DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha y compañía no me pertenecen, son de la mangaka Rumiko Takahashi. Este fic de mi autoría y está escrito sin fines de lucro, con el simple fin de entretener a quienes lo lean.

AVISO: Este Fic participa en el Reto del mes de Julio "Parejas: Sango y Miroku" del foro "Hazme el Amor".

Género sorteado: Adventure.

Palabras: 3940 según Word.

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene LEMON, por lo que están advertidos, espero no recibir reclamos a posterior.


Amor Pirata
Capítulo III

"Un amor pirata"

Jamás en su vida había experimentado una sensación parecida. Sentía como si se derritiera por dentro al tener sus labios presos por los de él. Intentó alejarlo, pero su cuerpo parecía no querer responderle en ese momento. Su corazón se detuvo por un segundo, sólo para comenzar a latir más rápido y fuerte después, mientras su estómago se llenaba de un pequeño cosquilleo inexplicable. Tras unos segundos, cerró sus ojos y comenzó a disfrutar mejor el contacto, los labios de Miroku eran suaves y calzaban perfecto con los suyos, y su sabor era algo que no podía describir, pero ¿a quién le importaba?

Entreabrió su boca para sentir mejor sus labios, él aprovechó la oportunidad para introducir suavemente su lengua, jugando con la de ella. Sango respondió como mejor pudo, pero pronto se separó de Miroku buscando aire.

— Eres hermosa — el oji azul le acarició la mejilla con cariño —, y besas muy bien.

— Tú… — Sango lo miró molesta, desviando el rostro. — Mejor cállate y volvamos con los demás…

La Capitán iba a comenzar a caminar, cuando sintió que Miroku la sujetaba del brazo, impidiéndole avanzar.

— No creo que eso sea lo que realmente quieres — la acercó a él, sonriéndole pícaramente, ella se sonrojó.

La volvió a besar, esta vez más apasionadamente y ella correspondió, ambas lenguas comenzaron a jugar entre sí, mientras él la aprisionaba por la cintura, acercándola a su cuerpo. Ninguno de los dos supo en qué momento cayeron sobre la arena, pero tampoco les preocupaba.

Miroku comenzó a acariciar la cintura de Sango sobre la ropa, sintiendo las vendas que se encontraban bajo ésta, mientras separaba sus labios de los de ella para comenzar a recorrer su cuello, con delicadeza, bajó hasta la clavícula, besando la zona de su pecho que dejaba al descubierto la blusa. Sango se estremecía con cada caricia y beso, sin saber cómo reaccionar, tratando de suprimir suspiros que querían escapar de sus labios. De pronto se quedó inmóvil al sentir las manos de Miroku bajo su blusa, tocando las vendas que protegían su piel.

— Mi-Miroku… ya basta — murmuró, tratando de apartarlo —. Yo no… Tú…

— Tranquila — Miroku la observó a los ojos y volvió a besarla, para luego agregar —. Te prometo que lo disfrutarás… si no, te juro que caminaré por la tabla.

Ella sonrió, esos ojos azules le entregaron tanta seguridad. Aunque de todas formas estaba nerviosa, nunca había experimentado tantas cosas juntas, ni siquiera sabía si estaba bien dejarse llevar, o corresponder…

Sus pensamientos sobre moral desaparecieron cuando sintió la brisa marina directo en su pecho y la mano de Miroku buscando el inicio de sus vendas para sacarlas. ¿En qué momento había sido despojada de su blusa…? Dio un respingo y soltó un leve gemido al sentir los dedos de él rozando sus pezones aún por sobre la tela. Si así se sentía de esa forma, ¿cómo sería sin nada que la cubriera…?

El oji azul sonrió al ver la reacción de la castaña. Era realmente hermosa, pero había algo distinto, sentía que ella era especial… y eso lo excitaba más. Y sus ojos, cada vez que los miraba era como echar un vistazo al Paraíso… Respiró el aroma del valle entre sus pechos, besando suavemente esa zona, mientras con su mano derecha comenzaba a quitar las vendas, la izquierda le ayudaba moviendo delicadamente a la chica para cumplir su objetivo. Pudo notar el sonrojo más pronunciado en las mejillas de ella, sin saber si se debía a la excitación o a la vergüenza, pero le encantó aún más. La besó apasionadamente, provocando que arqueara la espalda, y así pudo terminar de sacar las vendas. Luego se separó de ella para observar mejor esas curvas que desde aquel día que las había visto sin permiso, le quitaban el sueño.

