note. estaré de vacaciones hasta el dos de septiembre. y luego empiezo las clases y toda esa mierda, pido paciencia. habrá recompensa, I swear it.

y sin más dilación;

2.

—no llores, no grites, no pienses. actúa y podrás decir que no hubo arrepentimiento.

"los problemas nunca llegan solos"

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First we're gonna kiss
Then we're gonna say
Dirty little words
Only lovers say
Rockin'thru the night
Rollin'on the floor
When they hear us screamin'
They'll be breakin'down the door

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Despiertan por la mañana como si un maldito tractor les hubiera apisonado. A Sakura le duele la cadera y tiene una molestia preocupante en el culo, sospecha que es producto de una práctica sexual más atrevida de lo normal. Maldice mientras se desembaraza de entre los brazos de Sasuke.

Karin ha dormido en la hamaca de la terraza y está hecha un ovillo. La noche anterior se pasó con los gintonics y terminó enroscada y haciéndolo con un tipo cuya cara estaba emborronada. El tipo después del polvo la había estado rogando por el mail sin darse cuenta de que para ella, aquel desastre llamado coito había terminado siendo una maldita burla asquerosa, y ahora los penes se le presentaban como algo de lo que sin duda, podría prescindir por el resto de su vida. El asqueroso sin cara había terminado con el puño de Karin clavado en su estómago y unas ligeras palabras amenazantes saliendo por la boca antes de que la bota de Karin se le clavara (de nuevo) en el brazo derecho.

Ino no estaba de cuerpo presente, pero el olor a bergamota y canela de su champú de importación aún se podía discernir en el ambiente. (no debía de andar lejos)

Sakura avanzó despacio hasta la cocina, encontrándose a Karin con la espalda pegada a la cristalera, golpeando con la uña los cristales de colores de las macetas que colgaban del techo.

—Buenos días cariño —terminó siendo un bostezo, Sakura abrió la estantería junto a su cabeza y sacó uno de los botes de Nutella. Después cogió un cuchillo y empezó a comérsela sin más—. La cerda no te ha dicho dónde iba, ¿cierto?

Karin pareció retornar al mundo real.

—Estará en casa del vecino, el del tercer piso. Últimamente no hace más que decir "Sai esto" "Sai lo otro". Me tiene hasta los cojones —por el tono condescendiente y dolorido, Sakura supo que aquello no le terminaba de sentar bien a Karin. Se masajeaba las sienes casi con furia, de manera que la punta de sus dedos se tornaban pálidas por la falta de sangre. Sakura no pudo evitar pensar que era adorable verla tan frustrada. Pero se ahorró la sonrisa y continuó hablando.

—Será una de esas fases de confusión que dicen en la televisión, ya sabes. Un trastorno de la personalidad transitorio. ¿Recuerdas cuando le dio por comer únicamente espárragos y ver Spencer Falls? El olor de su baño era para matar a un nazi, por no hablar de lo que me costó quitar los malditos póster de la pared…

—No sé Sakura, solo espero que esta vez el tipo no sea tan rarito como el de la última vez —Ino era complicada como un maldito sudoku. No había persona en la faz de la tierra que supiera que planes maquiavélicos se le pasaban por la cabeza. Parecía predeciblemente cínica y superficial, pero cuando se escapó de su casa y Sakura se enteró meses después de que había estado viviendo en una casa okupa, sus prejuicios para con ella se habían ido el por retrete—. No sé qué pollas andará tramando.

Karin removió su taza de té helado con el dedo. Volvía a hacer un calor asqueroso, y como prenda única llevaba las bragas negras de encaje que Sakura le había regalado por su cumpleaños. Karin también era complicada, pero de un modo más rabioso y adorable que Ino. Había aparecido delante de su casa con las maletas y un fajo de billetes de mil dólares diciendo que la loca de madre había terminado de enloquecerse. El asilo político que le había dado Sakura había comenzado siendo temporal, pero dos semanas atrás ya llevaban ocho meses bajo el mismo techo. Se fijó en el perfil abotonado de su ombligo, blanco y redondeado. Karin era muy bonita, pero de un matiz distinto al de cualquier otra mujer que se le hubiera cruzado por delante antes. Tenía ese tipo de belleza que se aprecia en los detalles pequeños. Una nariz recta y afilada, una boca diminuta con labios gruesos, las dos pequeñas pecas oscuras bajo su ojo derecho, y la cara, cuyas aristas suavemente redondeadas terminaban de perfilar el rostro de lo "sensual y maduro".

