¡Bueeeenas! Gomen por no subir antes, estaba carente de tiempo u.u

¡Gracias a "Ryoma Echizen - Prince", "Red'n'Yellow", "darkstein647", "Akashoujo948" y "Karenka Sutcliff Depp" por sus lindos y sensuales Reviews! Que los demás sigan su ejemplo, mis amores (¿?) ewe Aquí les dejo la actualización.

Ah~ ¿olvide mencionar que agregaré igual mi adorado Sebastián x Maylene (Mei Rin)? Bueno, que más da, disfrútenlo~ owo

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Disclaimer: Ni Kuroshitsuji ni ninguno de sus lindos personajes (oficiales) me pertenecen, sino a Yana Toboso-sama. Lo único mío es éste Fan-fic, algunos de los OC/s y las ideas planteadas… digo "algunos", ya que habrá otros OC/s propiedad de mi senpai del forito :3 Ejemplo: Piero Clawn es mi OC y Jill Sutcliff es la OC de mi Senpai del foro :3

Advertencia: Algunos aspectos serían una "continuación" del final del al anime (y del manga), como que aquí Ciel seguiría pequeño, pero con ya 14 años y además, sería demonio.

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Cap. 03: La huésped… ¿Y el payaso?

(Parte 01)

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[4 días antes…]

Sebastián ya había empacado todo lo necesario para la partida de su joven amo y él a París, pero debido a un clima poco prometedor, amenazando con fuerte lluvia y por tanto: impedimento para que las embarcaciones zarparan… tuvieron que resignarse a pasar esa noche en la mansión y proseguir con el plan de ir a París mañana en la mañana. Aunque claramente las preguntas de parte de Maylene, Bard y Finnian, así como explicaciones de parte de Sebastián, (sobre la ausencia de cierto vampirito-payasito-mensajero en la mansión) no pudieron faltar. Por lo que en lo que el mayordomo iba arreglando el carruaje, les tendió la carta donde Piero explicaba su "fuga temporal" a sus compañeros y joven señor.

¿¡Que Piero quéeeeee!? —Fue la pregunta unísona exclamada por el trío de sirvientes, boquiabiertos tras leer la carta de su más reciente compañero-sirviente.

—Jo jo jo~ —fue todo lo que dijo un Chibi Tanaka, sentadito cómicamente sobre el lomo de uno de los caballos.

—Así es —afirmó Sebastián, en lo que sujetaba amablemente al ancianito chibi y lo colocaba nuevamente en el suelo, a lo que el ancianito dijo un: «Joooo…» de decepción. Para luego cruzarse de brazos, adquiriendo un semblante severo, no por ningún desastre causado por los los sirvientes (todavía), sino por la bendita cartita esa—. Ese irresponsable se escapó por la noche y ya está en camino a París… o puede que incluso ya haya llegado.

—Pero, ¿por qué Piero-san haría tal cosa? —Preguntó con inocencia Maylene, llevándose una mano al mentón y notándose un poco preocupada.

«Pues porque ese bastardo no recibió autorización, ni del Bocchan ni mía, para irse a su tierra natal. Por lo que se fugó a determinada hora de la noche, con una maleta con las pocas pertenencias que tiene, dándose el auto-derecho para irse… me siento un completo idiota por no habérseme ocurrido que haría una cosa como esa, sin haberlo precavido… y lo peor de todo el asunto… ¡Es que se llevó esa MALDITA y ridícula bufanda!»

Eso era lo que surcaba por la mente del demonio-mayordomo, entre otros pensamientos que podríamos describir con imágenes de serpientes, sabandijas, alacranes, sapos, gatitos (aunque estos nada tienen que ver con su enojo~), y unos cuantos símbolos como: #$%&. Claro que no podía decirselos ni a su amada Maylene, ni a los demás, de esa forma tan "atrevida" y que reservaba solo para su mente, al ser un mayordomo sería una osadía hablar con tales palabras, por lo que tomó aire (calmando su ira interna), dejándolo salir en un largo suspiro y finalmente, habló.

