Capitulo 12: Ese mayordomo, sellos de demonio parte II:

-Ciel, no puede ser que idees esto- le reclame un poco en voz baja mientras acababa de escuchar su plan.

-Créeme funcionara, Dalia parecer ser la única consiente de lo que sucede a su alrededor es la única que ha entrado a leer los libros de la biblioteca, el resto es indiferente de lo que llegase a pasar, será lo mejor para averiguar lo que nos oculta esa demonio- dijo Ciel mientras miraba el sello del contrato que dibuje en la hoja de papel, había entrado en trance al verlo, se perdió en el en cuanto lo vio, solo podía continuar hablando con el.

-También sospechas lo que yo- le dije , todas las piezas quieren encajar donde las acomode, mientras ese misterio se enreda más.

-Hay alguien más detrás de la señora Ercebeth ¿no es así My Lord?- dijo Sebastián, Ciel suspiro coloco sus manos en su barbilla como el acostumbraba a hacer, tiraba la pieza de ajedrez en frente de la celda blanca, como acomodando sus ideas que flotaban en su cabeza.

-Todo apunta a eso, según algunos libros de la biblioteca "prohibida", siempre había sido un demonio decadente, incapaz de hacer un sello de contrato, siendo aclarado por ella que nunca fue seguidora de ellos, eso explicaría más profundamente la relación que ella tiene con su Carmilla- tire la ficha mirándolo comprendiendo un poco a lo que quería llegar.

-Ella no puede hacer contratos…..- le dije resonando eco en mi cabeza.

-Exactamente, ella es en su totalidad incapaz de creara trato con alguien, por consecuencia no puede conseguir almas por medio de ese medio, lo que no lleva a una pregunta…- dijo Ciel dejando el silencio en el aire esperando que yo supiera esa pregunta.

-¿De quién es el sello de ese contrato?- le lancé antes de que nos sumergiéramos en una laguna de dudas.

-Exactamente, ese es la clave del enigma….- resoplo al ver ningún movimiento en el tablero-¿qué demonio metió manos aquí?- dijo con un aire algo melancólico, fue extraño es para mi, fue un expresión muy sutil en su tono de voz, exactamente como el mismo cuando habla de Lady Elizabeth, entra en una zona de tristeza.

-¿Qué demonio metió manos aquí?... suenas como si supieras que demonio fue- le indique, Ciel divago un poco al tirar el alfil. –Como si yo supiera que tipos de demonios habitan el mundo- termino.

-Debo admitir que hay una parte de razón aquí, eso explica su necesidad de crear sectas, como un araña a la espera de sus victimas que caigan en su red-dijo Sebastián sirviendo un té en la taza de Ciel, como he dicho, el té no me gusta.

-Pero en cuanto a su mano derecha Carmilla…- dijo Ciel llamando nuestra atención cruzándose de brazos y poniendo su mano en la barbilla en señal de estar pensando. -.. los textos escritos por Bathory menciona que ella nació cerca de 1550-1560, eso ya es hace 400 años, en aquella época es donde conoció a su Carmilla que ella misma aclaro que murió, sin especificar causas, será ¿que la actual Carmilla es el demonio?- preguntó Ciel

-No lo creo…- solté de inmediato matando el alfil que momentos antes Ciel tiro.

-¿Porqué dices eso?- preguntó, supongo que el también lo sabía, siempre estaba poniéndome este tipo de pruebas, intentando comprobar si estaba junto con el en sus teorías.

-Yo me abría dado cuenta de inmediato al igual que usted, es de las pocas presencias que se pueden sentir aquí son las demoníacas, aunque tengo que admitir que hay una leve presencia increíblemente sutil que he sentido cerca, peor puedo asegurarle que no se trata de la señorita Carmilla- dijo Sebastián de inmediato.

-Pero el sello significa contrato ¿no es así?... en ningún momento hemos visto a su demonio- pregunte.

-Parece como si el contratista, está siendo usado de peón- dijo Ciel tomando su alfil muerto, y yo tome mi rey moviéndolo a la izquierda, -Eso nos deja pensando si Ercebeth es o aparenta ser el rey de este juego de ajedrez…-

-Comprendo- dijo Ciel. –Como sea, todas esas preguntas se responderán si hacemos lo que dijo Evangeline, verás que servirá, además será interesante ver su reacción- termino el Conde Phantom poniéndome en jaque.


