—Voy a ir a dejarte.
—¿A dónde?
—A tu campamento. ¿Crees que voy a ser tan idiota para dejarte ir y que no vayas con ellos? Nein.
—¿Tú venir campamento romano?
—Voy a intercambiarte por prisioneros —le mira de reojo.
—Eso no funcionar todas mañanas —le advierte.
El sajón parpadea y le mira a la cara porque... Es que no cree que vuelva, obviamente.
—¿Tú tener comida caballos para tú también o venir desayunar con enemigos?
—¡Yo tengo comida y no es de caballos! —es lo que he encontrado por ahí xD
—Mmm... Bien, yo probar —pero que morro tienes. Germania le mira de reojo.
—Nein! ¡No voy a darte de mi comida!
—Mmm... ¿beso a cambio?
—¿B-beso? ¡No voy a besarte!
—Tú dar comida yo, yo dar beso tú. Todos... —sonríe exageradamente para expresar "contentos"
—Un beso tuyo no vale la comida que te dé —que de por sí es escasa.
—Si tu venir campamento romano yo dar comida si tú dar beso.
Germania entrecierra los ojos viendo esta una buena oportunidad para VER el campamento. Vas a flipar con el campamento.
—Bien
Roma sonríe de lado.
—Pero me dejarás salir.
—Sic, no prisionero.
—Mmm... —entrecierra los ojos —, ¿cuál es el... Engaño?
—No es engaño, es diplomacia —sonrisa del millón de dolares.
—¿Diplomacia?
—Encuentrar táctico para negociar fin guerra.
—¿Negociar fin de la guerra? —levanta una ceja.
—Sic —le toma de la mano—. Venir.
—Espera. Necesito mis armas.
Aprieta la mano y hace un gesto como que le da permiso para ir a buscarlas... dafaq, Roma.
Permiso a tu boyfriend/captor de ir a buscarlas. Tsk tsk. Germania asiente y, eso si, da un poco la vuelta a la tienda...
Y si quieres tienes permiso hablar con tus hombres si quieres, pero no mucho rato. Tiempo suficiente para que Roma, esperándole, les coquetee a un par de soldados más de otra tienda a lo lejos
Germania entra a su tienda, se pone sus armas encima, y luego va corriendo a buscar a su maestre de armas, lanza, puñal, sandalias y peto grueso de cuero puestos.
Roma se acerca a hablar con ellos tranquilamente, quienes no entienden NADA de porque este prisionero que es un HOMBRE parece estar coqueteando como hacen las chicas que se dedican al sexo por dinero o comida pero el romano les toca los brazos y se ríe, pidiéndoles si le muestran sus armas y contándoles cosas, tratando de conseguir que le den una.
A Germania le dicen que está LOCO y que NO debería hacer eso, pero... Suena a una arriesgada estrategia... Que les dará información. No sin preocupación seria es que deja que vuelva con el romano y ahí está riéndose cuando sale
—¿Qué es lo que haces? —le riñe mientras le da un golpe con la lanza en la corva de la rodilla con suficiente fuerza para que pierda el equilibrio.
Así que se cae sobre uno de los soldados, abrazándole del cuello para no caer al suelo, este se sonroja de golpe y Germania se TENSA sin tener idea de porque fulminando al hombre abrazado
—Aún puedo atravesarte de lado a lado —sisea frunciendo el ceño.
—Danke, guapo —golpecitos en el pecho separándose y se vuelve a Germania, sonriendo que le mira con una de esas miradas intensas y furiosas.
—Ave —se le acerca. El sajón le fulmina AÚN MÁS con el "ave" y toma mucho de su autocontrol para no saltarle encima y partirle el cuello. Mueve la punta de la lanza hacia su cuello, de genuino mal humor. El romano levanta las cejas mirándole.
—No hables con mi gente... No te RIAS con mi gente y mucho menos me saludes como si fuéramos amigos —advierte. El moreno toma la lanza con su mano, apartándola un poco.
—¿No amigos?
—Nein. Enemigos. Vas a morir hoy —regresa la lanza a él y mira a sus hombres de reojo, nervioso y enfadado.
—Solo enemigos en batalla, yo creer.
—Cierra la boca y empieza a caminar
—Ah, tú no enfadar con yo —pide acercándosele y tomándole del brazo, nervioso, porque ha sido un error que notara que estaba flirteando con los otros soldados también total para no haber podido conseguir un arma.
—Nein, tú eres el que no vas a hablar con mis soldados ni a hacer ninguna imbecilidad —le suelta el brazo y le empuja.
