Capitulo 14: Ese mayordomo, sellos de demonio parte III:

Bajo años de condena muda la sentencia es dictada. Alguna vez cuestione mi vida y todas las reglas que las regía; rezos innecesarios lanzados al aire. Sentía la mirada de alguien, una mirada que solo se presiente por instinto. Una protección pensé al principio, alguien me protege.

Qué inocente era.

Cuando caí en el desengaño supe entonces que era mi verdugo quien acechaba.

Solo en ese momento no me pude haber sentido más miserable que una migaja de pan duro. Mi reloj de arena tiro el último grano.

Carmilla- Emily Earn


Sólo con las velas era alumbrando su rostro lleno de ira, enmarcado en sus cabellos blancos; una vez más, Ciel hizo uso de su voz para romper el silencio. Carmilla se encontraba amarrada a una silla con el cabello cayendo como cascada sobre el rostro. La sangre bajaba desde la cueva de su nariz hasta sus labios pálidos, relamió parte del líquido para luego escupirlo a su izquierda.

-¿Respuestas?- dijo indignada.

-¿Para qué necesitaban a Evangeline?- preguntó con seriedad Ciel; atrás, Sebastián estaba firme esperando órdenes. La muerte de Dalia Guilty fue el que ocasionó un caos dentro de la secta. Luego de oír el grito, no solo llamo la atención de toda la secta sino que también el de Carmilla quien llegó casi de inmediato. La escena era clara no había duda: un cuerpo recién asesinado con un libro en una de las manos y en la otra una pieza de ajedrez, "El peón", con las iniciales talladas K.B.

Carmilla buscó entre la multitud a la persona que encajaba con estás iniciales arrastrando a Evangeline hacia la habitación de Bathory. Sebastián puso algo de negación a está acción pero Ciel lo detuvo. Bathory se mostro sorprendida en un principio pero se dio cuenta de inmediato que era Evangeline. Evangeline logró escapar pero ya nadie sabía donde estaba.

Y aún así la chica peliblanca no soltaba nada.
-¿Quiere qué haga algo mi Lord?- preguntó con servidumbre inclinándose con gesto de cumplir órdenes el demonio mayor. Debíamos admitir que además de estar obligado a seguir ordenes mostraba un poco de desesperación de encontrar a su contratista.
-No Sebastián, no por ahora- levantó al mayordomo aún sin quitar la mirada a Carmilla.
-Dime la razón por la que necesitan súbditos- preguntó esta vez Sebastián.
-Si no le contestaba a mis padres ¿creen que lo haré con ustedes?- levantando la ceja como marcando una duda.
-Sólo quería hacerlo de manera fácil Emily Earn.- hizo una pausa para observar su reacción, y efectivamente hubo un leve sobresalto pero volvió a su actitud inconmovible. -Ya haz engañado a tus padres a la perfección ¿no es así?- volteó hacia Sebastián quien le paso en mano unos papeles en una carpeta, lo abrió frente a ella y comenzó a leer - Emily Earn hija única de los señores Alfred Earn y la señora Carolina Wrills, dada desaparecida desde hace 3 meses, la última vez que se le vio fue en su habitación dormida sin ninguna señal o razón para escapar- cerró el archivo -¿sin razones? de una manera sedosa.

-¿Tu qué podrías saber? eres otro de esos estúpidos adultos que creen saber todo de su hija- Ciel notó su tono defensivo y sonrió

-Exacto ¿qué podríamos saber?, así que tu dinos - dijo Sebastián poniendo un puñal frente a una fotografía de la familia Earn.
-No les incumbe- dijo con recelo. Sebastián ignoró lo que decía y continuo.
-Empecemos con Víctor Earn ¿te parece?- fijo con algo de paciencia el mayordomo.

-¿De donde la sacaste?- preguntó irritada.

-Me parece que debes cooperar si no quieres que mi Lord, le lleve ante las autoridades, sería muy sencillo incluso matarla aquí ahora mismo...- la daga se acerco más a la cara de Víctor mientras ninguno de los dos quitaba sus ojos de encima esperando una reacción de respuesta.