Ciel había predicho que Dalia iría a cambiar el libro o diario por lo que me envío a la "zona" prohibida para asustarla, o hacerla pensar que en cualquier momento iba a morir a causa de lo sellos del demonio.

Espere dentro mientras leía los diarios, la poca luz y el olor a viejo, antiguo, humedad no me dejaba concentrarme con suficiente atención, comenzaba a estar igual de aburrida que cuando estaba encerrada y para la ironía de la situación estaba en el mismo lugar.

Tyler era un tipo sospechoso debía admitir, más que en el reto que había dejado Ercebeth estaba más interesado en saber sobre Ciel, Sebastián y yo, llegó a pensar de que este sujeto lo enviaron, pero ¿de donde?.

El sonido de la puerta enorme de madera me alerto y tuve que apagar mi vela de inmediato, ya se había demorado demasiado en llegar, pero miré el reloj de Tyler donde me percate de que para su rutina aún era demasiado temprano, no sería Dalia, y antes de que acabara de abrirse me puse la capucha y gatee atrás de un librero casi a oscuras donde escuche los pasos calmados de alguien entrando, de inmediato todo se vio iluminado por una lámpara grande por la zona que alumbro, este resplandor llego tan lejano que me dejo ver a lo que se refería Ciel, había unos documentos de periódicos sobre una mesa con varias fotos anexas.

Fue mía mi sorpresa que entre ellas estaba la foto familiar de mi habitación, aquella donde Lady Middleford me había contado había sido tomada el día de mi cumpleaños, estaba algo quemada, pero estaba ahí claramente.

Se acercaban los pasos, pisada tras pisada, como el conteo de las manecillas del reloj, estás se coordinaron con el latido de mi corazón, fundiéndose su eco con la sombra y oscuridad profunda de la pequeña biblioteca, está erosionada negrura se rompía con la ambigüedad de las pisadas que movían el origen de la luz.

Se acercaba, y se acercaba, y de una vez certera logré mirar la dueña del sonido que rompió con el silencioso momento, -"Carmilla"-.

Miro de un lado a otro de la mesa con los archivos de la familia Phantomhive, recargando con mucho cuidado el quinqué sobre la mesa, tuve que mover un libro pues este me bloqueaba la vista, estaba observando detrás de un librero. Ella rebuscaba entre las hojas algo, y con un gesto claro de victoria pareció que lo encontró y lo tomo.

Tomo el quinqué de nuevo en las manos y se disponía a irse pero alguien más entro en la habitación…

-Veo que aquí estás- dijo la voz, y avanzó velozmente hacia Carmilla, mis dientes fueron apretados con furia al igual que apreté mis uñas en mi mano al identificar al sujeto que me llevaba la comida diario –quería asesinarlo en ese momento- que no se fuera preocupando, pero ¡Tranquilo!, tu momento pronto vendrá, tienes suerte de que hay una joya más preciada en el tesoro, ¿esas no había sido sus palabras que me había dicho?

-Angyal, ¿qué haces aquí?- dijo Carmilla dándose la vuelta con el quinqué, este personaje nombrado "Angyal", se acercó y la abrazo, Carmilla con un poco de timidez devolvió el abrazo.

-Supe que te ibas de la secta ¿por qué?- preguntó, Carmilla se quito del abrazo y quedo con una expresión seria ante la pregunta. Así que ella se iba… ¿por qué?, necesitaba la respuesta así que me puse más atención a la conversación.

-Pues…- vacilo con notable indecisión. –simplemente quiero volver con mi familia, eso es todo, ella no puede hacer nada al respecto- dijo con un poco más de firmeza, dirigiéndose a la salida

-¿tu familia?, ¡por favor!, desde un principio venías aquí para alejarte de ella, ¿por qué volver con ellos?- le detuvo.

-¿es demasiado pedir libertad?- preguntó ella soltándose del agarre de este sujeto, el dejo escapar un risita y la tomo de los hombros quedando frente a frente.

-Te aseguro, que es demasiado pedir para un ave que se quemo las alas- y continuo riendo mientras Carmilla lo miraba algo extrañada.

