Y les abren las puertas, claro. Según Roma el campamento está tremendamente organizado y serio... evidentemente hay gente vistiéndose, hablando a gritos, con ropa tendida por ahí, otro juegan a cartas, pasan unas gallinas...

Germania parpadea... Y flipa.

Alguien lanza un casco a alguien más, unos cuantos (los más cercanos) se cuadran mientras otros cuchichean a puros gritos y Germania se sonroja de lo que cuchichean, he de decir por la forma en que les mira, señalan y entiende "beso".

Un par de ellos se acercan a Roma corriendo, poniéndose la ropa a sitio y hablan en latín súper deprisa y a gritos moviendo las manos y gesticulando como locos, Roma se ríe a carcajada limpia con algo.

Germania le mira un poco idiotamente porque le gusta la risa, aunque no entiende naaaaadaaaaa.

Al cabo de un poco, Roma empieza a dar instrucciones señalando algunos sitios y la gente empieza a moverse a hacerlo, finalmente se vuelve a Germania.

—Tú ir a tienda foro. Cónsul y yo venir ahora, Tulio acompañar tú —le señala a un hombre con armadura—. Nosotros negociar, Ja?

—Negociar... Ja.

—Bien, tú ir, no poner nervioso —Roma le hace un gesto para él dirigirse hacia otro lado.

—Quiero que liberes a mis prisioneros.

—Ahora venir yo y hablar. Tú ir con Tulio.

—¿A dónde vas? —pregunta frunciendo el ceño.

—A vestir, buscar Cónsul y comida.

Germania se revuelve un poco y mira a Tulio.

—Vamos.

Tulio le mira y se ríe un poquito por lo bajini sin poder evitarlo porque ya le han dicho del beso.

Germania le fulmina y el romano se asusta un poco pero no demasiado y le pregunta algo en latín, cuando una cabra se acerca a Germania y empieza a comerle el bajo de la ropa.

—Ehhh! —la empuja un poco sin entender una mierda de lo que dice mientras Tulio ya se está yendo hablando de cualquier cosa.

Ahí se va detrás Germania con su cabra, peleando un poco con ella. La cabra bala enfadada, siguíendole y cruzan un par de chicas desnudas hacia otro lado...

—Was... —se detiene y se les queda mirando embobado.

Tulio sigue hablando sin ni mirarle mientras anda. Germania le alcanza a trote, sonrojado.

—No entiendo nada... ¿Has visto a las chicas desnudas?

—No entiendo nada de lo que dices —asegura el latino encogiéndose de hombros.

—Las chicas... Sin ropa —gesticula un poco y señala

—Ah, eso es una tienda, ¿no tenéis tiendas en el norte? Mi cuñado dice que vivís siempre en tiendas, no sé cómo podéis, además con el frio que hace aquí porque... —creo que Tulio es hispano.

El sajón no entiende NADA, levanta una ceja y repite lo único que pilla.

—¿Frío?

—Fríiiioooo treeeemeeeendoooo —lo repite más alto y más lento como si fuera idiota mientras hace como que tiembla para explicarle.

—Ah! Frío —aclara en sajón y sonríe un poquito de lado—. Romanos imbéciles que no soportan nada...

—Sic, sic, soportan —repite cualquier palabra aleatoriamente—, pero el caso es que al final con todo y las batallas...

—Batallas?

Da igual, solo dice cosas random hasta meter a la tienda del foro, que es la de las negociaciones, dentro todo está limpio y ordenado, los muebles son ostentosos y grandes como siempre y si no fuera por las paredes de tela roja, parecería estar dentro de una villa.

Germania por primera vez en su vida... De varias otras veces muuuuultiples que va a pasar... FLIPA con la vista. Hay ahí un cuerno de la abundancia con frutas también y copas con vino a un lado

Germania, que vive como ha visto Roma sin tener realmente un lugar donde vivir aún... Nómada la mayor parte del tiempo.

Mira todo pensando que eso es... Mejor que su casa en realidad. Como siempre. Observa todo con atención.

El día que vayas a Roma vas a flipar en serio, esto es un campamento de soldados, esta ORDENADO.

Germania e acerca y huele un poco la fruta, que parece traída del sur, toca algunas pieles y telas... Al igual que los muebles, porque esto tiene cosas más impresionantes de las que mira en las casas que saquea.

Un rato después, se oyen voces al otro lado de las telas de la tienda y se detiene al oirlas.

Las voces continúan y al final se abren las cortinas para dejas pasar a cuatro hombres, entre los que están el cónsul y por supuesto, Roma con su ropa limpia y su armadura dorada de imperator que... evidentemente es más ornamental que nada porque el campo de batalla es demasiado ostentosa para ser práctica. Germania frunce el ceño tensándose y poniéndose en guardia.

—Ave! —saluda Roma acercándosele el primero.

—Salud.

—Buenas noticias! Nosotros hablar y como tú es bueno, poder llevar un prisionero —le muestra un dedo.

—Nein. Quiero todos.

—Hombre por hombre. Tú liberar un hombre, tú llevar un hombre.

—Tú no vales lo que uno de mis guerreros y lo sabes bien. No es hombre por hombre, es hijo de dioses por hombre —niega con la cabeza.

—Nadie aquí saber yo hijo de dioses —sonríe—. No aceptar más que hombre por hombre.

Germania frunce el ceño.

—Tú sabes que eres hijo de dioses, no me vengas con cuentos idiotas. Quiero a todos mis prisioneros, porque tú no eres un prisionero cualquiera.

—Todos prisioneros de tú, muertos.

El rubio le mira fijamente.

—Comer —le ofrece de lo que hay yendo a tomar una pera y a sentarse.

—Que prisionero pretendes darme si todos están muertos.

—Tú.

El sajón parpadea frunciendo más el ceño. Roma empieza a comerse la pera con tranquilidad, mirándole fijamente

—Me voy —establece girando hacia la puerta de la tienda.

—Si no querer desayunar —se encoje de hombros—. Nosotros ver en batalla. No olvidar yo volver esta noche.

Germania le FULMINA, con fuego en los ojos. Roma le manda un beso.

—Para la noche estarás muerto... Hombre sin palabra —escupe en el suelo saliendo de ahí, completamente en guardia.

Roma hace un gesto a los hombres para que le dejen marcharse, pero le vigilen... todos los soldados le miran mientras anda hacia las puertas de la fortaleza.

Germania camina a grandes pasos a la puerta, sonrojado y enfadado consigo mismo. Necesita bastante fuerza de voluntad para no buscarse un pleito con nadie. Así que al final lo dejan marchar y vuelve de muuuuuy mal humor a su campamento.

Bueno, ahora podrás matar a unos cuantos. Es probable que vuelva a ganar la batalla hoy. Y desde ahí es que Germania aprendió a no confiar en Roma. Nunca. Y espera a que llegue a su campamento y le pregunten todos por su chupetón. Puede que haya una baja más en el campamento.


Aaaaay... los inocentes sajones que no se acostumbran a tratar con la cosa nostra.