-Sólo es un niño...- termino diciendo la chica; el mayordomo sonrió en sus adentros.
-Queda descartado- con la cuchilla hizo un tache sobre el rostro de Víctor. -Pasemos al señor Earn entonces- dijo con su sonrisa.
-Es de ese tipo de hombres que cree que todos tienen salvación - soltó sin pensarlo dos veces.
La cara del señor Earn tenía un agujero -¿Continuamos?-
Carmilla solo gruño.
-Llegamos con el hijo mayor de los Earn- Ciel miró de reojo la cara de Emily.
-Tenemos un sospechoso- susurró Ciel con burla.
Emily solo gruño de nuevo, y Sebastián puso el puñal en la base de su cuello. -Me parece que mi Lady no tiene deseos de volver a casa, sin embargo eso no le importa demasiado a mi Lord que piensa cobrar la recompensa a menos que desee hablar-

-¿Y bien señorita Earn?- preguntó Ciel.
Gruño por tercera vez - Está bien...- suspiro con irritación y desvió la mirada a la izquierda, tomando tiempo de medir sus palabras -...la "señora"...- dijo lo último con un tono de sorna -...está perdiendo fuerzas, no se exactamente porqué. Me contó que desde su niñez siempre había tenido problemas de decadencia demoníaca o algo así, y su padre le daba zumo de almas para recuperarse-
-¿Zumo de alma?- preguntó Ciel.
-Es una forma de decirle a la sangre, sobretodo los altos demonios suelen usar ese término- aclaró Sebastián.
-Como decía, me importa un pepinillo lo que le pase a esa loca, pero desde que murió su padre se tuvo que dar a la búsqueda, hasta que logró encontrar sólo una clase que le ayudaba...- miro a Sebastián

-... "Demonios", tenía que matar demonios. Eso está prohibido para ella porqué no sé qué, sin embargo el día que llego a sus manos Evangeline...- miro a ahora a Ciel -seguro es tu hija ¿verdad?, porqué le hizo el mismo efecto y no es un demonio, o al menos no del todo.-
-¿Y qué hay de los demás? Si tenía a Evangeline ¿porqué matar a más?- preguntó Ciel.

-Creo poder responder eso...- dijo Erzcebeth detrás suyo y enfrente de ella estaba Evangeline con la mirada pérdida y sin ninguna expresión; estaba atrapada por las uñas alargada sobre su cuello amenazando quedamente en atravesar. Una leve presión sobre su piel y esto puso tenso a Sebastián que también amenazaba a Carmilla de la misma forma que su contratista.

-La marca del contrato no me ha percatado de nada- dijo Sebastián, Ciel se adelanto un paso adelante con la intensión de enfrentar a Ercebeth, está acción ocasiono que clavara la uñas sobre la garganta de Evangeline y empezará levemente a salir sangre. Ciel se detuvo.

-Tu tienes algo que quiero, y yo algo que tu quieres, dame a Carmilla y te daré a tu contratista ilesa- marcó sin emoción, un tono seco y arrastrado, como si se forzara a salir de la garganta.

Siguió avanzando hasta Erzcebeth. Cada vez clavaba aun más las uñas, pero continuo avanzando hasta quedar frente a frente, fue entonces donde la soltó y cayó al suelo inmóvil con la garganta cortada y las uñas de Bathory ensangrentadas.

-Debo admitir que eres buena creando ilusiones, sin embargo, olvidaste un mínimo detalle.- dijo Ciel mirando el cuerpo -La marca del contrato está en su mano derecha no en la izquierda-.

El cuerpo comenzó a tomar su forma original que se trataba de Anna, mostrando que tenía las marcas de igual manera que Dalia. Los sellos se empezaron a consumir en la misma piel como si una cicatriz sanará de inmediato, un humo ascendía con un tono verde brillante, no había duda que las sospechas de Ciel eran ciertas. Conocía de quién eran la marcas.

-¿Dónde, está Evangeline?- preguntó Bathory lamiendo sus uñas ensangrentadas.

-Atrevida pregunta, viendo tu situación- dijo Sebastián.


Bajo el caos, la cúspide de la discordia, todos entraron en un cúmulo de pánico y corrían de un lado al otro sin mirar atrás. En medio de la cruzada de gritos y auxilios, una alma se mantenía en paz y de pie con tranquilidad. Tomaba entre su puño el quinqué apagado observando furtivamente a la enardecida multitud.

-Déjeme prender ese farol por ti pequeña dama- dijo tranquilo aquél sujeto acercándose con su cara cubierta en una máscara negra de plumas blancas. "Esa mirada..."

-Gracias- miro como encendía el farol con un cerillo. Al principio la flama danzarina se alejó del farol, trémula rozó la mecha lo que encendió la flama que se torno esmeralda. Asombrada por un momento dejo ir al sujeto.

Pero caminaba con cierta lentitud, una confianza sacada de la nada, una actitud perdida casi envidiable. La verdadera tranquilidad solo se consigue al morir ¿no? Entonces ¿por qué no morir?