-Perdón…ha…ha.. pero lo que… ha ha- dijo calmando un poco su risa, -lo que quiero decir es que veo muy difícil que escapes de todo esto, bueno no en su totalidad, y la parte de ir con tu familia, ¿no te harán preguntas de a adónde habías ido?- le dijo este sujeto provocando varias dudas a Carmilla, tal vez lo que menos le convenía a todos era que el exterior supiera sobre está secta.

-Si lo que quieres es que no los delate, bien eso haré, pero no volveré aquí- volvía a dirigirse a la salida. -¿qué le dirás a tu marido?, lo siento mi amor, pero ese matrimonio no beneficiaba a ninguno, lo mejor era dejar todo esto.- dijo el en burla, pasándola de largo y saliendo de la biblioteca. ¿Cuándo se dispersarán las dudas en vez de expandirse más?


Mansión Phantomhive

-Vamos, se que ella está aquí- dijo Víctor que abrió de una en una las puertas de la mansión y cerraba con fuerza al no encontrar su "futura esposa". El joven pelirrojo fóbico de la sangre estaba preocupado por no ver a su "esposa" en varios días, comenzó a creer que ella se escondía del dentro de la mansión evadiéndolo.

-Señor Earn, ya le he dicho que no está aquí- repetía Meyrin mientras intentaba parar al chico que estaba decidido a hallarla aun debajo del papel tapiz si era necesaria la situación, (y vaya que parecía muy dispuesto pues ya quería empezar a mojar la pared y quitar el papel con el tenedor de ensaladas).

-No me la creo, necesito su respuesta a la carta que envié hace días, es urgente que este respondida ahora, ¡es de suma IMPORTANCIA!, además si salió ¿por qué no me ha avisado? Es de mala educación en primer lugar- dijo el joven subiendo las escaleras hacia la habitación de ella. Ese lugar era prohibido, ni siquiera la dulce Elizabeth le permitía el paso a Meyrin; el lugar no solo era la habitación de Evangeline, sino se había preservado toda seña de que antes le pertenecía a su marido Ciel Phantomhive, y tanto Meyrin, Barnad, Finnian, e incluso Claude Faustus lo sabían y que el chico ya vestido de explorador de pirámides ya estaba preparado para profanar (digámoslo así) ese sitio.

-Le he dicho que ha salido, pero no especifico donde iría, está con el joven Sebastián con ella, debe ser para arreglar los negocios- dijo Meyrin, esto detuvo en seco al joven dándose la media vuelta un una ceja levantada.

-¿Con su mayordomo?- preguntó el como si no hubiese escuchado esa parte, se ajusto un poco los guantes esperando la respuesta de Meyrin. Víctor de poco de conocerlo había declarado una guerra con Sebastián intentando hacer caer al perfecto mayordomo, las razones de este odio aun no son confirmadas del todo.

-Así es, su mayordomo, o mejor dicho el mayordomo de la casa Phantomhive, así que no debe preocuparse, si está con el estará segura- dijo Meyrin.

-¿Hace cuánto que se fue?- preguntó el joven continuando abriendo puertas luego de esa leve distracción, Meyrin corrió tras el nuevamente intentando detenerlo. –Se fue hace una semana-

-Una semana, no me parece, debe estar aquí adentro- dijo corriendo hacia la ubicada habitación de ella -¡No puede entrar ahí! ¡le pido que espere!- dijo Meyrin corriendo tras del, Víctor llegó a la puerta blanca y con mucha ansiedad abrió el picaporte donde se encontró con el otro mayordomo que residía actualmente en la casa, observó al joven con sus ojos ambarinos escondidos debajo de la capa de lentes, dejando callado al pelirrojo, arreglo sus lentes listo para escuchar la explicación de Meyrin.

-¿Y bien?, ¿a que se debe este escándalo?- preguntó mirando a ambos quienes se encogieron a la pregunta dada, para obtener un poco más de información miro directamente a Meyrin quien sabría que diría o trataría de dar una orientación sobre el desorden que irrumpía la paz de la mansión.

-Bueno… es el joven Víctor Earn busca a la señorita Evangeline- dijo Meyrin bajando la mirada apretando en sus manos el vestido de Maid con el que siempre trabajaba, ahora tocaba ser intimidado por la mirada ambarina al joven pecoso.

-La señorita Evangeline Phantomhive no se encuentra en la mansión joven Earn, le pido amablemente que se retirara a su llegada- dijo Claude indicando la salida con un plumero.

