilidad de tenerlos –replico lita, pensativa- Es un tema sobre el que debes reflexionar.
-Lo hare. – prometí, aunque dudaba que eso fuera a afectar mi decisión.
Y aunque lita tuviera razón y llegara el día en que me arrepintiera de no haber podido tener hijos, la decisión tenía que tomarla ahora, con mi estado mental actual. Y en este momento, tener hijos no me parecía tan importante.
-El día en que nació mi hija fue el más dichoso de mi vida. –Su rostro se transformó con una amplia sonrisa y sus ojos se llenaron de felicidad- Era preciosa. Tenía unos enormes ojos azules, iguales a los de diamante. Y unos ricitos suaves y aterciopelados, como yo de pequeña. Recuerdo la primera vez que la tuve en mis brazos, la sensación cálida de su cuerpecito… le prometí que jamás permitiría que le pasara nada malo. –respiro hondo, y sus ojos verdes rezumaron de tristeza.
Le puse por nombre ami, como mi madre. – Se secó la mejilla, en un intento de recoger las lágrimas antes de que cayeran- Los días que pase a su lado fueron como vivir en el cielo. Estoy segura de que todas las madres piensan que sus hijos son perfectos, pero ella de verdad lo era. Apenas lloraba y siempre se despertaba con una preciosa sonrisa iluminando sus mofletes. Deje mi trabajo en la fiambrería para poder estar con ella el máximo tiempo posible. Cada momento que pasaba a su lado me parecía precioso.
Una noche, mientras preparaba la cena, me di cuenta de que no teníamos leche en casa –prosiguió lita- El lechero solía traérnosla a domicilio, pero con una niña pequeña a veces acabábamos con las reservas antes de tiempo. Ami tenía por aquellos entonces casi dos años y hacia muy poco tiempo que había dejado de darle pecho.
Diamante acababa de llegar a casa después de trabajar y no quise que volviera a salir. Además, el supermercado del barrio estaba a dos manzanas de casa y hacia una noche preciosa.
Recuerdo que llevaba un bonito vestido primaveral con florecitas azules que había confeccionado a partir de un patrón. Era uno de mis favoritos y tenía pensado hacerle una versión en pequeño a ami en cuanto consiguiera más tela.
Dudo antes de continuar, y pensé que ya no seguiría hablando. Lo que tenía pensado decirme le resultaba excesivamente doloroso, pero al final tomo de nuevo la palabra.
-Era tan atractivo que habría ido con él a cualquier parte –dijo lita con amargura, mas enfadada consigo misma que con el- Apenas había recorrido una manzana cuando apareció ante mí como salido de la nada.
Si lo pienso en retrospectiva, sé que no era ni la mitad de guapo que Andreu, pero para mí sentido humano era un auténtico Adonis. Ni siquiera opuse resistencia. Cuando me arrastro hacia los árboles, estaba tan embriagada por el que ni pensé en ami. Me clavo los dientes en el cuello y creí que iba a morir, pero era tan maravilloso que ni me importaba. Debería haber suplicado por mi vida, por ami, pero simplemente…
-No podías haber hecho nada –dije para intentar consolarla. A pesar de no haberme encontrado exactamente en su situación, sabía que cuando un vampiro desea tu sangre se hacía imposible pensar- No fue culpa tuya.
-¡Pero yo la quería! –Insistió con pasión lita- ¡Quería pasar el resto de mi vida viéndola crecer, formar parte de su vida! Sin embargo, me metí en una arboleda y permití que un vampiro me mordiera.
Me dreno por completo, pero en lugar de dejar que me recuperara y regresara con mi familia, me ofreció su sangre. Me dijo que mi sabor era demasiado bueno como para desperdiciarlo en forma de vida humana. No entendí que quería decirme con aquello, pero como seguía bajo su hechizo, hice lo que me decía. –Esbozó una sonrisa de dolor y puso los ojos en blanco recordando su ignorancia.