—Lo más probable es que deseara realizar sus "espectáculos" de payaso en su ciudad natal —fue todo lo que dijo el peli-negro, esbozándose una media sonrisa que le dio ciertos nervios a sus compañeros, menos a la mucama, la cual ya hace tiempo que le había perdido el "miedo" al mayordomo… desde que se volvieron pareja—. Pero en fin… confío en que cuidarán bien de la mansión en mi ausencia.

—¡Señor, sí, señor~! —Exclamaron los tres sirvientes, llevándose una mano a la frente cada uno y como si de militares se tratasen.

—Jo jo jo~ —dijo igualmente Chibi Tanaka, sujetando su tacita con una manita y con la otra imitando la pose de los otros tres.

—Muy bien, debo ir a preparar en mis maletas lo que llevaré en el viaje, los veo más tarde.

Y dicho esto, el mayordomo regresó al interior de la mansión. Aunque bien no necesitara cosas como un humano normal, debía llevar una que otra camisa, pantalón y cosas así, nunca se sabía si debiera disfrazarse o algo. Una vez el cuartero de sirvientes se quedaron a solas, Bard y Finnian miraron fijamente a Maylene, casi expectantes, a lo que la (nerviosa) mucama preguntó qué sucedía. Ellos le preguntaron que si no pensaba pedirle a su superior que le dejara acompañarlos a él y al Bocchan para ir a París, cosa que desconcertó y sonrojó un poco a la pelirroja.

—¡¿Pero qué dicen, chicos?! Solo soy una mucama y… no podría atreverme a pedir tal cosa.

—¡Pero, mujer! ¡Finalmente Sebastián y tú tienen una relación plena! —Hablaba Bard, posando sus manos en los hombros de ella y agitándola levemente—. ¿Piensas permitir que se aleje no-sé-cuánto tiempo de ti, por una locura de Piero o una orden del Bocchan?

—E-etoooo, y-yo… —Maylene estaba sorprendida por esas palabras, era cierto… ya hace varios meses atrás (unos días antes de "reclutar" a Piero a la servidumbre Phantomhive) que ella y el hermoso mayordomo habían dado a conocer su relación más allá de lo laboral, cosa que le había alegrado a sus compañeros e incluso (secretamente) a Ciel, aunque intentó replicar.

—¡No, Maylene! —Ahora habló Finnian, igual de decidido que el chef a hacerla aceptar—. No debes sentir dudas, ni temores. Si Sebastián-san te ama, (cosa que ES así~) no debería negarte esa petición, ni el Bocchan tampoco.

Bard señaló al jardinerito y luego ha sí mismo, sonriendo con decisión—. ¡Cierto, cierto~! Tú tranquila, yo nervioso. Con Finnian, Tanaka y conmigo será suficiente para sobreguardar la mansión; durante la ausencia del Bocchan, de ti y de Sebastián~

La mucama dudó unos segundos, pero al escuchar a Tanaka decir un amable: «¡Jo jo jooooo~!», no pudo evitar sonreír y asentir—. ¡S-sí! Gracias, muchachos. ¡Eso haré~! —y dicho esto, valientemente y a paso veloz la mucama se dirigió hacia el interior de la mansión.

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[Jill POV]

Poco a poco fui abriendo mis ojos, los cuales fueron acostumbrándose lentamente a la iluminación del lugar. Comprobé que estaba dentro de un cuarto de contextura algo extensa, de paredes pintadas de un suave color crema, suelo café y sin mucho en especial, de hecho… los pocos muebles que habían en el cuarto (un tocador, un armario alto y una mesita) estaban cubiertos de polvo y poseían un color ceniciento adornándolos totalmente; parecía que no había sido limpiados hace años.

