Como siempre todo esto es propiedad de Jk. Rowling y de Warner. Esta historia es sin ningún ánimo de lucro.
Gracias a mis queridos Orion y Astoria, a mi adorado Micropuff, a SophiaLovegood a quien espero que no te importe, he añadido en esta historia y a Rubn P.S p el User de Armando Dippet.
Espero que disfrutéis tanto de la historia como yo lo he hecho escribiéndola.
CELOS:
Orion, coqueteaba en un rincón del vestíbulo con una chica de Ravenclaw, haciéndola sonreír, Apartándole un mechón de la cara. Susurrándole cosas al oído haciendo que esta se ría como una tonta.
Lo que la feliz pareja no sabe es que unos ojos plateados los miraba con el odio más intenso que una adolescente puede sentir. Y las patatas pagaban caro la afrenta. Ya que una joven Walburga de quince años las está aplastando con furia mal disimulada, mientras a su lado su mejor amiga la mira divertida.
- Si querías puré de patata, haberlo elegido
- Me gusta así, gracias Sophia- explica Walburga a una joven de cabellos rubios y ojos azules, que aun siendo de la misma casa que la estúpida chica, se sienta en la mesa de las serpientes.
- Walbur, si de verdad te gusta Orion, ve y díselo- pide la risueña chica, cortando con pulcritud su pastel de carne.
- No, es solo que él puede aspirar a más, y no me gusta que se divierta así con las chicas, es denigrante para el apellido Black.
- Claro y la persona perfecta a su lado, déjame pensar, eres tu ¿No?
- Yo no he dicho eso - respondió ocultándose tras los rizos para evitar que la gente viese su sonrojo
- Pero lo has pensado
- Mira, no me importa como se llame la fulana esa con la que está…
- Meredith Rosse
- Como sea. Solo se que será una más a la lista de corazones rotos de Orion Black. Ni siquiera es guapa… ni lista.-dice Walburga bajando la voz. Porque en el fondo ella pensaba lo contrario. La estúpida Ravenclaw era esbelta, tenía un cabello bonito y seguramente y con toda duda, sería inteligente, dulce y maravillosa… todo lo que ella misma no sería nunca.
Aunque no pudo evitar que algo dentro de ella se rompiera cuando vio como Orion unía sus labios a los de la Ravenclaw. Como tantas otras veces, con tantas otras chicas. Con decisión e intentando que su salida no resultase dramática, dejó su almuerzo y se dirigió a las mazmorras. Pasando al lado de la pareja sin dedicar ni una sola mirada.
Cuando llegó a su habitación, sacó del baúl lo único que en este momento podía animarla. Su escoba.
La cargó sobre su hombro y se dirigió por los pasillos al campo de Quidditch.
En algún momento Sophia se la unió, intentando disuadirla.
- Walbur, por favor, tenemos clase en un rato.
- Tranquilízate, estaré en Runas Antiguas antes de que te des cuenta, pero es o volar o maldecir a alguien.
- ¡Pero si tienes Defensa contra las artes Oscuras!
No quiso ni rebatirla. Dio una fuerte patada al suelo y se elevó por los aire, teniendo la sensación de que dejaba sus problemas en tierra
Surcó los aires, feliz, relajándose a cada minuto, sintiendo sus problemas cada vez más pequeños e insignificantes… hasta que llegó a sus oídos esa maldita risita idiota.
Buscó cual ave rapaz su objetivo y localizó a la chica que había estado antes con Orion, descansando con una amiga en el camino hacia el lago Negro.
Walburga voló hasta ocultarse entre las ramas de los árboles del bosque Prohibido y poder escuchar la conversación sin ser vista
- … Ha dicho que esta noche me llevará a Hogesmade-
- Es tan romántico…
- Y muy guapo
- Bueno eso es obvio, es Orion Black
Walburga arañó la corteza del árbol de la rabia… pero tenía claro lo que iba a hacer.
El pequeño y estúpido pajarito iba a saber que es una auténtica serpiente.
Con auténtica frialdad y objetividad lanzó un encantamiento desmaius a cada una de las chicas. Cargó a al nuevo "juguete" de Orion en su escoba. Se situó enfrente de la amiga.
- ¡Enervate!-
Esperó a que la chica se despertase para realizar su siguiente movimiento.
- ¡Imperio! ¿Cómo te llamas?- preguntó con tranquilidad
- Marysse Layson
- Bien Marysse. Vas a volver a tu sala común. No has visto desde el almuerzo a tu amiga Meredith y mucho menos, me has visto a mi ¿entendido?- Ordenó Walburga.
Ella solo asintió, ida, con los ojos vidriosos y una sonrisa estúpida en la cara. Luego se levantó y empezó a andar hacia el castillo con normalidad.
Walburga la observó hasta que se perdió de vista y comprobó que o había nadie, para subir a su escoba y sobrevolar el bosque prohibido con el bulto a su espalda.
En medio del bosque encontró un claro y ahí abandonó a la chica. Con un poco de suerte y si sobrevivía, la Ravenclaw estaría de vuelta por la noche. Tarde para llegar a su encuentro con su Slytherin.
Volvió a montar en su escoba y sin ningún tipo de remordimiento volvió al castillo.
Entró prácticamente bailando a la sala Común que se escondía en las mazmorras, comprobando que la clase de defensa contra las artes oscuras empezaba en quince minutos.
Cambió la escoba por los libros y alegremente recorrió los pasillos hacia la clase. Justamente entonces se encontró cara a cara con Orion y a diferencia de otras veces ella le demostró una sonrisa aun más grande y mas intensa.
- Buenas tardes Orion
Del mismo modo que vino se marchó alegremente.
Orion se giró hasta verla desaparecer al final del pasillo. Quería ver siempre esa sonrisa en su rostro. Le otorgaban unos graciosos hoyuelos y sus ojos plateados centelleaban llenos de diversión y alegría.
- Mira que es raro ver a Walburga tan alegre ¿a quien habrá matado? ¿o a lo mejor ha estado con algún chico? La verdad es que no la he visto en el almuerzo- Comentó arrastrando la voz un joven de rostro pálido y afilado, con los cabellos rubios platinados y los ojos azules a quien Orion lanzó una mirada llena de odio frío.
- No digas eso, a no ser que tengas un nombre para que pueda torturar, Abraxas.
- No lo entiendo ¿tu puedes estar con otras pero ella no puede estar con nadie?
Orion no contestó, solo siguió el rumbo, con los puños apretados y gesto de crispación, hasta su clase de transformaciones con Dumbledore.
Tal vez él estuviese con muchas, pero todas ellas quedaban sombrías ante la luz y perfección que desprendía Walburga con solo una sonrisa como la anterior.
Si, sus motivos no eran racionales. Pero lo curioso de los celos, es que estos nunca lo son.
Y aquí el final de este capítulo, espero que os haya gustado tanto como para dejar un comentario. Nos leemos en el siguiente capitulo
