—¿A qué quieres enseñarme? —frunce el ceño Germania.

—Sexo con hombres. Parece tú no saber de eso.

—Sexo con... Hombres —repite lentamente.

—Sic. Es grande, pero no duele —asegura Roma en latín tomándose su... asunto con una mano y mostrándoselo. Germania le mira el asunto y arruga la nariz pensando que él la tiene más grande. La eterna discusión.

—¿No sabes usarla?

—S... ¿a qué referir tú?

—Pues... A... Con las mujeres. Eso es con las mujeres, no con hombres.

—Es... —nota la conjugación verbal—. Es con los dos.

—¿Con los dos? Nein. Con las mujeres.

—Tú acercar —le pide haciendo un gesto.

—¿Para qué? —desconfiado

—Yo enseñar... yo... —se señala los labios porque no sabe decir beso—. Sexo boca con boca.

—Tú estás diciendo cosas raras y pervertidas. Te tenías que limpiar, no... Hacer nada con sexo. Sexo entre hombres es malo —no tiene idea... Pero sabe que no es lo normal así que debe ser malo.

—Nooon! —risas, míralo que rápido se me calma—. No malo, ser bueno. Tú no morder, yo no morder. Yo enseñar y tú gustar, sic? —asiente sintiéndose idiota por tener que estar hablando así. Germania se cruza de brazos desconfiando aún.

—Eso no es enseñarme latín. ¿Por qué quieres enseñarme eso?

—Yo desnudo y desarmado... ¿tú tener miedo? Gran líder germano necesitar saber costumbres enemigos para vencer.

—¡No tengo miedo! ¡Claro que no lo tengo! —protesta—. ¿Qué costumbres tontas son las que quieres mostrarme?

—Tú acercar —pide de nuevo—. ¿Tú... boca con boca con mujer?

—¿Boca... Boca?

—Sic, así —se da un beso en la palma de la mano para enseñárselo.

—Nein.

—¿Por qué? —inclina la cabeza. Germania se encoge de hombros.

—¿Para qué?

—Venir, probar y si no gustar a tú, no hacer —propone y tiembla un poco porque tiene frío.

El sajón se le acerca un poco arrugando la nariz sin preocuparse de su frío. Hay que decir por eso que a Roma le brillan los ojos imaginando el tipo de vida sexual que debe tener este pobre chico... que por otro lado es alto y bastante guapo tan rubio y de ojos claros, definitivamente esto no va a requerir un graaaaaan esfuerzo por la parte de... las ganas. Además perdido e inocente y fuerte.

—Yo... tocar a tú —advierte—. Mano en hombro —se la muestra y se señala en sí mismo donde la va a poner. Germania le mira de reojo.

—Si me haces daño vas a morir de inmediato, te o advierto —advierte nerviosito, frunciendo el ceño, serio como siempre, mirándole a la cara.

—Yo desarmado, no daño. Tú no daño tampoco... —pide.

—Ya veremos. Si me gusta o no.

—No me haces daño, bitte —pide de nuevo imitando su forma de hablar.

—¿Qué vas a hacer? —se pone a toda su altura. El romano se da un beso en el dorso de la mano y luego la levanta y la acerca para tocarle los labios.

—¿Qué estupidez es esa?

Con el dedo en sus labios se los dibuja en una caricia hasta la comisura, luego le acaricia la mandíbula con el dorso y finalmente baja por el cuello por debajo de la oreja. A Germania se le pone la piel de gallina y le mira como si tuviera tres cabeza porque nadie, nunca, le ha tocado así. Roma le mira a los ojos y le sonríe.

—¿Q-Qué haces? —balbucea nervioso.

—Acércate —susurra en latín, poniéndose de puntillas y haciendo un poco de fuerza con la mano para dirigirle.

—¿A-A qué? —sin moverse, tieso y duro sin acercarse

Roma se humedece los labios, nervioso porque el plan, obviamente pasa por fundirle el cerebro y aprovechar el momento para quitarle la daga o el arma que pueda conseguir, le acaricia un poco más con la mano, subiendo por el cuello hasta la mejilla.

—A que te bese —susurra en latín.

