DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha y compañía no me pertenecen, son de la mangaka Rumiko Takahashi. Este fic de mi autoría y está escrito sin fines de lucro, con el simple fin de entretener a quienes lo lean.

AVISO: Este Fic participa en el Reto del mes de Julio "Parejas: Sango y Miroku" del foro "Hazme el Amor".

Género sorteado: Adventure.

Palabras: 3487 según Word.


Amor Pirata
Capítulo II

"La Isla Taijiya"

Tarareaba una canción pirata, mientras se sacaba las prendas que se encontraban sucias por culpa del combate. Había decidido, tal como su padre le había enseñado, que los prisioneros que se quisieran hacer piratas, siguieran a bordo y comenzaran un entrenamiento intensivo junto a Bankotsu y Jakotsu; mientras que los que no y Kagura – a quien jamás le permitiría unirse a su barco – habían sido embarcados en botes y dejados a la deriva.

Quedando sólo con los vendajes que usaba bajo su tenida de pirata, comenzó a buscar entre sus ropas algo que ponerse, bajando un poco la guardia.

— Bien, hermosa Capitán, aquí estoy… — Miroku entró despreocupadamente al camarote de la chica, sin recordar golpear antes. No pensó que podía encontrarse con esa maravillosa vista.

— ¿¡QUÉ…!? ¡FUERA, MALDITO PERVERTIDO, DEGENERADO! — Gritó la Capitán, lanzándole ropa y otros objetos para echarlo. — ¿¡QUE ACASO NO TE HAN ENSEÑADO A GOLPEAR ANTES!?

Miroku salió, protegiéndose de los objetos voladores con sus brazos y una sonrisa en la cara: esa vista quedaría guardada por mucho tiempo en su memoria. Escuchó como un par de objetos contundentes golpeaban la puerta tras de sí y suspiró, feliz de haber salido antes de eso. Sango, por su parte, dejó de lanzar cosas cuando se dio cuenta que estaba sola nuevamente, y se apresuró a vestirse, con la cara roja por la vergüenza y el enojo mezclados.

Fuera del camarote y atentos a la escena, el resto de los piratas sólo pudieron reír, sin darle mucha importancia.

— La Capitán Sango nunca cierra su puerta con seguro, algún día le iba a pasar — dijo Bankotsu, palmoteándole la espalda al oji azul.

— Sí, mi hermana puede ser un poco descuidada en ese sentido, pero como todos lo sabíamos… — Kohaku sonrió, mientras los demás asentían con la cabeza.

— Sólo espero seguir vivo después de esto — Miroku se relajó un poco al ver a los demás tan tranquilos, pero esa paz le duró menos de un minuto.

— Que el pervertido entre en mi camarote, ahora.

No se dio cuenta en qué minuto sus piernas dejaron de responderle ante el miedo que le provocó el tono de voz de la muchacha, menos cuando ni quien lo empujó hasta el interior del cuarto. Sólo supo que ella lo esperaba sentada en su cama, con las piernas y los brazos cruzados, el parche de su ojo levantado y la mirada seria.

— Y bien… — Rompió el silencio, un poco temeroso. — Ehm… ¿deseas algo de mí?

— Claro que sí — ella lo observó unos instantes y luego de ver su expresión de miedo, comenzó a reír —. Pero relájate, no te haré nada… fue sólo un accidente, supongo.

— ¡Claro que sí! — Respondió él y se apresuró a agregar: — No quiero decir que no seas atractiva, pero si fuese por mí, otras serían las circunstancias en las que te viera así.

Sango lo fulminó con la mirada pero luego sonrió, un poco sonrojada: no estaba acostumbrada a los halagos y supuso que ése era uno.

— Bien, ahora quiero que me digas dónde están las cosas de valor del SM Royalty — ordenó la Capitán, dejando el otro asunto de lado.

— Ehm… deberíamos volver al barco, entonces — contestó Miroku, sonriendo —. Están escondidas en uno de los camarotes… sólo es precaución por si me atrapaban, para que no me encontraran con ellas — agregó al ver la expresión de desconcierto de la joven.

— Bien, vamos antes de que se hunda — se puso de pie con un salto y lo tomó del brazo para llevarlo hasta fuera, a un bote para dirigirse al SM Royalty.