Me hallaba en el único mueble limpió allí, una cama de sábanas celestes y que cubrían mi cuerpo, que además poseía cuatro pilares en cada esquina, un techo y unas gruesas (e igualmente desempolvadas) cortinas de un tono rojo tan intenso, que hasta parecían alfombras en ves de cortinas. Tan pronto recorrí el lugar con mi mirada, logré ver mi preciada katana reposando en una esquina cercana al armario, ya guardada en su funda. Inmediatamente me re-incorporé en la cama, levantándome de un salto y dirigiéndome a sujetar mi Death scythe.

Ahora… ya con mi preciada arma recuperada, poco a poco mil y un preguntas se fueron agolpando en mi mente. ¿Dónde me encontraba? ¿Cómo había terminado allí? ¿Qué había sucedido ayer? ¿Dónde estaban mis gafas? (Pues no las traía puestas) Y la cereza del pastel…

—¿Dónde estará ese bastardo colmilludo? —Aja, me refería al tal Piero Clawn, o cómo fuera que se llamara el condenado—. Más le vale no haberme hecho nada mientras me quedé inconsciente, o si no lo voy a-…

Pero no pude buscar la respuesta a todas esas preguntas y tampoco acabar mi última amenaza… ya que el desconcertante sonido de pasos acercarse a la habitación, me hizo dar un respingo y buscar velozmente con mi verdosa-amarillenta mirada un lugar donde ocultarme, hasta que la centré en la cama de cortinas-cual-alfombras… no perdí tiempo, dichas cortinas se corrieron y terminé ocultándome velozmente en el lugar escogido, justo cuando el sonido de la puerta abriéndose se escuchó en el lugar…

Hizo acto de presencia el ya conocido paliducho peli-negro y oji-azul entrando, solo que ahora iba sin su guardapolvo negro, pero conservaba la (ridícula) bufanda, dejando al descubierto su atuendo de camisa blanca con rayas negras (cual bastón monocromático de dulce) y mangas largas, que sobresalían de un chalequillo azul oscuro, junto con pantalones negros y zapatos casuales cafés, al igual que sus guantes blancos. Iba cargando entre sus manos una pequeña bandeja de madera, sobre la que reposaba una cubierta/tapa redonda, tal vez ocultando algunos alimentos y…

¡MOMENTO!

¿¡El muy bastardo traía puestas mis gafas!?

Con un demonio…

¡Sí, las traía puestas en su paliducho rostro!

¡Colmilludo sinvergüenza chupa-sangre y secuestrador además!

—¡Buenos días, Samurai-chaaaaan~! —Le escuché canturrear, apenas entró al cuarto y aún llamándome por ese molesto apodo—. Te traje el… ¿Desayuno?

Pero no acabó su aviso, al notar un par de cosillas importantes y diferentes desde su entrada allí. Primero: mi katana no estaba en el sitio que la dejó. Segundo: no me apreciaba en la cama. Tercero: lo anterior se debía a las gruesas cortinas abiertas y que cubrían el interior de la cama. Sonrió, en lo que los pasos que daba se acercaban hacia la cama, deteniéndose frente a ésta, he de señalar que sujetando la bandeja solo con su mano derecha y la… apartó de un tirón veloz… entonces…

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[Piero POV]

Ah~ que felicidad sentía en esa mañana. Luego de tanto tiempo y de hace poco volver a mi "ex-hogar, dulce, ex-hogar"… ¡Tenía una invitada~! Y nada más ni nada menos que una linda y sensual Shinigami… Sí, sí, cuando la «secuestré» estaba inconsciente… pero era lo mismo para mí, inconsciente o no: era mi invitada e iba a atenderla apropiadamente~ Ayer la había dejado dormir en la cama de la habitación de mi (hace siglos difunta) hermanita menor, mientras yo descansaba en mi respectiva y empolvada, pero cómoda ex-habitación propia.

