La luna llena se reflejaba en sus ojos azules y arrancaba destellos de su cabello negro. Trató de soltarse revolviéndose contra mi cuerpo, logrando una reacción que me tomo por sorpresa, en cuanto ella lo notó se quedó quieta, dibujando una sonrisa en su rostro.

- No eres tan inofensivo como creía Weasley - cuando sus labios tocaron los míos me quede en shock, Pansy Parkinson me estaba besando. Pude sentir su lengua acariciando mis labios, no podía ser cierto, sin darme cuenta afloje el agarre de mis manos, ella se soltó empujándome mientras reía, se alejó sin voltear, dejándome con un maldito problema bastante visible.

La noche siguiente mis traidores pies me llevaron de nuevo al pasillo donde la encontré. ¡Sí, claro!, lo que quería era volver a verla, volver a sentir su cuerpo, aunque en ese momento no lo admitiría.

A la misma hora y en el mismo lugar, para mi sorpresa, alegría y desgracia la encontré, estaba de espaldas, me permití recorrer su cuerpo con la mirada, podría aprobar los cursos con la mínima calificación pero estaba buenísima, sí, es una serpiente, es Parkinson y no debería desearla así, pero el cuerpo es cuerpo.

- Parkinson, ¿tu noviecito Malfoy volvió a dejarte plantada? - se giró hacía mí, la mueca de perro rabioso había desaparecido de su rostro haciéndola ver más ¿humana?

- Hace tiempo que Draco tiene ocupaciones más importantes que encerrarnos en un salón oscuro - en ese momento desee arrastrarla a uno de esos salones, pero me mantuve en mi lugar.

- ¿Y tú Weasley, donde está tu noviecita, se cansó de ti? - comenzó a acercarse a mí, me gustaría decir que me quede tranquilo pero la verdad desde la noche anterior, sentirla tan cerca me ponía nervioso, desafortunadamente para mí, ella se dio cuenta.

- ¡Weasley, no muerdo!, bueno, solo un poco, pero te aseguro que te gustará - lo siguiente que sentí fueron sus labios, en ese momento olvidé quién era y le correspondí, la pegue en un pared y ella enlazó sus manos en mi cabello, nunca me habían besado así, haciéndome sentir tan vivo, aunque sabía que estaba a las puertas del infierno con uno de sus demonios. El reloj del colegio hizo que nos separáramos, las rondas habían terminado y debíamos regresar a nuestros dormitorios, como la primera vez se alejó sin voltear.

- Sabía que vendrías - me maldije por estúpido, ¿qué rayos hacía yo?, tenía novia y tenía a Hermione, si es que algún día volvía a hablarme.

- No te equivoques Parkinson, lo de anoche no volverá a pasar - traté de sonar lo más relajado posible, pero la verdad quería lanzarme sobre ella.

- Vamos Weasley, no digas idioteces, sabes que mi mordida te gustó - y vaya que me gustó, tuve que darme una larga, larga ducha con agua fría.

- ¿Qué te hace pensar eso, Parkinson? - orgullo Gryffindor hasta el final, pero era una serpiente, jugó sucio, se acercaba a mí despacio, mirándome fijamente. Piensa en Lavander, mala idea, malísima, piensa en Hermione, sí, me tranquilice un poco.

-Porque ni tu novia ni Granger pueden besarte como yo - ¡juego sucio!, y todo se fue al carajo, nuevamente acabé apretándola contra una pared, besándola como solo besaba a mi castaña en sueños, pero como las veces anteriores el maldito reloj nos interrumpió y ella se fue sin voltear.

De nuevo llegue al mismo sitio, ella me esperaba como las otras noches, sonreía de manera arrogante como siempre pero en sus ojos un brillo que no había visto antes que la hacía ver diferente, más humana, más femenina, más… bonita.

- ¿No se cansa de abandonarte? - se queda callada no parece tener ganas de discutir, se acerca y rodea mi cuello con sus manos blancas y finas, y un escalofrío recorre mi espina dorsal, no debo caer de nuevo, es una serpiente, es Parkinson y me sonríe.

- ¿Por qué estás aquí, Weasley? - qué clase de pregunta es esa, si ni yo mismo sé la respuesta, solo sé que estoy aquí, por ella, sonríe, Merlín, de nuevo sonríe, es que se burla de mí, seguramente - eso pensé - me dijo y no me importa que carajos significa porque ha vuelto a besarme y todo desaparece de nuevo, pero no es igual que otras noches.

La incertidumbre me invade, debo pensar, aunque en esos momentos sea tan endemoniadamente difícil, qué pasará después, algo cambiará o todo será igual. De pronto un ruido, alguien viene y si nos ve, lo que sea que está pasando, se esfumara en un segundo, por un momento creo que saldrá corriendo, que dirá que la estoy molestando, que se burlara de mi para que ese intruso que se acerca no sospeche lo que hace unos momentos hacían un león y una serpiente en un pasillo desierto cerca de la media noche, pero me sorprende.