-¿Por qué morir?- susurró en voz baja para ella tambaleándose mientras pasaba encima del cuerpo de Tayler. Esa pregunta llevaba volando alrededor de ella desde hace años. ¿Cuántas oportunidades no tuvo? El problema no era como morir, sino era morir sin responder esa pregunta. Misterioso por supuesto, pero eso la mantenía con vida hoy en día.

Entonces cuando se detuvo frente al bulto ensangrentado frente a ella, ¿por qué hizo esa pregunta?.

-¿Por qué morir?- se hincó con la lámpara en la mano y con la otra la tomo de la barbilla para alzar su cara. -¿Por qué morir Emily?- soltó calmadamente Evangeline.

La desesperación asombraba sus ojos, decían más que cualquier frase que pudiese salir, sin embargo, aún deseaba la respuesta. Quería escuchar letra por letra de su boca. Deseaba oír aquel grupo de palabras e incluso buscar su respuesta en ella.

-¿Es mucho pedir ser libre?- soltó de repente Emily. Tomó la mano de Evangeline y la puso sobre su propia mejilla. -Nunca lo seré ¿cierto?- dijo

-Suenas como Dédalo e Ícaro. ¿Conoces la historia? El pequeño y su padre que escaparon del minotauro volando con madera, plumas y cera. El padre le advirtió a Dédalo que no volara bajo o las olas lo devorarían entero, pero tampoco que volara alto o el sol derretiría la cera de las alas.- dijo mirándola y apartando su mano del tacto. –Volaste alto para escapar de las olas-

-Entonces misericordia… desearía aunque sea tener algo…nunca fui libre…. Ni siquiera en mi otra vida y ni siquiera en la siguiente lo seré…- soltó en llanto, ese llanto se transformó en sollozo y ese sollozo se convirtió en un gemido de dolor.

-¿por qué morir?- volvió a decir –No me importa tus deseos, no me interesar escuchar tu historia porque ya la sé.- la levantó mientras su cuerpo no daba ayuda para cargarla.

-Yo solo… quería vivir una vida normal…- murmuró. Evangeline comenzó a reírse mientras abría la pesada puerta.-¿Llegando a una secta la ibas a tener?-

No contestó.

–Yo pensé igual hace tiempo- camino dentro del pequeño pasillo que se formo entre los libreros de diarios. –Nunca esperes nada Carmilla…- Emily la detuvo para observarla bien. ¿Era ella la Evangeline que ella conoció? la chica Phantom continuo -...yo cuando esperaba ayuda de alguien, una débil pizca de bondad que se asomará entre mis barrotes nunca llegó, solo cuando deje de esperar algo...- Quito en un manotazo las hojas sobre una mesa de piedra y dejo a Carmilla encima.

-… fui lanzada a un río y de alguna manera mantenida con vida únicamente, por tener una razón para no morir y ninguna para morir…-colgó el quinqué en el gancho encima de Emily tomando los papeles del suelo.

-Por eso te pregunto a ti ¿qué razón me das para morir?, ¿tú tienes una razón para vivir?- empezó a cubrir a Carmilla con las hojas en la herida que tenía abierta en su abdomen.

-No la tengo- dijo levemente. Miró su abdomen vendado de periódicos y rio quedamente. -¿No te parece irónico que cubrieras mis heridas con periódicos? Es como intenté sanar mis heridas con recuerdos.-

Evangeline le miró un rato y dejó la lámpara en el gacho que colgaba encima de Emily.

Carmilla entendió y solo dijo –Ten cuidado…con el hijo legítimo de los Earn…-.

-Hasta luego…- dijo Evangeline dándose la vuelta.

Camino lentamente a la salida mientras Emily se incorporó y tiró la lámpara al suelo iniciando un incendio en las hojas tiradas. Las flamas consumieron las páginas secas del suelo y alcanzaron lo libreros.

-Hasta luego Evangeline Phantomhive…- escupió sangre. Aunque logró apagar el fuego de su vientre no podría hacer lo mismo con la puerta detrás de ella.


-Entonces te llamas Claude Faustus. ¿Hace cuánto trabaja en la mansión Phantomhive?- preguntó Víctor. Claude se arreglo los lentes mientras lo miraba con su clásico gesto serio.

-Aproximadamente 8 meses- contestó regresando su vista a la ventana de carruaje. Víctor le siguió mirando con curiosidad y un toque de admiración.

