… la miró enfurecida. Definitivamente, lo había echado todo a perder. Vio la culpa en su mirada, pero no le importó. No tenía intención de dar un espectáculo en medio de la calle, así que lo único que hizo fue agarrarla de los antebrazos, y atraerla peligrosamente hacia ella.
Una mirada fue suficiente para asustarla, y que bruscamente, se soltara de su agarre.
Regina bien sabía que su hijastra ya no era la niñita pacífica y tranquila que era de pequeña. No, por su culpa, ahora era una feroz guerrera capaz hacer lo que sea para defender lo suyo. Y Emma era su hija.
Se soltó asustada por aquella mirada, y se alejó, intentando que no se notara su miedo y nerviosismo. Su caminar a duras penas era ahora lo que hacía sólo unas horas era. No, no lo era, porque ella ya no era la fuerte reina que era hacía sólo unas horas. No, en ese momento no.
Se fue con un caminar rápido, sabiendo bien que en cualquier momento sus piernas podrían fallarle, haciéndola caer estrepitosamente.
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- Hey, ya he llegado – dijo animadamente nada más cruzar el umbral de la puerta.
Pero lo que la recibió fue, contra todo pronóstico, un bofetón. Se quedó aturdida unos instantes, pegada a la puerta. ¿Qué había sido aquello?
- Meses de trabajo, de paciencia. Meses conviviendo contigo, soportándote, cosa que no es tan fácil como tú te crees. Y cómo no, sufriendo por todos tus actos. ¿Y cómo me lo pagas? Traicionándome. Tú, sangre de mi sangre. Vendiéndome por esa maldita bruja que parece determinada a arruinar constantemente mi vida – dijo su madre gritando. Pronto, Emma supo que se refería a la escena…
Y obviamente reaccionó, aunque no fuera de la mejor manera.
- ¿Qué te crees, que contigo ha sido todo un camino de rosas? No puedes pretender que, después de todo, te llamé mamá de la noche a la mañana, por ejemplo. No puedes, porque joder, por mucho que digáis, fuisteis vosotros quienes me metisteis en un puto armario. Y si no lo hubierais hecho, no sé qué habría pasado, pero te aseguro que la alternativa habría sido mejor. Además, ¿sufriendo de qué? He intentado por todos los modos ser la jodida princesa encantadora que tanto queríais. He intentado ser más femenina, e intenté salir con un tío que no quería en absoluto porque "era de esperar". ¡Lo he intentado todo! ¿Traicionándote? Lo dudo. Además, es que te piensas que todo el mundo está en tu contra, y te equivocas. No eres tan importante. ¿Tanto te cuesta admitir que me he enamorado? Pero claro, es Regina, la Reina Malvada, tu madrastra. No hay redención posible para ella, ¿no? Porque vas de salvadora de todos, como si le fueras perdonando la vida a la gente. Sabes, hay gente capaz de amarme por mí misma, y no sólo porque quieran herirte. No eres el centro del universo. Y por otra parte, ¿dónde está el buen rollo que teníais hasta hace unas horas? A lo mejor, simplemente lo has fingido todo. Aunque mira, mejor así, porque seguro que luego la habrías dejado caer cuando peor estuviera, como haces siempre. – finalizó, con una mirada gélida, y un tono de voz duro y cortante. La pelinegra retrocedió, alejándose con furia en su mirada.
Se encerró en su habitación, dando un sonoro portazo. La rubia se marchó. No sabía a donde ir, pero no importaba. Ya no.
Se sentía dolida, mucho. Sabía que eso sería algo complicado de asimilar para sus padres, pero esto no lo esperaba. ¡Ni siquiera le había dado tiempo a explicarse! No, simplemente la había pegado, y la había reprochado todos sus actos, llamándola traidora. Se sentía muy dolida. Porque por fin había encontrado un lugar, una familia unos amigos… Todos, se centraron en su momento en destacar esa pseudo – relación que tuvo con Killian. Aunque claro, cuando no era eso, era el hecho de ser "La Salvadora", o Neal, y lo que tuvieron, que no estuvo claro que fue. Pero nadie parecía haberse dado cuenta de que ahora pertenecía a un lugar. Que ahora conocía sus raíces. Que ahora tenía unos padres que quizás algún día la apoyaran con su boda, cuando se casara. Que ahora tenía un hijo maravilloso, que la idolatraba. Que ahora tenía un hermanito pequeño, una cosita adorable que dependía en parte de ella. Pero no, nadie se centraba en eso, nadie se centraba en que la niña huérfana que jamás fue amada del todo había encontrado al fin un hogar. No, nadie parecía verlo.
