A story of hapiness

Harvest Moon

Capítulo III: La llegada de una nueva presencia

Después de que la lluvia cesó, Vaughn se retiró, diciendo que tenía que ayudar a Mirabelle. Sin decir más se retiró.

—Jo... ni siquiera me dejó agradecerle... —suspiré por su actitud.

*Al siguiente día*

Me levanté con ánimos, me vestí y salí afuera, respiré hondo y fui al establo. Me había quedado sin forraje, por lo cual, decidí ir con Mirabelle.

—¡Buuuuuenos díaaaaaas! —exclamé al entrar por la puerta.

—Ugh... —a lo lejos divisé la figura de Vaughn, tapándose los oídos por razones desconocidas.

—¿Qué te pasa Vaughn?

—Eres demasiado escandalosa...

—¡Buenos días Mirabelle! —le saludé sonriendo—. ¿Tienes forraje, cierto?

—De la mejor calidad —sonrió—. ¿Cuántas unidades quieres?

—Con 15 estaré bien...

En ese momento entró Julia por la puerta, con Elliot quien le ayudaba a cargar unas cajas que parecían muy pesadas.

—¿Qué es eso? —pregunté apenas los vi entrar—. ¡Oh, buenos días!

Ambos dejaron las cajas a un lado del mostrador y me saludaron.

—Buenos días, Chelsea —me saludaron al unísono.

—Entonces... ¿Eso es...?

—No es nada... sólo es comida para los animales —dijo Julia sonriendo.

—Chelsea, ¿Podrás llevar esa cantidad de forraje tú sola? —preguntó Mirabelle con la mirada un poco tensa.

—¡Sí, puedo hacerlo! —Tomé dos sacos de forraje y me los puse en un hombro, luego hice lo mismo con otros dos, pero los cuatro se me cayeron, así que volví a tomarlos.

—Creo que me veré obligado a hacer esto de por sí... —Vaughn tomó diez sacos—. ¿Crees que puedas con esos cinco?

—¡Sí! —me las arreglé para tratar de que no se me cayeran.

Nos dirigimos hacia el establo y los echamos en el comedero.

—¡Gracias! —agradecí de inmediato.

—De nada —Se dirigió hacia la puerta dispuesto a marcharse.

—Espera... yo... bueno, también quería agradecerte por lo de ayer.

—No es gran cosa, cualquiera lo haría —dijo indiferente.

—No cualquier persona estaría dispuesta a quedarse con alguien que apenas conoce.

—Mm... —dudó por un momento.

—¿Sabes...? Eres muy amable... ¡Debes de agradarle mucho a todos!

—No todos piensan eso.

—¿Eh, cómo es eso posible? —cuestioné.

—No le agrado a muchos, porque no soy como tú crees que soy. No soy de sacar temas de conversación, ni de decir "Buenos días" ni de sonreír, pero poco me importa la gente.

—¡Pero, a mí me agradas mucho! —admití con sinceridad.

—No esperaba agradarle a alguien... —dijo con sorpresa, para luego volver a su expresión de antes—. Bueno, pues gracias.

En ese entonces, le detuve, le tome de su chaqueta y lo miré.

—Eres una persona maravillosa —dije mientras le sonreí—. Sé que es así, porque no eres como tú dices... sé que en el fondo, tu corazón es muy noble y cálido.

El chico me miró con los ojos como platos, ¿Su expresión era de alegría, tristeza, confusión? no lo sabía, pero me agradaba que mostrara diferentes gestos.

—Nadie jamás me había dicho eso...

En ese entonces alguien llegó gritando.

—¡Chelsea! ¿Estás allí? —era Taro quien llamaba.

Vaughn y yo salimos del establo y seguimos a Taro sin siquiera preguntar qué ocurría.

—Mira...

Señaló a un chico que habían encontrado, estaba boca arriba y respiraba, pero por alguna razón no había despertado.

—Creí que podrías cuidarlo... hasta que despierte... nosotros aún estamos haciendo envíos, y no tenemos espacio en la casa.

—Hm... —dije dudosa, pero finalmente accedí. Entre varios cargamos al chico moreno y lo llevamos a mi casa, lo acostamos en la cama para que descansara.

—Si despierta, avísanos de inmediato... —dijo Taro, y luego se retiró.

Decidí ir a la tienda de Chen y comprarle algunas cosas para preparar un hervido, de seguro el chico tendría hambre.

Compré las cosas en dicho lugar y me dirigí directamente a casa.

El chico aún yacía en esa cama... estaba tan tranquilo y respiraba con normalidad...

Me puse a preparar el hervido, y de pronto escuché una voz...

—Eh... —el chico me miró... tenía unos ojos grandes y oscuros...—. Hola —carraspeó, tenía la voz algo ronca.

—Eh... Eh... —no sabía qué decir, serví un plato de hervido y se lo di.

—¡Vaya, gracias! —dijo él—. ¿Cómo te llamas? —preguntó y tomó un sorbito.

—Chelsea.

—Qué lindo nombre —me dijo y sonrió—. Yo me llamo Denny.

En ese entonces, ambos sonreímos y seguimos conversando.