Suéltalo, suéltalo ¡Que el frío reine ya!

El frío a mi nunca me molesto

Pitch Black sonrió. Ya comenzaba a sentirlo, subiendo por su espina dorsal, lenta y a la vez... Rápida. Era una sensación tan familiar. Y al mismo tiempo, poderosa.

Era el frío nevar de Madrid en pleno julio.

– Al parecer la pequeña pródiga se ha enfadado un poquito–se burló Pitch–¿Sabías que no me detendría, ah? Se que estabas desesperado y entiendo que quieras derrotarme pero... ¿Otorgarle a una mortal los mismos poderes que el creído de Jack Frost? Se te acaban las ideas, amigo– dijo carcajeándose, para ponerse serio–Y luego tenias que arruinarme la diversión. Tenias que decirle a ese torpe de Norte que la fuera a buscar ¿¡Y para que!? ¿Para que Jack Frost la cuidase de mi? ¡Que patético!

Y muy astuto, debo decir. Tal ves tengas a esa mocosa, pero yo, tengo un arma secreta. Y ni tu, ni tus guardianes podrán detenerme– dijo dando final a el monólogo que se ve que práctico en secreto. Miró un copo de nieve caer, sonrió con malicia y lo tocó. Haciendo que este se derritiera al instante, pero antes se había tornado negro.

Elsa abrió las puertas para huir. Porque solo le quedaba eso. Huir.

Pero no. No lo consiguió.

–¡Mirad! ¡Es la Reina Elsa!

–¿Os encontréis bien alteza?

–¿Necesitáis algo?

No, aléjensePidió la reina retrocediendo, pero para su desgracia, chocó contra una fuente que al hacer contacto con su mano desnuda se congeló completamente. Escuchó una voz llamarla.

Era la de Jack.

–¿Jack?– preguntó la reina este salió a fuera y le sonrió.

– Hola cariño– antes de ir hacía Elsa y que esta retrocediera.

– No te acerques.

¡Elsa!grito la voz de Anna, seguida por Hans y el duque.

–¡Allí esta, atrapenla!– ordenó el duque corriendo con sus guardias.

– Ah no, eso si que no– murmuró Jack para después con su cayado crear hielo sobre el suelo, ocasionando que los guardias y el duque resbalaran.

–¡Apartense de mi! ¡Aléjense! grito Elsa, presa del pánico.

– ¡Monstruo!... ¡Monstruo!– Vociferó el duque, Jack volvió a hacerlo caer de puro coraje. El duque miro al joven de cabellos blancos con desprecio y grito–¡Son brujos! ¡Los dos son un par de brujos!

Elsa no pudo más y corrió fuera de ahí, sin importarle nada. Ni si quera la voz de su hermana gritarle que se detuviera. Miró la montaña Peñalara, no sería difícil escalarla. Se armo de valor y comenzó a subirla lo más rápido que podía. Dejando un camino de nieve y hielo detrás.

Anna ¿A donde vas?

Buscaré a mi hermana, tengo que hablar con Elsa. Hasta entonces, estáis a cargo de Españarespondió la Princesa. Hans se quedo mudo

– Anna, es peligroso. Yo os acompañó.

– No Hans, es mi hermana, no me puede hacer ningún daño, además, iré con su amigo de pelo blanco... – se volteo y vio quite el peli-blanco no estaba–¿Oigan... Y Jack?

*Dubidubiduba Dubidubiduba, Dubidubiduba ¡Jack!

Adriana: Enserio?

Debo alejarme de Phineas y Ferb... Bah, mejor no.*

El peli–blanco corría con dirección hacía la montaña Peñaloma, la más cercana desde donde estaban. Además de seguir el rastro de nieve. Al darse cuenta de que correr no serviría de mucho llamo al viento.

–¡Viento, ayudame a encontrarla!– grito y se elevó por los aires, la pidió ver con claridad voló a toda velocidad hacía Elsa.

–¡ELSA!– grito su nombre a todo pulmón, pero Elsa pareció no escucharlo, pues siguió corriendo. Jack voló creerte a ella y la hizo frenar– Mi amor, calma. Cálmate, respira hondo,– Elsa comenzó a sollozar y Jack decidió abrazarla– Cariño, calma, esta bien. Lo resolveremos, mi amor, cálmate.

– No– murmuró Elsa contra el cuello de Jack– Lo saben, Jack... Me tienen miedo... Me descontrole... Perdóname, Jack... Esto fue mi culpa.

–Shhh... No fue tu culpa. Todo va a estar bien, te lo prometo– dijo Jack, consolándola.

–¿Lo prometes?

–¿Cuando te he fallado?– Elsa rió entre lágrimas y hizo un gesto pensativo– ¡Oye!–Elsa rió de nuevo– Se arreglara, te lo prometo.