-Yo no me voy a ninguna parte, he venido a verla y no me iré hasta que hable con ella, si realmente no está entonces esperare aquí- dijo clavando ambos pies contra la alfombra dando señal de que hablaba enserio, el mayordomo acepto esto con desafío.

-Como quiera, y perdone mi descortesía, soy Claude Faustus, tutor y temporal mayordomo de la casa Phantomhive, usted y yo nos conocemos de las pocas clases que entro con mi Joven Ama- termino haciendo una reverencia y volviendo a la posición original.

-Bueno pues… jeje … supongo, pero como sea, me quedaré aquí hasta que llegué, al menos que tu puedas llevarme a ella- dijo el jovencito.

-Pero le he repetido que no tenemos alguna idea de donde se puede encontrar- dijo Meyrin con la misma insistencia.

-Sigo sin creérmela-dijo Víctor evadiendo al mayordomo y entrando a su gana a la habitación, abriendo el closet hurgando entre los vestidos como si se tratase la búsqueda de un ladrón en una pila de paja.

-¡Señorito Víctor!, ¡no puede entrar así a sus anchas en la habitación de una dama!, aun menos cuando no están casados, los únicos que podían entrar eran Lady Elizabeth y el mayordomo de la casa Phantomhive, incluso no se que hacía el señor Faustus aquí – dijo Meyrin intentado parar al joven que ahora buscaba debajo de la cama metiendo su mano bajo ella y lanzando al aire unas cajas con fotos de Lady Elizabeth.

-Me encontraba despolvando el cuadro de la habitación, la señorita Middleford le pedía esto al Joven Michaelis, viendo su ausencia he decidido desempolvarlo- aclaró Faustus que miraba en vez de intentar parar al invitado.

-No se ustedes, pero se que está por aquí, ¡vamos sal de aquí!- dijo el pelirrojo en medio de la habitación, donde su vista se cruzo con la mesa de noche encontrándose con un libro dividido a la mitad con la carta que el envío.

-¡Ya la leyó!- exclamó algo feliz al encontrarla abierta.

-No debe leer correspondencia ajena, ¿qué clase de modales tiene este joven?- aclaro Meyrin, quien estaba desesperada por sacar al improvisado visitante.

-¡Yo escribí está carta!, así que no veo el problema, y el único que veo es que no lo haya respondido aun- dijo el

-Joven Víctor Earn- llamó Claude Faustus, llamando atención tanto del nombrado como el de la Maid que se calmó un momento solo para escuchar.

-Si es tanto su deseo de verla creo poder guiarlo a donde se encuentra mi Joven Ama, solo por favor si dejará de fisgonear en las pertenecías de mi bochan.- dijo Claude Faustus. Víctor le miro algo desconfiado pero no viendo otra opción.

-¡De acuerdo!- exclamó con un tono feliz, soltó la carta dejándola caer y saliendo corriendo disparado afuera de la habitación corriendo al final del pasillo.

-¿qué esperas?, no hay que perder tiempo- dijo el chico haciendo señal de que fuera a guiarlo.

-Meyrin, por favor limpia está habitación en lo que llevó al señor Earn con la señorita, les dejo el resto a Finnian y Barnad, no hagan ningún desastre- le dejo el plumero en las manos a Meyrin mientras caminaba hacia Víctor.

-Ehmm ss.. Si si señor- dijo Meyrin con una torpe reverencia.

-Esto será más que interesante- dijo el demonio caminando hacia el chico que le esperaba con ansias.


Me había quedado sumida en mis preguntas el resto del tiempo que espere, miraba el reloj constantemente esperando a que llegará la puntual chica Dalia Guilty, mientras repasaba mentalmente algunas respuestas que habían sido resueltas, más aun por las lecturas que logré encontrar en esos diarios improvisados, explicándome con más claridad que pasaba con Ercebeth y Carmilla.

Según parecía la chica actual no se llamaba así, se tenía un nombre pero nunca quería mencionarlo Bathory, siempre le llamaba Carmilla, Mircalla entre otros, la llamaba así simplemente porque le recordaba a su pasada amada, que según dice reencarno en está chica actual, y tuvo que buscarla y mantenerla a su lado, o eso esperaba, ahora las noticias que escuché parece que de lo contrario su "Mircalla" se había hartado de ella.