Sakura suspira cuando decide que aquella enajenación está durando demasiado, y que el calor de la tarde parece amodorrarle el cerebro más de lo necesario.

Decide preguntarle por el chupetón en el cuello, y esta vez, no se ahorra la sonrisa sardónica.

—Y, ¿qué tal con aquel tío?

Karin chasquea a lengua de una forma bastante peculiar. Sakura ya sabe que algo no va del todo correcto…

—Te diré que ya no soy virgen, para abreviar —le lanza una mirada soslayada mientras le dá el último trago a su té—. Y devuélveme ya las gafas, maldita choriza.

—¡No me jodas! Karin… —decide obviar el insulto, se acerca a dos zancadas y la toma por el brazo—. ¿Estás loca o qué? No me creo que te folles al primer tío random que se te cruce por delante…¡Esto no tiene sentido! Podría ser un violador, un pedófilo o algo peor…qué se yo, ¡un político!

Karin bizquea y le devuelve la mirada a Sakura.

—No sé quién era, vale. Fue una locura, pero ya está. Usamos protección y todo eso, no te preocupes —frunce el ceño mientras lo dice, su cara se agrava y sus ojos como brasas se clavan en Sakura—.Y, eh, ¿Sakura? No sé si será así con todos, pero… disfrutar lo que se dice disfrutar, debió de ser él. A mi me resultó malditamente incómodo y vejatorio. Le falto babearme encima.

—¿Tan mal te fue? Dios mío, debiste de dar con un puñetero troglodita —Sakura apoyó su cabeza sobre el hombro denudo de Karin—. Tu gusto con los hombres es pésimo…aún ni me creo que tu primer sueño húmedo fuera con que Glenn Spacci.

—Ay, pues yo que sé. Un tío aleatorio que me pareció atractivo. Y nada de meterse con el señor Spacci, su maldita barba me lleva a los infiernos —Karin alcanzó uno de los paquetes de cigarrillos Dumas que aún quedaban en el cajón, tras el día de La Quema, en el que las tres chicas decidieron que en aquella casa solo se fumaría marihuana y cachimba los fines de semana. Ino se había entretenido toda la noche quemando los cigarrillos de Karin en una hoguera en la terraza. El bailecito con el disfraz de hawaiana había sido para grabarlo en video…diciendo que lo próximo iba a ser una quema de vírgenes.

Karin había tenido pesadillas durante dos meses.

—¿Y estás cien por cien segura de que usaste protección?

—Claro. Eso es lo único remarcable de la noche, defenderme de las ETS y de los bombos. Mi madre me aplaudiría si pudiera.

Sakura enarcó una ceja de manera pronunciada, luego le cogió el cigarro a Karin y se lo guardó en el bolsillo.

—¡Eh! —protestó Karin.

Sakura decidió ignorar eso.

—¿Lo sabe la cerda?

—Seguro —con un mohín descontento, Karin le entregó el paquete a Sakura, aún a sabiendas de que Ino la masacraría si descubría que un par de paquetes había sobrevivido a su Gran Purga—. Es como un condenado espía soviético, la muy hija de puta se entera de todo. Seguramente ya lo sabe hasta mi padre en Australia.

Ino tardó exactamente doce segundos en aparecer por las escaleras de emergencia con una bolsa de plástico llena de botellas de pulco, y un paquete de malvaviscos Applesite haciéndole equilibrios en el cuello.

Como apestaba a tabaco negro y cerveza, pensaron que debía haberse pasado la noche en casa de su amigo de la infancia, pero el mordisco agudo en su cuello, y ese ligero y acre olor a animal, hizo presuponer a Sakura que Ino había estado de fiesta en casa de Kiba Inuzuka.