¡Yo pude elegir! –Su voz era aguda- Soy la única que tuvo esa posibilidad. A Andreu lo obligaron y tanto Endimión como Darién se convirtieron para salvar sus vidas. Pero a mí me lo preguntaron. No entendí a qué se refería, y aun así accedí a ello. Voluntariamente.
-Era imposible que lo supieras. –Pensé en extender el brazo para acariciarla, pero estaba demasiado rabiosa.
-Pase los dos días siguientes escondida entre los árboles, con un miedo terrible a salir de allí –prosiguió lita- El virus ataco mi cuerpo, todo cambiaba y moría. Me sentía débil y me dolía todo y no tenía ni idea de que me estaba pasando.
Entonces al final, recupere mis fuerzas, pero con una energía tremenda. Y con una sed insaciable. Durante todo el tiempo que estuve retorciéndome de dolor, no hice otra cosa que pensar en ami y en lo mucho que deseaba verla de nuevo. Pero en cuanto empecé a sentir ese hambre, supe que nunca podría volver a estar con mi hija. No confiaba en mi misma.
Durante mis primeras horas como vampira estuve a punto de matar al vecino, de lo hambrienta que estaba. Mi ansia de sangre fue aplacándose poco a poco. Hasta que llegó el momento en que me sentí lo bastante segura como para ver a ami. Me escondí en el jardín trasero de nuestra casa, decidida a mirar por la ventana.
Pero antes incluso de que consiguiera acercarme lo suficiente a la casa, la oí llorar. Diamante la tenía en brazos e intentaba consolarla diciéndole: «Encontraremos a mama. Volverá contigo. » –lita lloraba ahora sin poder parar y empezó a aminorar la velocidad del coche.
Estábamos en plena calle de un barrio de las afueras que yo no conocía. Lita estaciono junto a la acera, debajo de un árbol.
-Durante el día dormía en el bosquecillo próximo a mi casa y de noche me sentaba junto a la ventana y contemplaba a ami. Mi hija paso un mes seguido llorando cada noche por mi ausencia. Diamante había notificado mi desaparición a la policía y andaban buscándome, por lo que tenía que ir con sumo cuidado para que nadie me viera. –Suspiro con fuerza- Viví así durante seis meses. Seguía con el mismo vestido y me alimente del vecino, por pura proximidad. No sé qué habría sido de mí si Andreu no me hubiera encontrado. A lo mejor seguiría viviendo detrás de esa casa.
-¿Y qué fue de tu familia? –le pregunte a lita en voz baja.
-Al final diamante acabo casándose con una chica que yo conocía de la fiambrería. Era muy amable y quiero creer que fue una buena elección para él. Tuvieron dos hijos más y ami empezó a llamarla mama al cabo de un tiempo. No se siquiera si me recuerda. Aunque seguramente es mejor así.
Lita movió la cabeza en dirección a la casa que teníamos en frente y vi la silueta de una mujer madura junto a la ventana. Llevaba en brazos un niño pequeño y parecía feliz. Algo había en ella que me resultaba familiar, aunque no conseguía ubicarlo.
Entonces caí en cuenta. Su ondulado pelo canoso, su piel clara, su sonrisa incluso… todo era de lita.
-¡Es tu hija!- exclame, sofocando casi un grito y mirándola.
-Lo es. –Vi que estaba satisfecha conmigo por haber sido capaz de encontrarle el parecido- Es maestra. Estaba casada, pero su marido la abandono ya hace unos años. Andreu amenazo con darle una lección, pero al final lo convencí para que no lo hiciera. Ami tiene que vivir su vida. Tiene cincuenta y cuatro años. Y una hija, esmeralda. Y ese pequeño que lleva en brazos es su nieto, mala chite. Mi bisnieto. –Sonrió con dolor- durante la semana se ocupa de sus nietos mientras esmeralda trabaja, y da también clases. mala chite tiene tres años y hotaru acaba de cumplir cinco.
