N/A
Un nuevo capítulo.
Espero les guste
Gracias por leer.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece.
Capítulo 28: El Último Suspiro
- Vamos - Eiji la tomo de la mano con suavidad para que entraran a la casa que él compartía con Liann, ella estaba hospitalizada en sus momentos pero en cuanto despertara y estuviera en condiciones sería trasladada a la prisión para esperar su juicio, no la odiaba pero esperaba que pagara por sus crímenes porque ella no entendía como una madre era capaz de terminar con la vida de su propio hijo, era todo lo contrario, una madre estaba dispuesta a dar la vida por sus hijos no a despojarlos de la misma.
- ¿Vamos a vivir aquí? - pregunto llamando la atención del chico gato que dio un leve suspiro asintiendo con la cabeza, no había pensado que quiza ella podía sentirse incomoda, se le olvidaban esas cosas a veces - Lo siento, debi preguntar antes, si quieres podemos comprar otra casa o lo que quieras - aseguro y la cobriza negó con la cabeza, no era la casa en sí sino que le molestaba un poco el hecho de que hubiera tomado la decisión sin decirselo, podía sonar tonto pero ella había esperado poder comprar otra casa y amueblarla juntos.
- Bien, mañana veremos casas y punto, por lo pronto solo estaremos aquí pero definitivamente nos mudaremos - añadio este con seguridad mientras abría la puerta, sus dos hijos iban detrás de ella entre risas, observo la estancia rodeada de muebles finos, frente a ella estaban unas escaleras que seguro guiaban hacía las habitaciones de la segunda planta - ¡Papá! - sabía que era el hijo de Eiji, le daba pavor que el niño no la quisiera o peor que no se llevara bien con los niños, se escucharon pasos apresurados y entonces lo vio al pie de las escaleras.
Los miro para después bajar con prisa las escaleras y arrojarse a los brazos de su pareja que cargo al pequeño niño entre risas - ¿Me extrañaste Yui? - Eiji le había dicho que él no sabía sobre el accidente de la casa además del asunto de Liann, tenía sus razones y ella no era quien para decirle que el niño tenía que saber la verdad, el pequeño la miro con una enorme sonrisa, esperaba que no fuera como esas historias en donde primero se portaba bien delante de su padre para después comenzar a odiarla tanto a sus hijos como a ella.
- Hola - saludo él agitando su manita, el pequeño tenía los ojos color miel producto de los genes de su madre y tenía el cabello de su padre además del tono de piel, era como una cosita exactamente al chico gato, se veía que era lindo pero no podía fiarse por las apariencias - Hola - saludo con una suave sonrisa, los gemelos la hicieron a un lado lo que le cuaso intriga pero entonces lo comprendio, ellos ya se conocían de hecho - ¡Yui! - gritaron a dúo, era un tanto raro porque por lo que sabía el hijo de Eiji era unos meses más pequeño que los gemelos pero bueno, no podía decir nada.
- Hola - contesto este haciendole una seña a su padre para que lo bajara, de inmediato los niños comenzaron a correr por todos lados hasta perderse por las escaleras, el sonido de algunas puertas se escucho acompañado de risas, al parecer si que se iban a divertir los pequeños niños - Pensé que iba a ser más difícil - comento ella y Eiji negó con la cabeza para abrazarla con cuidado puesto que su espalda aún no estaba bien del todo debido al peso de la viga, gracias al cielo no le había causado una parálisis o algo peor porque entonces si que se hubiera sentido culpable.
Beso su frente sacandole una sonrisa - Yui es un niño inteligente, sabe que te amo y que seras su nueva madre, no te odiara así que despeja esos pensamientos - le pidio y ella asintió con la cabeza para tomarlo de la mano, tenía hambre y quería cocinar cuanto antes, su templo era su cocina, entonces se detuvo se le hacía extraño que nadie viera si se encontraba bien refiriéndose a la familia del señor Usui, lo más seguro era que estuvieran ocupados en sus cosas - Por cierto no te dije nada pero me encargue de que nadie supiera que había sucedido en la casa, le pedi a la policía que no lo hiciera público - comento este y la cobriza sonrió agradecida, lo menos que quería era causarle más penas a la familia del señor Usui.
- ¿Puedo usar tu cocina? Tengo hambre y seguro los niños también - señalo ella y él señalo una puerta - Adelante, me dare una ducha, te preparare un baño caliente para que te relajes y terminare yo con la comida - contesto este para besar con suavidad sus labios, beso su frente por última vez para dar media vuelta y correr a las escaleras, ella solamente se encamino con una sonrisa a la cocina, tenía hambre pero no le iba a venir mal un baño relajante, bueno mientras tanto iba a avanzar con la comida.
