¡KONNICHIWA, MINNA-SAN!
Arigato a todos los que leyendo el capítulo 1 y en especial a los que comentaron ("darkstein647", "Ryoma Echizen - Prince", "Akashoujo948" y "Karenka Sutcliff Depp"), espero el resto que lee esto se anime a favoritear, darle a follow o comentar, no sean tímidos :D
¡Aquí con el capítulo 2!
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Disclaimer: Ni Kuroshitsuji ni ninguno de sus lindos personajes (oficiales) me pertenecen, sino a Yana Toboso-sama. Lo único mío es éste Fan-fic, algunos de los OC/s y las ideas planteadas… digo "algunos", ya que habrá otros OC/s propiedad de mi senpai del forito. Ejemplo: Piero Clawn es mi OC y Jill Sutcliff es la OC de mi Senpai del foro :3
Advertencia: Algunos aspectos serían una "continuación" del final del anime (y del manga), como que aquí Ciel seguiría pequeño, pero con ya 14 años y además, sería demonio.
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Cap. 02: Persecución bajo la luz de la luna.
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[5 días antes…]
Ya era de mañana en Londres, así como en sus zonas cercanas, incluida la (algo alejada de la ciudad) imponente mansión Phantomhive. Sebastián ya había despertado a los demás sirvientes (es decir: Maylene, Baldroy, Finnian y Tanaka), así como a su joven amo… una vez vistió y arregló al último, así como de servirle el desayuno, se dirigió al ático de la mansión. Ya estando frente a la puerta, antes de abrirla, empezó a meditar qué palabras decirle al último sirviente cuya habitación era esa misma: el ático. No porque él o Ciel lo hubieran decidido, sino porque el mismo Piero lo había pedido una vez llegó a la mansión.
El demonio oji-rojo soltó un pesado suspiro, sabía lo infantil, caprichoso y un tanto malcriado que podría llegar a ser ese desquiciado vampiro, sobretodo al haberle negado ayer su petición para viajar a París… no es por no dejarlo y ya, sino porque aún no estaban seguros de que sus hábitos sanguinarios hubieran cambiado del todo, pero esa carita de desilusión que el Clawn había esbozado ayer, dejaba en claro que de verdad-verdad quería visitar su país de origen… ah, ¿que más daba? Luego se lo compensaría preparándole un pastelillo de fresas sangriento… lo último porque (sin que los demás lo notaran) agregaba pequeñas gotas de los suministros médicos de tal líquido carmesí, dentro de bolsitas plásticas, los cuales "pedía prestados" de los hospitales y solo tomaba lo necesario para que Piero saciara su sed de sangre, sin tener que recurrir a la "caza" para obtenerla.
El mayordomo-demonio tocó la puerta—. Piero-san… ¿estás despierto?
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Silencio…
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Sebastián volvió a tocar—. Vamos, Piero-san, lamento no haberte permitido ir a París, pero sabes que el Bocchan tiene más que suficientes razones para negarlo…
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Otra vez… Silencio…
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El demonio suspiró y pensó—. «Debe seguir molesto por lo de ayer…»
Por lo que sin más, al ver que no le respondía, Sebastián abrió la puerta y entró. Uy, a juzgar por el enorme bulto que se apreciaba debajo de las azuladas sábanas, en la cama al otro lado del ático, Piero continuaba dormido. Sebastián ladeó su cabeza negativamente, menudo vampiro tan holgazán. Sin más se acercó a la cama y con uno de sus enguantados dedos, pinchó suavemente una zona del bulto, donde debería estar la cabeza, ya que unos cabellitos negros sobresaliendo del borde de la sábana lo demostraban.
—Piero-san, ya es de día, despierta —pidió lo más suave y amable que pudo el mayordomo, con su sexy y aterciopelada voz. He de añadir que Piero era uno de los pocos vampiros resistentes a la luz solar, por lo que podía salir de día o noche, cuando se le antojara. Sebastián enarcó una ceja, al no recibir ningún "gruñido" o petición de "cinco minutos más" de parte del otro sirviente, como SIEMPRE que iba a despertarlo—. ¿Piero-san…?
Más intrigado que preocupado, el Michaelis apartó las sábanas y… su ceño se contrajo severamente enojado, incluso más que el de William cuando era acosado por Grell, al ver que el bulto debajo de las sábanas resulto ser un montón de cojines, mientras que encima de la almohada (haciendo de cabeza) yacía una sandía con una cómica peluca negra encima, y con una hilarante carita (que parecía guiñar un ojo y sacar la lengua) tallada en el centro de ella… el típico gesto burlesco del vampiro-payaso.