A la mañana siguiente, madrugué (cosa que admito que es una hazaña que haga, pero es que necesito mis reparadores sueños de belleza~), para prepararle a la Shinigami un lindo y sensual desayuno (como ella~) un tanto… improvisado. Pero ese no era el caso importante, sino el hecho de que entré a la habitación que le asigné y… Primero: su katana no estaba en el lugar donde la dejé. Segundo: no podía ver a la invitada dormir en la cama. Tercero: lo anterior era porque las cortinas estaban abiertas, impidiéndome la visión del interior de la cama.

Tan pronto me acerqué, sujetando la bandeja con el desayuno en una de mis manos, sonriendo dije—. Uy, la Bella durmiente ya despertó. Vamos, linda, sal de allí, que te preparé el desayuno~

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No recibí respuesta.

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A lo que me alcé de hombros, llevando mi mano disponible hasta las rojizas cortinas y una vez las sujeté… las corrí de un tirón… esperando encontrar a mi invitada apuntándome con su katana sobre la cama, pero… no estaba allí. Pocos segundos después y para mi sorpresa, un sonido fuerte de un par de puertas viejas abriéndose de golpe (presumiblemente las del viejo armario del lugar) se escuchó a mis espaldas, a la vez en que sentí la frialdad de la hoja de la conocida katana rozar mi garganta y… awww~ era Samurai-chan, que me tendió una trampa al esconderse en el armario y ahora me amenazaba con cortarme el cuello si imponía resistencia, ¿no era un encanto de mujer~?

—¡Quieto! —Escuché que me gritaba, con tono decidido.

—Vaya, con que a la niña le gusta rudo, ¿eh~? —Dije muy confiado y en un tono que además de burlón, me hizo sonar hasta cierto punto: seductor.

—¡Deja de burlarte! —Me gritó, presionando más la katana en mi garganta pero sin cortarme, quizás solo quería hacerme sentir miedo o algo por el estilo… ¡IN-GE-NUA~!

—Yo que tú tendría más cuidado con eso, Samurai-chan… —le dije sin inmutarme, en lo que giraba ligeramente mi cabeza para verla. Un ligero rubor apareció en su lindo rostro, ya que el mío estaba a pocos centímetros y sonreí de medio lado—. Una chica tan linda, no debería empuñar un arma tan peligrosa~

—¡C-cállate, bastardo! —Intentando no sonrojarse más, frunció su ceño y de un ciertamente agresivo empujón, me tiró de cara a la cama, aún manteniendo su katana contra mi cuello (y de milagro yo no solté la bandeja, aún sosteniéndola en la respectiva mano)—. ¡Y entrégame de una vez mis gafas!

—Ujujui, Samurai-chan, ¿manteniéndome en ésta pose y estando encima de mí-…? —Con un poco de esfuerzo (por la fuerza con la que Jill me aprisionaba de cara al colchón) pude alzar y girar mi cabeza levemente, para encararla (efectivamente, con sus gafitas aún adornando mi sexy rostro)—. ¿-… segura que no quieres que te entregue "otra" cosilla~?

Resultado de esa "lógica" teoría mía: una Jill con sus ojitos verdes abiertos de par en par, con su linda y sensual carita totalmente roja, semejable a un tomate maduro, o ha la sangre fresca y pura que hace mucho yo no bebía; además de que se distrajo tanto por ese comentario… que pude sentir como su presión en mi garganta con su katana se aflojó. Entrecerré mis ojos, sonriendo y de un veloz movimiento (que ella no pudo evitar por su distracción), arrojé la bandeja unos metros hacia arriba, a la vez en que sujeté tanto la muñeca con la que agarraba la katana como la libre, haciendo uso de mi mano disponible (la izquierda), tirando de ella y haciendo que ambos giraramos en la cama.