-¿Eres el mayordomo de la casa Phantomhive?- interrogó Víctor. Claude se arreglo los lentes con un gesto de molestia por la pregunta -No, el mayordomo de la casa Phantomhive es Sebastián Michaelis- volteó a ver directamente a Víctor marcando media sonrisa -Yo soy el tutor de la señorita Phantom-

-Ya veo, pero ¿qué hacías con el plumero en su habitación?-siguió Víctor

-¿Quiere que responda todo lo que diga?- se ajustó uno de sus guantes sin mirar a Víctor. -Porqué también tengo algunas preguntas que hacerle a usted-dijo ajustando ahora su otro guante. Víctor se rió cómodamente.

-¿Pregunta por una pregunta? Me gusta la idea. Venga tú primero- se acomodo sobre sus rodillas subiendo los pies al asiento.

-Hay algo que he querido preguntarle señorito Earn, desde que puso pie en la mansión busco a mi señorita.-dijo siseado.

-¿Eso qué tiene?-alzó su pecosa cara encima de entre sus rodillas levantando una ceja pelirroja.

-Aunque sea su prometida no me pareció que se sintiera tan propio de mi dama. Nunca le habías visto sin mencionar que no contamos con fotos de ella reconocible al público.- atacó Claude.

-¿Qué insinúas?- se acomodo en su asiento apoyando sus manos en el cojín.

-Usted conocía a Evangeline desde antes ¿no es cierto?- escupió ácidamente.

-No- soltó y sonrió el pecoso.

Claude lo miro de frente con molestia. –No es fácil engañarme- dijo él.

-¿es broma?- se cruzó de brazos, intentando mostrarse molesto.

-En ningún momento he tenido intenciones de bromear- soltó firme como una piedra.

-¿y a usted que le importa esa información?- ahora le cuestionó él.

-Soy su tutor señor Earn, tengo el deber de saber las incomodidades de mi pupila y usted está arriba de la lista con mayúsculas.-

Hubo un silencio y Víctor no quitaba su sonrisa. -Si sabes la respuesta ¿porqué me preguntas?-

-No hay mayor regocijo que escucharlo de la persona ¿no es así?- se quito los lentes y los comenzó a limpiar con un pañuelo de su bolsillo.

-¿Promete que no lo dirá a nadie?, ¿absolutamente a nadie?-dijo Víctor más serio.

-Doy mi palabra- dijo Claude poniéndose los lentes.

-De acuerdo- suspiro. Se estiro y acomodo en su asiento. –Así es señor Claude, aún no entiendo como me descubrió, pero tuvo toda la razón. Yo conocí a Evangeline hace años después de su secuestro, por eso, yo sabía donde estaba y le brinde la información que necesitaba Lady Elizabeth de manera anónima.-dijo él. Claude sonrió complacido.

-No vuelvas a hacer eso por favor- dijo Víctor

-¿Hacer qué? si se puede saber- dijo haciéndose el desentendido

-Sonreír, das un aire tétrico.-dijo Víctor.

-¿Otra pregunta antes de llegar?-dijo Claude.

-Me parece qué no- dijo con toque de rencor. –Bien- terminó Claude complacido, se asomó por la ventana del carruaje quitando la cortina. Estaban cerca.

Víctor hizo lo mismo pero viendo en la ventana contraria a la de Claude. ¿En donde estaban?.

Siendo sorprendido mentalmente cuando Claude le hizo la preguntó lo negó lo mejor posible, sin embargo, no fue suficiente. Debía admitirlo en voz alta desde hace mucho.

"Hace años, yo conocí a una chica de cabellos grisáceos tan oscuros que aparentaban negro en las sombras, y eso impactantes ojos azul marino llenos de miedo."

Yo nací en las sombras, en las oscuridades de Londres bajo la secta que ella odia. La secta esperaba con ansia mi nacimiento para inmediatamente sacrificarme frente a mi madre por romper la regla de tener hijos; fue ,la sorpresa cuando se reveló en las luces de las velas mi cabello pelirrojo.

Una señal de haber robado el fuego del infierno o incluso haber sido devorado por un demonio en mi otra vida. La gente de la secta le teme a las leyendas y relatos antiguos. Fui salvado por mi cabello rojo.

Crecí con mi madre que me cuidaba con ternura y amor, dándome porciones de su comida, enseñándome el habla y a caminar. Ella me miraba sin miedo. Cuando llegó el momento la señora de la secta se enteró de mi existencia y mandó asesinar a mi madre y a mí por su desobediencia. Mi madre reacciono alterada y confesó que poseía una maldición que haría que me desangrará hasta el final. La señora de la secta no le agrado la idea de tener sangre de un pelirrojo así que me expulsó de la secta.