—Ja, ja, yo no hablar, tú no celoso, yo no hablar. Tú más guapo —le suelta levantando las mano en señal de rendición.
Germania se sonroja porque sí, bueno... Los celos, claro. Pero el problema mayor ahora es que eres romano y Germania está rompiendo todas sus reglas. Ahora mismo lo único que quiere es deshacerse de ti.
—Ningunos celos y... Cállate.
Roma sonríe con eso, empezando a andar hacia el campamento y ahí se van, Germania más nerviosito... Pero con la frente levantada y mucha seguridad.
—¿Tú conocer más hijos de dioses?
—Ja. Algunos.
—¿A quiénes? —le mira de reojo andado a su lado. Sí, está preguntando por Galia.
—Al norte hay otro hijo de Odín. Escandinavia.
—¿Otro? ¿Eso ser como... ya haber uno?
—Escandinavia, ja.
—¿Y quién más?
Germania levanta la mano y señala hacia dónde.
—Britania.
Roma parpadea porque no ha oído de ellos.
—¿Y cómo ser?
—Escandinavia... Hace mucho frío —parte de las razones por las que ha venido al sur, querido mío—. Si tienes frío aquí... No vayas allá. Britania es tierra rodeada de agua. Sólo se puede ir por el
—Mucho frío... ¡Agua! ¡Agua ser... Britaniae! ¡Pelo rojo!
—Ja. Pelo rojo y un humor de perros! Grita todo el tiempo.
—¡Yo saber quién! ¡Hablarme de ella!
—¿Tú conoces a otros hijos de dioses?
Vacila pero piensa que tarde o temprano lo sabrá o que seguro Galia le ha contado de él
—Sic.
—Ja?
Asiente
—¿A quién?
—A muchos. Pero algunos ya no estar.
Germania recuerda a Helvetia y abre un poco los ojos, culpable.
—¿Q-Quién?
—¿Quién ya no estar o quién conocer?
—Ambos.
—Gente sur. Iberia, Helena, Cartago, Egipto, Galia...
—A Galia la conozco y he oído de Helena —levanta las cejas.
—Helena! ¿Conocer ella? —le mira fijamente y se le iluminan los ojos un instante porque la echa especialmente de menos y no suele poder hablar de ella con nadie. (Helena es quien le llamó Germania)
—Ja. En un barco —asiente.
—¿Cuándo? ¿Qué barco? —saltitos.
—Hace mucho, eran varios. Fue casualidad que yo estuviera justamente ahí. Preguntó por mí, sin dudar, como Hijo de Odín.
—¡Contar de ella!
—¿No has dicho que la conoces?
—¡Claro que conocer! ¡Querer saber qué saber tú!
—Es bonita y me dio un regalo.
—¿Qué dar?
—Una... Cosa para beber con unos dibujitos —hace un gesto con las manos porque no sabe como explicarlo—. Fue al este y luego dijo que volvería, pero yo tuve que ir al sur y no la volví a ver. Me dijo que fuera a verla a sus tierras, que sería bienvenido —muy orgulloso pensando que ella es muy bonita.
—¡Oh! ¿y tú no ir? ¿Por qué? —un poco desconsolado.
—Quizás cuando termine contigo vaya a buscarlas.
—Ella... —se le ensombrece la mirada y aparta la cara.
—Ja?
—Murió, joder! —protesta en latín
Germania parpadea obviamente sin entender lo que dice.
—Me cago en la puta —sigue blasfemando en latín—. No hablar eso, no bueno —se pasa las manos por el pelo sin sonreír y con voz bastante seria.
Le mira de reojo, vacila un instante y piensa en Helvetia
—Ehm... Egipto esta aún más al sur, ¿verdad?
Roma le mira de reojo.
—No conozco el sur, conozco mejor los mares del norte y... El este. ¿Conoces a Kiev?
Niega.
—Tienes suerte.
—¿Por qué?
—Hace cosas que... No se te ocurrirían.
—¿Cómo besos? —sonríe un poco de nuevo. Germania hace cara de completo desagrado.
—Nein! Nein, Nein, ¡Nunca a Kiev!
Roma se ríe.
—¿Por qué?
—Es... —niega con la cabeza relajándose al verle reír de nuevo—, es un sujeto sumamente extraño y desagradable.
—¿Cómo hacer?
—Hace cosas que están mal —Germanos, generaciones diciendo lo mismo —. No respeta a sus muertos, todos le tienen miedo, se ríe de cosas que no debería.
—Oh... Tú duro...
—Nein, nein. El esta mal, viola mujeres muertas, su gente es igual de mala, tienen un honor distinto al mío.
