El presente capítulo es más corto de lo "habitual", pero es como una especie de preludio al siguiente, que prometo que será mucho más largo. Porque es sumamente necesario que lo sea.

La canción que da título a este capítulo, Visite nuestro bar, pertenece a los Hombres G.

Los personajes pertenecen a Himaruya, yo sólo los he situado en una época fascinante y llena de matices.

El Penta pertenece a sus dueños (?).

Disfrutad de la lectura y nos leemos en el siguiente capítulo~


Visite nuestro bar

El Pentagrama, más conocido como Penta por todos aquellos que lo habían hecho su lugar de culto. Abierto desde 1976, el bar, situado en una de las calles del barrio de Malasaña, y a una calle de la Gran Vía, era el icono de todo grupo que estaba empezando. Por su escenario y por sus mesas pasaban artistas que aclamados por los jóvenes madrileños. Personas tan diferentes como podían serlo los miembros del grupo los Secretos, los Elegantes o Pedro Almodovar, entre otros.

Fuera de la ciudad de Madrid, el local era conocido principalmente gracias a Nacha Pop, quien ya en su primer álbum había mencionado el bar en una sus más conocidas canciones como era La chica de ayer.

No solo se escuchaban grupos españoles, el Penta también servía de conexión con el extranjero para los jóvenes, puesto que en el lugar se podían escuchar canciones propias de lo que era la movida en ciudades anglosajones como podían ser Londres, Los Ángeles o Nueva York.

Como en aquellos momentos. Por los altavoces del local sonaba Superfreak de Rick James, mientras los dos dueños del local comenzaban a servir copas a aquellos primeros clientes que venían en grupo. Los dos últimos fines de semana solían ser aquellos que menos afluencia había, puesto que los jóvenes comenzaban a quedarse sin dinero de la paga. Por ello, y aprovechando las fiesta estadounidense de Halloween, los dueños del local habían colgado un cartel promocionando aquel 31 de octubre, que caía en viernes. Fiesta de disfraces. Quien accediera y se acercara al lugar con un disfraz tenía una consumición gratis.

Isabel miraba el cartel mientras le daba vueltas con la pajita al vino con coca-cola, una bebida que se solía consumir bastante en el norte de la península. La verdad es que le encantaría ir a aquella fiesta, por el simple hecho de variar un poco. Vestirse de bruja. O de Diabla. O mejor… de pirata. Podía improvisar un disfraz con cosa que tenía en casa. Ver por el rabillo del ojo a Francis aparecer con una bebida similar a la que la española tenía encima de la mesa fue lo que la sacó de sus pensamientos.

Estaban a final de mes. No tenían dinero. Y por ende empezaban antes la noche. Solían tirarse toda ella con sólo una bebida, a veces dos. Y si daba el dinero, una tercera que pagaban a medias. Todo fuese por salir todos los fines de semana y no quedarse en casa muertos de aburrimiento.

Aquella noche habían quedado directamente en el Penta. Era sábado y todos tenían el día bastante ocupado. Apalabrar una hora para irse todos juntos en el metro iba a ser complicado. Ella tenía comida familiar. Iban a ir a casa de sus abuelos maternos, en Segovia, para hacer algo denominado vida familiar que Isabel no entendía. Solían llamar a casa casi todos los días, no había necesidad de pasar como tres horas metida en un coche sólo para comer, y luego volver a pasar otras tres horas metida en el mismo coche sintiendo ganas de echar hasta la primera papilla porque no puede negarle nada a su abuela, ni siquiera ese "¿Te hago un huevo?", cuando ya se había comido dos platos de puchero.

Por su parte, Francis se había pasado el día del sábado encerrado en su cuarto analizando los temas de la Celestina, de Fernando de Rojas. Una, muy poco, entretenida tarea que había compaginado con decirle a su madre que antes de entrar a su habitación, llame a la puerta. En especial porque en más de una ocasión casi le pillaba desestresándose de una manera muy masculina, pero poco adecuada cuando tu madre estaba entrando y saliendo de tu cuarto con ganas de pillarte, sobretodo tras cierto incidente haría unos años. Las miradas que sus padres le dedican a Gilbert después de aquel día son nada agradable y no mentiría si dijera que éstos esperan que por fin lleve a casa una novia. Cuando les aseguró que no veía interés amoroso en Isa, a su madre casi le dio un infarto. Aunque salir una vez había terminado el trabajo era una sensación mucho más satisfactoria que esperar hasta el domingo por la noche, porque por la mañana solía tener una resaca de tres pares de narices.