Apreció un papelito que sobresalía debajo de la almohada, al tomarlo y abrirlo, notó que era una carta con la letra de Piero en ella. Una vez leyó la carta, apretó levemente el papelito entre sus manos rabiosas, arrugándolo un poco pero sin hacerlo ilegible, en lo que susurró un: «Maldito payaso sin vergüenza»… Oh, esto no iba a ser nada grato para el Bocchan. Por lo que se dirigió a paso veloz al despacho de éste, se abstuvo de tocar para pedir permiso de entrada, al ser una situación de emergencia, por lo que solo abrió la puerta de madera de un empujón con sus manos.
Un Ciel sentadito en la silla frente a su escritorio, al otro lado del despacho, dio un leve respingo de sorpresa (soltando los papeles que leía en ese momento) por la entrada repentina de su mayordomo. Raro, muy raro, Sebastián SIEMPRE pedía permiso para entrar… pero el condecito se abstuvo de regañarlo esa vez, ya que la expresión del demonio mayor (entre enojo, alarma y más enojo) le dejaba en claro que algo grave había pasado y no había tiempo de esas formalidades.
—¡Bocchan! —Ay, si hasta la sexy voz de Sebastián sonaba alarmada y apresurada, eso no era usual en él.
—¿Sebastián? —Ciel frunció levemente su ceño, intrigado por ver al demonio mayor acercarse apresurado—. ¿Qué sucedió? —Sebastián únicamente le entregó la carta, a lo que el demonito más joven la sujetó intrigado y empezó a leerla. A medida que leía, el rostro del Phantomhive fue todo un delirio de expresiones cambiantes, llegando desde la curiosidad, hasta la incertidumbre y finalmente, un enojo tan o incluso mayor que el de su tía Frances cuando veía el peinadito de Sebastián—. Ese… ese… ¡ESE BASTARDO!
Fue lo que vociferó lleno de ira Ciel, en lo que su ojito visible, y no cubierto por su parchecito, pasó del azul zafiro al rojo-violeta brillante demoníaco, al igual que su pupila se tornó vertical, en lo que se levantó de su silla de un salto y estampando la carta contra su escritorio. ¡Ese maldito vampiro sin vergüenza, payaso y pervertido lo había desobedecido! ¿Que qué decía la carta? Pues, decía lo siguiente… ehem-ehem:
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«Saludos, a quien pueda interesar esto~
Aviso que me ausentaré de mis labores como mensajero de la mansión Phantomhive, ya que me tomaré unos pocos días de vacaciones para viajar a mi país natal… tuve que hacerlo sin despedirme, ya que un par de personas (aja, hablo de ustedes, Chibi-Bocchan y Pingüino-senpai~) seguro no me habrían permitido siquiera irme.
No deben alarmarse, ya que no pienso hacer nada malo y además, me lleve unas cuantas de las reservas de sangre, para alimentarme durante mi estadía en París.
¡Se les quiere mucho a todos por allá~! Cuídense, que Chibi-bocchan coma frutas y verduras, al igual que tome leche, para que crezca y ya no sea enano~
Firma: Piero Clawn~
PD: Compraré recuerdos para todos, cuando regrese de París. ¡Yaaaay~! ¡Comeré de nuevo mis amadas papas fritas~!»
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—¡Sebastián! —Llamó un aún molesto Ciel, con tono autoritario—. ¡Empaca lo necesario y ten listo el carruaje lo más pronto posible!
—¿Bocchan?
—¡¿Qué "Bocchan" ni que nada?! —Vociferó Ciel, en lo que posaba ambas manos sobre su escritorio—. ¡Apresúrate!
—¿Pero puedo preguntar para qué?
—¡Nos iremos a París hoy mismo! —Exclamó el demonito menor, ya con su ojito recobrando su color azul normal—. ¡Tomaremos el primer barco que vaya hacia allá y traeremos a ese vampiro bastardo de vuelta!
Sebastián se llevó una mano al pecho, haciendo una leve reverencia, diciendo su típico—. "Yes, my lord" —para luego retirarse del despacho y hacer lo que se le había indicado.
