N/A
Un nuevo capítulo.
Espero les guste
Gracias por leer.
NOTA MUY IMPORTANTE:
Hare dos especiales:
El primero consistira en Atobe y Sakuno durante su estancia en Marbella, se resumira los seis años que estuvieron allí, ellos llegaron con 17 años y volveran a Japón con 23 años al menos Sakuno, él volvera con 24 años, habra muchas sorpresas se los aseguro.
El segundo consistira en la vida de Eiji al lado de Ayumi, igualmente habran sorpresas, él tiene 18 años cuando Sakuno se va y cuando vuelve tiene 24 años mientras que ella tiene 17 años cuando estuvo al borde de la muerte y tendra 23 años en el presente.
Después de los especiales seguiremos con la historia cuando Sakuno vuelve a Japón, ahí retomare la historia.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece.
Especial Marbella
El vuelo aterrizo en su destino, Sakuno abrio poco a poco los ojos al ser movida suavemente por alguien, era obvio que era Atobe porque hasta adormilada era capaz de sentir el olor de su colonia - Amor, ya llegamos - abrio por completo los ojos al sentir que poco a poco las personas seguían a las azafatas - Tengo sueño - murmuro y este solo sonrió para pasar las manos por sus caderas por lo que instintivamente rodeo con sus manos su cuello, lo sintio levantarse así que se sujeto un poco más fuerte, caminaron con dirección a las puertas.
- Keigo - lo llamo cerrando los ojos, se sentía demasiado cansada pero no era por el viaje, por la leve diferencia de horario, era algo más, era saber que no volvería a ver a Eiji durante un buen tiempo, era saber que este nunca la amo, eran muchas cosas pero cada una relacionada al chico gato, sintio la leve brisa al bajar por completo del avión, abrio levemente los ojos y quedo maravillada con la noche de Marbella, el aire se respiraba limpio, las luces de algunas casas o edificios contrastaban de maravilla con todo.
Cerro los ojos de nueva cuenta cuando su prometido comenzo a caminar con dirección al auto que esperaba fuera del aeropuerto, el caminar de él era lento y ella lo agradecía en silencio porque se sentía un poco mareada, no tardaron demasiado en llegar, unos empleados tomaron las maletas para que él siguiera con su camino, por unos momentos se imagino a Eiji pero esa idea de inmediato cambio cuando su prometido la deposito con suavidad sobre el asiento del auto, antes de que se quejara por la perdida de calor este la volvio a cargar estirando el brazo para algo.
- Con cuidado - susurro con calma este cerca de su oído para depositar algo suave sobre su regazo, de inmediato lo identifico como su gatita así que sonrió - Tengo sueño - volvio a repetir para acurrucarse en sus brazos y cerrar por completo los ojos, solo quería dormir más, era lo único que deseaba en esos momentos, quería olvidar todo aunque fuera solo unos instantes.
La casa era espaciosa, era una mansión, no le sorprendía que él tuviera una casa ahí en un lugar como Marbella, tenía una piscina enorme aunque Sakuno sabía que no era una buena nadadora pero es poco importaba porque tenía que buscar maneras para distraerse aunque fuera un poco, dio un suspiro más o menos cansado para admirar el cielo azul de Marbella, este parecía invitarla a recorrer su hermosa playa en bote, sintio unos brazos colocandose sobre su vientre mientras Keigo apoyaba su mentón sobre su hombro, sonrió como niña pequeña para colocar sus manos sobre las de él.
- ¿Te gusta? - pregunto este con suavidad, había estado durmiendo demasiado desde que habían llegado a casa tanto que ya era de día, ella asintió con la cabeza, estaba feliz, su mente tenía que alejarse de Japón y sabía que lo haría poco a poco, solo era cuestión de que ella lo deseara porque de lo contrario nunca podría olvidar a Eiji y esa era su meta principal, por eso había viajado a Marbella en primer lugar, para olvidar que este había jugado con ella - Me encanta - aseguro y Keigo solo rió suavemente.
- Hay muchos lugares que visitar pero creo que primero debes conocer tu habitación puesto que ayer dormiste en la mía - comento este con un tono juguetón que llamo su atención por completo - ¿No dormiremos juntos? - pregunto soltandose del agarre para voltear a verlo con asombro, este solo le acomodo un mechón de cabello que se había desplazado por la brisa que los rodeaba, sin duda alguna el aire se aspiraba limpio - ¿Quieres eso? Pense que te molestaría por eso pedí que prepararan habitaciones distintas - señalo este como si fuera lo más obvio del mundo y ella solamente nego con la cabeza.
No era como si algún día no fueran a dormir juntos y que mejor que acostumbrarse antes - Dormiremos juntos - comento y este solo la abrazo aspirando su aroma, se sentía demasiado comoda en los brazos de él, estaba muy segura de que iba a olvidarlo costara lo que costara, a partir de ese momento su vida sería por completo de Atobe Keigo.
El primer mes no salieron de la casa debido a que Sakuno estuvo enferma - Es solo una infección en la garganta, he señalado los alimentos que debe consumir y las medicinas que debe ingerir - comento el médico a Keigo que se estaba volviendo loco, si algo le pasaba a su prometida y a la mujer que amaba iba a morir, de verdad que iba a hacerlo - Gracias - una mucama acompaño al médico a la salida mientras él solo se quedaba en su habitación al lado de ella, se acomodo a su lado sobre la enorme cama con dosel para admirar su frente perlada de sudor y sus labios medio secos.