Eiji preparo la tina con calma, el agua caliente se sentía deliciosa, apostaba que a Sakuno le iba a encantar, sentía la tremenda necesidad de complacerla en todo, la amaba con cada poro de su piel y lo único que realmente deseaba era verla con una sonrisa en su hermoso rostro, se despojo de su abrigo dejandolo sobre una de las sillas de la habitación cuando escucho a los niños saltando sobre la cama, Yui por lo general no hacía eso, de hecho casi nunca lo veía divirtiendose pero se notaba que los gemelos le harían bien, eso estaba de maravilla.
- ¡Aaaaaaaaaa! - un escalofrío recorrio por completo su cuerpo, dio media vuelta descalzo y sin camisa para salir de su habitación, miro a los niños bajando las escaleras - ¡Niños! - les grito pero ellos no lo escucharon, maldijo por lo bajo para correr con prisa y entonces al llegar al final de las escaleras el alma se le fue a los pies, sostuvo a los tres niños de los hombros antes de que estos avanzaran... Liann tenía entre su cuerpo a Sakuno que trataba de soltarse pero la pelirroja portaba un arma, no podía arriesgarse a que le hiciera daño a la cobriza, no, antes muerto.
- Liann sueltala - le ordeno y ella alzo la mirada observandolo con una sonrisa que solo demostraba maldad, no podía creer que la mujer linda que había sido en una ocasión su asistente se hubiera convertido en alguien despiadada que había acabado con la vida de una pequeña criatura que no tenía la culpa de absolutamente nada - Eiji, ¡¿cómo te atreviste a traerla a mi casa?! - grito apretando el agarre en el cuello de la cobriza, entonces se dio cuenta de que el brazo derecho de ella estaba sangrando, un cuchillo estaba a sus pies, ella estaba cocinando, lo más seguro era que el timbre hubiera sonodo, hubieran medio peleado hasta después gritar, no debio de haberla dejado sola.
Lo más seguro era que policía ya se hubiera dado cuenta de que Liann no estaba en el hospital, iniciarían su búsqueda y darían con ellos, tenía que distraerla lo suficiente como para que no le hiciera daño a Sakuno - Liann, hay niños aquí... por favor - sintio el temblor en el cuerpo de los tres pequeños, los gemelos estaban llorando y Yui se estaba mordiendo el labio para no hacerlo, la pelirroja ladeo la cabeza y una sonrisa siniestra acudio a sus labios - Poco importa - la vio girar con cuidado el arma, no, de un salto se coloco delante de los niños que estaban sujetandose de su espalda con miedo.
- Por favor Liann no quieres hacer esto - se escuchaba el sonido de las patrullas, ¡por fin!, ahora solo tenía que hacerle entender que todo iba a estar bien pero que tenía que bajar el arma - Claro que lo quiero hacer, ¡ella te alejo de mi! - grita en respuesta con fuerza y él tiembla, sus peores miedos se estan haciendo presentes, ella le quiere hacer daño a la mujer de su vida, se escuchan toquidos en la puerta, ve voltear a la pelirroja a la puerta para dispararle a la misma, los gritos de lo nisño y el jadeo de Sakuno lo devuelve a la realidad, todo se va a complicar mucho más.
- Liann por favor - suplica con miedo avanzando con calma donde ella, la pelirroja le apunta con la pistola, Sakuno llora, esta llorando y él se maldice porque solo le esta causando dolor, suspira tomando valor de donde no lo tiene - Tú me amas Eiji, dejala y ven conmigo, escapemos - eso no esta a condición de discutir, no puede irse con ella porque la pelirroja necesita ayuda, necesita pagar por lo que esta haciendo - Baja el arma Liann, sueltala, me quieres a mí no a Sakuno - ruega y la cobriza niega con la cabeza, la conoce, es capaz de dar su vida por él pero no lo deseaba, ella tenía que vivir.
- ¡Si tanto la quieres, tomala! - todo paso muy rápido, avento con la mano en su espalda a Sakuno quien trastabillo por el cuchillo en el suelo, corrio donde ella y se escucho un disparo, la puerta fue derribada, varios policías taclearon a la pelirroja que gritaba como loca meintras reía desquiciadamente, de verdad que no creía que esa persona alguna vez fuera su esposa, su compañera de vida, él no sentía nada, el disparo no le había dado a él, el cuerpo de Sakuno cayo al piso, la sangre rodeaba la blusa que portaba, se arrodillo tembloroso ante ella mientras los niños se amontonaban ante los dos entre llantos fuertes.
