When i was younger

I saw my daddy cry

And cursed at the wind

He broke his own heart

And i watched

As he tried to reassemble it

And my momma swore that

She would never let herself forget

And that was the day i promised

Id never sing of love

If it does not exist

But darlin,

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

Maybe i know, somewhere

Deep in my soul

That love never lasts

And we've got to find other ways

To make it alone

Or keep a straight face

And i've always lived like this

Keeping a comfortable, distance

And up until now

I had sworn to myself that i was content

With loneliness

Cos none of it was ever worth the risk, but

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

Ive got a tight grip on reality

But i cant

Let go of what's in front of me here

I know your leaving

In the morning, when you wake up

Leave me with some proof its not a dream

Ohh-

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

You, are, the only exception

And im on my way to believing it.

Oh, And Im on my way to believing it.

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Y es que por ella, lo habría dejado todo. Por ella, todas sus manías, todos sus miedos, y todo lo que hacía de compaña, habría dejado de lado. Por ella habría muerto y habría matado. Por ella habría sido diferente. Pero como siempre en su vida, todo se acababa antes de poder siquiera saber que había comenzado, que había habido algo. Ella de pequeña había sufrido las discusiones en su casa. Con sus manitas y su menudo cuerpo, tratando inútilmente de taparse los oídos, escondida en un armario enorme, oyendo como las cosas se rompían. Viendo cómo era la realidad, transformando su infantil mundo en una carreta grande que pudiera cargar con el peso de la realidad. Y, tras perder desde joven a una de sus pocas razones de vivir, se convirtió en una mercenaria de sus propias oportunidades. Porque no existían los finales felices. No al menos para ella. Pero ella rompió todas sus barreras. Ella traspasó los muros de su mundo en el cual su único amor era el dolor. Ella lo había cambiado todo. Porque se acostumbró a la soledad, el dolor, y los recuerdos que cada vez se difuminaban más. Estaba cómoda así, y jamás había visto la necesidad de arriesgarlo todo. Hasta que llegó ella. Y se engañaba a sí misma pensando que tenía el control, pero cuando despertaba, se daba cuenta de que, a pesar de todo, no tenía el control de nada. Y la situación en su casa jamás había ayudado, y su vida en general jamás había ayudado. Pero con ella todo era diferente.

Porque Emma Swan era la única excepción.

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Vivir en un coche era… era, y punto. Pero no tenía ningún otro lugar al que ir. No, no lo tenía. No iba a volver a su casa. Se negaba.

"En el fondo es todo culpa mía. He sido infiel, me lo merezco" pensó, al borde de las lágrimas.

Y es que, la había cagado, mucho. ¿Por qué lo había hecho? Quizás fue el alcohol, quizás fue que pensó, que Regina sería como el resto, y la abandonaría en cuanto los problemas aparecieran. Quizás fue porque todo lo echaba a perder. Y en ese momento maldijo a su madre, que aprovechando que estaba durmiendo, le contó todo a Regina, de la misma manera que ella misma se lo contó a Blanca Nieves. Y entonces comprendió. Comprendió como se sintió su amada. Traicionada, herida. Porque por culpa de un descuido que quizás no fue tan inintencionado, perdió lo más valioso que tenía.

Se levantó del asiento del piloto, y se encaminó a comprar alcohol, mucho. Ya no tenía nada que perder.

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- Se te ve rara, ¿te pasa algo?

- No… nada…

- Seguro. Sí, tanto como que el cielo es verde y mis dientes rosas. Venga, vamos a tener que ser compañeras de trabajo, así que si confías en mí, mejor – dijo con un guiño.

- Pf… esto me supera. ¿Crees que seré aceptada? – cuestionó, hundiéndose en su taza de café.

- Bueno… ya tienes trabajo. Eso es bueno, ¿no?

- Sí… supongo. Gracias por tu apoyo, de verdad – dijo sonriente, dándole un abrazo a su nueva amiga. Louis era una chica de piel oscura, pero no mucho, no muy alta, con el pelo a lo afro y los ojos negros. Era muy graciosa y amable. Quizás no estaba tan mal todo aquello, ¿no? Siguió mirando su café como si fuera la octava maravilla del mundo cuando al levantar la vista vio algo. Su hermana. ¿Su hermana en el médico? Fue directa a hablar con Whale. Era su hermana, la que no necesitaba a nadie, la que estaba en el hospital.

- Whale, ya estás largando que hacía la princesita aquí – dijo agarrándolo del brazo, llevándolo a la sala de descanso.

- Zelena, eso…

- A mí no me va a decir nada, ni a mí ni a nadie. Así que ya sabes. –dijo.

- Bueno… está… embarazada.

- ¿¡QUÉ!? NO, NO NOOOOOOO NONONONO. NO – dijo alarmada. Si su hermana le había sido fiel a Emma, eso significaba que esa zorra infiel que había roto el desgastado corazón de la reina, era la madre de ese bebé.