-¿Y vienes aquí a mirarlos? – le pregunte.
-Ha sido la única manera de verla crecer – me explico lita con tristeza- Cuando era pequeña, entraba en su habitación por la noche y contemplaba como dormía. Lo hice incluso durante un tiempo con esmeralda, pero dice Andreu que tengo que empezar a olvidarme de ellas. Ami ha tenido una vida maravillosa y debería sentirme feliz por ello.
Sé que Andreu tiene razón –dijo lita- Sera duro verla envejecer y convertirse en una en una mujer frágil. Verla morir. -Trago saliva- Pero no quiero sobrevivir a mi hija. Sobreviví a mi hijo y jure que nunca volvería a hacerlo.
Se volvió para mirarme y susurró con voz ronca:
-Resulta muchísimo más duro ver morir a todos tus seres queridos que morir tu misma. La inmortalidad tiene mucho más de maldición que de bendición.
-Pero tú tienes a Andreu, a Endimión a Darién. –Dije, en un intento de consolarla- Sé que no es lo mismo que un hijo al que has parido, pero también los quieres y vas a pasar la eternidad junto a ellos.
-Lo sé, y me siento agradecida por tenerlos. Sin Andreu no habría logrado sobrevivir tanto tiempo. –lita estaba mirando de nuevo a su hija. A través de la cortina corrida vimos a ami persiguiendo a una niñita de ricitos negros.
Diamante murió hace tres años. Aun después de tanto tiempo, llore mucho más de lo que me imaginaba. Siempre fue bueno conmigo y fue además un padre maravilloso para nuestra hija.
Fue entonces cuando Andreu construyo la casa que tú conoces y anuncio que sería el último lugar donde viviríamos en Minneapolis. –Suspiro- No le gusta permanecer tanto tiempo en la misma ciudad, sobre todo si hay familia de por medio. Cuando Darién se convirtió, su madre puso en marcha un equipo de búsqueda de personas desaparecidas, aunque acabaron confundiéndolo con un chico borracho que había muerto ahogado después de caer en un lago helado.
-¿Y cómo llevo Darién lo de abandonar a su madre y a su familia? –pregunte. Darién me los había mencionado, aunque tampoco hasta aquel momento lo había hecho lita, y eso que era increíblemente importante para ella.
-Después del cambio corto todo tipo de contacto con su madre –dijo lita- aunque nunca habían estado muy unidos. Su madre lo abandono siendo un niño, llevándose con ella tan solo a su hermana, y fue su padre quien lo crio. Por lo que tengo entendido, su padre tampoco era precisamente un hombre agradable. Luego, su padre enfermo de cáncer y su madre se vio obligado de acogerlo de nuevo en su casa. La verdad es que creo que se siente feliz con el hecho de tener una excusa para no verla más.
-¿Y por qué llevan tanto tiempo aquí? –pregunte, aunque creía conocer la respuesta.
-Soy yo la que se niega a marcharse. –Respondió lita- Pero los chicos empiezan a sentirse incómodos. Darién nunca ha vivido en otra parte. Endimión duerme a veces en otros lados, pero siempre ha sido un trotamundos. Sé que en pocos años no quedara otra alternativa que irme de aquí, y supongo que será mejor que recuerde a mi hija tal y como es ahora, llena de energía.
-¿A dónde piensan ir? –pregunte.
-Todavía no lo sabemos. Darién tiene una lista de lugares donde le encantaría vivir, pero estamos pensando en Inglaterra, ya que tanto Andreu como yo nacimos allí y no he vuelto a mi país desde los dieciséis años. –Me miro entonces muy seria.- Nos trasladaremos en dos o tres años más, como máximo, y no regresaremos a Minnesota. Es posible incluso que no volvamos a América en muchos años.