- Silencio - susurra cerca de mi rostro poniendo uno de sus delicados dedos sobre mis labios, me toma de la mano y nos alejamos, se detiene frente a una puerta, me hace entrar y cierra la puerta tras de sí, sin darme tiempo a nada se enrosca en mi cuerpo, invade mi boca, el suelo ya no existe bajo mis pies y me aferró a su cuerpo que es lo único que siento real.

Sus manos abandonan mi nuca resbalando por mi cuello, se separa un momento, sus manos llegan a mi corbata deshacen el nudo con calma, le sigue un botón y luego otro, ahora soy yo quien la besa, recorro su espalda fina de arriba hacia abajo, la siento estremecerse bajo mis caricias, no puede ser cierto pero lo es, lo comprendo cuando siento un ruido escapar de sus labios. La tela de mi camisa resbala por mis hombros seguida muy de cerca por sus manos, que no se detienen, vagan por mi pecho, por mi abdomen cosquilleando, incendiándolo todo a su paso, busco los botones de su blusa abriéndolos uno a uno. Los besos son más largos, más intensos, no se detienen en la boca, recorro su mandíbula, siento en mis labios su corazón latir desbocado bajo la piel de su cuello, me hundo en su escote, y las manos no dejan de avanzar, de conquistar más piel con cada caricia que logra que la sangre de mi cuerpo se dirija a un sitio en particular, mis manos suben por su abdomen, arriba, más arriba, debajo de la ropa y se detienen antes llegar al escote, se cierran apretando, masajeando y de nuevo ese ruido se escapa de sus labios siendo acallado por mi boca.

Todo es calor, todo es sofocante, mi respiración se acelera, la siento moverse contra mi cuerpo, ahora soy yo quien jadea y ella vuelve a moverse, la aprieto contra mi cuerpo y ya está, olvido mi nombre y que estoy en un aula vacía con una serpiente venenosa. Hace calor, más calor del que he sentido en toda mi maldita vida cuando mis pantalones caen yendo a parar al suelo junto a su falda, ya no hay vuelta atrás, siento su cuerpo bajo el mío, su piel tan suave, tan dulce, tan tibia. Siento sus labios en los míos, en mi cuello, sus manos suben y bajan por mi espalda, mis hombros, mi pecho, por ese lugar al que ninguna mujer antes ha llegado y no puedo pensar en nada más que en ella, mis manos también se mueven, se cierran de nuevo en su pecho, acarician sus piernas, la parte interna de sus muslos y más arriba, un poco más y se encuentran con el encaje que cubre la parte del cuerpo que más ansío tocar, cuando lo logro, lo único de lo que soy consciente es de que acabo de expulsar todo el aire que, sin saberlo, he estado conteniendo y ella hace lo mismo. Pero mi cuerpo comenzaba a reclamar más, necesitaba más, nuestros ojos se encuentran por fin, sus ojos de zafiro están fijos en los míos, acaricie su rostro, se veía tan frágil, tan indefensa.

- Adelante - me susurró al oído y la bese con suavidad, por primera vez desde que empezamos con esto, me interno en ella poco a poco, disfrutando de todas y cada una de las sensaciones que esto me provoca y que ella, por la expresión de su rostro, también está sintiendo y todo se disuelve, se desvanece y carece de importancia. Su corazón late con fuerza contra mi pecho, puedo sentirlo, oír su respiración y la mía al unísono, somos uno solo en ese momento, o al menos así lo siento yo, en ese instante, ella es completamente mía, se estremece, jadea, repite mi nombre y algo explota en mi interior que me hace sentir el ser más poderoso del mundo, capaz de acabar con el idiota de Voldemort en ese instante, aunque después de esto no pueda ni pronunciar el nombre del bastardo.

Sí, caí en la tentación, no pude, ni quise hacer nada para detenerlo, con mi querida serpiente llegué a donde no lo había hecho con nadie, la toque y bese a mi antojo y ella hizo lo mismo conmigo, regresamos al pasillo donde nos encontramos, me beso por última vez esa noche para después alejarse hacía su dormitorio, pero hizo algo diferente, por primera vez volteo a verme y me regalo una sonrisa diferente, cálida, impropia de ella y continúo su camino, yo emprendo el mío, sonrió en mi cama al recordar todo lo que viví esa noche, sabía que lo que sea que tenemos solo estaba comenzando.

Durante el día seguiría siendo el mismo Ron Weasley, novio de Lavander Brown, enamorado en secreto de mi mejor amiga Hermione Granger, el mejor amigo de Harry Potter y estudiante promedio. Por las noches era alguien diferente, era el amante de Pansy Parkinson, sin problemas, sin celos, solo ella y yo, aunque en el día ni siquiera nos miráramos. Pero ¿cuál prefería ser?