Estuve a punto de morir de no ser por Harry, al parecer después de todo si podía pasarme algo más.

Pase varios días en el hospital. Mis amigos me visitaban diario, Lavander venía de vez en cuando porque siempre me encontraba dormido, no tenía ganas de verla.

Harry seguía con sus sospechas sobre Malfoy, Hermione las descalificaba y yo prefería no saber nada, ese maldito asunto había provocado que… ¡Bah! Ya no importaba.

Lo importante era que Hermione me había perdonado por comportarme como un desgraciado patán, me visitaba ella sola, debería sentirme feliz de que quisiera estar conmigo, pero no era así, digo, me alegraba que volviera a hablarme, pero ya no sentía lo mismo por ella. Al verla era como si a Ginny le salieran rizos y su cabello se tornara color chocolate. Había deseado por tanto tiempo que ella me correspondiera que dolía añorar algo que jamás sucedió ni sucederá.

La última noche que pasaba en la enfermería.

Madame Pompfrey me dijo que ya no había restos del veneno en mi organismo y que sería dado de alta al día siguiente. Si solo supiera que el verdadero veneno que terminaría por matarme no era precisamente el que tome en mi cumpleaños. No podía dejar de pensar en ella, de soñar con ella, era absurdo, una locura, ella es una víbora venenosa que solo me uso porque su noviecito la ignoraba.

Era cerca de la media noche, no podía dormir, pensar en que la vería al día siguiente: altiva, orgullosa y sin ese brillo en los ojos que tanto me gustaba. ¡Carajo!, qué no podía pensar en otra cosa, ella no debía importarme, así como yo no le importé. ¡POR MERLÍN, SOLO FUE SEXO!

De pronto escuche pasos, pensé que sería la enfermera y en su lugar vi a una figura menuda cubriendo su rostro con una capucha, tome mi varita para defenderme cuando la capucha cayo en sus hombros. No podía ser, no quería creerlo, sin embargo el calor de su cercanía, su olor, sus ojos…

¡PLAF!

Me lleve la mano a mi adolorida mejilla, Parkinson estaba frente a mí, con el rostro alzado, la barbilla temblorosa y los ojos húmedos. Me había golpeado de nuevo.

- ¿Qué diablos te pasa? - le dije tratando de contener la ira que amenazaba con crecer.

- ¡Pensaste que podías morirte así como así! - no tenía ni idea de lo que hablaba pero no tenía tiempo para averiguarlo, se lanzó sobre mí golpeándome con los puños mientras me decía idiota, estúpido, tome sus muñecas entre mis manos inmovilizándola, sus ojos de zafiro me miraban a escasos centímetros de distancia, se veían más brillosos por las lágrimas contenidas.

- ¿Qué me hiciste? - preguntó mirándome a los ojos, acercando su boca a la mía. La forma de besarme, el sabor de sus labios, los extrañaba, la solté para abrazarla y ella puso sus manos sobre mi pecho. El veneno que recorría mi cuerpo reaccionó a su cercanía acelerando mi corazón, estaba seguro que ella lo sentía desbocado bajo su tacto.

- Te alegra verme - dijo riendo, si, ya lo había notado, esperaba alguna otra burla y en lugar de eso llevo mi mano a su pecho, pude sentir su corazón latir a la par del mío - a mí también me alegra verte - volvió a besarme. Yo no quería dejar de besarla pero era necesario. ¡Qué estúpida necesidad esa de respirar!

- No sé qué le pasa a Draco - dijo sentándose a mi lado en la cama.

- No tienes que hacerlo - la interrumpí, no quería que pensara que estaba con ella para obtener información, no, la triste, patética y horrible realidad es que estar con Pansy Parkinson me gustaba.

- Es todo lo que se, ha estado actuando muy raro desde el verano y se desaparece constantemente, Zabinni y Nott dicen que seguramente se ve con alguien - continuo, ignorando mi comentario.

- ¿No te molesta que se vea con otra? - pregunte y me arrepentí al instante, no soportaría que me dijera que le dolía que ese malnacido estuviera con otra.

- Él puede estar con quien quiera, es su vida, a mí no me afecta - dijo encogiendo los hombros - solo estuvimos juntos un par de veces y ya, pero todos piensan que fue algo más - no puedo negar que me sentí feliz, a ella no le importaba Malfoy - además no creo que sea eso, nunca me ha ocultado sus deslices y está vez no me ha contado nada - estuvo mirando a la nada unos minutos.

- ¿Qué me hiciste Weasley?, - se alejó de mí bruscamente - no debería estar aquí, no debería estar molesta por que casi te matan, no debí pasar la noche en vela lloriqueando cuando me entere que te envenenaron, ¡responde, carajo!, ¡¿qué demonios me hiciste?! - se sentó de nuevo en la cama dejando que las lágrimas corrieran por sus mejilla. Yo solo podía mirarla, ella estuvo preocupada por lo que me pasó y al comprenderlo mi traidor corazón dio un vuelco.

- Siento como si me hubieras herido, maldito león, siento tus zarpas en un lugar que no sabía que podría dolerme - río sin gracia llevando nuevamente mi mano al lugar donde está su corazón - y cuando estoy cerca de ti esa herida acelera mi pulso, reconociéndote - no la deje seguir hablando, la abrace y la recosté a mi lado, quería estar así con ella, solo abrasándola, sintiendo su calor. ¡Que cursi soné!

- Siento como si me hubieras mordido, maldita víbora, siento tu veneno en un lugar que no sabía que podría dolerme por ti - trate de usar su palabras para decirle que yo sentía lo mismo que ella, puse su mano a la altura de mi corazón - y cuando estoy cerca de ti ese veneno acelera mi pulso reconociéndote - y ahí estábamos los dos en igualdad de circunstancias.

- Me fregaste la vida, víbora.

- Tu hiciste lo mismo con la mía, león.

Se quedó toda la noche conmigo, simplemente abrazados, no hacía falta que habláramos ya nos habíamos dicho lo más importante, no hacía falta que nos acariciáramos ya habría tiempo para eso más adelante.

Cuando te muerde una serpiente debes sacar todo el veneno de tu sangre, el veneno de MI serpiente estaba en cada gota de mi sangre y a mí no me interesaba sacarlo.