El médico aseguraba que algo le había hecho daño, era la comida, resulto que era alérgica a las nueces, ni ella misma lo sabía, quería darse de golpes por provocar ese dolor en el cuerpo de su mujer, si no hubiera insistido tanto en que las comieran mientras veían una película nada de eso hubiera pasado - K-Keigo - lo llamo ella con suavidad mientras estiraba su mano para acariciar su mejilla - Estoy aquí, todo esta bien - aseguro besando su frente para cubrirla con las mantas, no necesitaba que empeorara, quería matarse por haber insistido ese día en las nueces pero sabía que ella nunca le diría nada y por eso la amaba más que a su vida.
- Me duelen los huesos - susurro ella y él tan solo acaricio con suavidad su cabello para sonreirle levemente - Pasara, lo prometo - aseguro y ella asintió acomodandose en su pecho - N-No es tu culpa - susurro antes de caer de nueva cuenta en el sueño, el castaño la miro con suavidad y con amor, era la mujer de su vida, pronto contraerían matrimonio - Hay algo que quiero decirte - murmuro este moviendola suavemente, ella tenía que escuchar lo que Kikumaru había dicho a Eiji, sabía que posiblemente la perdería pero no deseaba mentirle, no a ella, a ella jamás.
- ¿Mmmmm? - contesto en un susurro dandole a entender que aunque no muy bien lo escuchaba, sentía que la iba a perder pero era necesario decirselo, era necesario para que no lo odiara - Kikumaru le dijo a Fuji que te amaba en la cafetería del hospital, no entendí muy bien de que hablaban pero creo que él de verdad te ama - aseguro este y ella abrio levemente los ojos para sonreirle levemente - Deja que duerma - pidio para cerrar los ojos y apretar el suéter de su prometido, él no la amaba, estaba más que claro porque él mismo se lo había dicho, no pensaba creer que él le hubiera dicho a Fuji que la amaba, él nunca la amo así que se quedaría en Marbella al lado de su prometido.
El tercer mes paso demasiado rápido, se encontraban en uno de los tantos restaurants con terraza de Marbella, la música sonaba lentamente, el lugar estaba completamente vacío a petición del castaño que le sonreía levemente - Me parece que quieres decirme algo - comento ella dejando a un lado los cubiertos centrandose en la mirada de su futuro esposo que sonrió - Quiero contraer matrimonio contigo cuanto antes - contesto este mirandola fijamente, pensaba
que quiza le diría que necesitaba tiempo pero ella solo se levanto de su asiento mostrando sus formas de mujer.
Estaba casi cerca de cumplir la mayoría de edad, sintio que se detenía detrás de donde él se encontraba sentado, paso sus suaves manos por su cuello para abrazarlo - Acepto - murmuro ella sobre su oído causandole un estremecimiento en todo el cuerpo, sujeto su mano derecha para colocarse de pie, movio la silla para abrazarla sintiendo el calor de su cuerpo - Gracias - agradecio mientras ella pasaba sus manos por su espalda, la amaba, la necesitaba más que nunca - Te quiero - susurro ella y este la separo suavemente para besarla expresando todo el amor que sentía por ella, la amaba más que a su vida, la necesitaba para siempre a su lado, no pensaba permitir que alguien más la apartara de su lado, ella era su vida y la quería para siempre a su lado.
La tomo de la mano para comenzar a bailar una balada de piano, ella no dudo en seguirlo, era como comenzar de cero, ella luchaba por amarlo llevaban solo tres meses en Marbella y ya sentía que lo estaba queriendo más que a un amigo lo cual indicaba que era bueno, se sujeto con suavidad de su cuello sintiendo el olor de su fragancia mientras el pasaba su nariz por su cuello aspirando el aroma de su perfume, eran como un par de enamorados sin años de verse, era simple y sencillamente saber que podían ser felices juntos sin necesidad de temer por saber los secretos del otro.
Sakuno termino recostada en su pecho y sonrió, ese hombre la estaba haciendo demasiado feliz sin necesidad alguna de esforzarse, se estaba apoderando de todo su corazón poco a poco, aún sentía el calor de los labios de Eiji porque su mente se negaba rotundamente a borrarlo pero con cada beso la misma cedía y daba acceso a la necesidad de besar al castaño como si la vida se le fuera en ello, unio sus labios en un cándido beso disfrutando del sabor a vino que emanaban, se perdio por completo en los sentimientos que este le profesaba, los dos buscaron más contacto, algo más que los roces tímidos por eso ella cedio a que él explorara por completo la ventana del alma disfrutando del saber que ambos se complementaban tan bien, sin necesidad de palabras los dos sabían que algo estaba cambiando en su corazón.
La tía de Atobe llego unos días después del quinto mes para ayudar a Sakuno con los preparativos de la boda, estaba más que emocionada por que por fin Keigo y la niña que le había robado el corazón contraerían matrimonio - Por fin esta todo listo - aseguro la señora con una enorme sonrisa - Gracias por todo Emma, yo sinceramente no creo que hubiera logrado algo - señalo mientras descansaban en el salón de fiesta, la pelirroja solo sonrió maternalmente - Eres la novia cariño, no quiero sonar grosera pero no creo que hubieras hecho algo, es por eso que la madre siempre ayuda pero la tuya esta en un lugar mejor al igual que tu padre, solo piensa que yo estoy aquí para lo que desees - aseguro esta abrazandola suavemente.