— De acuerdo, pero ¿qué te hace pensar que te diré dónde están? — Él caminaba tras ella, intentando no caer por ser arrastrado. — ¿Y qué pasará conmigo una vez que tengas lo que quieres? No pienso caminar en la tabla…

— No seas idiota, luego hablaremos de eso, pero no te haré caminar por la tabla, a menos que quieras, claro.

Y así, se dirigieron hasta la embarcación que, poco a poco, se hundía en el mar.


Miraba desde lo lejos cómo se hundía la embarcación que había capitaneado desde hacía años. No lograba comprender qué era lo que esta vez le había salido mal, pero de una cosa estaba seguro: algún día sería el responsable de que el Hiraikotsu tuviese la misma suerte que su amado SM Royalty.

Soltó un gruñido de frustración, recordando que también había perdido el oro y sus cosas de valor. Incluso pensó que ya ni los Ojos de la Sirena podría recuperar, porque seguramente la inepta de Kagura los llevaba puestos y se los habrían robado. Maldito Miroku y malditos piratas. Si no fuese por ellos, seguramente él sería dueño de toda una flota, y no tan sólo el Capitán de un barco. Si ese maldito pirata no hubiese enamorado y secuestrado a su prometida, todos sus planes hubiesen resultado.

Escupió al mar, maldiciendo a todos los salvajes de los 7 mares, y de pronto divisó un par de botes con marineros de su tripulación. Tomó los remos y comenzó a mover su bote hacia la isla más cercana; no sabía cuál era, pues no tenía mapa ni brújula consigo, pero no le importaba: de seguro encontraría un poblado en el que podría tomar contacto con sus amistades para que le ayudaran a salir de esa. Se alejó de los botes, deseando que todos los que le habían fallado en el combate, hubiesen terminado en el fondo del mar junto con su barco…


"Unos días más tarde…"

Se habían incorporado bastante bien a la tripulación los nuevos reclutas, pero especialmente él. Su sentido del humor, sus conocimientos diversos sobre variados temas, las leyendas que conocía y por sobre todo, su carisma, le habían ganado un lugar en el barco.

Sí, sin duda parecía que ser pirata le sentaba bastante bien. Incluso se veía guapo con su traje de pirata, los hoyuelos en sus mejillas que se acentuaban cuando sonreía y el profundo azul de sus ojos resaltaba aún más con el color del mar y del cielo… ¿Pero qué diablos estaba pensando? Frunció el ceño, regañándose mentalmente. Por Dios, era una pirata, no una chiquilla de 15 años que se iba a dejar engatusar por esos zafiros…

— ¿Capitán?

La voz de su Teniente la sacó de su pensamientos. Lo miró, aún un poco ensimismada, como si estuviese media dormida.

— ¿Se encuentra bien…?

— Sí, Bankotsu, estoy bien… sólo pensaba — contestó, sin querer revelar los juegos de su mente, mientras sorbía un poco de su botella de ron.

— ¿En qué, si se puede saber? — Volvió a insistir, y es que le parecía raro que su Capitán estuviera así. — ¿Acaso tendrá que ver con Miroku?

La chica escupió un poco del contenido que tenía en su boca, mirando sorprendida y un poco molesta, a su Teniente.

— ¿¡Cómo demonios se te puede ocurrir eso!?

— Pues, porque se queda mirándolo como boba en algunas ocasiones — contestó sin inmutarse el oji verde, apoyando sus brazos en el mismo barandal en el que estaba ella —. Aunque, si debo ser honesto, no creo que sea un buen partido, ¿conoce la fama de mujeriego que tiene? La hemos comprobado con algunas de sus historias y…

— No me interesa — le cortó ella, desviando su mirada para que no notara el leve sonrojo que comenzaba a aparecer en sus mejillas —. Además, no busco pareja. Estás imaginando cosas.

— Como diga… — Bankotsu se alejó hacia el timón, con una sonrisa debido a lo poco que le creía a su jefa. — ¿Nos dirigimos a la Isla Taijiya?

Ella asintió con un gesto, y luego se marchó hasta su camarote, pasando cerca del grupo con el que conversaba Miroku en esos momentos. ¿Acaso se estaba enamorando de él? Para nada, sólo era curiosidad, principalmente porque él la trataba como una dama y no como un pirata más. Se encerró y se tiró en la cama, tapándose la cara con la almohada. Mejor se dejaba de pensar en estupideces y se concentraba en liderar a sus piratas y al Hiraikotsu.


— Y así fue como el muy idiota me dejó todas sus joyas — terminó la historia, mientras el resto de los piratas reía y chocaba sus botellas con alegría.