Nuevamente, la brisa marina corrió, provocando escalofríos en la Capitán y que sus pezones se endurecieran por el frío. Sin poder resistirlo, rozó ambos con sus dedos, para luego pellizcarlos suavemente. Sango volvió a arquear la espalda en respuesta, soltando otro leve gemido. Él aprovechó el movimiento para besar y succionar uno de sus pezones, pasando su lengua por él, mordisqueándolo levemente, mientras sus dedos jugueteaban con el otro pezón.

— ¡Ah…! ¡Miroku…! ¿Qué…? ¡AH! — Soltó un gemido, ni siquiera sabía que era lo que quería decir, estaba quedando en blanco, sin saber qué hacer.

Miroku dejó sus pechos para volver a su boca, mientras recorría sus curvas con sus manos: pasó de las caderas bien definidas a la cintura pronunciada, luego llegó a la espalda de la chica, acariciándola y notando una cicatriz que la atravesaba. ¿Sería de algún enfrentamiento, quizá…? La rozó suavemente, siguiendo su trayectoria. Sango sintió el contacto y se removió entre sus brazos, intentando alejarse, con las mejillas rojas y la mirada apenada evitando la de Miroku.

— Lo siento, yo… — Soltó una lágrima, su cicatriz no era algo hermoso y sabía que no le gustaba a los hombres, por lo menos eso pensaba ella.

— ¿Por qué te disculpas? — Preguntó él, sin dejarla alejarse. — No te avergüences por esta cicatriz, es parte de tu vida, de tu cuerpo… y así, eres perfecta. Realmente hermosa.

Sango se sonrojó aún más, mientras Miroku la volteaba para besarle la marca que cruzaba su espalda con cariño, y luego volvía a besarla en los labios. Ese hombre la volvería loca con todo lo que la hacía sentir. Lo acercó más a su cuerpo tomándolo por la camisa, profundizando el beso. Luego, él guió la mano de ella por su pecho, bajo la camisa, instándola a recorrerlo también.

— No es justo que sólo yo me divierta — le susurró al oído, lamiendo el lóbulo.

Sango comenzó a recorrer tímidamente el trabajado físico de Miroku, rozando con sus dedos los músculos bien definidos, pero al sentir la respiración del oji azul en su cuello, se aferró a la espalda fornida del chico, acercando sus cuerpos y enterrando sus uñas en la piel, sin poder evitarlo. Él la tomó de los glúteos, pegando sus caderas con las de ella, provocando que sintiera su erección. La Capitán se sorprendió, lo miró a los ojos un poco dudosa. Eso se sentía bastante grande.

— ¿Eso es… tu…? — Tampoco sabía cómo llamarlo, pero no fue necesario, él comprendió la pregunta.

— Sí, pero tranquila… todo a su tiempo, prometo no hacerte daño — le sonrió con cariño, recorriendo con su boca desde la de ella hasta su bajo vientre, depositando cálidos besos en su trayecto, provocando más sensaciones y corrientes eléctricas en el cuerpo de la muchacha.

Llegó hasta la hebilla del cinturón que resguardaba la intimidad de Sango, levantó la mirada pidiendo su permiso, ella asintió con la cabeza, sin poder ocultar su sonrojo; Miroku se deshizo hábilmente del accesorio y de todo lo demás, dejando al descubierto la otra mitad de su cuerpo. Juntó las piernas por reflejo, sintiendo la brisa fría recorrerlas, en tanto el oji azul observaba deleitado su cuerpo completamente desnudo.

— Ehm… ¿sucede algo? — Preguntó después de un rato ella, temiendo haber hecho algo inadecuado y que por eso Miroku sólo la miraba.

— No, sólo quiero grabar esa imagen en mi mente para siempre — respondió el, dándole una pícara sonrisa y acercándose a ella —. ¿Te molesta que me haya detenido?