Germania parpadea, nervioso con que le toque, porque nunca, NADIE le toca así. Traga saliva y frunce el ceño por no entenderle.

—Shhh... tú no enfadar, es bueno, no enfadar —sube a acariciarle el entrecejo fruncido para que lo relaje.

Germania se quita un poco en principio pero... La caricia es suave y muy muy extraña. Desfrunce el ceño un instante y lo vuelve a fruncir.

—¡Ah! ¡Tú no enfadar! ¡Yo ver! —sonríe y el sajón se tensa sin estar seguro a que se refiere, queriendo que le haga más cariños. Roma le resigue una ceja y el pómulo, sonriendo.

—Tú tener bonitos ojos azules. Fríos. Ser raros en casa de yo, nadie tener ojos así en sur.

—Nein, ustedes... —le mira los notando que él los tiene oscuros —. Son extraños

Roma le hunde la mano en el pelo con el mismo cuidado provocándole oootro escalofrío

—Tu pelo también gustar a yo, ser dorado como sol —explica mirándolo mientras se le escurre por los dedos.

—Mmmm... —gruñidito mirándole hacer.

—¿Yo poder...? —pide volviendo a ponerle la mano en el hombro y moviendo los dedos para metérselos dentro de la ropa, por el cuello. Acariciándole las clavículas ahora. Además tiene unas calientitas pieles en los hombros que le gustaría usar, le sonríe mirándole a los ojos a ver que dice.

—B-Beso has dicho —murmura cada vez más nervioso con tanto contacto.

—¡Beso! —repite porque la ha dicho en latín y sonríe—. Es bueno —asiente.

–No entiendo qué es. ¿Esto es beso?

—Non, esto yo llamar "caricias". Beso es caricias pero con labios en vez de mano —explica.

—Caricias es extraño.

—Pero es bueno. A yo gustar. ¿A tú no gustar?

La verdad no está del todo seguro. El latino se pasa una mano por el pelo tratando de calmarse por la falta de respuesta, recordándose como siempre "Poco a poco, Romí" con la voz de Helena. "No te pongas nervioso, la constancia es la clave" Y le aprieta los ojos a la voz de su interior porque NO tiene tiempo, teniendo en cuenta que no quiere que le maten al amanecer.

Lo siento, Roma, es un hueso duro de roer en principio. Si, es una piedra... En principio lo es. No sabe siquiera lo que le estás haciendo. Levanta una mano y le toca un poco el hombro, dándole un golpecito. Parpadea y le mira.

—Caricia. ¿Para qué es?

—Porque es bueno, gustar y hacer sentir bien personas. Tranquilas —explica—. Como a niños, abrazo —se abraza a si mismo con los brazos—. Hace sentir bien, dejar de llorar.

Germania le mira sin estar seguro de por qué la caricia le gusta y hace sentir bien a las personas. Frunce un poco el ceño.

—Yo no soy un niño, ni estoy llorando.

—Non —se ríe un poco—. Pero gustar aunque no ser niño ni llorar. Personas gustar caricias.

Germania levanta las cejas porque había sonreído, pero él no se había dado cuenta antes de su risa.

—Ja, gustar caricias —asiente usando la misma construcción básica que él. Roma sonríe más y vuelve a ponerle la mano en la mejilla con suavidad.

—¿Querer más?

Le mira, con su cara súper expresiva pensando que este hombre es sumamente extraño. Y hace cosas extrañas, está desnudo y no le ha enseñado lo que ha dicho que le enseñaría. Y habla de sexo entre hombres, lo cual es muy extraño y no está seguro de que digan los dioses al respecto.

—¿O querer probar beso?

—Nein. Eres extraño y haces cosas extrañas. ¿Por qué quieres hacerme caricias? —le mira a los ojos. Él suspira y se abraza a si mismo temblando.

—Yo enseñar cosas de Romae, yo ser útil, tú ser bueno, no daño, no matar a yo.

—Tienes frío —levanta las cejas.

—Sic —asiente. Germania sonríe de lado por una vez! Míralo... Ya desde ahí se está burlando de ti por eso. Él levanta las cejas porque es la primera vez que sonríe.