Mencionaba un ángel, uno autentico también con decadencia que se le había unido, ¿por qué razón un ángel se uniría con un demonio?, es como la propia oración diría, son distintos son la luz y la oscuridad, sería impensable observar que se uniesen por una causa pues sus propósitos y metas son tan distintos el uno del otro, Bathory buscaba únicamente a su Carmilla mientras el otro "castigaba" personas… lo que me deja pensando ¿dónde se encuentra el ángel actualmente? y de camino a mi pregunta, ¿dónde mantenían a Emily Earn?

Al fin la hora llegó y demorada solo por unos cuantos minutos ella llegó haciendo sus movimientos meticulosamente, como si supiera que alguien la estuviese viendo, traía su capucha abajo con su cabello esponjado fuera de está, su flama iluminaba una zona pequeña comparada con el quinqué de Carmilla, acercó su vela a un librero observándoles con dedicación, buscaba alguno diferente, quien sabe cuanto de todo esto ella había leído estaba tan metida en ellos, cuando tomo uno y después de admirarlo un instante decido llamar su atención.

-¿Te gusta leer?- lancé, me dio algo de risa el salto que dio al escuchar eso, parecía que la asusté, aunque no debería repetirlo, casi tira la vela en los libros, quien sabe que clase de desastre infernal hubiera desencadenado eso. Ella levanto la flama, cegándome un poco y tuve que parpadear varias veces, mejor baje la mirada pasando la hoja del libro leyéndolo para averiguar un poco más.

-¿Qué hace aquí?, no deberías estar aquí- me reclamó, subí la vista aun cuando la luz me molestaba un poco, pero pude acostumbrarme rápido parecía que se enojo por el sobresalto que le había causado, otra vez recordé su pequeño saltito que dio y no pude evitar sonreír aguantando un risa, fue tan gracioso, me gustaría poder dejar escapar esa risa pero no era momento.

-Creo que no debería estar aquí, pero ¿tu también deberías?- le dije, quería confundirla, más cuando ella parecía intimidarme, creo que en otro momento me hubiera funcionado pero no, claro que está vez no sería así, ya no había niñita perdida en la el tiempo y las sombras, mi conciencia había sido rescatada antes de que desapareciese y había cosas que cambiarían ahora. La desconcerté un instante un punto bueno a mi favor.

-Emm.. a pues…- no podía mantener su mirada fija, jugo solo por un momento con sus manos como quitándose el sudor de ellas quiso retomar un poco de autoridad -…¿qué hace una niña aquí en la secta? Y peor aun leyendo libros que a mi parecer no deben leídos por nadie- eso me enojo y cerré de un golpe bastante brusco el libro me levanté con lentitud sin quitarle la mirada, sacudiendo el vestido y con pasos firmes avance hacia ella.

-No soy una niña- entone seria -además, si estos libros no pueden ser leídos por nadie- señale la librería que encerraba prácticamente la habitación –no deberías leerlos tampoco- esperaba hacerla enojar, si no lo notaba no era ninguna niña. Deje el libro en el estante.

-Solo espera a que Carmilla se entere, no te ira tan bien como esperas- ¡por favor!, ella se largaba de ese lugar no era una buena amenaza, debía mostrarle que no me asustaba así que le sonreí y probablemente por la luz debía verme algo siniestra, retrocedió ligeramente y di por terminada esa platica así que preferí salir a buscar a "Emily" pero antes…

-Si fuera así, me pregunto que hará al saber que haz estado leyendo- selle esa puerta gigantesca. Saqué una pequeña vela que guardaba en mi bolsillo y un cerillo con el que prendí para iluminar mi paso, al estar tan profundo no se veía nada más que negrura, solo poniendo la mano a la altura de la nariz se podía ver, me pregunte donde podía estar la dichosa niña que buscaban con desesperación los shinigamis aparentemente. –Huele a humedad y a sándalo- seria mejor ver ese laberinto, donde vea a donde me lleva.

Recargándome en la pared con mi tacto para guiarme y no fiarme del todo de la luz de la vela continúe siguiendo a mi olfato –Ahora huele a tierra mojada pero aun está el sándalo- era el olor familiar que odiaba sin embargo debía ir a investigar.