La pregunta fue acompañada por una suave caricia que recorrió la extensión de sus piernas; Sango cerró los ojos, dejando que él acariciara todo lo que quisiera. Luego de unos segundos en los que él tocó casi cada rincón de su cuerpo, tomó la mano de la muchacha y la acercó a su miembro erecto, que clamaba por atención. Ella abrió los ojos al sentirlo aún por sobre la tela del pantalón, pero comprendió el mensaje al sentirlo palpitar. No era justo, recordó, Miroku también merecía un poco de atención. Tímidamente, acarició y masajeó el bulto, provocando que Miroku soltara pequeños gemidos que la animaban a continuar, sacándole la ropa para dejar ante su vista la escultural figura del pirata completamente desnudo ahora. Un poco sorprendido, pero con esa característica sonrisa pícara mientras ella acariciaba ahora directamente su miembro, bajó su mano hasta el valle que era el monte de venus de la muchacha y comenzó a indagar en su intimidad, tocando el clítoris de la chica con suavidad al principio y viendo su reacción. Ella quedó paralizada, sus manos se enterraron en la arena, arqueó la espalda y echó la cabeza hacia atrás, dándole un ángulo perfecto a Miroku para saborear nuevamente sus pechos.

— Mmm… Miroku… — soltó un gemido de placer, Dios eso era tan exquisito.

— ¿Qué pasa, Capitán? — Él se detuvo, mirándola atentamente con una sonrisa torcida en el rostro.

— No… — Ella se sonrojó, pero maldita sea, no quería que él se detuviera. — No te detengas…

Como buen pirata, obedeció a su Capitán, siguiendo con el delicioso juego de acariciar su punto G y deleitarse con sus pechos. Maldición, era tan perfecto. De pronto, sintió como ella comenzaba a humedecerse, removiéndose bajo sus caricias. Se aventuró a ir un poco más lejos, introduciendo un dedo en el interior de la Capitán.

— ¡Ah…! — Soltó un pequeño grito, mezcla de sorpresa, placer y un poco de molestia. — ¿Qué haces…?

— Preparo el terreno — respondió con inocencia él, comenzando a mover su dedo de adentro hacia fuera —. Sé que molesta al principio, pero pronto comenzará a gustarte.

Iba a replicarle, pero sintió que esa pequeña fricción comenzaba a quemarle por dentro, ahora sí iba a derretirse. De pronto sintió que Miroku introducía otro dedo más e incrementaba el ritmo, ella respondió moviendo sus caderas al compás de los dedos, arqueando la espalda. Y entonces, el pirata se detuvo y la observó, un poco dudoso.

— ¿Por qué te detienes? — Sango no quería que él parase, eso era maravilloso. — ¿Acaso pasa algo malo?

— No, claro que no, es sólo que… — Miroku miró por completo el cuerpo de ella y luego suspiró. — No quiero que te vayas a arrepentir después, y si sigo así… las cosas van a encenderse aún más.

Sango soltó una risa divertida, luego lo tomó del cuello para acercarlo a su cuerpo y lo besó apasionadamente.

— Sé lo que pasará después — le susurró al oído, con deseo —, y no quiero que pares. Quiero que me hagas sentir como toda una mujer, tu mujer.

— Como usted ordene, entonces, Capitán — respondió él, con el rostro aliviado y una sonrisa de oreja a oreja.

— Pero hay algo que no me gusta.

— ¿Qué?

— Sólo dime Sango.

Él sólo sonrió como respuesta, con un brillo atrapante en su mirada y marcando con ese gesto los hoyuelos que tenía en las mejillas. Amaba esos hoyuelos. Volvieron a besarse, acercando aún más sus cuerpos, rodando por la arena abrazados, llegaron más cerca de la orilla de la playa y se miraron unos segundos antes de seguir. Miroku volvió a introducir sus dedos en su interior, ahora agregando un tercero para que ella se acostumbrara; Sango no se quedó atrás, acariciando los testículos con delicadeza y masajeando la erección con decisión, moviendo de arriba hacia abajo con su mano. Tras unos minutos, Miroku no pudo soportar más: separó mejor las piernas de Sango y se posicionó entre ellas, flexionándolas sobre ella para ampliar su entrada; acercó su rostro al de ella y cálidamente susurró en su oído:

— Sango… no puedo seguir separado de ti.