—Romano débil —murmura con cierto desprecio, inclina la cabeza un poco lo valora unos segundos y camina hacia la mesa en donde estaba antes discutiendo, sin dejar de mirarle.

Roma frunce el ceño sin poder evitarlo, volviendo a vestirse con su ropa sucia y andrajosa hecha harapos. Descripción del hombre que tiene más túnicas que días tiene el año. Germania toma una piel y vuelve con ella lanzándosela en la cabeza. El romano la toma y se envuelve con ella también con un escalofrío, sonríe sintiéndose mejor.

—Si me engañas, voy a matarte yo de la manera más lenta y dolorosa posible. E iré con tú cabeza en mi lanza hasta que encuentre a tu mujer y tus hijos y los violare y mataré a todos.

Roma frunce el ceño sin poder evitar pensar en España y Grecia. "No te preocupes... A las mujeres las maté yo"

—Yo no engañar, yo es bueno.

—Me enseñarás latín y me hablarás de todas las cosas romanas, como las caricias y los besos y me explicarás quien es quien en el ejército y como hacen sus armas... Y yo no te mataré por ahora.

Roma sonríe un poco y asiente.

—Pero te cortaré las manos para que no puedas escapar.

—Si cortaré las manos a yo, yo no poder enseñar a escribir ni poder enseñar a hacer armas —responde un poco acojonado—. Yo no poder enseñar caricias tampoco.

—Entonces los pies —se encoge de hombros—, y eso... —señala la querida verga romana.

—Si me cortas eso te mato —suelta en latín con una de esas miradas MUY muy peligrosas en serio.

—No vas a ir a violar a mis mujeres —asegura frunciendo el ceño.

—Yo no violar a nadie en puta vida de yo. Yo no necesitar —replica ahora en sajón, muy en serio. Germania frunce un poco el ceño notando los niveles de agresividad.

—Entonces estarás encadenado todo el tiempo.

—Bien —asiente. Si pues... Ante tales opciones no me extraña.

—¿Cuál es tu nombre?

—Romano, para tú.

Germania le mira con los ojos entrecerrados.

—Nombre de yo es "Mi Amor" —asegura sonriendo un poco.

—Mi... amorrrr —con su horrendo acento, él se ríe un poquito.

—¿Cuál ser tú nombre, líder germano?

—Llámame... Germania, terror de los romanos.

—Germaniae... amor de los romanos —se equivoca al pronunciar. El sajón levanta las cejas.

—Terror.

—Amor.

—Nein. Terror. Miedo.

—Amor... miedo —repite.

—Germania, llámame Germania.

—Germaniae ¿Qué ser "amor"?

Parpadea.

—Was?

—Es palabra rara, yo no conocer.

—Ehm... Es eso que pasa con una mujer y su hombre

—¿Sexo?

—Nein, es... Otra cosa más como lo que hacen las mujeres cuando... Quieren a su hombre.

—Aaaah! —entiende y se ríe de la confusión. El sajón levanta las cejas otra vez fascinado con la risa.

—¿Tú tener mujer que amor tú? —esa pregunta complicada.

—Ja.

Roma levanta una ceja pensando "y no sabes que es un beso ni una caricia, ya, claro". Pues completa mentira no es, Roma, aun cuando no lo creas.

—¿Y dar cómo besos tú?

—No sé qué es "besos".

—Esto —se da un beso en el dorso de la mano otra vez—. Yo enseñar tú.

—Yo no hago eso.

—Venir, yo enseñar —hace para que se acerque ooootra vez. El sajón vacila un poco y se acerca.

—Tú eres un hombre.

—Pero no importar, labios ser labios.

—Pero...

—¿Querer aprender o no? —se le acerca arrastrando la silla.

—Ja.

—Tranquilo, tú acercar —de nuevo mano en la mejilla para hacerle acercarse. Él le deja hacer sin detenerle, tensándose un poco—. No morder, yo hacer suave, tu no mover, no preocupar —susurra acariciándole de nuevo con las yemas de los dedos.

Germania vuelve a reaccionar, esta vez un poco más notoriamente, nerviosito. Sigue la caricia mientras el romano se pone de puntillas hasta posar los labios sobre los suyos.


Su primer besoooooo ¿No es tierno?