Ahí fue cuando entendí que no importaba lo fuerte que gritará la puerta al infierno no se abriría; con, mi madre adentro.

Caminé hacia la fuente que estaba cerca dejando lágrimas caer mientras me sentía culpable por lo de mi madre cuando alguien me encontró, ese señor me cargo y vistió con ropas de seda.

Me enseño el habla mejor de lo que mi madre tuvo en disposición, y luego la escritura. Me enseño piano, historia, medicina, ciencia, literatura, política, geografía, etc. Él me miró y me preguntó por mi nombre, sacudió la cabeza al entender y me dijo –Me recuerdas a uno de los personajes que me relataba mi abuelo ¿te gusta Víctor?-

Comencé una vida en esa mansión, el recuerdo de mi madre comenzaba a curar mi cicatriz de culpa, sin embargo, no podía olvidar. Todas y cada una de las sirvientas huían de mí por mi cabello pelirrojo. Ellas no se acercaban a mí y yo no dejaba que me tocarán en lo absoluto.

Un día caminaba por la mansión cuando lo escuché ese débil sollozo y respiración entrecortada. Lo seguí por todos los pasillos hasta llegar al estudio de mi padre. Abrí lentamente la puerta hasta poder ver algo, fue cuando la vi, vi a una niña de cabellos grisáceos tan oscuros que aparentaban negro en las sombras y unos ojos azul marino llenos miedo bajo sus negras pestañas. Estaba de rodillas en el suelo respirando con dificultad, su pecho subía y bajaba bruscamente.

-¿Dónde la encontraste?- preguntó mi padre –Tirada en el cementerio, y cuando la llegué estaba respirando de esa manera- dijo el jardinero.

Su padre se hincó para quedar a su altura, quitándole los mechones de su cara. -¿Tienes una enfermedad?-le preguntó él. Asistió con la cabeza empezando a toser. –Víctor, que bien que estás aquí llama al doctor, está en su habitación-


-Es claro que tiene asma, conozco un remedio, sin embargo debemos dar prisa para los ingredientes- dijo el doctor ya revisando a la niña.

Me mandaron a la cocina por una cebolla, 20 dientes de ajo y miel. Yo por curiosidad seguí al doctor para ver como lo preparaba el remedio. Rebano la cebolla junto con el ajo y lo dejo en un recipiente de vidrio mientras revisaba que la miel no estuviera hervida. Miro en la alacena y tomo una planta que hirvió con leche. –Llévaselo y que no deje ni una sola gota.-

Lleve el plato con entusiasmo, derrame un poco pero no me importo, fue cuando entre a la sala otra vez y mi padre le preguntaba algunas cosas. Al primer sorbo no quiso continuar, pero insistí hasta que acabo con todo. En ese momento entraba el doctor con algo que no tenía buen olor.

-Bien querida, necesito que tomes 4 cucharadas de esto cada día hasta que muestres recuperación ¿de acuerdo?- la primera cucharada y ella quiso escupirlo. Él doctor y mi padre se comenzaron a reír –Es lo que todos hacen- dijo el doctor preparando la segunda cucharada.


-Estará bien, si vuelve a pasar sabes como preparar la medicina, pero en caso de no tener todo a la mano dale café- miró hacia mi padre -¿estás de acuerdo con qué él se haga cargo?- preguntó el doctor –No hay problema, Víctor podrá hacerse cargo-

-En ese caso ten está lista de hierbas que le servirán, te lo dejo en tus manos-

-Sí señor- dijo Víctor abrazando la hoja


-Hola, me llamó Víctor- y me senté a su lado tendiéndole la mano. Ella me contestó suavemente. -¿Cómo te llamas? –le pregunté vivaz.

-E-Evangeline- medio tartamudeo. -¿Me tienes miedo?- pregunté mirando en busca de un signo de alguna mentira.

-¿Por qué te tendría miedo?- dijo ella extrañada –Porqué soy pelirrojo- dije y comencé a reírme.

-¿Qué te da miedo entonces?- le dije. –Los sitios cerrados, las arañas, y mi mayordomo- dijo ella. -¿Qué? ¿enserio? ¿un mayordomo?-. –Es fácil que lo digas, no los haz visto, a veces me da miedo, al menos cuando se enfada.-


Pasaron varios días hasta que ella se acostumbro a mi presencia y dejo de extrañar su hogar. Ella deseaba volver a su casa juntos a sus padres, sin embargo yo no quería que se fuera. Mi padre por alguna razón nunca reporto haberla encontrado a Scotland Yard. Eso la ponía más nostálgica. Varias veces le intente animar cuando se ponía así pero era momentáneo.