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[Piero POV]
Tan pronto había calmado mi sed, con la sangre del infeliz que asesiné previamente, me dispuse a volver a la casa abandonada de mi familia y seguir practicando mi francés… cuando… un extraño brillo blanquecino a mis espaldas (y del cual me cercioré porque la calle se iluminó ligeramente) llamó mi atención, me detuve en seco y alcé mi mirada. Oh~ cuál no fue mi sorpresa al ver a una linda chica de clara piel, ojitos verdes-amarillentos y cabellera azulada saltar de un tejado, empuñando una katana en mano y cortando con ella una especie de "línea luminosa" en forma de cinta de película. Me tenía intrigado, así que decidí… ¡seguirla y jugar un rato con ella~! No, no me mal-entiendan, pervertidos y pervertidas, que no me refería a "ese" tipo de juego… ¡Ujum~!
Por lo que ágil y sigilosamente salté a un tejado cercano, ocultándome detrás de una de las chimeneas y evitar que ella se cerciorara de mi presencia, al estar en otro tejado al frente. Con el mismo sigilo, salté y me acerque detrás de ella, rodeando con mis brazos su cuello y cintura… cuando algo llamó mi atención. El olor corporal de esa chica era ligeramente diferente, al de una persona normal, aunque me tenía intrigado… decidí ignorarlo, ya que no era algo importante. Ella al sentir mi agarre empezó a forcejear, desgraciadamente, no me esperaba recibir un codazo con la fuerza que ella impuso… ¡Ouch, eso sí que dolió! Por lo que mi agarre se debilitó, lo suficiente para que ella se liberara, alejándose de mí de un salto, empuñando su katana y girándose a encararme… la expresión de incredulidad de su rostro no tuvo precio~
—Buenas noches, preciosa~ —dije sonriendo relajadamente, con mis manos en mi espalda.
Vaya… en verdad que era preciosa la muchacha. Su piel blanca parecía resplandecer, al ser iluminada por la luz de la luna. Sus ojos verdes-amarillentos reflejaban cierto brillo sobrenatural y era… casi como ver a los ojos de la misma muerte… su cabellera de un inusual color azulado, iba atada en una linda coleta de caballo. Y su cuerpo… ¡Oh, dios, su cuerpo~! Era lindo, esbelto y sensual, cubierto por esas inusuales ropitas, pero bien formado, ya que seguro entrenaba mucho con esa katana que traía. Lo otro que pude notar, al momento en que la tenía cerca, es que era un poco alta. Al ver que ella seguía en cierto "shock" por verme (lo sé, soy tan sensual que las dejo a todas así la primera vez~), decidí romper el silencio y hablé de nuevo.
—Me llamo Piero Clawn, un vampiro francés con problemas para hablar tal idioma, a tu servicio~ —me presenté amablemente, dando una leve reverencia—. ¿Cuál es tu nombre, Samurai-chan~? —Ese apodo de último minuto se lo puse, por el arma que empuñaba.
—M-me llamo… Jill Sutcliff y… soy una Shinigami —se presentó ella, con cierta voz temblorosa, pero ya con su expresión tornándose seria. Fuuu~ ella no se veía tan linda seria, era más linda desconcertada, lo que me llegaba a preguntarme… si se vería aún más linda sonriendo~
—¿Sutcliff? —Repetí, enarcando una ceja. Sutcliff… Sutcliff… me sonaba familiar ese apellido, más no recordaba dónde lo escuché antes—. Uhm… Jill Sutcliff… y además, una Shinigami… ¡Lindo~! Aunque… —quité mis manos de mi espalda, para ponerlas frente a mi y juntar las yemas de mis dedos—. Creo que te seguiré diciendo Samurai-chan, ¡es más divertido~!
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[Jill POV]
Sentí una gota gorda resbalar por mi nuca, al escuchar las palabras del susodicho vampiro en frente de mí… su personalidad era tan rara como esa ridícula bufanda que traía… y además… ¿¡Cómo que Samurai-chan!? Aunque… ahora que podía apreciarlo un poco más de cerca, ese sentimiento de haberlo visto antes aumentó… pero… ¿por qué sería? De verdad, que no recordaba haberlo conocido antes, pero el sentimiento de que SÍ fue así no desaparecía de mí… pero… mis pensamientos se vieron interrumpidos, ya que el sujeto volvió a hablar.
—¿Sabes, Samurai-chan? Es un arma muy, pero muy curiosa la que tienes aquí~ —me dijo todo sonriente, en lo que observaba fijamente y sujetaba mi katana entre sus manos.
¡MOMENTO!
¿¡Sujetando mi kanata!?
En efecto, al darle un vistazo veloz a mi mano y luego a él, confirmé que sí la tenía entre sus manos enguantadas.
¿¡Cuándo diablos me la había quitado y sin que yo lo notara!?
—¿P-pero… cuándo-…?