Se unió a ella en un profundo beso, mientras la penetraba con cuidado; ella arqueó su espalda como respuesta, enterrando sus uñas en la espalda de él y ahogando un gemido en su boca. Era un tanto doloroso, la fricción le ardía un poco y además, se sentía más grande de lo que había pensado en su interior; sin embargo, pronto comenzó a sentir como ese calor se transformaba en placer, y el movimiento comenzaba a ser más fluido a medida que se relajaba y humedecía más. El oji azul esperó a que ella estuviese más cómoda para aumentar la velocidad, mientras con una mano se apoyaba en la arena, la otra aprovechaba de jugar con sus pechos, recorrer su abdomen y apretar sus nalgas, ella también lo recorría con deseo, perdida en ese mar de sensaciones que la ahogaba en esos momentos, jugaba con su lengua, dejaba besos sobre su piel y mordisqueaba un poco, moviendo sus caderas al compás de Miroku. En algún momento, ella se posicionó sobre él, sentada sobre toda la extensión de su pene, sintiéndolo en lo más profundo de su ser; Miroku la tomó de las caderas y comenzó a ayudarla a tomar el ritmo adecuado, luego de que ella lo lograra y siguiera sola, él pasó a disfrutar esa posición y con ambas manos, masajeo ambos senos, pellizcando los pezones con delicadeza, para después erguirse un poco y saborearlos nuevamente, jugando con ellos con su lengua y mordisqueándolos levemente.

— ¡Miroku! — Exclamó Sango, soltando otro gemido de placer. — Sigue así… ¡Ahhh…!

— Me encanta escucharte — él volvió a mordisquear su pezón, ella soltó otro gemido —. Me vuelves loco.

Se volvieron a besar, haciendo que sus lenguas danzaran juntas nuevamente, ella intensificó el ritmo de sus caderas y él comenzó a sentir como todo se removía en su interior.

— Sa-Sango. — Soltó de pronto, sin poder contenerse. — Ya no puedo más, voy a acabar…

— Hazlo — ordenó ella, con una pícara sonrisa, sus mejillas sonrosadas —. Quiero sentir tu semilla en mi interior.

Ya no pudo resistirlo, se colocó nuevamente sobre ella y la embistió rápidamente un par de veces más, soltando su semen en su interior. Sintió como ella arqueó la espalda, llegando también al clímax nuevamente, junto con él. Un segundo después, ambos estaban recostados sobre la arena, agotados, él protegiéndola con sus brazos del frío y las olas cosquilleándoles los pies.

— Nunca imaginé que fuera así — murmuró después de un rato Sango, mirando el cielo, aún con las mejillas sonrojadas.

— ¿Así, cómo? — Miroku miró el semblante agotado de la muchacha, con una sonrisa en su rostro.

— Tan… bueno — murmuró ella, sin atreverse a mirarlo. Aún le daba un poco de vergüenza, aunque fuese algo ilógico, Miroku la había recorrido entera…

Un cálido y cariñoso beso la sorprendió, cerró los ojos para disfrutarlo mejor, mientras volvía a sentir el calor del cuerpo masculino junto al suyo. Jamás hubiese podido imaginar que entregarse a alguien pudiese ser así, más aún con el calor y las mariposas que comenzaban a cosquillearle en el estómago, y su corazón y su mente que no podían dejar de pensar en esa hermosa mirada azul, los mágicos hoyuelos de la sonrisa y la calidez de Miroku…

— Fue mejor de lo que yo mismo esperaba — él la sorprendió, acariciándole tiernamente la mejilla —. Por primera vez, siento que estoy completo.

Ella le sonrió, sabiéndose completa también. Dejó que él la cargara hasta la cabaña que era su hogar en esa Isla, después de todo, a pesar de ser una pirata y la Capitán, también tenía derecho a ser amada y mimada. No quería que todos la obedecieran y la trataran como un pirata más – como el hombre al mando de la tripulación – sino que deseaba que alguien le demostrara lo contrario. Era una chica, y por qué no, quería tener su amor pirata.

Por su parte, Miroku, tras años buscando entre las piernas y camas de distintas doncellas, por fin había encontrado algo que lo complementaba, que llenaba el vacío que siempre había sentido en su pecho. Quizá fuese sólo esa mirada castaña, tan tierna y feroz a la vez, o esa sonrisa tan inocente, o incluso tal vez esa voz dulce y decidida… o, mejor aún, ella completa, demostrándole que las chicas no necesariamente son débiles, que no siempre obedecen órdenes, y que no son para nada sólo una distracción. Por primera vez en su vida, supo que en su mente y su corazón, no había espacio para nadie más. Quién iba a decir que iba a caer rendido ante un amor pirata.