Durante varios días, que más bien fueron semanas le daba paseos por el jardín, con la escusa de que quería que recogiera flores para mí, al fin de cuentas era mi dama de llaves.

En uno de los paseos comencé a tener un mal presentimiento, mi padre se encontraba algo… raro. Lo pude notar pero era algo relacionado con ella…

Mantuve la calma y le di esos paseos ocultando lo que pude de mis sospechas cuando vi a mi padre salir algo alterado hacia el jardín a lo lejos. La empuje hacia los arbustos callándola tranquilamente con mi mano. Ella traía puestos mis guantes.–Tranquila es solo un juego- susurre.

Mi padre paso donde estábamos mirando a todos lados sin vernos, y corriendo hacia los pastos más adelante. –Evangeline…-le murmure cuando ella volteo -… dame tu guante un momento-

Ella se lo quito mirando algo asustada a tal solicitud. -¿Qué ocurre? Una niña rica como tú tiene miedo de perder un guante?- le bromee en voz baja. –No es eso… es solo que estás algo raro- susurro ella. Pisé el guante llenándolo de tierra y lanzándolo a los rosales de la otra esquina.

Tome una rosa blanca del rosal atrás de ella y se lo puse en el cabello para que se calmará un poco. Me miro preocupada.

–Víctor, está anocheciendo-

-Tranquila, confía en mí ¿de acuerdo?- murmuré mostrándole una sonrisa para darle confianza. –De acuerdo- respondió ella con una sonrisa. Mi padre vio el guante y corrió de inmediato hacia el dando la espalda lo que aproveche para cargarla y correr a la mansión. -¿Qué juego es esté Víctor?- preguntó mientras corría hacia la puerta debajo de la escalera, en donde se guardan las escobas y los sombreros de copa viejos. –No entiendo –volvió a decir cuando subía las escaleras.

-Se llama… poner a salvo a la princesa…-dije, era lo primero que se me vino a la mente. -…He desviado a los invasores turcos con una bomba- dije mientras sacaba la llave de mi bolsillo y abría el armario. –La princesa está a salvo- dije con victoria.

Quite algunas escobas y las acomode en forma de casa sentando a Evangeline debajo de ellas. Cerré la puerta y encendí el foco encima de nosotros. Ella se acomodó estornudando un poco por el polvo de las escobas. Reí un poco para quitarle la preocupación y de paso quitármela a mí.

–Te ves linda cubierta de polvo- le dije –Tú también estás lleno de polvo, tienes el cabello blanco- dijo riendo. Me sacudí la cabeza con la mano levantando una nube blanca. Volví a reírme –Es cierto, soy un anciano- tome el polvo y me dibuje una barba y bigote. -¿Qué dices? ¿Ya soy todo un viejo?- le pregunté abriendo los brazos para que admirará mejor.

-No, te hace falta algo…- dijo con voz sedosa miro alrededor hasta tomar un sombrero quitándole el polvo y colocándolo en mi cabeza. Tomo polvo en sus dedos y dibujo un monóculo en mi ojo. –Ahora sí-. Comenzamos a reír

-Ahora quiero usar el sombrero yo-dijo ella. Intentó quitármelo pero lo puse más alto de lo que ella podía alcanzar. -Vamos, solo si me lo puedes quitar- dije yo.

Se estiro lo más que pudo pero cayó encima de mí. Le puse el sombrero y la abracé. –Ahí lo tienes-. Me miro quitándose un poco el sombrero de los ojos. –Enojada te vez más linda- y le baje el sombrero hasta taparle los ojos de nuevo. Reímos de nuevo.

Escuche pisadas por debajo de las escaleras.

Callé silenciosamente su risa y mire con recelo la puerta. –La princesa no está a salvo- susurre.

Esperamos un momento así. Conté sus latidos mientras seguía pegada a mis pecho. Seis. Siete. Ocho. Nueve, Diez, Once. Cada vez se aceleraba más cuando las pisadas fueron más fuertes. Pasaron a un lado de nosotros, volvieron y subieron encima de nosotros. Treinta y cuatro. Treinta y cinco. Un silencio mortal.

-Ya está, no pasa na….- un disparo se escuchó tan cerca como si hubiese sido en nuestras narices. Los pasos eran ahora incontables pasando de un lado a otro. Sus latidos eran tres veces más rápidos y ahora con los disparos más frecuentemente.

-¿Qué pasa Víctor?- dijo ella asustada.

