¿Crees en el destino? ¿Crees que tu camino está trazado sin más? Yo me rehusé a creerlo, yo luche contra ello y aun hoy sé que hice lo correcto. Para mí al menos.

Nacimos en la ciudad Luz, nombre anticuado para una ciudad de magos. Era un reino entero regido por los sabios de la luz. Cinco decrépitos ancianos, pero poderosos como ningún otro del lugar. Hacía generaciones que los reyes no existían y la paz y la tranquilidad prosperaban en todo lugar.

Un día el sabio Agnel miro en las estrellas una profecía. Estás susurraron a su oído que nacería un mal en el corazón del reino. Su propia ciudad se vería amenazada por un gran y oscuro poder, tan antiguo, tan malvado que consumiría todo sin piedad.

Los sabios no querían tener que enfrentar un gran mal. Ellos creían que esa profecía, no era tal, sino una advertencia de un futuro que podrían evitar. Fueron torpes, cegados por su propio poder, confiados en sus habilidades y magia, buscaron ese peligro, sin darse cuenta de la verdad. Tal vez muy tarde todas las piezas toman su lugar y la jugada que sucederá se entiende.

Las personas son seres curiosos, limitan su vista en lugar de observar el panorama completo, se ciegan y guían por sus emociones antes de su razón. Creen, confían, tienen fe y esperanza... muchas veces eso es lo que condena a los humanos, muchas veces eso causa más daño que cualquier emoción "negativa" que podemos conocer.

Pasaron los años y lo que el sabio Agnel se olvidó, poco después de que murió. Él fue el único que hasta su muerte busco lo que había visto. Que había fomentado la desconfianza en los demás. En la paz somos grandes, pero en la guerra crecemos más. Tras su partida de este mundo, su profecía fue olvidada, la paz reinaba y nadie dudaba que así fuera.

Agnel antes de morir redacto un pergamino con su visión, desde su lecho de muerte escribió con la esperanza de que sirviera para prevenir. Pero el pergamino fue guardado y olvidado sin más.

Años después, catorce para ser exactos. En Arion la escuela de magos, su nuevo curso empezaba. Aquellos que habían nacido con los dones eran enviados a la escuela de la ciudad Luz. Ese día entraban en su primer año los gemelos de Nol. Y fue cuando los engranajes del destino comenzaron a girar.

Paseaban por los pasillos los dos jóvenes asombrados del castillo de Arion. Hogar de los sabios, cuna de magos de todas partes del mundo. Muchos de los clanes de magos más famosos, linajes y descendientes de poderosos guerreros mágicos ahí estaban.

Los gemelos de Nol eran un caso curioso. Eran jóvenes sin familiares conocidos, huérfanos a temprana edad, de padre desconocido. Su madre falleciendo a temprana edad a causa de una enfermedad, quedando ambos al cuidado de su abuelo. Un hombre fuerte y justo, que les enseño lo que debían saber, ayudando en la granja. No cabe resaltar la sorpresa que fue en cierto modo que surgieran dotes mágicos en ellos.

Aunque ellos no serían los primeros desconocidos que habían surgido de esa forma en el mundo o que Arion viera en tantos siglos de historia. Vestían de forma modesta y simple, eran fuertes por su trabajo en la granja. Aunque no sobresalían mucho del resto de novatos. Ni siquiera el peculiar plateado de sus cabellos sobresalía entre la variedad variopinta de colores y razas presentes en los pasillos animados por su primer día.

—No lo creo— murmuro el hermano menor Rorek, mientras miraba al rededor.

Habían sido asignados a la sala este del castillo. La zona de dormitorios de los estudiantes masculinos, una habitación para ambos, que debían encontrar para dejar sus cosas y al día siguiente empezar sus clases.

Malchior le sonrió de medio lado —primero habitación, me encantaría pasear por todo el castillo cargando nuestras cosas... oh espera... no, no me gustaría— miro a su hermano de reojo mientras avanzaba.

Rorek sonrió negando con la cabeza siempre aburrido hermano mayor —deberías disfrutar la vista un poco más— caminando más lento.

El mencionado giro hacia su hermano —hermano en definitiva...— antes de poder terminar su frase una chica impacto contra él mandando a ambos al suelo.

—l-lo siento— se disculpó apresuradamente la chica mientras intentaba colocarse de pie.

Rorek ayudo a la chica tomando su brazo con suavidad para colocarla de pie. Y fue cuando sus ojos se encontraron frente a frente, esos grandes y expresivos ojos, su piel blanca sin llegar a ser pálida, cabello cortó a juego con el color de sus ojos y una sonrisa tímida que le parecía perfecta.

Malchior sonrió colocándose de pie mirando a la curiosa chica, vestía de forma casual. Un tanto diferente por usar pantalón cuando las chicas en la escuela usaban vestidos largos. A pesar de todo, su anatomía quedaba bastante bien sentada de que era una chica aun con el cabello corto.