Ahora los papeles cambiaron, siendo yo quien estaba encima de ella (sentado en su cinturita~) y quien le aprisionaba contra la cama, quedando ella de espaldas a ésta. Ah~ la expresión de desconcierto que tenía, mirándome con sus ojos más abiertos y aún más roja que antes, no tuvo precio alguno. Sonreí, a la vez en que sin soltar sus muñecas con mi mano izquierda, extendí mi brazo derecho con la palma abierta y (con algo de suerte, ligada a mis cálculos) atrapé la bandeja del desayuno que caía en picada. Oh, sí, no había perdido mi toque e incluso ver a Pingüino-senpai atrapar todo lo que Maylene arrojaba al aire al tropezarse (ya fueran cajas o platos) me había ayudado, ¡yay~!

—¿Ya quieres desayunar, linda~? —Pregunté, sonriendo entre amable y burlón, por sentir como ella forcejeaba para liberar sus muñecas de mi agarre izquierdo. Coloqué cuidadosamente la bandeja a un lado nuestro, sobre la cama, dispuesto a retirar la cubierta plateada que ocultaba el desayuno que preparé.

—¡¿Desayunar?! ¡¿DESAYUNAR?! —De no ser consciente de que era Shinigami, y que sus ojos por tanto eran verdes-amarillentos, hubiera jurado que despidieron un brillo carmesí, semejable al de mi Pingüino-senpai cuando se enojaba mucho—. ¡Lo que quiero es asesinarte, bastar-…! ¡HUM!

No la dejé acabar ese muy seguro insulto, ya que cuando retiré la tapa/cubierta de la bandejita y descubrí el (improvisado) desayuno, (que constaba de un platito de papas fritas, un platito de fresas -como postre- y un "intento" de los famosos "Panes de curry" de mi Pingüino-senpai… el cual no me quedó ta~an mal, solo quedó más o menos quemado que uno de los alimentos que pirotécnico-san -aja, hablo de Baldroy- me obligaba a comer en la mansión), sujeté el "carbón de curry" y se lo metí de lleno a su linda y sensual boquita, callándola. Sí, todo lo preparé yo. ¿Que si preparé las papas contándolas de una a una, con un cuchillo? Nop~ Lo resumiré con las siguientes palabras: ¡Una bazuca, con mu~uchas papas encima y una raqueta, siendo sujetada por mí! Usen su imaginación para unir todo eso~

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[Jill POV]

Solté un gruñido ahogado, a causa de la "cosa" negra que Piero me había metido en la boca. No pude evitar darle una mordida a la cubierta… tragando y… ¡Oh, por amor de-…! ¿¡Pero qué clase de veneno me había dado a probar éste bastardo!? ¿¡Ese tono de quemado era natural!? Y encima… ¿¡Qué diablos era eso!? Sospechaba que era un pan, por la forma redondeada-ovalada, pero por el sabor y textura "crujiente", no estaba segura.

Encima no podía usar una de mis manos para sacarlo de mi boca, ya que mis muñecas eran aprisionadas por ese paliducho condenado y que además… ¡Aún no se quitaba mis gafas! Tuve que cerrar mis ojos, para impedir que unas lágrimas escaparan de estos. No, no por miedo a causa del peli-negro ni nada de eso… ¡Sino por el condenado "pan" o lo que fuera! ¡Estaba tan quemado que era un suplicio probarlo y…!

—¿Hum? —Una vez el mal sabor de la cubierta quemada desapareció, siendo reemplazado ahora por un sabor más suave, abrí mis levemente humedecidos ojos, con sorpresa. Al saborear una sustancia algo líquida y para mi sorpresa, con un sabor bastante…—. «Delicioso…»

Pensé, tragandome lo que sea que fuera el líquido y a la vez en que Piero retiró unos momentos el pan de mi boca. La sonrisa que tenía ya no era burlona, era más bien… amable. Encima y (aunque odiara admitirlo), con sus ojos cerrados, se veía ciertamente tierno. Tras oírle preguntarme qué me parecía el sabor del alimento (al parecer llamado "Pan de curry", por palabras suyas), no pude evitar apartar mi mirada, con mis ojos cerrados y actuando orgullosa. ¿Que si me gusto? Pues… sin contar el inicial sabor quemado, mentiría si dijera que no me gusto al final. ¿Que si iba a admitirlo abiertamente? ¡Pues claro que NO! Aún sin verle directamente a la cara, (más que de reojo) me limité a hacer un leve asentimiento de cabeza.