Karin se cabreó de que Ino hubiera fumado tabaco, y ella tuvo que admitir que esa regla era del todo injusta, por lo que la ley marcial sin tabaco fue revocada, pero quedaba levemente restringida a las noches en la terraza.

Aquello solo contentó a Karin a medias, Sakura, de nuevo, sonreía.

—¿Y bien? —eran las doce y cuarto de la noche, la terraza estaba a oscuras, eventualmente el cigarrillo en los labios de Karin brillaba lánguidamente reflejando quimeras en las trenzas rubias de Ino, que, mientras se balanceaba sobre la veranda, fingía dormitar—. Cerda, ¿te enteraste?

El ojo derecho se abrió, lleno de purpurina brillante.

—¿De qué? —sus dientes tintinearon un poco en la espesa tiniebla—. Oh, de lo que el terroncito perdió su virtud, ¿es eso?

Karin sentía un calor húmedo en el corazón cada vez que Ino la decía así. Terroncito. Le parecía casi familiar.

—Debí suponerlo.

Karin se adelantó dos pasos adelante y abrazó a Ino, la botellas de la mano tintinearon, y el pulco dentro de ella, de un intenso blanco, se meció despacio.

—¿Sabes? A veces eres demasiado adorable.

Sakura las observó con cuidado mientras se metía la cuchara con nutella (ese que no se había terminado) en la boca. Se habían convertido en la única familia en la que podía confiar. Tenía a Sasuke también, claro. Pero él era su novio y había cosas que a tu novio no podías contarle, pero si a tu familia.

—¿Qué os parece si nos preparamos una bebida bien fresca? Ya son casi las doce de la mañana, y el calor aprieta.

—Cariño, es de noche —Sakura la reprendió con una risita—. Cerdita, cada día peor.

Ino jadeó un poco, sorprendida.

—Joder…bueno —metió la mano en la cesta de mimbre junto a su pie y sacó nada más y nada menos que caviar iraní de primera—. ¿ Y no dicen en Vannity Fair que nunca es mal momento para un poco de opulencia sin prejuicios? Pues eso.

—Nunca dejarás de sorprenderme —Karin se comenzó a reír como una descosida, tanto tiempo que se atragantó con el humo.

—¡Te dije que el tabaco es porquería!

—Ya, ya sabemos cerda —Sakura terminó el tarro de Nuetella, una mueca de descontento se extendió por su cara—. Pero tu Amerthon es otro cantar, parece.

-¡Eh! Amerthon es la única marca que no mete mierda en el tabaco. Es pura magia negra, y sabe delicioso. No te pases con el Amerthon frente, estás advertida.

—Chicas…

Ino sonrió de medio lado, Karin del otro.

Y por alguna extraña razón, Sakura sentía que todo estaba más bien de lo que debería.

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Todos los jueves por la noche organizaban una Noche Femenina. Ino conseguía Cinco cajas de Gominolas Somormujo y se pasaban la noche viendo pelis lacrimógenas e hinchándose de azúcar gratuitamente. Sakura estaba empeñada en ver películas de época, Ino quería ver Space Liverty por decimonovena vez, y Karin había decidido que Jumanji era algo digno de enmarcar. Terminaron resolviendo el conflicto como siempre que entraban en abierta discordia.

Esta vez le tocó a Karin meter la mano en el cajón de las bragas.

Ino le vendó los ojos y Sakura le acercó el pequeño mueble.

—Está bien Terroncito, mis sueños húmedos de esta noche dependen de ti —era Ino.

—Más te vale sacar mi tanga o ya te puedes ir olvidando de las Buckler que te debo.

Karin arrugó la nariz, iracunda.

—Que os jodan a las dos. Voy a sacar mi prenda, esta noche toca Robin Williams.

—Ack, corazón. Tu gusto con los hombres es horrendo.

—¿Verdad que si? Ni mi abuela moja las bragas con Robin Williams.

Sakura e Ino lloraron al ver que un tanga rojo colgaba del dedo de Karin, que, victoriosa, lo agitaba delante de sus narices.

—Sakura, amor. Quiero dos Buckler doble malta en mi bandeja de la nevera.