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El día se había vuelto inusualmente frío, puesto que es esa época, ya se suponía que comenzaba el calor. Ahora el cielo era gris y negro, y una copiosa lluvia cubría las calles. Era el día perfecto para prepararse una tila, ponerse un jersey de lana, y escuchar Under My Skin mientras observas como, tristemente, las gotas que se resbalan por el cristal de la ventana, acaban muriendo en el alféizar de esta misma. Sí, era el momento. Parecía serlo, y lo sería, si no fuera porque tanto su madre, como su hermana, como su hijo, estaban en casa. Así que se quedó en la bañera, con el agua caliente, y la ligera espuma, sumergiéndose de vez en cuando, y mirando por la ventana como la lluvia caía. Quería llorar. Quería desahogarse, pero no podía. No podía, y ese sentimiento la estaba matando. Porque no podía expresar de ninguna manera como se sentía. ¿Tan insensible se había vuelto? No lo sabía, y en parte, no lo quería saber.
Echó más jabón a la bañera, hasta que todo se convirtió en una maraña de espuma blanca. El vapor llenó la estancia. Y la mujer entró. Había olvidado poner el pestillo, y aquí estaban las consecuencias de sus actos.
- Ahora no, madre. – dijo con un hilo de voz, apenas audible. ¿Por qué tenía que volverse débil justo cuando ella estaba? Jamás se entendería.
- Cariño, sé que es a lo que estas acostumbrada, pero no he venido a reprocharte que sentir es un punto débil. He venido porque te conozco, y quizás por orgullo, en determinados momentos, no quieres o no puedes expresar cómo te sientes. No te voy a juzgar, pero si voy a escucharte. No he sido una buena madre. No te contaba cuentos de princesas que eran salvadas por príncipes; no te arropaba por las noches, de manera amorosa; no te dejé ser una niña, obligándote así a crecer antes de tiempo, y a arrastrar tú sola el peso de tu mundo, que cambió completamente. Pero eso se ha acabado. Ya no tienes que esconderte para llorar, ni tienes porqué fingir que todo está bien cuando no lo está. No, ya no. Sé que ya eres mayor, y que ya no te puedo consolar por haber perdido a tu primer amor, o por cualquier otra cosa que tuve la oportunidad de hacer y no hice, pero aún no es demasiado tarde. No, no lo es. Y aún puedo consolarte por cualquier otra cosa. Ahora puedo apoyarte, escucharte, ayudarte… sólo si quieres, claro.
Su voz sonaba calmada y dulce, reconfortante. No pudo más, y ante las palabras de su madre, la joven se abrazó a sí misma, llorando, escondiendo la cara, cual chiquilla avergonzada por haber roto un jarrón.
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Se sentó, y la miró. El frío le hacía bien. Sus cabellos mojados, pegados a su cuerpo, así como su ropa. Sus mejillas sonrojadas, así como su nariz. Las lágrimas fusionándose con las gotas de agua que colisionabas con su rostro.
- ¿Qué ocurre? – preguntó, intentando no asustarla.
- Nadie parece verlo. Ellos sólo se fijan en la superficie. Sólo ven lo que quieren ver, y no como son las cosas en realidad.
- ¿Pero por qué dices eso?
- Tenía novia. Y digo tenía, porque todo ha cambiado tanto que ya no sé si esto va a continuar. No sé nada – dijo echándose a llorar, apoyándose en sus rodillas.
- Pero Emma, ¿quién es? ¿Qué ha ocurrido?
- Regina. Y nadie parece ver que la amo. Mi madre nos ha pillado dándonos el lote en su despacho, y ha salido de allí como alma que lleva el diablo, furiosa. Me ha dicho que la he traicionado, y me ha dado a entender que lo he jodido todo. – dijo, finalmente dejando ver lo destruida que estaba.
El moreno sintió como su corazón se rompía cada vez más. Definitivamente, no había ninguna oportunidad con la rubia.
- Ven, te invito a tomar algo – dijo levantándose, haciendo que la sheriff reaccionara.