Se fue hasta fuera, dispuesta a pedirle explicaciones a su hermana, pero en cuanto salió por la puerta, vio el Mercedes negro doblar la esquina.

"No pasa nada, vivís en la misma casa, os acabaréis viendo" pensó, tranquilizándose.

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Era extraño que hubiera ido a por él a clase. Él siempre quiso ser mayor, y por eso, en cuanto tuvo tiempo le pidió que le dejara ir y venir de clases sólo. Y con dolor, la morena lo aceptó. Y ahora estaba en el asiento del copiloto. Ninguno dijo nada, pero querían. Y llegaron a casa.

El chico se bajó del coche y se encaminó a la puerta, para seguirlo su madre después.

Entró, saludando a su abuela y a su tía, y se encaminó a su habitación a descararse de sus cosas.

- Ya estoy – dijo recargándose contra la pared. Tenía que hablar con Emma. Sí, pero mejor luego, cuando pudiera mirarla a la cara. Ahora no tenía fuerza.

Sólo su hermana y su madre sabían que había ocurrido, al menos por su parte. Y es por eso que cuando su madre lo notó fue a verla

- Cariño, ¿qué ha dicho el médico? – preguntó Cora, mirando a su hija.

*Flashback*

La pelirroja entró precipitadamente a la habitación, dándole los predictores a su hermana y empujándola al baño.

Cuando Regina salió diciendo que todos daban positivo, ninguna de las dos supo que decir. Más que nada porque si realmente estaba embarazada, era du una mujer, y eso era…

- No, no me fío – dijo Zelena. – Ve al médico, o a ver a alguien que sepa de esto. Porque es posible, pero no normal y podrías ser peligroso.

- Claro, un alien que tengo aquí – dijo Regina entre lágrimas señalándose la barriga.

- No, pero es algo muy complicado de hacer. Hija, ve al médico, o a ver a Gold que sabe de esto, o lo que te dé la gana. Pero no lo dejes estar, porque podría ser peligroso. – replicó la mujer, mirando a sus dos hijas.

Regina suspiró. Bien, se había quedado embarazada de Emma Swan. Perfecto todo.

*Fin Flashback*

Miró con lágrimas en los ojos a su madre.

Las horas anteriores al médico, sobre las nueve, fue a ver a Emma. Y ésta le había sido infiel.

Emma bien sabía que para ella, la infidelidad era un punto débil. Se sentía abatida por completo.

Y ahora… ahora un niño. Era, definitivamente, un mal momento. Aún recordaba las duras palabras de su hijastra: "Quizás sólo fuiste un entretenimiento para ella, como eres para todos. ¿De verdad crees que es humanamente posible amarte?" recordó la morena. Era… esas duras palabras le llegaron a lo más profundo de su ser.

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Cogió el ascensor y apretó el botón con insistencia, como si eso hiciera que fuera más rápido. Chris seguro que se alegraba de verla. Y de saber que trabajaba en el hospital. Y de saber que si iba a sacar el carné de conducir. Sí, seguro. Sonriendo cual adolescente, se encaminó a la puerta negra del apartamento del hombre.

Pero oyó ruidos. Y con un movimiento de muñeca, la joven se volvió invisible.

- Eres una maldita…

- ¡Fuiste tú quien quiso que me fuera! – gritó una chica castaña, más o menos de su edad, mirándolo.

- Y estoy contenta con eso, pero no puedes venir ahora a poner mi mundo patas arriba. ¡Me niego!

- ¡Pero yo te amo! – replicó con furia.

"Oye, que pasada que eres, que insistencia" pensó celosa Zelena. Quería que se alejara de su hombre, y si no lo hacía antes de llegar a tres, la agarraría de los pelos y la pasearía por todo el pueblo, el bosque, la playa, y la abofetearía con cosas insólitas que era mejor no preguntar. Era su Chris. Suyo y de nadie más

- Pero yo ya amo a otra persona – replicó tranquilamente el rubio, volviendo a su estado de calma.

- ¿¡QUIÉN ES!? ¡¿QUIÉN ES ESA ZORRA!? – preguntó encolerizada la castaña

- Servidora – dijo Zelena, apareciendo ante la pareja. Su sonrisa indicaba que la Perversa Bruja del Oeste había vuelto, y que sería capaz de hacer cualquier cosa con tal alejar a ese bicho de su dragón favorito.

- ¿Y tú quién eres? – preguntó, mirándola de arriba abajo, con cara de asco. Iba a golpearla, lo veía venir.

- Victoria… - dijo el hombre, en un segundo plano, mirando a su exnovia y a su futura novia.

- Déjalo Christian, no me da miedo esta choni con complejo de Pretty Woman – dijo sonriente. Siempre sonriente. Siempre desafiando y desestabilizando.

- ¿Yo? ¿Sabes con quien estás hablando acaso? Yo soy Lunnaris, el unicornio de la profecía, la salvadora de todos los creadores de magia.