- S-Sakuno - la bala había impactado cerca de su corazón, ella lo miro con los ojos cerrados y le medio sonrió, hizo una mueca de dolor y el pánico se apodero de su cuerpo totalmente, vio a Liann sonriendole con enojo, desprecio y miles de emociones malas para ser sacada de su casa, escucho el sonido de las ambulancias a lo lejos pero su mente, todo su cuerpo estaba sobre el cuerpo de Sakuno que respiraba con lentitud - E-Eiji - murmuro ella con una suave sonrisa y entonces entraron los paramédicos con grandes prisas.
Se vio alejado del cuerpo de la cobriza, sostuvo las manos de los tres niños que lloraban, era un trauma que estaría en su vida y que entre ambos tendrían que ayudarles a superar por eso la necesitaba, la necesitaba, si algo le pasaba él iba a morir con ella, no iba a poder vivir, era su culpa que estuviera allí en el suelo rodeada de su propia sangre, siempre iba a ser su culpa aunque tratara de convencerse de lo contrario.
Las puertas del hospital hicieron eco en sus oídos pero él solo seguía a la camilla, Sakuno iba medio despierta pero sabía que en cualquier momento iba a caer dormida debido al shock en su organismo que no tardaba en llegar - Preparen el quirófano - escucho al médico que empezo a mover la gente, solo tenían como mínimo un minuto, la miro y beso su mejilla - Sakuno - la llamo y ella le sonrió con los ojos cerrados, se veía un poco pálido - H-Hasta... el... último... suspiro Eiji - hablo quedamente apretando los ojos.
- A un lado - el médico lo hizo a un lado y la vio desaparecer por las puertas que coducían a la sala donde le realizarían una operación de emergencia - ¡Te amo Sakuno! ¡Hasta el último suspiro! ¡Hasta el último suspiro! - grito con los ojos llenos de lágrimas sintiendo que alguien lo sujetaba para que no cayera al suelo pero fue copletamente inútil, él ya estaba en el suelo - Tranquilo Eiji - la cálida voz de Oishi lo trajo de vuelta solo por unos segundos, varios médicos pasaron cerca de ellos abriendo las puertas cercanas para correr donde ella estaba.
Se sujeto de la bata de su amigo llorando con fuerza, ella, ella no podía morir, tenía que vivir, tenía que vivir... un pitido lleno por completo el pasillo del hospital, el corazón de Sakuno... se había detenido.
- Tienes que comer algo - señalo Oishi tomando asiento a su lado con un poco de comida en la mano además de un café, negó con la cabeza, se negaba a levantarse del asiento donde estaba, se negaba a levantarse porque sentía que se iba a caer, escuchaba sus risas, sus palabras de amor, la sonrisa que ponía cuando algo no le gustaba pero se esforzaba por hacerlo bien solo porque él quería hacer eso - Siempre odio mi manía de reirme a costa suya, es ahora cuando me arrepiento de haberla molestado con ello - murmuro tan bajo que penso que su amigo no lo escucharía pero lo hizo porque coloco su mano sobre su hombro en apoyo.
- No se que decirte Eiji, solo se que debe doler mucho - comento su amigo y se levanto con una sonrisa triste, lo menos que necesitaba ahora eran palabras de consuelo, no las necesitaba, no las quería escuchar, solo quería irse de allí cuanto antes - No lo sabes Oishi... no lo sabes - aseguro metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón, avanzo con paso calmado por las puertas de las salas que se comunicaban en la primera planta del hospital, se detuvo frente al quirófano donde ella había estado pero ya no estaba.
La observo, siempre le había parecido una sala muy fría al menos ahora tenía una justificación para sustentarlo, siempre había odiado esa sala porque solo significaba una cosa, los pacientes que entraban no salían, negó con la cabeza no queriendo pensar en ello pero lo pensó, a él le había tocado realizar operaciones allí y siempre que terminaban salía con dirección al sanitario, le dolía ver a los pacientes casi morir allí, solo una persona se había muerto en sus manos, francamente ese era el momento que más odiaba como médico.
Siguio avanzando con paso calmado hacía la salida del hospital, 72 horas habían pasado desde que Liann hubiera entrado a su casa con esa maldita arma, no podía odiar a la pelirroja lo que lo hacía sentirse un ser humano horrible porque esa mujer lo había lastimado mucho, había lastimado de gravedad a la mujer que amaba, la había herido por segunda vez solo porque él no la amaba pero era que simplemente en el corazón uno no mandaba, su destino siempre estuvo atado al de ella, desde aquella ocasión en lo que sucedio de Ryoma y su amiga Tomoka.