Los padres de la cobriza habían muerto dos meses después de llegar a Marbella, no es que no tuviera tiempo para llorar sino que tenía mil motivos para seguir sonriendo, Keigo se había encargado de ayudarla a superarlo, ella les había prometido que no iba a llorar era por eso que seguía adelante como si nada malo hubiera pasado - De verdad gracias por todo - aseguro mientras la pelirroja le sonreía con amor, había aprendido a querer como nunca a la pequeña niña porque sabía que ella hacía feliz a Atobe y por ende eso los hacía felices tanto a su esposo, como a los gemelos y por supuesto que a ella tambien.
- La boda sera en la playa, ¿estas segura de ello?, me refiero a que por lo general una novia siempre desea que sea en la iglesia - comento Emma mientras tomaba de una bebida mirando a la chica que negaba con la cabeza - Sera con él así que no importa donde sea, además me gusta la playa - aseguro ella riendo levemente lo que le provoco demasiada ternura a la pelirroja que solo la abrazo nuevamente, esa niña era capaz de encantar a todo el mundo pero solo esperaba que hiciera muy feliz a Atobe aunque eso era más que seguro.
Al octavo mes por fin llego el día de la boda, Sakuno estaba más que nerviosa, iba de un lado a otro, dos días antes había recibido un mensaje de un número desconocido "él aún te ama, vuelve pronto", era lo que decía, solo que ella sabía que él nunca la había amado, quiza era un número equivocado, se aferro a esa idea con cada fuerza de su ser - ¿Estas lista? - toda la fiesta sería en la casa, Keigo estaba en la ala este mientras ella se encontraba en la ala oeste rodeada de la señora Emma y algunas amigas que había aprendido a querer además de que estas la trataban como si fuera su hija lo cual le gustaba demasiado porque eran excelentes personas.
- Si pero estoy nerviosa - señalo con una sonrisa leve, la pelirroja beso suavemente su mejilla - Todo estara bien - le aseguro esta para tomarla de la mano y conducirla por los pasillos hasta donde Usui, el tío de su futuro esposo la estaba esperando - ¿Y los padres de Keigo? - pregunto cuando este le sonrió con ternura, los tíos solo negaron con la cabeza, al menos agradecía que su padre no estuviera presente porque si que le daba miedo y lo menos que deseaba era colocarse nerviosa el día de su boda gracias al mismo.
Debido a que la boda sería en la playa, su vestido no era el de una princesa sino algo más sencillo pero igual de hermoso y de fino - Te ves hermosa - aseguro el tío de su prometido con una enorme sonrisa, su cabello estaba peinado en un moño que le daba un aspecto lindo pero al mismo tiempo sensual puesto que algunos mechones caían por su rostro haciendola lucir sumamente hermosa, su vestido era Corte A/Princesa strapless de barrer de tren más especificos con un leve modelo hacía atrás de color gasa con volantes encaje, el encaje consistía en que era de la parte de la cintura hacía arriba, eran unas leves flores de color plateado pero sin llegar a ser llamativas para no estropear el color gasa, se veía muy hermosa.
- Vamos - sonrió mientras comenzaban a caminar, la música podía escucharse cerca, por donde pasaba estaba rodeado de sus flores favoritas, las rosas de todos los colores, Keigo se había esmerado en conseguir lo que ella deseaba, después de todo ambos querían recordarlo para siempre, por un minuto su mente le jugo una mala pasada, a su mente vino el recuerdo de Eiji siendo él quien la esperaría en el altar, cerro los ojos sintiendo sus labios por los suyos en aquel beso que se hubieran dado en su casa cuando estaba mal por las mentiras de Keigo que en ese momento no sabía que eran mentiras.
Aspiro el aroma de la brisa y del mar, el escenario donde contraerían matrimonio estaba simplemente hermoso y perfecto, camino con calma y entonces lo vio, lucía espectacular con su traje blanco, antes de darse cuenta ya estaba delante de este que le sonreía - Cuídala bien - pidio su tío y Keigo asintió tomando con suavidad su mano, había pocos invitados, solo personas cercanas de ambos, subio con cuidado los dos escalones y miro al padre que les sonreía, la ceremonia dio inicio, ella lo miro con una sonrisa, estaba feliz.
Antes de que se diera cuenta ya había pronunciado los votos, ya habían dado el sí, él se inclino para besarla suavemente, el beso transmitía sentimientos de amor, de ternura, de miles de emociones - ¡Que asco! - ese grito de parte de los gemelos los hizo separarse, en vez de que los miraran mal todos comenzaron a reir incluidos ellos, los niños solo se sonrojaron lo que causo aún más la risa de todos, Atobe la cargo al estilo princesa dandole una sorpresa para caminar con dirección al salón que era una de las alas de la casa, los invitados comenzaron a caminar entre risas y pláticas hacía allá.
- Espera - lo llamo y este solo sonrió para bajarla con suavidad, le acaricio la mejilla y ella se perdio en sus ojos, ambos sonrieron para compartir un beso más, ella tenía algo en claro, Eiji siempre iba a estar en su corazón como su primer amor y como su todo pero ahora era Atobe... esperaba olvidar al chico gato - Se que quieren estar solos pero los invitados esperan - los llamo Usui así que ambos se separaron de inmediato para caminar con las miradas avergonzadas lo que solo les valio una carcajada sincera y divertida de parte del rubio.