– Es que no se...– dijo Elsa separándose de el.

Elsa: La nieve brilla esta noche aquí más. Ni una huella queda ya.

Soy la reina en un reino... De aislamiento y soledad

El viento aulla y se cuela en mi interior.

Lo quise contener pero se escapó...

No dejes que sepan de ti, que no entren siempre me dijo a mi.

No has de sentir, no han de saber...

Y ahora lo saben– agregó Jack

¡Ya que más da!

Suéltalo, suéltalo.

No lo puedo ya retener

Suéltalo, suéltalo.

Ya no hay nada que perder

–¡Así es!

¿Que más da? Ya se descubrió. Déjalo escapaaar

El frío a mi nunca me molesto

–¡De eso hablo, nena!

Desde la distancia que pequeño todo es...

Y los temor que me aferraba, no me va a hacer volver

Soy libre y ahora intentaré, sobrepasar los límites.

Ya no hay más reglas para mi

Por fin!

–¡Al fin lo entiendes!

Suéltalo, suéltalo.

¡Que el frío reine ya!

–¡Esto es grandioso!

Suéltalo, suéltalo.

No volveré a llorar.

Aquí estoy, ¡Y aquí estaré!

Déjalo escapaaar...

Estampo su pie contra la nieve creando una especie de puso de hielo, de las orillas comenzarón a salir las paredes de su castillo. Jack estaba boquiabierto, se sentía orgulloso de su hermosa novia desde hace tres años. Ayudó a la chica a crearlo, ayudándola a hacer algunos adornos en paredes y eón el techo. Le ayudó a hacer un candelabro de hielo sobre el techo también.

En las entrañass de la tierra puedo entrar...

Mi almá crece y hace espirales sin parar

Un pensamientoo en mi surgió y cristalizó...

–¡Dios, esto es hermoso!

Ya no regresare... ¡El pasado ya paso!

– Esa es mi chica.

Suéltalo, suéltalo.

Surgiré con el amanecer,Creo un vestido azul con sus poderes, mientras caminaba sensualmente hacia su balcón

Suéltalo, suéltalo.

Esa falsa yo acabó

¡Que la luz, se haga otra vez!

Déjalo escapaaar

El frío a mi nunca me molesto Cerró las puertas de su balcón, mientras Jack la miraba embobado.

¡Elsa!grito Anna ya en el bosque.¡Se que lo que te dije estuvo mal! ¡Pero no era para que congeles a toda Madrid! ¡¿Elsa, estas!?

Muy tarde, una vez que lo dijo, una rama de un árbol cayó repentinamente hacia la dirección de la princesa, no la aplastó de milagro, sin embargo, eso asustó a su caballo, que inmediatamente salió galopando hacia Madrid. Anna se llevado de la nieve molesta y titiritando.

¡Jodido caballo!maldijo la princesa, decidió que lo mejor sería caminar hacia la montaña, sin embargo era difícil caminar con tanta nieve y además, tanto frío–¿Poderes de hielo? ¿No pudo haber sido con poderes de verano, sol arena y...?se detuvo al ver entre los árboles una cabaña en donde parecía haber...¡Calor! ¡Calor!– grito Anna emocionada u corriendo cómo podía hasta la cabaña–¡Cal...!¡Splash! Para su desgracia, había caído de lleno hacia un arrolló con agua helada, rápidamente salió de este, su vestido empezó a congelarse causando que caminase con dificultad y titiritara de frío violentamente¡Joder!maldijo mientras trataba de caminar¡Frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío!

Rápidamentellegó a la cabaña, justo en el porche de esta había colgado un letrero que rezaba: «Almacén del tirolés y familia» Anna tiro un poco de nieve que se había impregnado en el letrero.

¡Y con Spa!dijo ella antes de entrar a la tibia cabaña.

–¡Yoohoo!– dijo un hombre de aspecto tirolés y pequeño– Tenemos rebajas en trajes de baño, toallas y un bronceador que yo mismo invente– dijo este en inglés que a durar penas podía hablar, aún así, Anna entendió perfectamente, debido a que hablaba un tanto despacio.

– En realidad, buscaba ropa para invierno– aclaró la princesa en inglés y hablando un poco despacio. El hombre pareció entenderla.

– Puede buscarlo en nuestro departamento de invierno– señaló hacia una esquina donde se encontraba un paquete de ropa, botas y un gancho con una soga.

–¿Eso es todo?– preguntó Anna un poco desanimada

– Bueno, eres la única que sale con una tormenta así– opino el hombre danés mientras se escuchaba la puerta abrirse, dando paso a una ráfaga de viento y a un hombre lleno de nieve, cubierto de pies a cabeza– Tu y ese sujeto– agregó el hombre– Yoohoo, rebajas en bronceador.