-Solo… nos.. ¡han descubierto!-dije lo más firme que pude. Otro poco y empezaría a tartamudear. Abrí el armario lentamente mirando por un rayito de luz alrededor sin ver a nadie. Los disparos eran arriba de nosotros.

-Vamos- La cargué y baje las escaleras por la barandilla para no hacer ruido con los zapatos. Corría hasta la entrada cuando ella comenzó a toser y a respirar desesperadamente. -¿Qué sucede?- le pregunté parando en seco. –El… cof… cof… polvo-

-Di vuelta hacia la cocina cerrando detrás de mi con una silla y moviendo varios muebles para que no pudieran entrar. La puse encima de la mesa buscando con desesperación las hierbas de la lista. Madreselva… no. ¿Orégano?... no. ¿Tomillo?...no. ¿Saúco? NO. ¿¡UÑA DE GATO? NO. ¿¡HINOJO!? NO. EUCALIPTO, BELLADONA, ALBAHACA, AMAPOLA ¡NADA!. Carraspeé mirando hacia la alacena ¡CAFÉ!. Con las manos temblando puse a hervir el agua poniendo casi medio tarro del café. Con mi otra mano intenté controlar el temblor de la mano calmándome. Volteé a mirarla.

-Intenta respirar tranquilamente.- Me acerque a ella tomándola de los hombros para que me viera de frente. –Haz lo que yo hago- comencé a mostrarle como respirar pausadamente para que ella comenzará a copiarme. Siguió mi ritmo hasta qué sonaba más controlado. Le sonreí lo mejor que pude y ella volteó a mirar a la olla que lanzaba café de lo caliente que estaba.

Serví un poco en una taza. Tomé un trapo que mojé de inmediato y froté la taza alrededor de ella para enfriarla un poco.

-Toma esto por favor- puse la taza en su boca y con sus manos comenzó a tomar lo mejor que pudo. Revisé el almacén otra vez y afortunadamente en la esquina había un poco de tomillo. Tome la leche y metí el ramo de tomillo en el. No había tiempo de hervirla así que le di las hojas directo par que las masticará.

Mire la puerta seguro de haber escuchado un ruido. La cargue y la puse dentro del barril de papas poniendo algunas encima de ella. -¿Qué pasa?- preguntó, aunque respiraba un poco con dificultad. –Salvó a la princesa.- antes de poner las últimas papas le acaricie las mejillas y le dije: -Escúchame bien princesa, los guardias turcos vienen por usted así que los distraeré. En cuanto no haya nadie tú quitarás la cubeta debajo del lavabo.- esperaba que ella le asintiera -¿recuerdas la fuga de hace semanas?, pues hay un agujero suficientemente grande para que pases, y deberás seguir el tubo más grueso que veas, ¿me oyes?- ella asistió asustada. Mi tono de voz debió estar alterado.

-Bien princesa, mi deber está llamando.- dije

Solo asistió con la cabeza.

-Te buscaré cuando llegues al final de las tuberías.-

-Te esperaré- dijo ella cuando salió por completo abrazándome tímidamente. –No me hagas esperar princesa.- le di un beso en la frente. Luego de eso empuje el mueble mientras ella se ocultaba de nuevo en los barriles. Fue la última vez que la vi.


Luego de eso encontré que las personas que entraron a la fuerza a la mansión era Scotland Yard con una orden de registro de parte de la reina. Mi padre fue encontrado como miembro de la secta "Mei dominar Sanguinis" y encarcelado. Encontraron evidencia de secuestro en el sótano con algunas de las personas desaparecidas. Yo fui a buscar a Evangeline en donde acababa la tubería que le indiqué, pero solo encontré una rosa aplastada lleno de lodo sin señales de ella.

Cuando los se Scotland Yard terminaron iban a llevarme a un orfanato, antes de eso di una vuelta por la mansión y levante el sombrero de copa del suelo quitándole el polvo de encima.

Me quedaría como mínimo 3 meses en el orfanato de no ser por el Señor Earn, uno de los que estuvieron en la redada me miro y me adopto. Por lo que supe habían perdido a un hijo antes de adoptarme. La señora Earn tan cálida y cariñosa me recibió con lo brazos abiertos, sin embargo, una vez más estaba a salvo del peligro por alguien que cayo en el lugar en donde debería estar yo.

Tengo que encontrarla…


Justo cuando cruzó la puerta Evangeline tenía de frente a un shinigami con una pequeña oz apuntando a su vientre. –Nombre y año de nacimiento- dijo él con seriedad.