Aún celebraban la victoria de unos días atrás, especialmente porque el SM Royalty era un barco temido por todos los piratas y ellos quedarían aún más en la historia por ello. Miroku se había incorporado muy bien al grupo, de hecho sentía como si toda la vida hubiese debido estar a bordo. Vio a la Capitán pasar cerca del grupo y no pudo evitar recordar esas hermosas curvas cubiertas sólo por vendas. Era raro que una mujer usara vendas bajo la ropa, por lo general el corsé era más popular, pero supuso que, por su carácter, a ella le molestaría una prenda tan ceñida. Y no lo necesitaba, en todo caso: sus curvas estaban tan bien definidas que un corsé no haría mucho.

Se disculpó con sus compañeros y se dirigió al camarote de la chica. Solía hacerle halagos y coquetearle; ella muchas veces no sabía como responder y, luego de sonrojarse y regalarle una sonrisa, se molestaba con él y lo mandaba a hacer algún trabajo lejos de ella. Pero no le importaba, esa sonrisa momentánea era todo lo que necesitaba para sentirse complacido. Algo tenía, no sabía qué, pero esos ojos y esa sonrisa lo cautivaban, al punto de haber desplazado las imágenes de otras chicas de su mente los últimos días.

Golpeó 3 veces la puerta, y escuchó un maullido del otro lado y un rasguño en la madera: de seguro Kirara quería salir.

— Está bien, puedes dar una vuelta, pero no comas mucho pescado… — la Capitán abrió la puerta, dejando salir a la minina, y lo miró con una extraña expresión que él no supo cómo descifrar. — ¿Qué quieres?

— Sólo conversar… — Respondió, sonriéndole con cariño. — Ya tuve suficiente de hombres por hoy, me haría bien charlar con alguien femenino.

— Pues ve a buscar a Jakotsu, yo… estoy ocupada — murmuró, sin creerse ella misma una sola palabra.

— Jakotsu habla temas de hombres, lo único diferente es que suele hacer apreciaciones sobre el atractivo masculino — Miroku suspiró, luego buscó su mirada —. Por favor.

Sus ojos se encontraron, ella se sonrojó un poco y él comenzó a sentir pequeñas cosquillas en su estómago. ¿Qué era eso? Verla a los ojos se estaba volviendo adictivo.

— Pasa.

No espero a que se lo repitiera e ingresó en el camarote, viendo alrededor con curiosidad: a pesar de ser la Capitán y una pirata, el lugar era digno de toda una lady, incluso más ordenado y refinado que algunas habitaciones que él había conocido en sus andanzas con otras mujeres. Sango lo invitó a sentarse en una silla, mientras ella se tiraba en la cama, sobre su abdomen y mirándolo atentamente. Se quedaron así un rato hasta que él interrumpió el silencio, un poco incómodo.

— Y, bueno… ¿me puedes contar algo de ti?

— La verdad, sólo si me cuentas tú primero — respondió ella, con una de esas sonrisa que lo comenzaban a matar. El también le sonrió de vuelta, y comenzó a relatarle su vida.

Hablaron por horas, él le contó cómo su padre, otro conocido estafador, había sido asesinado hacía muchos años por Náraku; cómo su maestro Mushin lo había criado y le había enseñado casi todo lo que sabía; relató varias anécdotas, muchos engaños y robos, y otras tantas aventuras. Ella lo escuchaba atenta, intrigada, identificándose con él y riendo con sus historias. De vez en cuando, los interrumpían para pedirle órdenes o informarle algo a la Capitán, pero ella simplemente daba las órdenes necesarias y escuchaba los informes de su tripulación, y luego volvía a pedirle a Miroku que siguiera con sus relatos. Hasta que se les hizo de noche, sin que se dieran cuenta. Fueron a cenar, bajo las atentas miradas del resto de la tripulación, quienes sospechaban que algo más se estaba dando entre ellos. Luego de una tensa comida en la que Sango terminó por ordenarle a todos que dejaran de imaginarse cosas, con un leve sonrojo en sus mejillas, la tripulación se turnó para navegar el barco en la noche y se fueron a descansar. Llegarían a destino antes del medio día.


Cuando llegó a tierra, no encontró lo que esperaba: muchas cabañas un poco deterioradas estaban distribuidas desordenadamente a unos cuantos kilómetros de la orilla de la playa, con símbolos extranjeros, extraños y algunos piratas. ¿Acaso habría llegado a alguna isla pirata? ¿Qué haría entonces? Si lo atrapaban, no duraría mucho con vida en ese lugar.