El banquete fue más que exquisito - ¿Y a dónde viajaran? - pregunto el señor Usui llamando la atención de los demás - Sakuno quiere quedarse aquí y salir por las playas en yate, así que se hara lo que mi mujer desee - aseguro notando que acababa de decir mi mujer lo que valio un sonrojo monumental por parte de ella y las risas de los que habían escuchado el comentario - ¿No deseas viajar de luna de miel? - pregunto Emma y la cobriza nego con la cabeza - Solo deseo quedarme aquí - aseguro y nadie más insistio con el tema, antes de darse cuenta ya estaban bailando su canción, era solo una melodía de piano que a ambos les había encantado cuando la escucharon en una de sus tantas cenas.
- ¿Te puedo pedir algo? - murmuro él cerca de su oído y ella asintió con la cabeza mientras sonreía - Cuando dejes de amarme toca esta canción en nuestra casa, prometo que te dejare libre - aseguro Keigo y ella se separo solo un poco para mirarlo a los ojos consternada por sus palabras, él tan solo sonrió - ¿Por qué crees que quiero dejarte? Acabamos de contraer matrimonio - señalo la cobriza mientras su esposo la guiaba por la pista de baile ante la mirada de los demás - Solo prometelo - pidio él en un susurro y ella asintió aún sin saber porque le pedía eso más no dijo nada, la balada termino y su esposo se inclino para rozar sus labios con suavidad, la gente les aplaudio y ellos solo sonrieron a los demás.
Estaban nerviosos, nunca habían estado con otra persona en la intimidad, sería la primera vez de ambos, ambos conocerían lo que era hacer el amor, él la recosto con suavidad mientras la calmaba con sus caricias, lo menos que deseaba era lastimarla, a ella solo deseaba verla feliz, solo verla llorar de felicidad pero era más que conocido que lloraría en su momento, Sakuno solo lo calmaba con sonrisas cuando llego el tan esperado momento, el momento en que ambos serían solo uno, se convirtieron en un solo ser y la cobriza se aferro a su espalda como si la vida se le fuera en ello mientras las lágrimas caían de sus hermosos ojos - Perdón - murmuro él y ella nego con la cabeza - T-Tranquilo - aseguro ella mientras él pasaba sus labios por su cuello, por su rostro tratando de calmar a la que ahora era su mujer.
Ambos eran inexpertos pero eso poco importaba, lo único que importaba era que se estaban amando, que se amaban y que por eso estaban haciendo el amor, la nube de placer bajo de los cielos para rodearlos, era algo que jamás habían experimentado, era algo que iba más allá del entendimiento, ambos sabían que eso no era "sexo" como las personas hoy en día lo llamaban, no, no era eso era hacer el amor, estaban haciendo el amor porque se amaban, ninguno se dio cuenta de que pasaba a su alrededor porque en ese momento, justo ahora solo existían dos personas que querían darlo todo por la otra, el clímax estaba cerca, Keigo se aferro a su cintura mientras sentía todo su cuerpo temblar, ella se sujeto de sus hombros aún más fuerte sintiendo lo mismo, como mensaje de su amor él termino depositando la semilla de la vida dentro de ella.
Sus respiraciones eran irregulares, sus cuerpos estaban perlados de sudor pero eso poco importaba cuando él la beso de nueva cuenta, la atrajo a su pecho y le acaricio la espalda, era momento de caer en el mundo de los sueños, Sakuno no tardo demasiado y él le siguio instantes después porque velaba por su sueño, estaba feliz y esperaba que esa semilla se convirtiera en su primer heredero porque vaya que tendrían más.
Un año, dos meses había pasado desde que habían llegado a Marbella, el padre de Keigo había muerto en un accidente junto con su amante, su esposo no había llorado y ella lo entendía si era sincera, ahora se encontraban en el hospital esperando los famosos resultados de porque los mareos, antojos y vomitos de la cobriza, las pruebas eran claras pero querían saber la verdad - ¡Un niño! - gritaron los gemelos mientras su madre les decía que sería una hermosa niña y que ellos tendrían que cuidarla, los gemelos ahora contaban con diez años, para esa ocasión los tíos de su esposo habían llegado corriendo pues querían estar presentes cuando se diera la noticia del ansiado embarazo de Sakuno, ahora la señora de Keigo.
- Listo - el médico les entrego el sobre para retirarse con una reverencia, la cobriza lo sujetaba con manos temblorosas, tenía miedo pero al mismo tiempo estaba ansiosa, su esposo la abrazo por la espalda colocando sus manos sobre las de ella para abrir con cuidado el sobre, leyeron de inmediato el hecho de que contaba con dos semanas de embarazo - ¡Estamos embarazados! - grito Keigo mientras su tía le arrancaba el sobre, él solo le dio media vuelta para cargarla por los aires, las personas que pasaban los miraban con sonrisas mientras los gemelas estaban brincando tomados de las manos - ¡Viene niño en camino! - gritaron juntos causando la risa de sus padres mientras Sakuno lloraba, estaba demasiado feliz.
- No llores - pidio él mientras la besaba con suavidad, ella solo se aferro, una pequeño o un pequeño estaba creciendo en su vientre, estaba demasiado feliz - Soy tan feliz - susurro con suavidad y su esposo solo la abrazo aún más - Gracias Sakuno... te amo - la beso y ella se aferro a sus brazos, iba a ser mamá de un pequeño, Dios era demasiado feliz - ¡Sere mamá! - le grito a los gemelos que la abrazaron entre risas, estaba demasiado feliz, la señora Emma se unio al abrazo llorando, en menos de dos minutos todos estaban abrazados mientras lloraban de felicidad.