—No… está tan mal —solté, queriendo oírme tajante, pues (luego de todo por lo que me hizo pasar) no le daría el gusto total al Clawn.

—Mentira~ —Dijo él, riéndose a carcajadas. Dios… ¿¡Es que SIEMPRE tenía que reírse de esa forma desquiciada!? Una vez dejó de reír, pero sin perder esa maldita sonrisa en su rostro, añadió—. Aunque puede que la parte quemada no supiera bien, lo admito ya que es mi primera vez cocinando esto-… —miró unos segundos el pan que sostenía con su mano derecha, con cierta ironía, para luego verme nuevamente—. ¡…- El curry del interior seguro te encantó~!

El escuchar que mi vientre (traicionándome) soltó un rugido de ruego, su sonrisa se ensanchó hasta que se vieron sus pequeños colmillos, en actitud triunfante. Chasqueé mi lengua, rodando mis ojos con fastidio, al verme descubierta. Cuando le escuché preguntarme sí yo quería comer sola… o que él me diera toda la comida (cosa que dependería de si soltaba o no mi katana), le respondí secamente que prefería comer por mi misma.

Él se alzó de hombros, aceptando mi decisión, pero preguntando antes de quitarse—. ¿Palabras mágicas~?

¡NO DIRÉ "ESO" DE NUEVO!

—Fu fu fu, aguafiestas~ —soltando un bufido y contrayendo sus cejas, me miró fijamente… entrecerró sus ojos, acercando su rostro a uno de mis oídos—. Entonces… si te niegas a decirlas… yo… cobraré el precio~

Lo escuché ronronear eso directamente en mi oído; provocando que un escalofrío se aventurara por toda mi columna vertebral e hiciera que mi cuerpo se tensara inmediatamente. De reojo, pude verlo sonreír ante esto, a la vez en que añadió, aún en susurros.

—Tengo hambre… como recordarás, ayer me vi obligado a alimentarme de "aquél" porque no tenía más de mis "suministros"… pero… —a medida que hablaba, pude sentir como acercó sus labios a mi cuello, lamiéndolo levemente, haciéndome dar un respingo y sonrojarme más—. Hace ya un tiempo que tengo la duda acerca del sabor de la sangre de los Shinigamis… y teniéndote aquí, a merced mía… ¿no sería interesante descubrirlo~?

—Atrévete… y te juro que-…

—Shhhhh~ —llevó uno de sus dedos de su mano derecha hasta mis labios, (ya que colocó el pan de curry en su plato, sobre la bandeja), callándome y recuperando su sonrisa traviesa, añadió—. ¿De verdad me creíste capaz de ello? ¿De morder a mi propia invitada~? —Ahora dirigió esa misma mano a su rostro, sujetando suavemente mis gafas y volviéndolas a colocar sobre mi nariz, empujándolas suavemente con uno de sus enguantados dedos, hasta acomodarlas frente a mis ojos—. Que mala eres, Samurai-chan~

Para mi sorpresa, no solo soltó mis muñecas (aún consciente de que sujetaba mi katana todavía), sino que se retiró de encima mío, para sentarse en un borde de la cama y mirándome atentamente, conservando esa sonrisa traviesa pero calmada. Yo poco a poco fui sentándome en la cama, viéndolo con desconfianza, sin soltar mi katana pero sin intenciones de atacarlo a menos que le viera hacer algo raro. No fue sino hasta pocos segundos después que se levantó, estirándose y dirigiéndose hacia la puerta.