- Ya, y yo soy Zelena Johnson, la Perversa Bruja del Oeste, y como bruja mala malísima te digo que te des media vuelta y te vayas de aquí. – dijo con pasotismo y guasa, sacando de quicio a Victoria.

La mujer gritó y Zelena ensanchó su sonrisa más que satisfecha. Vio darse la vuelta y salir corriendo por las escaleras.

- Vaya… eso ha sido… intenso – admitió el ojiverde, mirando a esa mujer que cada vez amaba más.

Y Zelena, ni corta ni perezosa, lo agarró de las solapas de la chaqueta que tenía puesta, y lo besó. Lo besó como jamás había besado a nadie. Lo último que recordaba plenamente consciente era que la puerta de cerró de golpe y aquellos fuertes brazos la elevaron por el aire.

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Simplemente, odiaba aquella situación. Y culpaba a Regina. Toda su relación de cariño que habían recuperado se había esfumado. Bajo su punto de vista, la morena tenía toda la culpa. Se había aprovechado de su hija, y por su culpa, la rubia ahora estaba destrozada. Y además, ella se había peleado con su marido. Y todo lo que seguía.

Suspiró cansada, y se dejó caer en el sofá. Blanca estaba cansada de todo. Y subió a ver a su hija a su habitación.

Pero cuando entró, una situación peculiar.

Una botella de vodka vacía, y la letra de su hija en un simple cuaderno escolar a modo de diario. La letra se iba haciendo cada vez más ilegible, pero lo comprendía. Seguro que se había dormido por el alcohol. A regañadientes, la rubia había decidido volver, pero eso era muy provisional. Hasta que encontrara algo.

Cogió el cuaderno, abierto, y comenzó a leerlo.

"…da igual. Y ahora lo he echado todo a perder. Me he acostado con un hombre por el que no siento absolutamente nada, traicionando a la mujer que amaré el resto de mi vida. Y yo sabía que eso le dolía, pero no me importó en ese momento. He destruido mi propio final feliz. Por ella habría hecho cualquier cosa. Pero ahora ya es demasiado tarde. Odio mi vida. La odio mucho. ¿Y lo peor? Que ya no tengo nada que perder. Nada."

Se sintió tan mal… pero pensaba que todo era por el bien de Emma. Pero no, Blanca sabía que no lo era, que esto era por su propio bien, porque no quería admitir que Regina había cambiado. Porque se negaba a abandonar ese sentimiento. Durante años, sentía pena por la mujer que tanto admiró, porque vivía sumida en la oscuridad, y era reconfortante para ella saber que si pudiera, la haría cambiar. Pero ahora ese sentimiento ya no existía. Quizás, después de todo estaba celosa. Celosa porque ella no había que Regina cambiara, sino su hija Emma. Que era aquello que sentía.

Tenía que hablar con Garfio, eso seguro.

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Llegó a la cancela del edificio, y llamó al timbre.

Abrieron y entró.

Blanca se encaminó al ascenso, se montó, y decidió ser directa.

- Vaya, una princesita en mi hogar – dijo coquetamente, aunque Killian sabía que se arriesgaba a perder de nuevo su recién recuperada mano, y no era porque David fuera a hacer nada. Si el rubio también se uniera, acabaría con mucho menos que una mano.

- Te seré directa. ¿Te has acostado con mi hija realmente? – preguntó Blanca con la mirada fría, indicando que no era ningún juego. Que iba en serio.

- Yo… no. La desnudé porque se quedó durmiendo en mi sofá. Le quité la ropa, dejándola en ropa interior, y la metí en mi cama. Pero… pensé que si la hacía creer que nos habíamos acostado dejaría de estar enamorada de la alcaldesa. Pero no, no ha dejado de amarla – soltó el pirata, intimidado por la pequeña pelinegra.

Satisfecha con aquella pequeña entrevista con el pirata, se dio media vuelta y se fue por donde vino. Ahora tenía muchas cosas que hacer. ¿Obedecía a su corazón que le pedía que hiciera a Regina sufrir, o hacía caso a su cabeza que suplicaba que no destrozara más a ambas mujeres?

Se sentía abrumada por aquello. No sabía ni siquiera porque había actuado así. Pero ahora ya daba igual. El pasado no se puede deshacer, pero sí se puede ser feliz en el futuro.


Bieeen otro caaaap! Valeno, ya me he emocionado xD

Todo se complica cada vez más ,bbys, pero eso no es todo. No claro que no, este cap es sólo el comienzo de algo...

Porque Victoria va a putear mucho a Zelena zelenita muajajajajaja.

Y además, para mí que Blanca va a acabar tirándose por una ventana, que está muy indecisa.

Y puede que parezca que algunos personajes ya no salen, pero NOOOOO, solo esperan el momento indicado xD

Bueno, cuantos moar reviews y ytal, mejores caps!

Y que además, si no entedéis cierto vocabulario, decídmelo y aclaro dudas xP