Se escabulló en una cabaña abandonada y esperó, escuchando lo más que podía a quienes pasaban por ahí. Al poco rato, cuando anocheció, comenzó el bullicio y personas de distintas nacionalidades comenzaron a rondar por los alrededores. Eran piratas, y por lo que pudo escuchar, era la Isla Taijiya, y además el Hiraikotsu llegaría pronto para recoger provisiones y recargar los cofres. Así que, de todas formas, podría planear una venganza contra la embarcación, pero especialmente, contra esa Capitán que lo dejó en ridículo al ganarle en tan poco tiempo. Se encargaría de acabar con ella con sus propias manos…

Permaneció oculto, simplemente pensando y esperando. Llevaba consigo una espada, una pistola y un poco de dinamita que había logrado sacar del SM Royalty. Con eso bastaría, pensó.


Llegaron con las primeras luces del amanecer, pues se habían encontrado con una corriente favorable y el viento sopló en la dirección correcta. Así que desayunaron en tierra, junto con antiguos amigos y colegas piratas, algunos ya retirados, otros simplemente descansando. Luego de una larga jornada para ponerse al día, planear nuevos rumbos y destinos lejanos para explorar y saquear, la Capitán Sango ordenó que esa noche sería de celebración. Todos los piratas, tanto los de tierra como los de mar, apoyaron la moción y se encargaron de llevar el mejor ron y comida hasta la orilla de la playa.

Tras unas horas de alegre festejo, en las que la mayoría de los piratas habían bebido más de la cuenta, muy pocos quedaban despiertos y muchos se habían retirado a pasarla mejor con alguna compañera. Sango se había alejado del grupo, un poco melancólica debido a las copas de más que había ingerido. Pronto sería el aniversario de la muerte de su padre, le estaba comenzando a bajar la nostalgia y deseaba pasarlo en tierra. Caminaba por la orilla de la playa, sola, ensimismada recordando los bellos momentos con su padre, las enseñanzas que él le había dejado y anhelando tenerlo cerca una vez más. Tal vez él podría orientarla un poco sobre lo que le estaba ocurriendo en esos momentos con ese par de zafiros que comenzaban a aparecer en su mente más seguido de lo que ella hubiese querido. ¿Sería bueno? ¿O sería un error?

— Ay, padre… ¿estaré haciéndolo bien? — Murmuró, mirando las estrellas. — ¿Podrías aconsejarme en estos momentos?

Cerró los ojos, aguantando una lágrima, luego escuchó ruido a sus espaldas y sus sentidos volvieron a estar alerta, se volteó rápidamente pero no encontró a nadie tras suyo. ¿Acaso había sido su imaginación…? Volvió a escuchar como las ramas de las plantas que se encontraban cerca de la orilla se movían y estuvo segura que eso no era su imaginación. Sacó su cuchillo y se dirigió al origen del ruido, lentamente. Movió las hojas, buscando al responsable, y de pronto sintió el frío filo de una espada en su cuello. Intentó moverse para alejar la espada de sí, pero sintió el cañón de un arma en su espalda. ¿En qué momento había dejado que eso pasara? Tragó saliva, un poco asustada: estaba demasiado lejos de los demás como para que alguien la escuchara si pedía ayuda. Y, aunque lo hiciera, de seguro sería demasiado tarde.

— Creo que te has dado cuenta de la situación — una fría voz hizo que un escalofrío recorriera su espalda.

— Náraku — soltó con odio. ¿Cómo era posible que él estuviese en la Isla Taijiya? ¿Cómo nadie lo había descubierto?

— Exacto — él la volteó para que quedaran frente a frente, mirándose a la cara —. Bastante astuta, Capitán. Ahora, pagarás haberme dejado en ridículo y haber hundido mi preciado SM Royalty…

— No es mi culpa que tu tripulación y tú hayan sido tan débiles — le espetó, sosteniéndole la mirada. No dejaría que él notara el miedo que corría por sus venas.

— ¡Cállate! — La acercó más a su cuerpo, con una malévola sonrisa en su rostro y la espada comenzó a picarle en la piel. — Mírame a los ojos, quiero ver cómo se apagan una vez que corte tu cuello.

Volvió a tragar saliva, temerosa. Si realmente existía un Dios, necesitaba uno de sus milagros en esos momentos.