—¿Te quité la katana? —Acabó mi oración, al ver que mi voz temblaba por la incredulidad—. Tengo mis métodos, preciosa~ —me envió una sonrisa amable, en lo que volvió a centrar su mirada azul-eléctrico en mi arma, sujetándola con su mano derecha—. Está perfectamente balanceada… su hoja está completamente recta y maciza, aunque tenga éstas inscripciones raritas grabadas aquí… —dijo juguetón, en lo que acariciaba la hoja con su mano izquierda, añadiendo—. Una arma muy linda y sensual… ¡Tal como su dueña~!
Sentí mi rostro sonrojarse levemente, por el tono entre juguetón y… sensual con el que Piero había hablado, pero inmediatamente recuperé mi compostura—. ¡Devuélvemela, ahora mismo!
Me arrojé hacia él, intentando recuperar la bendita Katana, pero el muy bastardo me esquivó dando un salto y posándose sin esfuerzo alguno sobre una chimenea cercana… además, el hambre y el cansancio que yo tenía en ese momento no eran de mucha ayuda… ¡Maldito seas, William amargado! ¡Si hubieras dejado que alguien me acompañara, ésta situación sería diferente!
—¡No lo haré! —Negó él, abrazándose cómicamente a mi katana, pero sin cortarse—. No… hasta que… ¡Me digas las palabras mágicas, Samurai-chan~!
—¡¿QUÉ?! —Exclamé molesta e incrédula, cruzando mis brazos frente a mi pecho—. ¿¡Qué palabras mágicas, ni que diablos!? ¡Y ya deja de decirme así, que me llamo Jill!
—¡Las palabras mágicas, daaaaah~! —Dijo haciendo un cómico movimiento con una mano, como si fuese la cosa más obvia del planeta—. Si tienes modales, deberías saber cuáles son.
Rodé mis ojos, fastidiada de la actitud infantil-caprichosa de éste sujeto, pero decidí unirme al juego para que me devolviera mi Death scythe—. Etoooo… ¿podrías devolverme mi katana, por favor?
—¡Meeeeeep! ¡Esas NO son las palabras mágicas, Samurai-chan!
Una enorme vena apareció a un costado de mi cabeza, a lo que le grité molesta—. ¿¡Entonces cuáles diablos son!?
—Ehem-ehem… —el tosió falsamente, como aclarando su garganta y en lo que hacía girar mi katana en una mano, como si fuera un ventilador, recitó en un canturreo—. «Oh, por favor, devuélvame mi katana, super-lindo y sensual Piero-sama~»
—¿¡Qué!? ¡No pienso decir eso! —Grité indignada y con mi cara más roja que el cabello de mi hermano mayor, a lo que él me dijo alzándose de hombros que entonces me despidiera de mi katana, por lo que suspiré pesadamente y recité lo que el había dicho. Pero Piero, en un puchero, me reclamó que no servía si yo no sonreía—. «Éste tipo… ¡me está sacando de quicio!» Ok, ok… —tomé una gran bocanada de aire, para calmar mi ira creciente y, esbozando una sonrisa radiante (ni yo sabía si era falsa o no), dije—. Oh, por favor, devuélvame mi katana, super-lindo y sensual Piero-sama~
—¡Awwwwww~! ¡Lo sabía, lo sabía! —Exclamó todo feliz y perturbadoramente sonriente, en lo que un aura de brillitos lo rodeaba—. Samurai-chan se ve mu~ucho más hermosa sonriendo~
—Ehem… —tosí, sacándolo de su burbujita de felicidad, extendiendo uno de mis brazos con la palma abierta al frente—. Ahora… mi katana…
—Uuuuuuuhm… —duró unos segundos en silencio, sujetando mi katana ahora con ambas manos, dándose leves palmaditas con ella en su mentón (sin herirse) y con sus azulados ojos entrecerrados, como en una expresión pensativa, hasta que finalmente y sonriendo, exclamó—. ¡NO QUIERO~!
Y tan pronto como el muy desgraciado gritó esa última oración, luego de sacarme la lengua burlona e infantilmente, solo pude ver como salía huyendo cómicamente a saltos por los tejados del lugar, en lo que se reía a carcajadas fuertes y divertidas. Una vena peligrosamente grande palpitó por mi nuca, a la vez en que salía a perseguirlo y dando saltos también, gritándole un pocotón de groserías y que me devolviera la condenada katana de una vez.