-No entiendo qué tiene eso de malo. –dije. Vivir en otro país era una idea ridículamente excitante. No entendía por qué lo expresaba como una amenaza.
-Que no podrás volver a ver a tu hermano –me explico lita en voz baja- Aun en el caso de que nos quedáramos aquí, lo máximo que podrías pretender es verlo envejecer a distancia. Por mucho que he seguido viendo a mi familia, jamás he interactuado con ellos. A partir del momento en que te conviertas, ya no podrás volver a hablar con sami.
-Pero… -me corte, tratando de pensar en un argumento para convencerla- ¡Pero si los conoce a todos! ¿Y por qué no puedo decirle lo que son? ¿Lo que yo voy a ser? Lo entendería. Y no se lo contaría nadie.
-Contárselos a los humanos solo sirve para que su vida vaya a peor. –Me explico lita- ¿Te imaginas como te sentirías si decides no cambiar, o si ni siquiera te hubieses ofrecido esta posibilidad? En cuestión de un par de años nos largaremos y te dejaremos aquí. Sabiendo lo que somos, sabiendo que existimos.
Cada vez que te enamores de un chico, te preguntaras si se debe a que es un vampiro. Envejecerás y te preguntaras que habrías sentido si te hubieras conservado eternamente joven. Y te preguntaras si todo esto es un producto de tu imaginación, si te has vuelto loca.
-¿Y crees que sería mejor que sami pensara que he sido asesinada, secuestrada o algo por el estilo? –le pregunte con incredulidad- ¿Qué esa alternativa es mejor?
-¡No querrás verlo morir, serena! –Insistió lita, con lágrimas en los ojos- Sé que no lo quieres igual que yo quiero a mi hija, pero vivir la muerte de diamante, por ejemplo, fue devastador. Dejarlos atrás es duro, es durísimo, y te lo cuestionaras eternamente. Pero no hay otra opción. La inmortalidad exige dejarlo todo atrás.
-¿Y espera que le dé la espalda a todo esto, a todo lo que me ofrecen, porque sami morirá? ¡Morirá algún día de todos modos! ¡Seguir siendo humana no serviría para que sami viviera eternamente! –Dije para contraatacar- Pero tú, Darién, Endimión… ustedes no morirán. No sé cómo podría reemprender mi vida sabiendo que están aquí y yo no estoy al lado de ustedes.
-Tenías que saberlo. –dijo lita, mirándome con impaciencia- Tenías que conocer todo aquello a lo que vas a renunciar. No me parece justo pedir que
Hagas algo cuyas consecuencias desconoces. Quería darte una oportunidad, para que no cometiera el mismo error que yo cometí.
-¿Estás diciéndome con esto que no quieres que me convierta? –le pregunte con voz dudosa.
-No, por supuesto que no, cariño. –Me acaricio la mejilla- No hay nada que desee más que poder pasar la eternidad viendo cómo te transformas en la fabulosa mujer que sé que llegaras a ser. Pero conozco mejor que nadie el precio a pagar por el cambio a vampiro, y mientras pueda ahorrarte sufrimiento, apostare a ello.
-Si continuo como humana, mis seres queridos seguirán muriendo. –argumente. Lita retiro la mano de mi cara pero siguió mirándome a los ojos con tristeza- Sé que como humana viviré más muertes incluso que como vampira. Al menos, sé que ustedes no van a morir.
-Eso es cierto. Pero no por ello le facilita la vida a tu hermano. –forzó una sonrisa, puso el coche en marcha y nos alejamos de la casa d su hija- Tan solo creo que es un tema sobre el que debes reflexionar.
-Gracias. –Me hundí en mi asiento.
Durante el resto del trayecto me limite a contemplar la oscuridad, las casas y los árboles. Lita se entretuvo canturreando a coro con la música de la radio en un intento de aliviar su tristeza antes de llegar a casa. Me había dejado expuesta a una elección imposible. Abandonar a mi hermano o abandonarlos a ellos.