Antes de darse cuenta, los nueve meses ya habían pasado, estaban en el hospital, los dolores eran demasiado fuertes, incluso había golpeado a Keigo porque dolía demasiado pero su esposo solo había reído - ¡D-Duele! - a este paso pensaba que iba a decir miles de palabras malas, su esposo solo sujeto con fuerza su mano para que se calmara aunque fuera un poco, estaban en el quirófano así que todo saldría bien - Debemos darnos prisa - señalo un médico indicandole que sujetara fuertemente su mano y que no la soltara.
Con varias indicaciones dio inicio el parto - ¡Puja! - le grito el médico y se comenzaron a escuchar los gritos de ella tratando de que su bebé no saliera lastimado en el proceso - ¡Vamos Sakuno, tu puedes! - el doctor la estaba alentando, ella no escuchaba que decían solo deseaba que su bebé estuviera bien, pensaba en las veces que lo vería dormir, en miles de momentos que tendría a su lado, enfoco esa imágen cuando escucho un llanto - ¡Viene otro! - grito alguien y ella se quedo pasmada, claro que sabía que serían gemelos pero nunca había pensado que dolería demasiado, era un dolor hermoso pero era demasiado, se sujeto de los bordes de la cama cuando escucho el segundo llanto entonces solo entonces sonrió como una verdadera madre.
- Ya paso, tranquila bebé - le susurro este - En un momento podran verlos, lo hiciste bien Sakuno - le dijo el médico con una enorme sonrisa tranquilizandola, ella sonrió un poco en respuesta mientras su esposo le quitaba algunos mechones de cabello que se habían pegado a su frente debido al esfuerzo - Te ves hermosa - señalo este besando su frente - Aquí estan - la enfermera la hizo sentarse con cuidado sobre la cama para tomar en sus brazos a uno de los gemelos, lo miro con amor, era un niño de cabello castaño, de facciones como su padre, sus ojitos eran caoba como los de ella, sin duda alguna hermoso, el bebé que sujetaba Keigo era igualmente niño de cabello cobrizo como el de ella, de facciones delicadas como su madre excepto por los ojos que eran los de su esposo - La pasaremos a una habitación - asintió mientras su esposo cargaba con cuidado a los bebés.
Diez días después recibieron la visita de los tíos de Atobe junto con los gemelos que ahora contaban con once años, ella se encontraba en la cama con Keigo a su lado cargando a un bebé, lo bueno del asunto era que sus hijos no eran escandolosos, lo que quería decir que serían unos buenos niños - ¡Gemelos! - grito feliz de la vida la señora Emma notando que ambos padres alimentaban a los pequeños con biberones, bueno solo a uno porque el que cargaba Sakuno bebía de su pecho, los gemelos entraron después con miles de regalos para los pequeños - Hola - saludo la cobriza cuidando que el bebé no se lastimara al momento de sentarse en la cama - ¿Cómo se llaman? - pregunto Ian mientras tomaba asiento en la cama junto con su hermano Anthony que cargaba un oso de peluche en sus manos.
- Él es Ren - señalo Keigo mientras él niño aferraba sus pequeñas manitas al biberón, era el de facciones delicadas como su madre - Él se llama Aaron - Sakuno señalo a su pequeño bebé que aún seguía pendiendo de su leche materna - Son hermosos - aseguro Emma y los padres solo sonrieron, la cobriza aún estaba cansada debido al parto pero tomaba medicamento para reponerse cuanto antes - Lo son - contestaron los dos al mismo tiempo, el resto de la tarde se la pasaron entre risas y bromas de parte de la señora Emma al igual que del señor Usui - Él parece una ella - comento Ian observando a Ren que solo cerraba sus ojitos ante las caricias en su espalda de su padre, su madre le dio un golpe en la cabeza - No digas eso - señalo mientras reía provocando las risas de los demás, era cierto que parecía una niña pero no lo era, Sakuno estaba tan feliz al saber que había sido madre, ahora tenía una familia pero no evito preguntarse "¿cómo estaría él?!, "¿tendría una familia?", sonrió ante el beso de su marido olvidando esas preguntas que solo la atormentaban.
Su tercer año llego demasiado rápido, los niños contaban con dos años, eran hermosos, aún eran pequeños, sus primera palabras habían sido dichas en sus momentos, ahora se encontraban festejando que los gemelos habían ganado un premio importante en el continente Asiatico, todos estaban más que felices, Sakuno se encontraba cargando a Aaron mientras que el pequeño Ren jugaba en el suelo con algunos niños más, sus dos hijos eran sus ángeles, los amaba más que a su vida, deseaba que siempre fueran felices - Señora, la llaman - alzo la mirada observando el teléfono, lo tomo con cuidado pues su hijo no quería soltarla así que termino sentada de nueva cuenta - Gracias - agradecio a la mucama con una sonrisa para contestar.