-Evangeline Phantomhive de Middleford-soltó –dije año también- dijo irritado mientras pasaba las hojas de un librito.

-No lo sé.-

-Aquí estás… la miro de arriba abajo quitando el guante de mi mano y viendo la marca. Anoto algo en su cuadernillo y casi de inmediato clavo la oz en su vientre sacando un poco el aire de su vientre. Miró algo atónita cintas que salía de la herida rápido, eran imágenes qué no veía con claridad. Escupío sangre de la boca y el shinigami anotaba otras cosas en su libreta. Miro alrededor y notó como otros hacían lo mismo con cuerpos del suelo. Cintas salían de ellos.

-William, ¿podrías ver esto por favor?-la señalo. El shinigami más alto con el peinado totalmente hacia atrás y se acercó.

-Ya veo…-dijo en voz baja. Saco la hoz de su vientre y las imágenes dejaron de salir. No soporto y se fue resbalando hasta tocar el suelo dejando la pared pintada de rojo. El shinigami se hinco para revisar. La tomo del rostro y abrió el ojo derecho mirando de cerca, luego paso al otro ojo. –Habrá que examinarla en las oficinas oficiales.- dijo él hacia el joven que asistió con la cabeza. -¿Está consiente?- preguntó William con seriedad. Le escupí sangre en la mejilla.

-Está consiente, apresúrense y llévenla a…- en ese instante entro Sebastián con Ciel. Sebastián con una especie de pinzas que se estiraron hasta donde antes se encontraba William. Ciel me cargó y retrocedió atrás de Sebastián.

-¿Cómo te encuentras?- preguntó Ciel. "Gozando de lo lindo" pensó ella. –Bien… por ahora.-termino diciendo.

-Cómo siempre parece que mi señorita posee la misma suerte de ser secuestrada como su padre ¿no es así?- dijo Sebastián. –Cállate y deshazte de ellos para abrir paso- dijo Ciel.

Evangeline vio como Sebastián asistió con la cabeza y enseguida se lanzó hacia ellos abriendo paso hacia una salida. Miro hacia abajo. Ciel sangraba igual que ella. -¿Ciel?- preguntó. Le miraba preocupada, aún tenía el arma clavada, era otra de esas hoces. Seguía corriendo frenéticamente hasta que pudo zafarse de su agarre y lo detuvo contra un pared, sosteniéndose en ella también. Le quito la hoz y Ciel cayo de rodillas.

-¿Qué es esto?- le preguntó mientras le ayudo a pararse. –Una death scythe- dijo Ciel se levanto y tenía intenciones de volver a cargar a Evangeline pero no lo dejo. –Puedo correr- lo tomo del brazo y continuo corriendo por las escaleras húmedas.

La respiración de ambos era audible, los muros provocaban un eco. Las salas vacías daban un silencio mortal. Las gotas de sangre en algunas ocasiones se escuchaban golpear contra el suelo. Una, tras otra... hasta que algo métalico se escucho venir a lo lejos.

-Es el shinigami de la podadora...- dijo Ciel


¡Hola lectores! *muere*

Pff! cuanto tiempo u - u es increíble que haya ausentado está historia tanto tiempo. Les pido todas la diculpas que se pueden ofrecer. Algunos lectores fueron avisados del primer percanse que tuve para continuar la historia otros no pude avisar: una mordida en la mano derecha.

Luego de varias semanas hasta que recupere la movilidad de mi mano tuve que entrar a la preparatoria. A las primeras semanas me ocupe de ponerme al corriente del fic, pero hubo otra cosa que me mantuvo ocupada varias semanas. Hay un concurso llamado "interpreparatoriano" que es entre prepas etc.. etc... del cual fui inscrita por mi profesora de pintura :v sin avisarme debo decir.

Al terminar y entregar el trabajo con mucho esfuerzo en el horario (estoy hablando de febrero aproximadamente) mi mamá empezó a mostrar cierta... amm ¿cómo decirlo? paranoia respecto a un asunto familiar bastante delicado al punto de querer sacarme del país junto con mi hermano. No puedo decir más pero dejemoslo como "enfermedad" que tuve que ayudar a tratar y hasta la fecha sigue la situación igual.

Salí de la escuela en Abril y ocupe todo el rato libre para escribir. Lamento realmente esto, pero la historia no va a quedar sin concluir eso lo aseguro. ^ - ^ Intentare recompensar el tiempo perdido actualizando aproximadamente cada mes. :P

Espero aún tenga lectores a estás alturas.

Dejen un review para saber que opinan del rumbo de la historia

Sin más que decir.

Tear to Call My Name *off*