Ambos cayeron rendidos en la cama de Sango, para reponer fuerzas y continuar con su nueva aventura al día siguiente.


"Al otro día…"

Temprano por la mañana, los piratas estaban reunidos en torno a una jaula toscamente construida en la playa, que encerraba en su interior al más despreciado Capitán de la flota inglesa: Náraku. Esperaban a su Capitán, quien había ordenado la reunión para decidir el destino del sujeto que casi acaba con su vida.

Tras insultos, escupitajos, tomatazos y otros golpes de cosas lanzadas contra Náraku, la radiante figura de la Capitán apareció acompañada del bandido y pirata que había frustrado sus planes más de una ocasión. Lo maldijo entre dientes, deseándole una muerte lenta y dolorosa, y ojala en sus manos.

La pareja llegó junto al encarcelado villano y Sango pidió silencio. No fue necesario repetir la orden, sus marineros obedecieron al instante.

— Capitán, queremos que este desgraciado hijo de perra pague por sus crímenes — exclamó Bankotsu, alzando la voz por sus compañeros.

— Sí, ha acabado con demasiados piratas hermosos — agregó Jakotsu, con los ojitos de cachorro.

— Además, traicionó hasta a su propia tripulación, abandonándolos a su suerte — habló un tercer pirata, de extraños ojos dorados, uno de los nuevos reclutas.

— ¿Te estás poniendo de su lado, InuYasha? — preguntó Náraku, con sorpresa.

— Nos abandonaste en manos de los piratas, sin saber si sobreviviríamos — le replicó el chico, mirándolo con rencor —. Te advertimos que la tripulación era demasiado inexperta para un combate, pero no escuchaste y ordenaste atacar de todas formas. Huiste al ver que no íbamos a ganar. Deberías recordar que un Capitán nunca abandona su barco.

Todos los demás ex-tripulantes del SM Royalty asintieron con la cabeza, murmurando otras frases más contra Náraku.

— Silencio — volvió a pedir la Capitán, mirando a sus compañeros —. Náraku ha cometido infinidad de crímenes contra los piratas por muchos años, es cierto, pero hoy se le juzgará por el más reciente: abandonar su nave, infiltrarse en nuestra Isla e intentar asesinarme.

Ante los hechos, el resto de los piratas abucheó nuevamente a Náraku, molestos. La Capitán levantó la mano para pedir nuevamente silencio, y luego prosiguió:

— Como bien sabrán, no soy partidaria de las muertes directas, rápidas y sin reflexiones por parte de los afectados — nuevamente hubo pifias, esta vez hacia la Capitán por su blando corazón, incluso se escuchó un "¡mujer tenía que ser!" que fue inmediatamente ahogado por un golpe de otro pirata; Sango no le dio mucha importancia a los reclamos —. Pero esta vez, no seré yo quien dé la sentencia. Quiero que InuYasha, en representación de sus compañeros, y Miroku, decidan qué haremos con este imbécil.

Todos parecieron sorprendidos, incluido el mismo Náraku, quien además estaba asustado. Pensaba – y tenía la leve esperanza – que la Capitán lo arrojaría al mar en alguna balsa sin remos a la deriva, cosa que le daba posibilidades de sobrevivir; en cambio, Miroku lo odiaba porque había asesinado a su padre, a su abuelo antes que a él y lo había torturado hacia no mucho, e InuYasha estaba resentido por su abandono en el campo de batalla. Eso no le daba buena espina. Esperó, temeroso, mientras el par que decidiría su destino se ponían de acuerdo sobre sus probables destinos. Unos minutos después, que se le hicieron eternos, ambos volvieron junto a Sango y los demás piratas y hablaron.

— Hemos acordado que lo mejor será hacerlo caminar por la tabla — anunció Miroku, provocando alegría en la mayoría de los piratas presentes.

— Pero no en cualquier parte del mar — agregó InuYasha, llamando la atención del resto de los piratas que no estaban alegres con esa decisión —. Lo haremos en el Mar de Sangre.