- ¿Bueno? - se escuchaba una leve respiración así que sabía que ahí había alguien que por lo visto no deseaba contestar o saludar siquiera - ¿Bueno? - nadie, nadie contestaba, como último recurso colgo, no tenía tiempo para seguir esperando a que alguien mudo le contestara, penso que quiza er él así que tomo el teléfono de nueva cuenta, solo deseaba escuchar un poco su voz, aunque fuera un poco - ¡Mi vida, el pastel! - la señora Emma la llamo así que de inmediato se levanto abandonando la idea de llamarlo, quiza era el destino que no deseaba que lo llamara, camino con su pequeño hijo en brazos para tomar de la mano a Ren que se sujeto con suavidad a su mano así que camino al salón con una sonrisa, todo estaba bien, ni siquiera debía de haber pensado en llamarlo, esa era la verdad.
- Te amo - murmuro Keigo antes de convertirlos en un nuevo ser - También te amo - murmuro, había perdido la cuenta de las veces en que siempre le decía que la amaba, a ella le gustaba que se lo dijera más pensaba que no era necesaria, que con solo demostrarselo bastaba pero no pensaba decir nada, como tantas veces se sujeto fuertemente de sus hombros, Keigo siempre era cuidadoso, siempre la hacía sentir amada y querida pero había algo, algo que le molestaba desde hace dos meses, su cuarto año en Marbella estaba por cumplirse, su esposo se estaba haciendo cargo de la empresa de su padre, ambos habían terminado los estudios en la universidad más prestigiosa de España con profesores particulares enseñando en casa puesto que para ese entonces ella ya tenía a los gemelos.
Termino dentro de ella de nueva cuenta pero no deposito su semilla como tantas veces, de un día para otro él había decidido usar protección, no le pedía tomar la píldora, no usaba condón, termino de salir de ella para atarse una sábana en la cintura y caminar a la ducha, le molestaba esa actitud, sentía que algo le ocultaba pero seguro eran ideas suyas, su celular sonó así que se estiro pero antes de contestar la llamada la mano de él se lo arrebato de un manotazo mientras la miraba con un poco de molestia - No toques mis cosas - contesto de mala manera para caminar de regreso a la ducha dejandola con más dudas de las que ya tenía.
Antes siempre se quedaba a su lado pero ahora ni siquiera la besaba, no podía más, esto la estaba matando, se levanto para colocarse un camisón además de una bata, se coloco las pantuflas para caminar hacía la habitación de los gemelos - ¿A dónde vas? - pregunto ella cuando observo a su esposo colocarse un traje negro - Tengo que trabajar, como tu estas aquí en casa disfrutando de la vida no creo que estes enterada de que es el trabajo - contesto este mordazmente tomandola por sorpresa, no dijo nada, tan solo camino hacía la habitación de los niños escuchando el ruido del motor del auto de su esposo, se acosto con los niños olvidandose de todo por unos momentos, inesperadamente sintio el calor que Eiji podría brindarle en ese momento pero él no estaba y él no la amaba, él mismo se lo había dicho.
El final del cuarto año llego demasiado pronto, Navidad, la época que a los gemelos más gustaba, contaban con cuatro años pero ya hablaban demasiado bien, los gemelos de la señora Emma que contaban con quince años los acompañaban - ¿Dónde estas? - pregunto Sakuno al teléfono, su marido no estaba por ningun lado y eso la estaba volviendo loco, se estaba desesperado porque no llegaba, ni siquiera sabía porque llegaba tan tarde, era Navidad, era una fiesta para la familia - No puedo llegar, tengo demasiados asuntos importantes - contesto su esposo, ella solo solto un suspiro - ¡Mami, mira mi bicicleta! - grito el pequeño Aaron, aparto un poco el teléfono para sonreirle al niño que señalaba el regalo de la señora Emma aunque él la llamaba abuela - Esta muy hermosa mi vida - le alboroto el cabello y este solo sonrió para volver con los demás.
- ¿Asuntos importantes? ¡Tus hijos son más importantes! - estaba alzando la voz así que tenía que controlarse, su esposo solto una suave risa y eso a ella la saco de quicio por completo - No puedo ir, lo siento - dicho esto colgo y ella retuvo las ganas de aventar el teléfono a la pared - ¡Mami, mira mi peluche, la abuela me lo ha comprado! - le sonrió a Ren para cargarlo y jugar con el enorme oso de peluche blanco, le sonrió a la pelirroja que le regreso la sonrisa con un gesto de ternura - ¡Vamos mis amores, a jugar! - Aaron corrio donde ella para jugar con los juguetes, los gemelos se les unieron aunque estaban un poco más ocupados con libros de clase - Quien los viera - señalo ella con una sonrisa de burla, Ian la miro con una ceja encarnada - Es solo que tú te estas volviendo anciana - contesto este y ella solo solto una risa, se llevaba muy bien con ellos.
- ¿Anciana? ¡Pues tu te estas volviendo un amargado! - le grito mientras le enseñaba la lengua, antes de que siguieran en su discusión un balón de futbol llego a sus pies - ¡Hey, vamos! - Anthony les hizo una señal a los dos que se miraron retandose con la mirada, Ian le sonrió para levantarse del sillón y correr donde los demás que los esperaban pero antes de salir de la casa este la detuvo para acercarse a ella, por instinto retrocedio pero este solo le sonrió - Te ves muy bien con ese conjunto - señalo para soltar su mano y salir, ella solo se quedo allí con miedo, ¿le acababa de coquetear? - Si, lo acaba de hacer - asustada volteo donde la señora Emma que estaba como si nada mientras le sonreía lindamente.