Brindó con sus nuevos compañeros, riendo ya ni siquiera recordaba por qué. Hacía tiempo que no se divertía tanto sin miedo a que en cualquier momento lo atraparan. Bebió al seco lo que quedaba de ron en la botella y miró alrededor, buscando a la muchacha que desde el día anterior se negaba a salir de sus pensamientos.

— ¿Han visto a la Capitán? — Preguntó al no encontrarla con la mirada.

— No, de seguro anda caminando por la playa, un poco melancólica — respondió Renkotsu, mientras sacaba otra botella de Ron.

— Sí, el trago en exceso y la Capitán no son una buena mezcla — agregó Bankotsu, dándole un mordisco a un jamón que tenía en la mano.

— Tranquilo, pronto volverá… estamos en la Isla Taijiya, es imposible que le pase algo malo aquí — Jakotsu también intentó calmarlo, ofreciéndole otra botella de ron.

Miroku la tomó, aunque no dejó de preocuparse. Su agudo sexto sentido le decía que algo no andaba bien. Se disculpó con el grupo diciendo que iría al baño y se alejó en dirección al sector más apartado de la playa, que se encontraba desierto. Por lo menos a primera vista.

Caminó buscando a la muchacha, hasta que encontró huellas en la orilla; las siguió por un rato, luego comenzó a ver otro par de huellas. Un poco extrañado y con un escalofrío en la espalda, siguió caminando en la dirección en que seguía el rastro, hasta llegar a un lugar bastante apartado y oculto tras unas rocas. Su corazón se detuvo al ver la escena que se escondía; la luna en esos momentos no ayudaba mucho, pero logró distinguir lo que ocurría. Reconoció muy bien a Náraku sosteniendo firmemente a la Capitán Sango frente a sí y el resplandor del filo de la espada en el cuello de la chica. Rápida pero silenciosamente, se acercó lo más que pudo y buscó entre sus ropas algún arma: encontró una pistola cargada. Rogando que no fuese demasiado tarde, apuntó el arma a la pierna de Náraku y disparó.

El malvado capitán cayó al suelo con un grito de dolor, mientras Sango daba un par de pasos hacia atrás para alejarse y buscaba con la mirada a quién la salvó. Encontró a Miroku corriendo hacia ella, con espada en mano y el rostro preocupado.

— ¿Te encuentras bien? — Le preguntó, mirando con atención su cuello. — Estás herida…

— Yo… no es nada, estoy bien — dijo ella, ocultando con su mano el pequeño corte que había provocado la presión de la espada en su cuello —. Es sólo un rasguño…

— Déjame verlo — ordenó él, tomando suave pero firmemente la mano y bajándola. Ella se sonrojó al contacto, estremeciéndose un poco, pero trato de disimularlo; mientras tanto, Miroku desgarró un poco de tela de su camisa y la untó con unas gotas de ron, luego limpió suavemente con ella la herida, que era apenas una línea roja en su piel.

Sango no se quejó. Dejó que él siguiera con su labor hasta que sintió los pasos de los demás piratas acercándose, seguramente atraídos por el disparo y posterior grito de dolor de Náraku. Él había maldecido todo el rato a Miroku y prometido vengarse de los dos, pero ellos apenas lo oían.

No fue necesario que explicaran lo que había pasado, bastaba con ver la escena. Capturaron a Náraku y lo amarraron, y tras una orden de Bankotsu – que había entendido que estaban sobrando en la escena – se lo llevaron a un calabozo que había en la Isla, dejando nuevamente solos a Miroku y Sango.

— Eh… gracias — murmuró Sango, con la mirada gacha: no quería encontrarse con esos ojos, tenía miedo de lo que pudiese ocurrir después de eso.

— No me des las gracias — Miroku sonrió, observando la herida que ya no era roja, sino rosada —. Creo que no me perdonaría si te llegara a pasar algo… — agregó, mientras ataba suavemente la tela al cuello de ella para que protegiera la herida.

— Pero qué cosas dices… — Sango se sonrojó aún más, alejándose de él. — No soy tu responsabilidad, no tienes por qué…

Fue interrumpida por los labios de Miroku, que callaron los suyos con un cálido beso.


Bien, lo sé, me demoré un poco más de la cuenta, pero ¡lo siento! He estado a full con todo, perdón v.v en un rato más subo el último ;) Gracias por leer!

Yumi-pon~