Y Gilbert… Bueno, Gilbert todavía no había llegado. Posiblemente se habría quedado discutiendo con su primo Roderich sobre cualquier cosa, puesto que aquel día había ido a comer con él y el resto de la familia. Todo por orden de su padre quien le había dicho que de no hacerlo se quedaría sin paga durante todo un año. Y su padre cumplía a rajatabla su palabra. Gilbert no podría sobrevivir sin dinero todo un año, eso era algo que estaba más que claro. Seguro que habrían vuelto a discutir sobre la comida. Roderich le habría dicho que era un paleto por comerse la carne que usualmente se pedían, puesto que siempre iban al mismo sitio, sin salsa. Mientras Gilbert le habría dicho que se colocara bien el palo que tenía en el culo que le permitía estar tan estirado, puesto que parecía que se estaba astillando generando aquel humor tan extraño en él, o se tapaba la nariz alejándose de la comida del austriaco comentando que dónde estuviera un buen plato de patatas con salchichas y una cervecita fresquita, que se quitase todo lo demás. Gilbert en eso se parecía demasiado a Isabel. Ambos preferían los platos sencillos a la alta gastronomía que estaba empezando a implantase en la península ibérica de mano de cocineros franceses. Francis se excusaba diciendo que si ellos tenían un paladar basto no era culpa de sus cocineros compatriotas.

La canción cambió. El cantante extranjero fue sustituido por uno nacional, Radio Futura. Enamorado de la moda juvenil sonaba y la mayoría de los presentes la cantaban dirigiendo sus miradas hacia los altavoces, como si allí estuvieran Santiago Auserón, Javier Furia y el resto del grupo. Las chicas que se encontraban en la pista bailaban mientras ellos intentaban imitar los movimientos que les habían visto a los cantantes. Llegados al estribillo, la voz se alzó en el local y hasta los dueños cantaban mientras servían los cócteles, al ritmo de la música. Que Isa estuviera cantando era algo que sólo se podía saber porque movía los labios, emocionada con la canción, mientras le daba cortos tragos a la pajita en las pausas que hacía la canción. Francis sólo conocía el estribillo, que cantaba en vista de que no iba a poder mantener una conversación y al menos se lo pasaba bien.

A pesar de que las voces comenzaron a sonar menos, como señal de que la canción estaba terminando, los clientes no redujeron el tono de voz, continuando cantando una vez se dejó de escuchar el LP. Aquellas canciones se las conocían mejor que las músicas extranjeras que comenzaba a entrar en España, puesto que era el día a día de la juventud.

Finalmente una nueva canción sustituyó la de Radio Futura, y nuevas letras salían de los labios de los jóvenes con ganas de fiestas.

—¿Terminaste ese trabajo?—Francis se volvió hacia la española, quien había formulado aquella pregunta.

—Sí—Lanzó un suspiro—¿Vas a ir a la fiesta de Halloween?—Señaló el cartel que estaba colgado en diversa paredes del local, el cual estaba mirando instantes antes de escuchar a Isa.

—Me lo estaba pensando. Suena divertida y tengo pensado ya el disfraz. ¿Y tú?—Bebió un corto trago de la pajita, mientras se acomodaba en la silla, apoyando los pies. Eso de los taburetes duplex había sido una idea genial y quería felicitar a quien se le hubiera ocurrido. Era más cómodo que estar con los pies colgados.

—Tenía pensado invitar a Jeanne.—Reconoció con una sonrisa, semejante a aquella que había puesto el día que salieron por Goya, mientras iban hacia la parada del bus para volver a casa.

La sonrisa de Isabel no se ocultó, mientras apoyaba la barbilla en una de sus manos, meditando aquello.