- No es lo que crees - contesto de inmediato pero este nego con la cabeza - Ian es muy perceptivo, sabe que Keigo no esta contigo, se estan distanciando, solo lo dijo para que olvidaras eso aunque su padre cree que tiene una fijación contigo, si es así no te preocupes, por nosotros no hay problema - aseguro y ella asintió con la cabeza para salir con los demás, agradecía que los señores comprendieran, ella no estaba bien e inesperadamente el cumplido de Ian la había hecho olvidar a su esposo aunque su mente trajo de vuelta a Eiji y entonces se dio cuenta de algo... no lo había olvidado nunca.
- ¡No puedo más! - le grito mientras las lágrimas salían, Keigo de inmediato se levanto para detenerla por la mano - Tu sabes que tengo trabajo, ¡entiende, con un demonio! - a los dos poco le importaba que estuvieran en un restaurant de Marbella en la terraza, los clientes habían salido corriendo cuando ella había azotado la copa mientras él aventaba un plato - ¡¿Trabajo?! ¡¿Y dónde quedamos tú familia?! ¡Dime la verdad! - le grito mientras lo señalaba con el dedo, sabía que algo le estaba ocultando - ¡¿Cuál verdad?! ¡¿Sabes qué?! ¡Tengo cosas mejores que hacer, yo si tengo que trabajar Sakuno! ¡Me arruinaste el estúpido día! - grito mientras la hacía a un lado de manera brusca, era el quinto año, era su aniversario, ella se había esmerado en todo pero él no tenía tiempo, solo había ido de pasada para terminar peleando.
Se dejo caer en una silla, no llamo a Emma o a Usui, llamo a Ian, ese niño de ahora 16 años, más alto que ella la había hecho reir demasiado para olvidar todo, en menos de veinte minutos bajo la mirada de la terraza a su auto deportivo observandolo salir a prisa, siempre estaba para ella y no pedía nada a cambio, lo escucho subir las escaleras - ¡Si yo pago todo, ahora muevete! - le grito a alguien, ese niño era un genio, a su edad ya había creado una compañía especializada en la rama de agricultura, juraba que tenía más dinero que su padre mientras que Anthony se desempeñaba en la carrera de modelaje, lo observo saltear mesas para colocarse en cuclillas, ella lloraba.
- Te he dicho que odio verte llorando - señalo este sonriendo para pasar las manos por sus mejillas mojadas, ella solo sonrió algo - No puedo más - murmuro y este junto su frente con la de ella, paso sus manos por su cintura dandole a entender que la cargaría al estilo koala, ella agradecía que no tuviera vestido, se sujeto a su cuello mientras seguía llorando - ¿Sabes? Yo podría hacerte feliz - aseguro él acariciando su espalda para pasar su abrigo, ella si lo sabía pero la diferencia de edad era demasiada, al menos eso pensaba ella - Lo sé - aseguro como si nada para comenzar a bajar las escaleras del restaurant no sin antes pagar todo - No eres tan anciana - comento este en un tono juguetón que le arranco una sonrisa.
Antes de darse cuenta se encontraba en el auto del chico - Mi madre esta con los gemelos, iremos a mi departamento - sabía que pel vivía solo desde hace un año porque quería independizarse pero cada día visitaba a sus padres así que estos no se quejaban, cerro los ojos por unos momentos, era demasiado para su cabeza, no podía más, si él la estaba engañando que se lo dijera, eso haría las cosas más fáciles para ella, el auto emprendio la marcha y solo se dejo caer en un profundo sueño.
- Me encantas - aseguro este mientras iban en el elevador, ella lo miro con una ceja encarnada - Ian, hay miles de chicas que morirían por estar contigo, ¿qué ves en mí? - pregunto ella mientras este la tomaba de la mano para salir del elevador y caminar hacía su departamento, extrajo su celular para pasarlo por el sensor, vaya que debía ser caro el departamento pero no dijo nada, este la jalo para entrar - Toma asiento, preparare té - murmuro este señalando la sala, la decoración era simplemente perfecta, observo miles de documentos en la mesa de centro además de dos lap tops y varios celulares - Trabajas mucho, deberías descansar - aseguro ella con una leve sonrisa escuchando los movimientos de la cocina - Soy jefe de una empresa, claro que trabajo mucho - contesto este saliendo de la cocina para extenderle una taza de té.
Ella lo tomo con suavidad mirando al castaño que tomo asiento delante de ella apartando un poco los documentos que rodeaban la pequeña mesa - ¿Por qué estoy en tu departamento? - pregunto la cobriza sintiendo sus ojos arder debido a las lágrimas que había derramado, él solo encarno una ceja - Te amo - contesto simplemente para caminar donde ella pero de inmediato se levanto, era un niño y ella tenía esposo o lo que sea que fuera que tenía con Keigo - Eres un niño, no sabes lo que quieres - señalo con un tono de molestia pero este solo la miro como si nada - Deja a tu esposo Sakuno, yo puedo hacerte feliz - volvio al ataque, ella esperaba que Eiji fuera quien le dijera eso algún día.