El menor sonrió negando ligeramente con la cabeza —no tiene que disculparse señorita, fue culpa de mi torpe hermano— le sonrió amablemente.

Malchior hizo un pequeño puchero, para luego sonreír ampliamente —aun así soy el más atractivo de ambos— se vanaglorio el chico. Ante la mirada divertida de la chica. Ambos voltearon a verla cuando rió ligeramente de su esgrima verbal.

—solo... je— la chica aclaro su garganta sonriendo —me llamo Grebes, un gusto conocerlos— los tres levantaron la vista al escuchar una campana sonar —y esa es mi señal— hizo una ligera reverencia ante ambos, como un buen caballero y se retiró antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo.

El mayor sonrió pasando el brazo por el cuello de hermano abrazándolo por detrás —creo que me he enamorado— comento bromista soltándolo para recoger sus cosas y caminar —no entiendo esa campana, aun no hay clases— comento algo intrigado a su gemelo, que solo se encogió de hombros y continuaron su búsqueda.

Encontrar su habitación no que una gran proeza, ni demoras, era una habitación simple con dos meses, dos camas y un sillón doble. Acomodar sus cosas no tomo tanto tiempo, eran chicos simples.

Malchior abrió la ventana, admirando el panorama, el inmenso jardín se extendía ante ellos —la vista es genial hermano— comento en voz baja cruzando los brazos sobre el marco sonriendo satisfecho.

El mencionado miro en dirección a él, se acerco mirando por un lado —te noto feliz— comento vagamente.

—bueno, ¿no debería?— pregunto encogiéndose ligeramente de brazos.

—no deberías hacer castillos en el aire con esto— le dio la espalda caminando hacia la salida.

— ¿No debería?— pregunto en broma mirando cómo se alejaba — ¿A dónde vas?

—A explorar— comento con una sonrisa de medio lado saliendo por la puerta dejándola abierta, sabía que él lo seguiría ambos eran tan similares como diferentes, pero esa curiosidad la compartían.

El castillo era enorme, techo amplios, con antorchas para las laterales y candelabros en cada cima de hermosos detalles. Habitaciones amplias, ventanales que cubren casi todo el muro, la biblioteca de dos pisos inmensa, el lugar que llamo la atención del menor especialmente, mientras que para el mayor fueron los amplios y hermosos jardines. Parecía que ambos ya habían elegido donde pasar sus ratos libres y encontrar al otro en caso de necesitarse.

La noche siguió con rapidez, el comedor eran como el resto del castillo: gigante. Se colocaron en unos espacios libres, no parecía a primera vista haber un orden o una categoría por años o alguna clase de división, aun así podían apreciarse los diferentes grupos ya hechos.

Malchior estaba atento mirando al rededor —no la vas a encontrar entre tanta gente— se burló su hermano negando con la cabeza.

El mencionado sonrió con autosuficiencia —así que eso crees— murmuro señalando hacía una de las mesas centrales que se encontraban en el centro del salón. La chica sonreía de medio lado asintiendo a los comentarios de sus amigos que reían y platicaban animados.

—parece una chica con muchos amigos— comento Rorek mirándola—y de algún curso mayor— se cruzó de brazos recargándose en el respaldo, mirando de reojo a su hermano.

—nada es imposible para un Nol, lo dice el abuelo que crío a dos magos siendo mortal— explico con una sonrisa.

—ya— se sobo la mejilla ante la mención —pero el abuelo pudo haberse enfrentado solo a una horda de muertos vivientes en llamas para apagarlos y ponerlos a sembrar el campo, limpiar el establo, pastar a los animales y ponerlos a cocinar— le sonrió a su hermano encogiéndose de hombros ligeramente.

El mayor lo pensó unos instantes abriendo la boca para objetar algo pero se calló, inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado dándole la razón al otro chico —aun así conseguiré una cita con esa chica— sonrió animado como si nada.

Rorek por su parte negó con la cabeza, más calmado que su hermano, observo a Grebes sonriendo de manera inconsciente, la verdad es que no podía culpar a su hermano de intentarlo, esa chica era un sueño de mujer.

—si sigues mirándola así me sentiré mal cuando la presente a la familia— bromeo el chico.

—no lo sé, si yo la presento primero creo que el que se sentirá mal seré yo— respondió con tranquilidad acomodándose mejor en el asiento. Ambos se miraron sonriendo, las chicas no era un tema que ambos discutieran, solían tener gustos diferentes en muchas cosas entre todas esas eran las chicas uno de los tantos tópicos.

Hasta ahora estaban hablando de físico y una primera impresión, no era la primera vez que sucedía, aunque uno siempre desertaba por esos gustos que la chica no complacía en ambos solo en uno. Pero en esta ocasión ambos sentían que sería un tanto diferente.