—¡Que divertido es esto~! —Escuché que exclamaba animado, dando saltos a sorprendente rapidez, que incluso a mí me costaba igualar su ritmo, (por mi estado) en lo que su bufanda y guardapolvo de agitaban por la leve brisa que soplaba—. ¿No lo crees, Samurai-chan?
—¡CÁLLATE Y DEVÚELVEME MI KATANA, COLMILLUDO BASTARDO! —Grité fuertemente, importándome un comino si algún mortal me escuchaba o nos veía saltar de tejado en tejado. ¡Solo quería mi Katana, con un demonio!
—¡SÍ! ¡ESE ES EL ESPÍRITU, SAMURAI-CHAN~! —Le escuché gritarme entre más carcajadas.
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[Piero POV]
¡Ja, ja, ja, ja~! ¡Oh, dios! ¡Ésta persecución de parte de Jill (Samurai-chan) Sutcliff era muchísisisisimo más emocionante y divertida que cuando Sebastián (Pingüino-senpai) Michaelis me perseguía por todo Londres, para quitarme mi amada bufanda! (¡Malvado, Pingüino-demonio, malvado~!) Solo que para mi alivio, no era por mi bufandita ésta vez, sino para recuperar su linda y sensual katana… ¡pero no! ¡Ahora era mía, mía y solo mía, muajajajajaja~! Nah, mentira, sí tenía planeado devolvérsela… ¡Pero quería divertirme un ratito y jugar más con ella! Continuamos saltando por varios tejados, encima de parisianos que no parecían cerciorarse de nosotros, hasta que salímos de la zona "baja" de la ciudad y llegamos a la más… romántica de París. Aunque solo yo fui él que lo notó, ya que ella seguía centrando su mirada verde y asesina en mí… ¡Uy, sí, que mieeeeeedo~!
—Que… me la… devuelvas… hijo de tu… —pero me detuve, intrigado, al no escucharla acabar esa oración-insulto.
Al girarme, pude notarla desmayada en el último tejado que salté. Uy… ahora que recordaba las palabras de Pingüino-senpai, me había dicho que los Shinigamis aunque eran seres sobrenaturales… no podían evitar sucumbir al cansancio, o al hambre, o al sueño, cosa que por parte de los demonios o (en mi caso) vampiros no era ningún impedimento. Además, la desagradable-sangre que había tomado anteriormente, me había dado esas fuerzas para jugar a las "pilladas". Por lo que de un salto me devolví y coloqué de cuclillas junto a ella, (dejando la katana a un lado de mí).
Tuve que girarla para que quedara de espaldas al suelo (o mejor dicho, techo), ya que se había desmayado de cara a éste… una vez lo hice pude apreciar su rostro nuevamente y ésta vez, mucho más de cerca… su precioso rostro inconsciente, con sus ojos cerrados y adornados por esas pequeñas y femeninas pestañas, casi como si estuviera apaciblemente dormida. Su pecho subía y bajaba suavemente, con sus labios levemente abiertos y respirando establemente, todo eso más la belleza que poseía, sin dudas me hicieron compararla con la Bella Durmiente. Ahora que lo notaba, traía puestas unas pequeñas gafas… si mal no recordaba, TODOS los Shinigamis eran más miopes que unos topos ciegos, por lo que SIEMPRE debían llevar puestas sus gafas.
—«Irónico… resulta muy irónico que la tan temida "muerte"… ahora esté así de vulnerable~» —pensé para mi, en lo que pinchaba suavemente con uno de mis dedos una de sus mejillas, a la vez en que con mi otra mano apartaba un mechón azulado de su rostro.
No podía evitar preguntarme cómo se vería sin esas gafas puestas, por lo que cuidadosamente se las retiré y… Awwww~ en efecto, se veía aún más linda sin esas gafas puestas. Por lo que me alcé de hombros, guardando las gafas en uno de los bolsillos de mi pantalón, improvisando una soga con una tira de mi guardapolvo para atar la katana y, finalmente, cargué a la Shinigami al estilo princesa. Lo único que se me ocurrió en ese momento y… al escuchar cierto "rugido de león" provenir del vientre de ella (Awwww, tenía hambre~), solté una leve risita y nuevamente empecé a saltar de tejado en tejado, dirigiéndome a la casa abandonada de mi familia.
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Hasta aquí el capítulo 2, sé que piensen que Ciel y Sebby salieron poquito, pero más adelante tendrán más participación :D
Como siempre, ahora espero ver 4 reviews mínimo para la actualización, ya que 4 fueron los últimos que dejaron y sería justo (¿) Venga, no sean tímidos y dejen un lindo y sensual Review :D
¡NOS VEMOS!