Cada piedra era reconocida por mi memoria, es como si supiera o sintiera que lo observará antes el tacto con la piedra solida se termino en una avanzada con las uñas clavadas en el muro levantando polvo y pequeñas piedras que quedaron debajo de la uña cada vez más furioso, era para mi retroceder en un cinta, moverla en reversa recordando los días pensando ¿saldré de aquí?, viviendo atacada de recuerdos fugaces que son tan lejanos y antiguos que al repasarlos era como recitar un libro, un libro narrado por alguien más, la historia que yo misma viví pero a la vez tan ajenos que dolían.

-Terminaré sin uñas- pero no me importa, quiero recordar- ….¿pero recordar qué? Un sensación de vacío que cargo conmigo con esa cadena que de esfera de peso tiene esa pregunta pero me interrogo conmigo ¿qué debo recordar? –comienza a sangrar levente las yemas de los dedos-, acercándome cada vez a la ultima nota de la canción ya tocada, regresando esa cinta cinemática, como intentando, queriendo saltar esa parte de los libros que nadie quiere volver a leer, esa que nos hizo llorar o que aburrió… -Sándalo, ese era el aroma que me recordaba directamente con las noches de la habitación- parándome en seco con la mano palpitando y otra mano con cera ya enfriada que había tomado forma de mis dedos tal vez por avanzar con rapidez provocando que la cera derretida se deslizara por un extremo, ¿pero que importaba eso? La cera estaba fría ahora, el dolor del instante ya no estaba y estaba parada enfrente de una puerta de metal.

El silencio sepulcral continuaba ahí, no había cambiado nada -¡ha!- ¿qué esperaba? Que adquiriera un suspiro de viento… ¿qué susurra las historias contadas ahí?. –me acerque abriéndola al mover ese seguro que lo resguardaba y mantenía oculto, impenetrable y solitario el contenido del interior- en mis adentro solo tal vez…-

El primer paso rompió el silencio con el eco del choque del zapato con la piedra…solo tal vez suspiraba o anhelaba que de algún modo los muros hayan guardado realmente esos momentos donde las narraciones rompieron el silencio, o en donde la luz colada de la rejilla que miraba ahora rompía con la penumbra, con la vista seguí la luz que terminaba detenida con el suelo y en medio del rayo estaba una pieza de ajedrez blanca, alta y parada, inerte muestra de una señal de Ciel parecía haber revisado ese cuarto ¿y esa pieza de ajedrez? más que una señal era una orden -ve tras Dalia-.

Contando los sonidos de las pisadas tome esa pieza de tablero blanca entre mis manos y mirando alrededor, las paredes me figuraban transportar a la época no lejana, la que puedo tocar casi - la pieza se ha manchado de sangre de mi mano- esa división entre mi cordura estaba ahí, acercándome aun sin levantarme del todo, dejando la vela y la pieza marfil en el suelo toco con los dedos la pared -trozos de cera seca caen hechos pedazos al suelo- sigo sintiendo la roca, un reconocimiento táctil, acercando mi cara a la fría al tacto roca, impregnando olores en mi nariz profundamente, ahí seguía, el tenue perfume de sándalo, el agua, humedad, tierra, roció, y ahora ese olor extrañamente abandonado, un aroma de desolación y soledad que se fusionaba con el ambiente de recuerdos solos, condenados y teñidos de tragedia.

Volviendo al tacto toco con una leve profundidad de la roca, un relieve natural de la piedra, con lo que pude intento rascar más, quitaba con facilidad los trozos de piedra que caían en cachos grandes por estar mojados, la nieve seguro se derritió y llego a esa profundidad aunque exitoso al principio esta se secaba rápido recuperando dureza, rasgando mis manos por lo áspero de la superficie, tome la pieza de ajedrez y la uso para abrirme paso más y más, comenzó a funcionar, se creo un agujero donde mi mano atravesó permitiendo quitar los tabiques de piedra labrados de forma rectangular y ese pequeño agujero fue tan grande como para que yo pasara arrastrando. Lista con la vela en mano me aventuro a esa oscuridad completa, el olor era más fuerte y dominante, algo nauseabundo y seco que cerraba mi garganta, subo la vela viendo la puerta que estaba más reforzada que la mía, las paredes más gastadas, rasguños en el suelo de tierra y leves pisadas marcadas en forma de un pie, la tierra fría al contacto.