- No quiero…
- Se nota que estás enamorada. Emma, quiero tu amistad. Y los amigos se emborrachan juntos. Ven conmigo, no quiero que llores, y yo no voy a hacerte nada. No voy a intentar nada. – replicó con una sonrisa tranquilizadora
La joven se levantó con un ligero temblor y los labios morados debido al frío, y se encaminó al apartamento del pirata. Y a partir de la sexta copa, todo era confuso.
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- ¡DIME LA VERDAD DE UNA VEZ O TE JURO QUE NO RESPONDO!
- ¿¡ME ESTÁS AMENAZANDO!?
- ¡ALGO LE HAS HECHO A NUESTRA HIJA, Y LO SABES!
- ¡TÚ NO SABES NADA!
Un portazo. David salió de la casa, odiando en ese momento a su mujer. Tras haberle relatado todo, la discusión comenzó. Sabía que era algo duro de asimilar, pero tampoco podía actuar. Blanca veía más fácil odiarla. Parecía que sólo él veía que su hija ya no era un bebé. Emma tenía un historial, y no pasaba nada. Tenía treinta años, y era Emma Swan. Y todos habían observado su cambio de comportamiento últimamente. Estaba más feliz, se veía. Desde la muerte de Neal, había estado rara, con una mezcla de rabia y tristeza. Y ahora había cambiado. Estaba feliz, y eso le alegraba. La felicidad de su niña era lo principal. Porque sabía que si Regina la hería de cualquier manera, no tendría bosque suficiente para correr y esconderse.
Obviamente, no era algo fácil de digerir, pero pensaba que era diferente, al menos en ese aspecto.
Salió de su mundo de divagaciones cuando su teléfono móvil sonó:
- ¿Sí?
- Soy Eva. David, Regina está destrozada, al igual que Emma. Según Cora, ha peleado con Blanca. Bueno, no, Blanca la ha "atacado". Dicen que han visto a Emma en el muelle, junto a Killian. Si Regina se rebela o Emma ha hecho algo malo…
- Tranquila – le dijo, nervioso. – Vamos a encontrarla. Tú busca por las afueras y yo por el centro.
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Despertó y un brazo estaba echado por sus hombros. Pero no era su brazo. A partir de la sexta copa, todo se complicaba en su cabeza. No recordaba nada con claridad. Y a punto estuvo de gritar cuando se dio cuenta de algo: estaba en ropa interior en la misma cama que Killian Jones, el cual estaba en la misma posición que ella, semidesnudo y además, abrazándola. Y arcadas fueron a ella. La resaca, sí, pero también un sentimiento de culpa. ¡Maldita sea, se había acostado con el jodido capitán Garfio!
Salió de la cama lentamente, intentando no despertarlo. El sol le molestaba mucho en los ojos, pero eso no era importante. No, lo importante era salir de allí. Se vistió y se fue, sin dar ninguna explicación. Pues… ¿qué explicación iba a dar?
Nada tenía sentido en su cabecita, así que se fue a casa a poner sus pensamientos en orden.
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Llamó al timbre unas veinte veces, hasta que cierta ojiverde con una sonrisa de todo menos tranquilizadora, abrió.
- Vengo a… aclarar las cosas con Emma y contigo. ¿Puedo pasar?
- Claro – dijo la pelinegra, apartándose.
Regina daba penilla así. Gafas grandes que ocultaran los rastros de su llanto continuo, y ropa cómoda, pues no tenía ganas ni de salir de la cama, pero había que tirar para adelante. Y… cuando entró…
- Viene de pasar la noche con Killian, así que no la molestes. Si hay algo que decir, dímelo a mí. – añadió con una sonrisa maquiavélica
CHAN CHAN CHAN CHAAAAAAAAN. Aquí estoy de nueeev. Agradecer los reviews y a The Little Phoenix que me ha gustado ver comentarios suyos. Me gusta mucho comoo escribe, así que... a leerla todos XD
Bueeno ,bueno, bueno. Zelena celosilla... y se va a ver envuelta en problemas. Y Regina embarazda... pobrecilla...
y Emma con un cacao mental que... y ademas, que hace Blancanieves metiendo cizaña. Que rarita es esta mujer, que si ahora te destruyo ,que si ahora te quiero...
Bueno, que queréis para el próximo cap? lo que queráis decirme es bien recibido en los reviews. Y como prometí... los dos caps!
No son muy largos, pero me ha costado. Y buen, pues los dos a la vez XD
Beeeeeesos y Revieeeeeeeews ;-*
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