—Pues entonces invitaré a Lovi y a Feli. Lo más seguro es que se apunten y ya Jeanne no se sentirá tan incómoda—La última semana se había pasado saludando y acompañando a la rubia por todas partes, en calidad de compañera de facultad que era. Se sentaba con ella a comer o la acompañaba por la avenida Complutense, siempre y cuando el francés no estuviera, entonces salía corriendo por la mirada que éste le lanzaba.—Creo que Gilbert le asustó la última noche—Afirmó con la cabeza como para corcovar algo, aunque en el fondo no hacía falta.

—¿En serio?—La ironía del francés, hizo que Isa afirmara de manera sobreactuada

—Lovi le ha puesto verde—Recordó ella, mirando hacia el techo. La había visto haría unos días, cuando se había acercado a la facultad de arquitectura por el simple placer de acercarse. Tras darle varios gritos por aquella visita inesperada, acabaron yéndose al centro a tomarse algo. En el fondo, Isabel no sabía que palabras había utilizado Lovina con el albino, puesto que todas eran italiano, puesto que era como mejor le salía aquellos insultos, pero el tono era poco amistoso y la española no creía que "putana" fuera algo bueno.

—Bueno… No creo que le sentara muy bien que le tirara una cerveza encima…

Francis era un exagerado, sólo había sido media cerveza. Y fue porque creía que ya no le quedaba y la agitó llamando al camarero, Martín, para que le trajera otra. El interior de la botella había salido disparado y había rociado tanto a Lovina como a Isabel, salvo que a la última en menor medida. Ambas tuvieron que ir al baño para limpiarse la cerveza, entre palabras mal sonantes y algo de "Mis padres me van matar cuando llegue a casa oliendo a cerveza" que Lovina murmuraba mientras caminaba por el local. Isabel sólo pudo reír al recordar aquello. Aunque la italiana la matara si la oía decir esas palabras, lo cierto es que esperaba poder repetir aquello otro día, y le viernes de fiesta en el Penta podía ser un buen momento.

—Pues mañana la llamo y le comento el plan para el viernes—Y ya hablaba como si Lovina fuera aceptar de buenas a primera. Quizás tuviera que hacerle un poco la pelota y dorarle la píldora, pero acabaría yendo a aquel sitio.

El bullicio del Penta dejó de oírse tan alto. Todas las miradas se dirigían a la entrada. Alguien había entrado y por lo que estaba formando debía de ser un personaje importante. O sólo alguien a quien le gustaba armar escándalo allá por donde iba. Como había resultado ser.

Cuando se aseguraron de que quien había entrado no era ninguna personalidad, volvieron a sus cosas y el recién llegado se acercó a la barra, a pedir una cerveza. Aquel día la necesitaba más que nunca. Desde la barra, mientras esperaba a que le sirvieran, pudo divisar a sus dos mejores amigos que le hacían señas desde el otro lado del bar. Avanzando por el centro de la pista mientras se movía al ritmo de la pista, Gilbert acabó llegando a la mesa.

—Hablando del rey de Roma—Habló Isabel, mientras quitaba su bolso de la silla que le estaba guardando al alemán.

Tras darle un largo trago a la botella, bebiéndose la mitad de ésta, la dejó en la mesa con un golpe sordo.

—Chavales… ¡Ya tenemos planes para el treinta y uno de octubre!—Quizás hubiera visto los carteles del bar y le hubiera gustado la idea, pensaron sus amigos. Vale, Gilbert no era el mejor amigo de las costumbres yankees, pero allá donde hubiera consumiciones gratis, allí estaba él—¡Roderich me ha retado a pasar la noche en una casa encantada y vosotros vais a ser testigo de la proeza del asombroso yo!

La mirada que se dedicaron Francis e Isabel estaba llena de dudas. Perplejos ante aquello que estaba diciendo el alemán. No entendían qué estaba diciendo, como si de un momento a otro se hubiera olvidado del español y estuviera hablando en su idioma natal.

—Creo que has bebido demasiada cerveza por hoy—Isabel le apartó la botella del alcance de la mano de Gilbert.

—Isabel tiene razón… ¿Por qué no te vas a casa a dormir?

—¡No estoy borracho, joder!—Con rapidez le arrebató la cerveza a la española y le volvió a dar otro trago.—¡Digo que me vais a acompañar y me acompañaréis!

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