—Te odio, ¿lo sabías?

Aquella noche fue larga. Ino y Sakura se quedaron dormidas a mitad de la película, así que cuando terminó, le tocó a Karin recoger los restos de las golosinas y los botellines de cerveza.

Las miró durante un rato tan largo, que cuando se cansó de verlas enroscadas como dos gatos satisfechos, en su cadera blanca había un cerco rojo y un señor con barba marcados en la piel. Pensando en arreglar el destrozo que los exámes habían hecho con sus uñas, Karin se disponía a dormir cuando el gorjeo rasposo de un chocobo rompió el latente silencio de la noche. Frunciendo el ceño y maldiciendo entre dientes alcanzó su teléfono móvil y desbloqueó la contraseña para comprobar con dolor que a la maldita Kin no se le ponía en las narices dejar de molestarla cada vez que su novio le ponía lo cuernos.

Se le congeló la sangre en las venas al ver lo que había escrito en la conversación de WhatsApp.

"…lo siento mucho".

La respiración se volvió lenta, y de repente el oxígeno se tornó más venenoso que el cianuro, doliendo cada vez más cada sorbo de aire. Los malos recuerdos retornaron a su cabeza y algo estalló, entrando en ebullución.

Aquella noche, ni Karin ni sus demonios pudieron pegar ojo.

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El día en que Karin lloró más en sus 21 años de vida, fue cuando le dijeron que su perro se moría y no podía hacer nada para evitarlo. Fue esa vez que descubrió que las lágrimas tenían un sabor salado, y también, el día en que descubrió que era una cobarde. Le temblaron las piernas, los ojos se le humedecieron, y el cabello rojo en su frente se le quedó aplastado por el sudor. Toboe, Toboe. Fue lo que masculló, encerrada en el baño, sobre la taza del váter y con las piernas encogidas, Toboe.

Aulló, y lloró de pena durante tres días, hasta que los bomberos la sacaron del baño en el que se había atrincherado, y su madre no hizo otra cosa que abofetearla.

—No era más que un estúpido perro.

Aquellas palabras le dolieron en lo más hondo, la hicieron soltar una maldición y un quejido amargo le desbordó hasta salirle por los ojos.

Le volvió a doler. Y huyó.

La encontraron dos semanas más tarde, y su madre seguía bebiendo tequila y manchándose el pelo de vómito en la bañera.

—No eres más que una zorra con cara bonita.

Karin golpeó a su madre, le arrebató el tequila y la metió en la bañera. La lavó con cuidado usando el gel corporal que Ino le había regalado por el amigo invisible. Su madre lloró, pero volvió a insultarla.

—Búscate un hombre que te folle y lárgate de esta casa. No eres más que una zorra con cara bonita.

Cuando Sakura abrió la puerta de su piso en Langley Heights, Karin llevaba uno de esos horribles vestidos usados, y las rodillas vendadas. Sus gafas de pasta estaban empañadas y apenas podía balbucear dos palabras seguidas.

—Mi madre está loca —Sakura abrió los brazos porque era exactamente lo que esperaban de ella. Le dio a Karin un beso breve en la frente, un beso que le supo amargo y denso, oh (era sangre). Ahí parecía tener un corte—. Sakura, por favor.

—Adelante —esta vez quería decirlo.

Aquello había pasado hacía casi nueve meses.

Por eso, tres días después de beber pulco con seven up en la terraza, junto a las peonías de Ino y las gardenias de Sakura, Karin llegó de la calle a las siete y cuarenta minutos, con la cara hinchada de llorar, y los ojos empañados.

—¡Pero que…! —Sakura volvió a sentir esa picazón molesta en los pulmones, como si alguien muy cabrón buscara hacerla cosquillas en el momento más inoportuno.

—¡Hijos de la gran puta! —Ino llegó de la calle, tintin. Su collar de oro y madre perla le chocaba contra los pechos—.¡Ha sido ese cabrón de Kashiwa! Le voy a partir las pelotas a patadas, ¡PALABRA!

Pasaron unas horas hasta que el mar tocó su puerta.

Knock, knock.

Suigetsu entraba en escena.

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Fin 2/?