El romano levanta las cejas.
—¿Mujeres muertas?
—Ja —le mira de reojo—. Él es muy fuerte y muy difícil de vencer. Su tierra además es fría y árida, no me interesa ir siempre y cuando él no venga a la mía.
—¿No ir con él, entonces?
—Nein.
—¿Con quién ir?
—¿A hacer qué?
—Amigo.
—Escandinavia... —frunce el ceño—. ¿Quiénes son tus amigos? ¡Sólo me estas interrogando!
—Tú no preguntar —se encoge de hombros—. Tú ser mi amigo.
—Was? Nein, yo soy tu enemigo —se detiene y le mira.
—Solo en batalla.
—Nein, todo el tiempo —niega con la cabeza y es que de verdad no entiende una relación así—.Ya ver —se encoge de hombros.
—¿Dónde está tu campamento?
—¿Tú no saber? Estratega malo —se ríe. Germania hace los ojos en blanco.
—Los romanos están ahí... Quiero saber a dónde o cómo vas a llevarme para cumplir el trato con desplomacia.
—¡Yo entrar puerta grande como heroe!
—No eres un héroe, eres un tonto que se hizo prisionero y a quien voy a intercambiar por MIS hombres.
—Tú venir —le hace un gesto para que le siga dirigiéndose al final del bosque donde está el campamento, pensando que podría salir corriendo y el rubio sería blanco fácil para los arqueros, pero... Germania... tiene algo, que no quiere que lo maten a pesar de todo lo que ha hecho a su gente en la guerra hasta ahora.
Germania frunce el ceño y le toma del brazo, tensándose un poco.
—No quiero entrar por ninguna puerta grande, te lo advierto
—Fortaleza impenetrable, única puerta es grande —se encoge de hombros saliendo ya al claro y acercándose.
Germania, que sí les ha visto y espiado, traga saliva nervioso pensando que esto es una perfecta emboscada para él. Quizás debía haberle matado cuando tuvo oportunidad. Se le acerca y le clava un poco la lanza en la espalda, abrazándole por atrás y por el cuello.
—Tú confiar en mí. Tú ir con hombres míos. Yo tener que hablar con cónsul y altos rangos y yo ir a verte, no entregar tus armas, no mover ni mirar ellos a ojos, solo seguir donde ellos llevar y esperar yo... non! Non! ¡Soltarme o ellos atacar tú! —aprieta los ojos sin moverse demasiado—. Germaniae, bitte, ellos necesitar saber tú bueno,
—Van a matarme igual, ¿no? Si yo me muero, tú te mueres conmigo —sisea súper nervioso.
—Non, non, ellos no matar tú si ellos saber tú bueno. Tú no ser amenaza con yo, Germaniae, Bitte. Confiar en yo si querer todo bien.
Germania se humedece los labios, nervioso. Roma se da la vuelta cara a él, mirándole a los ojos y le pone la mano en la mejilla, acariciándole como lo hizo ayer.
—Si me traicionas, van a arrasarte mis soldados de igual manera. Yo no te mate, porque tengo honor de soldado. Has hablado de negociaciones —sigue sin soltar la lanza.
—Esto es peligroso, tener que hacer yo decir si querer seguir con vida.
Frunce el ceño pero le mira con atención.
—¿Qué quieres que haga?
—No separar de mí, no sacar armas si nadie sacar armas, no hablar ni decir quien ser a nadie y hacer todo yo decir.
—Hacer todo lo que tú digas... —frunce el ceño.
—Sic. Yo tratar bien, es justo... pero peligro.
Germania traga saliva.
—Si me haces algo, atacaré.
—Yo saber.
El sajón le suelta bajando la lanza
—Venir —le acerca hacia sí de la nuca. Germania levanta las cejas y le deja hacer.
—¿Qué haces?
—Todos ver beso. Saber tú no agresivo. Saber tú querer a yo —explica y le besa.
Levanta más las cejas... Y cierra los ojos, y se deja hacer porque le gusta que haga eso. Así que todos los soldados que estaban apuntando, dejan de hacerlo, y ahí empieza el chismorreo...Y vaya chismorreo. Creo que hasta Germania empieza a oír el murmullo en el beso, con todo y el cerebro medio sorbido.
Al final del beso que es como de película se separa con suavidad. Germania tiembla un poquito aún con los ojos cerrados. Roma le sonríe y le acaricia un poco el pelo.
—Tú calma —sonríe y tira de él.
—Los besos me gustan —confiesa.
—Besos buenos, yo decir tú —asiente y ahí se va tras el nerviosito.
Los métodos romanos son únicos en su especie.