El hombre de negro se acercó al mostrador, con pasos lentos hasta llegar a donde estaba Anna, se puso frente a ella, muy cerca, para ser exactos, incomodando un poco a la castaña. El hombre hablo.

–**Carrots– al principio Anna no entendió lo que dijo, pero después de dos segundos entendió a lo que se refería, su acento era diferente ¿Inglés tal vez?– Zanahorias–repitió y señalando hacia atrás de Anna– Detrás de ti– Anna reaccionó y se movió.

– Oh, si disculpa– Se disculpo en inglés y el hombre asintió. Tomó las zanahorias y una soga con un gancho y las dejo sobre el mostrador.

– Son 22 euros– dijo el hombre danés y el hombre lleno de nieve se sorprendió.

–¿22 euros? ¡Hombre, eso es demasiado!– replicó el hombre de nieve.

– Lo siento, pero con la nevada los precios han aumentado– se defendió el hombre danés.

–¿Tu crees que tienes problemas? ¡Yo trabajo vendiendo hielo!– grito el hombre de nieve

– Oh... Eso es un muy mal negocio ahora ya que cualquiera puede...– exclamó Anna, el sujeto la miró con sus ojos marrones llenos de molestia.–Ah, mil disculpas.

– Mira amigo, puedo darte diez y cuando regrese de la montaña puedo date el resto– razonó el hombre. Sin embargo Anna no lo pudo resistir y hablo:

–¡Uhh! ¿Vas a la montaña Peñalora? ¡Que coincidencia! Yo también voy a ahí...

– Oye, ¿Quieres cerrar tu boca un segundo? Trato de hacer tratos con este ladrón– dijo el hombre de nieve ya harto.

–¿Cómo... Me llamaste?– preguntó el hombre danés claramente ofendido y levantándose, aumentando su altura y haciendo tragar saliva al hombre de nieve.

Cinco minutos después...

– Perdone tanta violencia– Se disculpo el hombre danés después de lanzar al hombre de nieve por la puerta–¿Entonces sólo llevará la ropa y las botas?– preguntó. Anna miró la puerta mordiéndose el labio. Sentía pena por aquel hombre, aunque la hubiese callado. Tuvo una idea.

La vida para Kristoff hacia sido dura desde los diez años de edad. Cuando tuvo que dejar su adorada Inglaterra para emigrar a España cuando quedo huérfano gracias a un accidente automovilístico del que el hacia salido vivo de milagro. Aún tenía pesadillas. Había escapado del terrible orfanatorio inglés para viajar a Portugal para estar con su anciana tía Rosa, su única familiar sin embargo, cuando el llegó a España, su tía ya había muerto y estaba solo. Consiguió un empleo humilde en España vendiendo hielo con su inseparable reno Sven, que consigio mientras viajaba de lugar en lugar. Bueno, ya no estaba solo desde... Desde que encontró a su familia.

Estaba dispuesto a dormir cuando una voz lo saco de su ensueño.

– Oye– antes de que pudiera decir algo, una bolsa se estrelló contra su cara. Era el equipo que trataba de comprarle a ese ladrón.

– Ah... Perdona– se disculpó Anna por enésima vez con el. Kristoff la miró confundido, era la misma chica habladora de la tienda, la misma que tenía el vestido congelado y por alguna extraña razón quería ir a la montaña.

–¿Porque lo compraste?– preguntó Kristoff confundido.

– Necesito que me lleves a la montaña– respondió Anna, Kristoff sonrió para luego hacer un gesto de sarcasmo.

– Lo siento chica, yo no soy un guía– respondió este.– Además, olvidaste las zanahorias– volvió a acomodarse para dormir pero cómo respuesta recibio otro golpe en la cara con una bolsa por parte de la chica. Eran las zanahorias. Kristoff resoplo, esa chica de verdad quería ir a esa montaña.

– Te pagaré todo lo que quieras– dijo la chica. Kristoff hizo una mueca se volvió a cubrir la cara con el gorro que casi siempre traía puesto.

– De acuerdo, saldremos mañana al amanecer– Dijo, la chica no estuvo muy de acuerdo

–¡Saldremos ahora!– dijo y salió. Kristoff miró a Sven y ambos rodaron los ojos. "Mujeres" pensaron los dos.

– Bien, como tu digas– acepto Kristoff– Por cierto, me llamo Kristoff y el es Sven.

– Yo soy Anna

–¿Eres la princesa de España?

– Si, soy yo

– Oh vaya

···

*Si, extrañaban a mi amiga Adriana?

**Puse Carrots en inglés que significa zanahorias