QUIDDITCH

13 años:

Walburga tiro con furia su escoba contra su cama, realmente frustrada. Había estado acostumbrada a ser denigrada en muchos aspectos, por su madre, por su padre, por sus hermanos ¿Y ahora también por sus compañeros solo por ser una chica?

No, no pensaba permitirlo. No podía permitirlo

Nada más presentarse a las pruebas de buscadora se había reído de ella. Porque según ellos, una chica no estaba hecha para jugar en deportes de chicos. Por favor, había hecho el mejor tiempo al atrapar la Snich, había volado mejor que cualquier otro candidato. Y encima le decían semejante esa infamia. No espera.

La infamia había sido que saliesen caminando, sin tener que pasar por la enfermería

Solo tenía que recordarlo para que la sangre le hirviese. Se tumbó en su cama y empezó a dar una paliza a la pobre e inocente almohada. Nada de esto iba a quedar así, si era necesario le haría un Imperius al capitán del equipo para que la permitiesen jugar. O mejor aun, se desharía de todos y cada uno de los postulantes.

Ella iba a jugar al Quidditch como que se llamaba Walburga Irma Black

- He oído que no te dejaron hacer las pruebas de selección

Walburga se volvió bastante enfadada, dispuesta a lanzar una maldición pretificadora y meter en el bosque prohibido a quien se hubiese atrevido a molestarla.

- ¿Vienes a regodearte McGonagall?- preguntó furiosa, mientras se apartaba un mechón rebelde y recogía sus libros, pluma y el tintero del pupitre.

- No Black, quería decirte que no era justo, vuelas mejor que al que han seleccionado. Te vi hacer las pruebas.

Miró hacia ningún punto en concreto, mordiéndose el labio. Furiosa consigo misma y con el resto del mundo.

- No necesito tu compasión ¿lo entiendes Gryffindor?- comentó Walburga cortante, poniéndose la mochila sobre el hombro y saliendo por la puerta.

Ya a la altura de noviembre, después de haber perdido penosamente contra Hufflepuff, el capitán del equipo se atrevió a acercarse a la Joven Black, teniendo que soportar el temible genio, ya conocido en media sala, tras ver como ella se encaraba y maldecía sin piedad a Therence Zabinni, quien era de séptimo año.

- Black… lo hemos reconsiderado y… creemos que lo mejor sería que te unieses al equipo de Slytherin.

Walburga clavó sus plateados y furiosos orbes sobre el capitán del Equipo.

- ¿Y por que yo, iba a rebajarme a tener que aceptar cuando os burlasteis de mi? prefiero reírme yo de vosotros cuando el marcador acaba en 300 a 100 contra los tejones. Será épico el resultado contra Gryffindor- comentó la joven con veneno

- Porque te ofrezco ser la primera jugadora femenina en Slytherin

La joven se apoya en la pared y mira de refilón a su compañero.

Si me quieres en el equipo será bajo mis condiciones, eso significa que te ayudaré con la estrategia y este punto no es discutible

Dias después, fue ella quien retuvo a Mcgonagall en la sección de transformaciones de la Biblioteca

- Nunca creí que viviría para ver a una Gryffindor hacer trampas en el quidditch y menos aun en un partido que no le incumbe- comentó Walburga, sentándose en la misma mesa, donde Minerva estaba rodeada de manuscritos y pergaminos usados.

- No se a que te refieres Black.- dijo la leona sin levantar la vista del libro

- Vamos, Minerva, ambas sabemos hacer un Conffundus al igual que sabemos que ese buscador no era tan malo

Por fin la Gryffindor levantó la vista del libro para mirar la sonrisa maliciosa de su compañera de curso.

- Estoy completamente segura de ello, pero no voy a admitir nada que no he hecho. Aunque si diré, que tengo ganas de enfrentarme a ti en el campo de juego.

Walburga rodó los ojos.

- Muy bien Minerva, pero como no has admitido nada, desde este instante, somos rivales ¿entendido?

17 años:

Debería ser un día glorioso para ella, no solo había ganado a Gryffindor, sino que además habían ganado la copa de Quidditch, pero aun así allí estaba. Con el uniforme de Slytherin, la escoba a su lado y sentada frente a la cama de una herida Minerva McGonagall.

- ¿Vienes a regodearte Black?- comentó con acidez la Gryffindor, con odio, desde su cama.

- Sabes que no. No era así como quería haber acabado nuestro último encuentro McGonagall. Lo que te han hecho no tiene nombre.

- Ya, debes estar lamentándolo profundamente- comentó la castaña con sarcasmo.

Walburga se encogió de hombros.

- Piensa como quieras ¿Podrás volver a volar?- preguntó mirando su pierna entablillada.

Minerva miró en la misma dirección con lágrimas sin derramar en los ojos. Negó con la cabeza con pesar

La joven Black quiso decir algo, pero por una vez, no supo que decir. Así que se levantó y se dirigió a la salida.

- Ha sido muy divertido ser tu rival- dijo con estoicidad antes de marcharse.

34 años

Caminó con furia por los conocidos pasillos de Hogwarts, haciendo sonar tras de ella su túnica rojo oscuro. Ese niño la iba a volver loca cualquier día de estos. Mira que dejar inutilizados los lavabos del segundo piso…

Se dirigió al ya conocido, despacho de Dumbledore. Donde delante de la horrible gárgola de piedra la esperaba la jefa de la casa Gryffindor. Curiosamente con una túnica verde esmeralda.

- ¿No eres capaz de controlar a tus alumnos?- preguntó con mordacidad walburga

- ¿No eres capaz de criarle correctamente?- preguntó con tranquilidad Minerva

Ambas subieron por la escalera de caracol.

- ¿Por qué no se metió en el equipo de Quidditch? Estoy segura de uqe no se metería en la mitad de los líos que hace.

- Quizá no se lo inculcaste suficiente- comentó la profesora

La señora Black miró con detenimiento a su vieja compañera

- ¿Y que debería haber hecho? ¿Lanzarle un confunddus? Eso se te da a ti mejor a ti- comenta lanzado una mirada cómplice que es devuelta.

Ambas empezaron a reírse. Hacía mucho tiempo que la rivalidad había quedado atrás, junto con los uniformes y las escobas. Ahora Walburga era la madre de una antigua y noble familia, mientras que Minerva era una severa y respetada profesora de transformaciones.

Podrían ser Black y McGonagall

Slytherin y Gryffindor

Escarlata y verde

Walburga y Minerva

Pero en el campo de Quidditch, unos metros más lejos, serían buenas rivales y en el fondo, incluso amigas