-¿estará aquí?- alzo más la vela dando un salto con las paredes, estaban dibujadas, pintadas repetidas veces con un sello de contrato pero no cualquiera, los mismos que cubrían a Dalia, hechos con lodo con palabras extrañas que no se me hacían similares o parecidos al alfabeto -¿que es esto?- fue la primera pregunta que podía decirse, otras le hacían compañía ampliando el misterio y dejando otra incógnita, si no estaba aquí Emily Earn ¿donde podía estar?...

-¡No puede ser!- tomando lo más rápido posible la vela salgo corriendo del agujero sin cerrar esa puerta, corriendo mientras un vacío se abría atrás mío, sintiendo como si los recuerdos del sitio cobrasen vida, capaces de arrastrarme al interior del vacío en donde vivía. –La vela se apago- no es hora de entrar en pánico, aun tropezando con los escalones como si nada pasará seguí corriendo aun rodeada de las sombras sin luz que las sometiera, apretaba con fuerza la pieza de ajedrez, -debó ir con Ciel-.

Tenía la pieza maestra para acabar con ese jueguito de Ercebeth, estaba ansiosa consternada debía apresurarme, y en un momento caigo en cuenta en que solté la vela en alguna parte, termino chocando con paredes pero termine chocando con algo pero no me detendría.

-Tu otra vez- me tuve que detener, me era necesario, recuperaba aliento y mis latidos se regularizaban lo que me permitió hablarle sin entrecortarme -¿Escapas de tu inaudible muerte?- era hora de espantarla, en cuento cruzara esa puerta Sebastián cerraría la puerta de todos lo de la secta nadie debía salir y era seguro que ninguno saldría, más con el dato recién descubierto de la biblioteca.

Resoplo -¿tu piensas que puedes matarme?, supongo que eres de ese grupito de sobrevivientes que busca asesinarnos a mis compañeros y a mí-

No pude evitar y me reí, qué irónico que ya sabían que buscaban matarlos pero no hacían nada, otra ve su cara era perturbada justo como cuando salto del susto y ahora la risa fue más hilarante.

-¿Cómo sabes que nosotros somos tus predadores? ¿no será que…?- su cara se abría a curiosidad si me quedaba otro momento me atacaría de la risa por lo mucho que abrió los ojos, creo que si logré asustarla.

-¿QUÉ? ¿SERÁ QUÉ?- me grito

Sin girarme decidí terminar con su duda –Que una de tus compañeras, ¿es la que planea asesinarte?, suponiendo que inventarán que quieren eliminar a todos- me volteé sacando la pieza de ajedrez, la pieza que sería mi prueba de que yo había sido la que la asesino. –si únicamente quieren eliminar una pieza del tablero- le lancé la pieza que con suerte logró atrapar.

-Nos veremos Dalia Guilty- y continuando con mi carrera visualicé el "cuarto" de Ciel y sin tocar entre, no estaba cansada, la parada con Dalia me ayudo a recuperarme pero sin mucho de palabras no pude decirle nada, simplemente estaba parada en sosteniendo la puerta abierta y el Phantom levantó su vista a mi lleno de expectativa a la espera de algo.

-¿Sucede algo?- se levantó haciéndome pasar y cerrando la puerta. –Vamos, ¿qué averiguaste?-

Le sonreí mientras me sentaba en una de las camas –Carmilla, es Emily Earn- le solté


Bueno me tarde menos, perdón el suspenso esta ves no quería cortarlo aquí pero ¿ven el problema de monumental volumen? bueno pues aun no lo logro resolver así que escribo en ratito en las noches, lo lamento TT/_/TT no me asesinen *muere de porrazos con tecleadas de odio

Bueno aclarando algo:

Aun no se acaba el fic, pero si quieren lo acabo :/, okey ya le quito a mi estado emo lo que me refería era a la planeación de la historia esta completa, no le falta nada ahora el ritmo ira mas rápido ya verán lo que sacare de las mangas ;), creo que eso fue mi culpa, creo que no lo aclare *reverencia estilo Sebastián.

haha y si creo que narrado desde el punto de vista de Dalia da un poco de escalofríos.

gracias por lo que están leyendo, sin el fic caería en depresión.

me despido por que sigo escribiendo el next cap.

*Escritora off