—Bueno, tengo otros asuntos que atender, termina tu desayuno y avísame cuando lo hagas —le oía decir todo relajado, en lo que abría la puerta del cuarto, pero antes de salir, añadió girándose a verme—. Si no tienes ninguno de tus "asuntos laborales" pendientes, eres libre de recorrer ésta mansión, pues eres mi invitada… Buen provecho, Samurai-chan~

Una vez dijo eso último, atravesó la puerta y se alejó por el pasillo. Estuve estática mirando unos segundos hacia la puerta, pensando profundamente (e inconscientemente empezando a comer los alimentos de la bandeja, iniciando por el pan de curry)… aún con lo que había visto ayer y esa actitud sanguinaria (o bipolar) de Piero, no parecía un vampiro que atacara sin razón. La de ayer lo hizo en parte para alimentarse y para salvar a aquella chica.

Pero… quedaba intacta mi sospecha de que también fuera Piero el culpable de las muertes de tantos mortales en París, aunque… otra parte de mí y sin saber por qué esperaba estar equivocada en esa ocasión. Si Piero (suponiendo que fuera el asesino) continuaba causando esas muertes inusuales, los del departamento Shinigami o el mismo William-senpai podrían verse en la obligación de… encargarse del causante del desequilibrio de las muertes… es decir: EXTERMINAR.

Negué con violencia, intentando sacar todas esas angustias de mi mente, una vez acabé mi desayuno y ya sintiéndome revitalizada por ello, me levanté. Guardé mi katana en su funda, para sujetar la bandeja de madera y salir de la habitación. Buscando al susodicho vampiro para avisarle que ya había acabado… y en parte agradecerle por prepararme el desayuno, por más orgullosa que fuera, sabía cuándo mostrar mi gratitud si me hacían algún gesto… a mi manera, claro está.

A medida que caminaba por los pasillos, les daba unas cuantas miradas a los cuadros que colgaban por las paredes, aunque estaban igual cubiertos de polvo, eran suficientemente visibles las imágenes. Un cuadro en específico llamó mi atención… era pequeño a comparación de los demás, pero era el que mejor se veía e incluso parecía haber sido limpiado recientemente…

En la imagen pude reconocer a Piero un tanto más joven (y no tan paliducho como ahora), vestía ropas algo más "finas" de tonos oscuros, mientras que estaba recostado debajo de un árbol y reía de forma serena, casi dulce. Entre sus brazos, cargaba a una pequeña niña menudita, de ojos azules eléctricos (iguales a los de Piero) y cabellera rubia, atada en una coleta de caballo, llevaba un lindo vestido escarlata e igual de fino. Ella se reía también, en lo que rodeaba el cuello del mayor con sus pequeños brazos. ¿Se trataría de su hermana o algo así? Era extraño… nuevamente, esa sensación de conocer no solo a Piero, sino a la niña del cuadro, se hizo presente en mi pecho. Casi… como nostalgia… ¿Por qué? ¿Por qué sucedía esto?

—Dios… —susurré para mi misma, en un suspiro pesado. Decidí no darle más vuelta al asunto, continuando mi búsqueda del Piero real y actual, pero al cruzar por un pasillo… una perturbadora cosa blanca y en parte colorida me desconcertó—. ¡¿PERO QUÉ DIABLOOOOOS?!

Fue lo que grité y que estoy seguro que se escucho no solo por toda la mansión, sino por todo París e incluso toda Francia y sus alrededores. El cual preferí a causa de la… la… cosa… que había frente a mí, esa cosa era nada más y nada menos que…

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¡LOS DEJO CON LA INTRIGA! ¡MUAJAJAJAJAJA! ¡MUAJA-…! *Le arrojan un zapato a la cara* ¡KYAAAAA! X.X Bueh, bueh, no se enojen, solo déjenme (ahora) 5 Reviews, si quieren saber qué vio Jill ewe

¡NOS VEMOS!