A su mente acudio aquella ocasión en la que ella lucho por él, por el amor que sentía hacía él, por la esperanza de un futuro juntos en ese mismo hospital, donde llorando le pidio que le dijera la verdad, ella esperaba un "te amo" pero en su lugar solo recibio sus gritos por que en ese tiempo Ayumi lo necesitaba mucho, esa pequeña castaña lo necesitaba, estaba dolido porque Sakuno era la prometida de Atobe así que decidio olvidarse de ella pero se dio cuenta de que nunca se iba a poder olvidar cuando el amor que sentía hacía ella era tan intenso.
Le dijo que no la amaba, que la odiaba, ahora, ahora era cuando se arrepentía de ello, la había mandado a los brazos de Keigo, esa misma noche vio pasar un avión mientras miraba por la ventana, horas antes Fuji le había dicho que la cobriza había abordado un avión con un destino incierto pero al lado de su prometido, esa noche había llorado como un niño abrazado a sus rodillas en el baño de la habitación de Ayumi, la había perdido, rezo, por primera vez en su vida le había abierto su corazón a Dios.
Le pidio que la cuidara, le pidio que Atobe la amara como él lo hacía, tan intensamente que dolía, dolía mucho, a la mañana siguiente coloco su mejos sonrisa porque aunque no quisiera admitirlo la castaña lo necesitaba, se habían ido a vivir juntos, sus padres lo odiaban o al menos eso pensaba porque nunca se acercaron a decirle que estaba equivocado en ello, supo de su hermana que estaba comprometida pero como era de esperarse nunca asistio a la boda porque aquella invitación nunca llego a sus manos.
Ciertamente cuando había leído en una revista que estaba casada con Atobe lloro peor que cuando la había perdido porque sabía que ella ya no lo amaba pero cuando se fue enterando de que este no asistía a ningun evento con ella se dio cuenta de que entonces él no la valoraba como él lo haría porque Sakuno era una mujer a la que sin duda alguna todo hombre quisiera mostrar a sus amigos, no como un trofeo sino como un recordatorio de que era la mujer de su vida, de que la perfección no existía pero de que si existía una mujer que hacía tu vida perfecta.
Descendio las escaleras de salida del hospital notando el cielo azul que era alumbrado por el sol, no hacía mucho calor pero se sentía, lastima que él no lo sentía del todo, su cuerpo estaba rodeado de frío, la extrañaba, miro a las personas caminando sumidas en sus propios problemas, miro el cielo, cuando la había visto en el hospital con dos pequeños que claramente eran sus hijos su corazón había latido como no lo había hecho en años, su voz se había marchadoa a algún lado del filmamento, sus piernas se volvieron de gelatina, en pocas palabras había vuelto a ser un adolescente.
Ese mismo día cuando vio que Atobe la había golpeado y la estaba zarandeando le había dado en un punto muy sensible por eso no dudo en golpearlo para que la dejara, la vio llorar en sus brazos, no entendía como el castaño no era capaz de ver que tenía a su lado a la mujer más valiosa del mundo, la infidelidad de este le había dolido a él porque eso solo significaba una cosa, ella lo había amado pero fue egoísta y se alegro cuando ella le murmuro con un beso que nunca lo había dejado de amar, el verla con aquel jóven de ojos azules había despertado los celos de adolescente pero entonces Liann anuncio su embarazo.
Esa criatura no tenía la culpa de nada, sin embargo, tenía que pedirle perdón, el verla siendo rodeada por las llamas en su casa había sido la ecatombe, lo único que había pasado por su mente era salvarla por eso nunca, nunca dudo en meterse de nuevo a la casa y sacarla en brazos, verla con una sonrisa radiante mientras aceptaba su propuesta de matrimonio para horas después verla en sus brazos rodeada de sangre, cerrando los ojos poco tiempo después mientras murmuraba su nombre, eso lo había acabado por completo.
- Hasta el último suspiro Sakuno - murmuro comenzando a andar con las manos en los bolsillos del pantalón, claro que si, la iba a amar hasta el último suspiro de su vida, su corazón se había detenido con el de ella, así siempre iba a ser, hasta que el de ella latiera de nueva cuenta entonces él viviría plenamente porque ahora solo tenía tres vidas que dependían de él, continuo con su camino sintiendo que el sol poco a poco comenzaba a calentarlo, si definitivamente hasta el último suspiro la iba a amar.
N/a
Espero les haya gustado.
Gracias por leer.
El último capítulo, solo falta el epílogo. Gracias por haberme acompañado hasta aquí.