Algunos piratas parecían sorprendidos, otros conformes con la decisión. Sango los observó atentamente, iba a preguntarles si estaban seguros, ese lugar estaba atestado de feroces tiburones, pero la sonrisa que Miroku le dirigió la tranquilizó. De todas formas, se lo merecía.


"Una semana más tarde…"

Se acercaban al punto en el que se desharían de una parte de la carga extra del barco. Unos cuantos minutos y de seguro lanzarían el ancla para detener la embarcación y dar inicio al fin del odioso ex-marinero que no había hecho más que irritar, insultar, maldecir y hasta intentar escapar sin mucho éxito. A esas alturas, era patético y daba lástima.

Sango se encontraba en su camarote cuando Miroku le informó que habían llegado. Ella salió y en persona fue a sacar a Náraku de su celda, con la punta de su espada lo hizo caminar hasta el borde de la tabla, bajo la cual se encontraba el mar, con aletas de tiburón asomándose amenazantes en la superficie. Sango alzo su espada y le provocó un pequeño corte en la mejilla a Náraku, del cual manaron unas cuantas gotas de sangre, recorrieron su mejilla y cayeron al agua; segundos después, las aletas de tiburón se concentraron danzando en círculos bajo la madera que sobresalía de la cubierta del barco.

— Para nosotros los piratas, el mar es nuestro Dios, y es él quien se encarga de castigarnos por nuestras acciones — las palabras de Sango fueron seguidas por afirmaciones del resto de la tripulación —. Es por esto que he aceptado entregarte al mar, él sabrá qué hacer contigo.

Náraku la fulminó con la mirada, para luego mirar con rencor a InuYasha y Miroku.

— ¿Algunas palabras antes de nadar junto a los tiburones?

— Algún día pagarán por esto. Púdranse en el infierno — Náraku escupió, mirando a todos con odio.

— Después de ti, claro — le respondió Sango, picándole la espada en la espalda para obligarlo a ir hasta la punta de la tabla —. Hasta nunca.

Y empujó a Náraku por la tabla, él cayó al agua, salpicando el casco de la embarcación con agua, mientras los tiburones se abalanzaban sobre su cuerpo.

La Capitán volvió a su camarote, un poco aliviada porque ya no llevaba a bordo a semejante villano, pero pensativa. Desde aquel día en la playa, no había vuelto a estar a solas con el oji azul. No podía quitarse de la mente su mirada, su sonrisa, sus besos, caricias… se sonrojó al recordar lo vivido hacia unas cuantas noches atrás, pero no podía dejar de recordar esa sensación tan sobrecogedora en su pecho. Resopló, quizá sólo había sido un juego para él y nada más… sus pensamientos fueron interrumpidos por 3 golpes en su puerta.

— ¿Puedo pasar? — La voz de Miroku le hizo dar un respingo.

— Adelante — respondió, intentando parecer indiferente. Pero no pudo: él entró, cerró la puerta tras de sí y, sin esperar nada, se acercó a ella y la besó. Diablos, esos labios la mataban y revivían al mismo tiempo.

— Lo necesitaba — murmuró él, luego de separarse de ella y mirarla fijamente a los ojos.

— No creas que voy a ser tu escape cada vez que estés necesitado — le espetó ella, molesta por lo repentino del beso.

— No malinterpretes las cosas — Miroku le acarició la mejilla con cariño, ella suavizó su expresión con el contacto —. No quiero que lo que pasó sea algo de sólo una noche, tampoco quiero estar contigo cuando esté necesitado. De verdad siento que eres la única mujer con la que quiero estar. Quiero ser tu pirata, sólo tuyo.

Ella sonrió sonrojada, eso era exactamente lo que ella quería. Le dio un tierno beso como respuesta, dándole a entender lo que eso significaba.

— No creas que por eso tendrás beneficios con las labores del barco — aclaró ella.

— Lo sé, tampoco los quiero — el oji azul sonrió con autentica felicidad —. Me siento bien siendo pirata.

Y así, siguieron su curso, navegando en busca de más tesoros, aventuras… y dispuestos a enfrentarse al nuevo desafío del amor pirata.


Bien, por fin he terminado este chap y lo he subido de inmediato! Espero que les guste, sus reviews son bienvenidos ;)