- ¿Te estas escuchando? ¡Ian, eres un niño, no puedes estar pidiendome esto! - grito dando media vuelta pero antes de que algo más pasara este la sujeto del brazo para conducirla hasta su habitación - ¡Deja de pensar que soy un niño, mis sentimientos son sinceros! - grito este para aventarla a la cama, la cobriza abrio los ojos asombrada - Ni se te ocurra Ian - señalo molesta colocandose de pie pero este la sujeto por ambas manos para besarla, no era un beso a la fuerza, era un beso que le demostraba que ese niño de 16 años de verdad la quería, que de verdad la amaba como su esposo ya no lo hacía - Solo hoy Sakuno, solo hoy dejame hacerte el amor... solo hoy permiteme tenerte, después puedes odiarme, él no te ama como lo hago yo - susurro sobre sus labios.
Ella se perdio, asintió con la cabeza, sabía que él era inexperto pero poco importaba - ¿Cuándo te convertiste en un hombre Ian? - pregunto mientras él la depositaba suavemente sobre la cama con una leve sonrisa - Hace mucho anciana - señalo con una risa juguetona, ninguno se dio cuenta de nada, solo se dejo llevar, si estaba bien o no poco importaba, ella solo quería sentirse amada, deseaba que esa persona fuera Eiji pero él no estaba allí, él la había dejado por alguien más, se aferro a las sábanas y nego con la cabeza, no podía, incluso si Atobe le era infiel ella no podía serle infiel - Lo siento - se disculpo y el castaño solo nego con la cabeza para apartarse de su lado, le acaricio con suavidad la mejilla mientras le dedicaba una sonrisa llena de anhelo y ternura - No pasa nada - la atrajo hacía su pecho mientras ella lloraba.
Ian solo acaricio su espalda, estaba bien, si la mujer que amaba no podía, él no iba a ser quien la obligara, estaba bien incluso si dolía, Sakuno era feliz y eso era lo que le importaba realmente.
- ¿Es bonito Japón? - pregunto Aaron mirando a su madre que empacaba las cosas con cuidado, lo demás sería llevado por los empleados, ella solo empacaba lo útil para el viaje, lo que los niños necesitarían, Atobe tenía que tomar el mando desde Japón, ella no dijo nada, tan solo se dedico a empacar las cosas y preparar todo porque este estaba ocupado en la empresa, ella no podía más, él llegaba cada vez más tarde, ya no la tocaba pero no pensaba decir nada, estaba bien como iban las cosas, ella no iba a ser quien dijera algo, a su sentido no valía la pena discutir - Claro que si mi vida, Ren ven - llamo a su hijo que corrio a la cama para saltar a la misma con una enorme sonrisa.
- Dime mami - sus dos hijos eran demasiado lindos, de un tiempo para acá ellos tambien se estaban alejando de su padre, se llevaban mejor con su abuelo, el señor Usui en si y con los gemelos de ese matrimonio puesto que su esposo casi no estaba en casa - ¿Terminaste de empacar los juguetes cariño? - pregunto y su hijo asintió con la cabeza para bajar de la cama y tomar de la mano a su hermano - ¡Iremos a jugar! - grito Aaron y ella solo asintió, escucho las risas de sus hijos bajando las escaleras y ella solo suspiro, estaba cansada - Te cansas demasiado rápido anciana - volteo la cabeza ante la risa divertida de Ian que estaba cruzado de brazos en el marco de la puerta.
- ¿Qué haces aquí amargado? - pregunto en tono de burla y este ladeo un poco la cabeza - Hemos venido a ver como estabas, mis padres junto con Anthony estan justo ahora con los gemelos - dicho esto cerro la puerta para acercarse donde ella que se levanto de la cama de sus hijos que dormían en la misma habitación - Ian - susurro cuando este la tomo de la cintura acercandose a sus labios - Shhh - murmuro para posar sus labios sobre los de ella, después de lo de su departamento cosas como estas sucedían, ella no podía evitarlo por mucho que lo deseara, se imaginaba siendo besada por Eiji, Atobe hace mucho que no la besaba e Ian, ese niño con solo un roce de labios llegaba a ser capaz de hacerla suspirar.
Si estaba mal no lo sabía, ella solo deseaba sentirse amada... e irremediablemente pensaba en Kikumaru Eiji.
El vuelo había sido demasiado largo, estaba cansada, cargaba a Ren que seguía dormido mientras Aaron iba tomado de su mano, Atobe había viajado antes que ellos y había tenido la decencia de decirselo una hora antes de viajar, ella solo subio las escaleras para esperar el día en que viajaría, ahora estaba en Japón, en el país que había prometido no volver a pisar - Por aquí Sakuno-sama - siguio a los hombres que la escoltaban, las miradas se posaban en ella, era comprensible porque después de todo era la esposa del gran Atobe Keigo, empresario reconocido mundialmente.
Esquivo a los periodistas para abordar el auto, sento con cuidado a sus hijos cargando le bolso donde traía juguetes, cobijitas y demás cosas para sus hijos - A casa - señalo al conductor que emprendio la marcha de inmediato - Mami - Aaron la llamo extendiendo sus manitas así que ella solo sonrió para acomodar a Ren cuidando el no despertarlo para tomar su bolso, extrajo una lechita para darsela al niño que le sonrió encantadoramente, el auto se detuvo en un alto y por mera curiosidad miro por la ventana, observo el enorme cartel que residía sobre un edificio, el auto iba a emprender de nuevo la marcha - Espera - anuncio provocando que este se detuviera, sonrió al ver que Eiji era un reconocido médico, era más guapo que antes, quiza el haber llegado a Japón de nueva cuenta no era tan mala idea, se conformaría con verlo solo una vez más... solo una.
N/a
Espero les haya gustado.
Gracias por leer.
